Apuntando al corazón más que al cerebro

“La Iglesia Primitiva no tuvo el Nuevo Testamento, ninguna teología elaborada, nada de tradiciones estereotipadas. Los hombres que llevaron el cristianismo al mundo gentil no tuvieron un entrenamiento especial, sólo una gran experiencia en la cual todas las máximas y filosofías fueron reducidas a la tarea sencilla de caminar en la luz siendo que la luz había llegado.” -B. H. Streeterr

En la mente de la mayoría de los cristianos, la E educación cristiana formal califica a una persona a hacer el trabajo del Señor. A menos que un cristiano se haya graduado de una Universidad Bíblica o de un Seminario, cómo podría predicar, enseñar, bautizar o administrar la Cena del Señor si él no ha sido entrenado formalmente para hacer tales cosas ¿Verdad?. Entonces surge la pregunta: Cómo, entonces, fueron entrenados los obreros cristianos durante el primer siglo si ellos no asistieron a una escuela religiosa. Indiferente al entrenamiento ministerial de hoy, el entrenamiento del primer siglo fue el comando manual, en vez del estudio académico. Fue un asunto de aprendizaje, en vez de una

educación intelectual, dirigido principalmente al espíritu en vez de ser encaminado al lóbulo frontal. En el primer siglo, los llamados a hacer la obra del Señor fueron entrenados de dos maneras: (1). Ellos aprendieron las lecciones esenciales del ministerio cristiano al vivir una vida compartida con un grupo de cristianos, en otras palabras, ellos fueron adiestrados por experimentar la vida eclesiástica como aprendiz (no como líder). (2) Ellos aprendieron la obra del Señor bajo la tutela de un obrero mayor y experimentado. A través de la historia de la Iglesia ha habido cuatro etapas de la educación teológica. Estas son: Episcopal, Monástico, Escolástico, y Pastoral. Examinemos cada una brevemente: Episcopal: La teología de la edad patrística (del tercer hasta el quinto siglo) fue llamada “episcopal” porque los teólogos principales de ese tiempo eran obispos. Esta teología fue marcada por el entrenamiento de los obispos y sacerdotes tratando de cómo cumplir los varios rituales y las liturgias de la iglesia. Monástico: La etapa monástica de la educación teológica fue vinculada a la vida ascética y mística. Fue enseñada por los monjes que vivían en comunidades monásticas y más tarde en escuelas catedrales. Las escuelas monásticas fueron fundadas en el tercer siglo. Estas escuelas enviaron misioneros a territorios inexplorados después del cuarto siglo. Durante esta etapa, los padres eclesiásticos orientales estuvieron empapados del pensamiento platónico siendo que muchos de los padres eclesiásticos fueron filósofos paganos y oradores antes de su conversión, la fe cristiana pronto empezó a tomar una inclinación filosófica. Escolástico: La tercera etapa de la educación teológica debe mucho a la cultura de la universidad. Por el año 1200, un número de escuelas catedrales evolucionó en las universidades. La Universidad de Bolonia en Italia era la primera, la Universidad de París fue la segunda, seguida por la de Oxford. La teología moderna se ejercitó en las abstracciones de la filosofía griega. La academia universitaria adoptó un modelo de pensamiento Aristotélico que se dirigía al conocimiento y logia racional. Pastoral: (El Seminarista) La teología del seminario salió de la teología escolástica que se enseñaba en las universidades. Esta teología se basaba en el sistema filosófico de Aristóteles. La teología del seminario se dedicaba al entrenamiento y ministros profesionales, su meta era para producir especialistas religiosos entrenados en el seminario, ahí enseñaron la teología, no la del obispo temprano, monje o profesor, sino del ministro profesional “calificado.” Esta es la teología que predomina en el seminario moderno. Uno de los teólogos mayores del siglo XX, Karl Barth, reaccionó contra la idea de que la educación teológica debe ser relegada a una clase élite de oradores profesionales. El escribió, “La teología no es un asunto privado reservado para los teólogos. No es un asunto privado de los profesores, ni de pastores; es un asunto de la iglesia. El término “laico” es uno de los más terribles en el vocabulario de la religión y debe ser eliminado de la conversación cristiana.” Mientras la Reforma progresaba en el siglo XVI, se hicieron unas provisiones para que los pastores ineducados pudieran asistir a las escuelas y a las universidades. Los ministros protestantes no tuvieron entrenamiento en el oratorio, sino que ellos fueron entrenados en la exégesis y teología Bíblica. Se asumió que si ellos conocían la teología, podrían predicar. Este tipo de entrenamiento teológico produjo “una nueva profesión” del pastor entrenado teológicamente. Los pastores educados ahora ejercieron una influencia tremenda, con títulos de doctor de teología o títulos menores académicos que les dieron prestigio. Por la mitad del siglo XVI, la mayoría de los ministros protestantes fueron entrenados en la universidad de alguna manera. Entonces, desde su inicio, el Protestantismo promovió un clero bien educado que llegó a ser el elemento principal del movimiento. Considere la siguiente cita: “Cristo no vino para nombrar profesores, sino seguidores. Si el cristianismo no está duplicado en la vida de la persona que lo expone, entonces él no expone el cristianismo, porque el cristianismo es un mensaje acerca de vivir y puede ser expuesto solamente por ser realizado en las vidas de los hombres” (Soren Kierkegaard). Las palabras de un pastor resumen el problema muy bien: “Yo vine a través del sistema entero con la mejor educación que el evangelismo pudo ofrecer, sin embargo no recibí el entrenamiento que yo necesitaba. Los siete años de una educación superior en las mejores escuelas evangélicas no me prepararon  (1) a ministrar y (2) ser un líder. Yo empecé a analizar por qué no podía predicar un gran sermón y la congregación no me daba la mano después y decir: “Un gran sermón, Pastor”. Pero estas eran las mismas personas que luchaban con la autoestima, pegando a sus cónyuges, luchando como “trabajólicos”, complacientes ante sus adicciones. Sus vidas no cambiaban. Tuve que preguntarme a mí mismo por qué este gran conocimiento que yo estuve presentando no pasó de sus cabezas a sus corazones y sus vidas. Y, empecé a darme cuenta que el fracaso de la iglesia se basaba en lo que yo había aprendido en el seminario. ¡Nos había enseñado que si uno simplemente les da información, eso es suficiente!

por: Ms.C Renato Sarmiento Fernández

1 comentario

    • alexander on 26 febrero, 2018 at 1:38 pm
    • Responder

    hernamos la iglesia primitiba tubo a los 12 apostoles tenia toda la teologia y doctrina q tenemos hoy pero mejor pq la tubieron directamente de los seguidores de Jesus vivo ok la doctina y teologia no son malas nos acercan mas Dios lo malo es cuando nosotros los hombres metemos la cuchareta y claro q hay q vivir a cristo y enseñarlo no solo dar informacion pero la informacion ayuda a vivir a cristo

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