Aaron J. Daigle es un evangelista internacional con tres títulos de la universidad y 10 años de experiencia en pastorear. Después, aprendió que vivir para Dios y edificar las Iglesias es más que eso. Es real. Auténtico. Y difícil. Por eso él escribe las publicaciones y predica con transparencia – para enfrentar los obstáculos que los cristianos encuentran en la sociedad moderna y ayudar a edificar las Iglesias locales en todas partes.

Royler – Aarón, interfiere el “evangelismo moderno” con el éxito y el propósito del discipulado y por ende con el cumplimiento de la misión de la iglesia.
Aaron- Creo que es importante examinar esta pregunta y considerar algunas perspectivas de ella. Y para ser franco, pienso que el evangelismo interfiere con los esfuerzos de los que discipulan a otros en el mismo momento en que empieza. En otras palabras, el evangelismo, como hoy en día lo entendemos, es completamente inútil. Y no solo inútil, sino que también empeora el progreso del reino de Dios.
Ahora, me explico por qué. Los que no conocen a Jesús ya tienen una idea en su mente de lo que somos los cristianos. Y esa idea es mal informada por los periódicos y las noticias. Nos piensan locos, fanáticos y muy anticuados; que tan solo queremos hacer crecer nuestras iglesias con más gente para jactarnos de los números y engrandecer nuestros ahorros de banco. Cuando va un cristiano para “evangelizar” a tal persona, la manera en que muchos lo hacemos, tan solo confirma estos prejuicios.
Ahora, esto no es decir que no debemos ganar a las almas. Pero la Biblia dice que “el que gana almas es sabio” (Pro. 11:30). La sabiduría exige un cambio en nuestras maneras. Hoy en día la gente no le importa lo que sabes hasta que sepan cuanto te importan ellos a ti. O sea, es más efectivo hacernos amigos de una manera orgánica con la gente. Al conocernos, van a ver algo diferente en nosotros. Y cuando la puerta se abre, el sabio se aprovecha de la oportunidad de compartir a Jesús con su amigo. Pero hacerlo de otra manera en el 2019, ya no funciona.
Lo que sigue siendo importante, sin embargo, es el discipulado. Sin esto, nadie crece. De hecho, esto es (o por lo menos, debe ser) el enfoque de todo lo que hacemos como una iglesia – discipular a la gente a una relación más cerca de Jesús con mas entendimiento espiritual. Aquí es donde los Pablos de hoy en día nacen.
De hecho, Jesús nunca evangelizó. Aun a los inconversos. El no fue a orar toda la noche para saber a quién evangelizar sino oró para saber a quienes discipular. Y del momento al conocer a los que iban a ser sus discípulos, les dijo: sígueme y hazte mi discípulo. Cuando Pedro estaba pescando peces, era un discípulo. Y cuando estaba pescando almas en el día de pentecostés, siguió siendo discípulo.
Aun más, la gran comisión no es ir a evangelizar a todo el mundo sino ir a hacer discípulos de todos.

Royler – ¿Cómo puede diagnosticar una iglesia local la salud de su sistema de discipulado?
Aaron- Esta es una buenísima pregunta porque se trata de lo práctico. Entendemos que debemos discipular. ¿Pero cómo sabemos si lo estamos haciendo bien o no? Sería fácil contestar esta pregunta con una respuesta como “3 maneras secretas de evaluar el sistema de discipulado en tu iglesia” o algo espectacular así. Pero esto evade la respuesta correcta.
Esa respuesta es una sola y Jesús nos la dio. El dijo que “por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?” (Mateo 7:16).
Así sabremos bien la salud del sistema de discipulado. En otras palabras, examinemos las vidas de nuestros discípulos para la evidencia. Si el sistema funciona, habrá fruto. En vez de vivir según la carne: adulterio, fornicación, hechicerías, pleitos, celos y borracheras; vivirán según el espíritu: amor, gozo, paz, paciencia y templanza (Gálatas 5:18-23 da las listas enteras).
Entonces, si nuestro sistema funciona, los discípulos producirán fruto. Si no, pues no.
Honestamente, sería más fácil decir “hay que poner tres líderes sobre el discipulado en vez de dos” o “hay que enseñar cinco estudios bíblicos a la semana en vez de cuatro” Pero esto enfoca en el hacer, no en el producir.
¿Sabes como Jesús sabía que su sistema de discipulado fue efectivo? Porque aunque Pedro cortaba las orejas de los inconvertidos en algún tiempo ya estaba predicándoles a ellos después.
Allí está la clave. Crecimiento. Fruto. Jesús fue efectivo porque produjo resultados.
Es lo mismo con nosotros.

Royler – Con esta perspectiva, ¿Cómo se debería organizar el trabajo de alcanzar almas en las iglesias locales?

Aaron- Aquí voy romper la regla de no contestar una pregunta con otra pero ésta exige una exanimación más profunda. Mi pregunta para esta pregunta es, ¿quién tiene la responsabilidad de alcanzar almas? ¿Los pastores o los miembros?
Pregunto porque la pregunta principal insinúa que es de los pastores. O sea, ¿cómo Podemos nosotros los líderes organizar el logro de esta meta en las Iglesias que pastoreamos?
Y sí es nuestra responsabilidad los líderes, pero es una responsabilidad indirecta. Les toca a los miembros llevar esta responsabilidad directamente. Te lo explico así.
¿Qué dice Efesios 4:11-12? Según esta escritura “él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo”
¿Cuál es la responsabilidad de los líderes? Perfeccionar a los santos.
¿Para qué? Para que ellos hagan la obra del ministerio.
¿Con cuál motivo? Para edificar el cuerpo de Cristo.
En otras palabras, los líderes perfeccionamos (equipamos, preparamos) a los miembros para que ellos cumplan su llamado de ministrar al mundo para que todo el cuerpo de Cristo sea edificado.
Entonces, la responsabilidad de los líderes es preparar a los miembros. Les damos los materiales, les enseñamos la Palabra, proveemos lugares adecuados y hacemos todo lo posible para equiparles a hacer la obra. La responsabilidad de los miembros es hacerla. Conectar con sus amigos en el trabajo y con sus compañeros de la escuela. Vivir el cristianismo frente ellos y frente los de su casa. Así haciendo la obra del evangelismo.
Con esto no quiero decir que los pastores no debemos alcanzar las almas a nuestro alrededor. Ni tampoco que los miembros no deben ayudar en las Iglesias. Cada quien tiene su mayor papel principal pero sí ayudamos a los otros en los suyos. Tan solo digo que no es el mayor enfoque.
Ya con eso aclarado, vuelvo a afirmar la Escritura en Efesios. El enfoque de los líderes es preparar a los miembros. El enfoque de los miembros es la obra del ministerio.
Por ejemplo, ¿cómo organiza un equipo de fútbol la obra de ganar el partido? Cada quien hace lo suyo. El delantero marca los goles mientras los defensores los bloquean. Así todo funciona bien. El problema sería si el atacante defiende o si el defensor ataca.
Es lo mismo con nosotros. ¿Cómo se organiza el trabajo de ganar almas en nuestras Iglesias locales? Cada quien lo suyo. Los maestros enseñan mientras los pastores pastorean. Y lo hacen mientras los miembros ministran a este mundo. El problema El problema sería si el miembro pastorea o si el pastor haga la obra del miembro.
Cada quien lo suyo.

Royler – En 2019, cómo podemos lograr hacernos amigos de la gente de manera efectiva.

Aaron- Es cierto. De hecho, hay dos obstáculos que nos impiden de hacernos amigos con ellos. Vencer estos dos impedimentos avanzaría el reino de Dios rápidamente entre nosotros.
El primer obstáculo que necesitamos vencer es la falta de sinceridad en cómo nos presentamos. La gente de afuera batalla con problemas reales en la vida. Problemas como discusiones entre familia, falta de recursos y fracasos en sus caminos hacia el éxito. Nosotros, al contrario, nos presentamos como si todo está siempre bien en la casa. Decimos que servir a Dios nos hace millonarios ya con la bendición de Dios. Y fingimos ser exitosos en nuestros planes siempre sin fallar. Ahora lo que tenemos entre ellos y nosotros es una barrera – nosotros perfectos y ellos no. Aunque no lo decimos así, nuestro fingir lo comunica. Y ellos lo sienten. Pero aquí está el problema. No podemos hacernos amigos porque no tenemos nada un común. Y esto nos separa.
El segundo obstáculo que necesitamos vencer es nuestra falta de entendimiento hacia ellos. Nosotros que conocemos a Dios desde que los dinosaurios vivieron ya sabemos lo que decir y lo que no decir. Entendemos cómo actuar y como no actuar. Sabemos cómo se debe vestir una persona recta. Ellos no. Pero esperar que ellos sepan y que se cambien a nuestra manera de vivir antes de incluirnos sería como no hablar con un bebé hasta que sepa el idioma de uno. Esto sería ridículo. Pero es exactamente lo que hacemos cuando esperamos que la gente venga a la iglesia y que al llegar la primera vez sepa todo. Y claro, no les decimos así. Pero les tratamos diferente hasta que cambien. Y aquí es donde tenemos otra barrera.
Quizá este ejemplo iluminaría el concepto. Yo soy norteamericano con abuelos francés y predico en Latinoamérica. Sería absurdo yo insistir hablar con mis abuelos en inglés o predicar en Latinoamérica en inglés tan solo por yo ser americano. No puedo insistir que todo el mundo se relacione conmigo a mi manera sino necesito adaptarme a como relacionar con ellos. Así que, hablo francés con mis abuelos. Predico en español en Honduras. Y hablo inglés en casa. Como cristianos, tenemos que hacer lo mismo. Necesitamos conectar con los de afuera a su manera. No la nuestra. Y esto no es decir hacernos como ellos. Yo no me hago cubano no solo por hablar español a los cubanos. Pero tampoco insisto hablar en inglés con ellos ya que esto pondría una barrera entre nosotros – y esa barrera sería mi culpa, no la de ellos. Entonces, tenemos que “hablar el idioma” de los de afuera para conectarnos con ellos. En otras palabras, busquemos como relacionarnos con ellos por medio de un puente. Si les interesa la literatura, les hablo de la literatura. Si les gusta correr, corro hasta que caigan mis piernas. De hecho “a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salvo a algunos” (1 Corintios 9:22). Esto crea el puente. Poco a poco les paso por la puente para mostrarles (no hablarles, mostrarles) el evangelio por mi manera de vivir. Pero sin puente, nos quedamos cada uno en lados contrarios del lago que nos separa.

Royler – Yo creo que hoy día los jóvenes son los que tienen el protagonismo y por ende la mayor responsabilidad para alcanzar a esta generación. Cual sería tu consejo para ellos
Aaron – Tienes la razón. Y la responsabilidad sobre la juventud para avanzar el reino de Dios es enorme. Pienso que dos claves importantes les ayudaría en esto. Si me permites, aquí les hablo directamente hacia ellos.

Primeramente, joven, tienes que creer en ti mismo. Es fácil pensar que esta responsabilidad cae sobre los que tienen ya experiencia, los mayores. Y te puedes dudar. Pero si te ves pequeño en tus propios ojos, por más grande que te ves en los de Dios, te vas a impedir. Pero Dios ve la grandeza en ti, por eso te dijo que “ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” (1 Timoteo 4:12). Para alcanzar esta generación tienes que saber en tu interior que Dios te llamó y tienes todo lo que necesitas para hacerlo. Porque es cierto. Tú eres escogido(a).

Segundamente, joven, permite que Dios use tu pasado para conectar con ellos y mostrarles la esperanza que está en Cristo. Por acaso te hayas preguntado ¿cómo es que los Israelitas pasaron 40 años en el desierto y de repente entraron en la tierra prometida peleando y ganando todas esas batallas contra los ejércitos que ya moraron ahí…. DE DONDE OBTUVIERON LAS ARMAS? ¿No crees que formaron miles de espadas con los cactus y pelo de camellos, no? Acuérdate que el ejército de Egipto les perseguía. Tuvieron sus espadas en mana. Dios abrió el mar. Los Israelitas pasaron por tierra seca. Los Egipcios les siguió. Dios quitó su mana. Los Egipcios se ahogaron. ¿Y sabes lo que subió al superficie de la costa? ¡Te acertaste! Las espadas de su enemigo. Dios equipó a su pueblo a ganar la batalla que les quedaba en frente con las mismas armas que el enemigo intentó usar para destruirles. Tu pasado no es gastado. Fue la intención del enemigo usarlo para quitarte. Pero ¡aquí estás! Y ahora tienes lo que necesitas para hacer la obra que te queda en frente. ¿Quién puede identificarse con los jóvenes de esta generación? Tú. Porque les entiendes. Has caminado en sus zapatos. Y Dios va a usar todo lo que hayas pasado para alcanzar a alguien que lo está pasando ahora