Amistades Bien Escogidas

Mejor es encontrarse con una osa a la cual han robado sus cachorros, que con un fatuo en su necedad. Proverbios 17:12

Hay personas con las que, nosotros como creyentes, no vale la pena relacionarnos, excepto para compartirles la Palabra de Dios. Debemos ser amigos de todos, para seguir el modelo enseñado por nuestro Señor Jesucristo, pero a la vez debemos ser muy cuidadosos y selectivos a la hora de elegir el tipo de personas con las que vamos a establecer una más o menos profunda y duradera. Esto así, porque las amistades muy cercanas, de una manera u otra, influyen de forma positiva o de forma negativa en nuestra espiritual. Es muy difícil mantenernos “neutros” a la hora de compartir con nuestros amigos; o ellos nos influenciarán con sus actitudes, conversaciones y comportamientos o nosotros ejerceremos algún tipo de sobre ellos, si es que mantenemos una correcta actitud cristiana.

Nuestro texto nos presenta de forma gráfica la calamidad que representa relacionarse con un fatuo en su necedad, nos dice: es mejor encontrarse con una osa a la cual le han robado sus cachorros. Así de serio es cuales serán nuestras amistades.

El libro de Proverbios está lleno de advertencias sobre el tipo de amistad que debe escoger positivamente un creyente, y más importante aún, el tipo de personas que negativamente debe evitar un hijo de Dios. Es un principio escritural que las amistades dejan su cuota de influencia sobre los creyentes; Pablo exhorta a los hermanos en 1 Co 15:33, “No erréis, las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres”. Y hay un viejo refrán popular que reza: “Dime con quién andas, y te diré quién eres”, queriendo significar que los amigos que frecuentemente andan juntos se sienten identificados entre sí; tienen ideas y actitudes en común, y comparten rasgos distintivos que les permiten sentirse cómodos, como dice la Biblia en Amós 3:3, “¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?

Salomón advierte que debemos evitar la compañía de hombres necios, aquellos que muestran una conducta antisocial y son incorregibles, por carecer de un carácter moldeable de acuerdo a los principios morales y cívicos que socialmente han sido establecidos; dice Pr 27:22, “Aunque majes al en un mortero entre granos de trigo majados con el pisón, no se apartará de él su necedad”. Otro tipo de amistad que debemos declinar es la de los burladores, que son aquellos que todo lo toman a chiste, y que aun en situaciones de intensa gravedad se comportan como meros charlatanes, por carecer del más mínimo sentido común. En Pr 9:12 se nos sentencia: “…si fueres escarnecedor, pagarás tú solo”. Aunque la burla sea grupal, las consecuencias serán individuales. Y otra compañía de la que debemos huir como el diablo a la cruz es la de aquellos que son mañosos y amantes de lo ajeno. Pr 29:4 nos dice: “El cómplice del ladrón aborrece su propia alma…”.

¿Y qué del coqueteo con la mujer extraña? ¡Oh, amado joven que me escuchas hoy! ¡Huye, huye despavorido como quien escapa por su vida! Y nunca mires hacia atrás como la mujer de Lot, porque como advierte Pr 5:3-4,8: “Porque los labios de la mujer extraña destilan miel, y su paladar es más blando que el aceite; mas su fin es amargo como el ajenjo, agudo como espada de dos filos. Aleja de ella tu camino, y no te acerques a la puerta de su casa”. Recordemos la historia de Sansón enredado en los encantos de la “extraña” Dalila, y de qué forma terminó su carrera: triste, avergonzado, humillado, derrotado, y salvo por la sola misericordia de Dios. Y por último, la perla de hoy nos aconseja a no congraciarnos con personas fatuas, que son aquellas que tienen una visión muy superficial de la vida, y para los que “todo es todo, y nada es nada”; son aquellas que hacen y deshacen sin esperar las consecuencias de sus acciones, como el insensato “Nabal”, el esposo de Abigail (1 S 25:25).

Es menos peligroso encontrarse con una osa enfadada, llena de violencia e ira por haber perdido sus cachorros, que con un fatuo en pleno ejercicio de su necedad. Las heridas de una osa pueden ser graves y físicas, ellas sólo afectan el cuerpo; sin embargo, la compañía de un hombre fatuo trae consecuencias mortales, espirituales y morales, y puede traer manchas imborrables a nuestro buen nombre, a nuestros hijos, y aun nuestra familia en general. Amados, seamos sabios a la hora de seleccionar a aquellos con los que vamos a compartir íntimamente, para que en todo, nuestra reputación sea guardada y el nombre de Dios sea glorificado por medio de nuestro testimonio. Amén

1 comentario

    • alexander en 2 febrero, 2017 a las 2:51 pm
    • Responder

    buena predicacion grasias por subirla la nesesitaba para compartir con los chikos de mi iglesia grasias por su pagina es de ayuda DLB

Responder a alexander Cancelar respuesta

Tu email nunca se publicará.

MaranataCubaTV

Ya estamos en Youtube, únete al canal