¡Cómo conseguir y mantener la bendición y el favor de Dios! Parte I

El libro de Hageo es una lección maravillosa sobre cómo conseguir y mantener la y el favor del Señor. En absoluta simplicidad el profeta Hageo destaca cómo los hijos de Dios pueden vivir y caminar bajo la incesante y el .

Pero Hageo también muestra las causas y razones por qué el pueblo pierde las bendiciones de Dios – ¡y lo que deben hacer para volver a su favor! Esto es verdad para las naciones, familias e individuos.

La verdad maravillosa es que Dios bendice aquellos que caminan en fidelidad – él muestra favor a aquellos que le favorecen. No sé tú, pero ¡me gusta estar alrededor de las personas que tienen el favor de Dios! Hay algo de la exuberancia de Cristo sobre ellos. Y tienen una paz firme. No tienes que preocuparte de un día al otro si están arriba o abajo, porque hay una firmeza sobre su caminar con Dios.

Una de las más grandes tristezas que un pastor tiene que llevar, sin embargo, es ser testigo de los cambios horribles que tienen lugar en los cristianos que se amargan. Éstos son creyentes que una vez estaban encendidos para Dios, dedicados y celosos en su obra. Estaban contentos, bendecidos, creciendo en la fe, madurando espiritualmente.

Entonces un día comenzaste a darte cuenta que algo había ido mal. Un ceño fruncido había reemplazado sus sonrisas. De repente habían detenido el crecimiento. ¡El decaimiento espiritual había llegado!

¡Esto le pasa a los matrimonios! Quizás es la verdad de tu matrimonio. Sólo un año o algo así, ustedes dos parecían tan felices. Había una chispa en sus ojos y eran como novios. Por todas partes veían que Dios estaba bendiciéndoles. Las personas alrededor de ustedes pensaban que nada podría pasar entre ustedes. Ambos disfrutaban de la plenitud del favor de Dios.

Pero ahora algo está mal. En asunto de sólo meses, ¡ambos están caminando en la tristeza! No pueden estar de acuerdo sobre algo – hay un constante malentendido entre ustedes. Su amor el uno por el otro y por la obra de Dios está menguando. ¡Su bendición y favor en su matrimonio ha sido retirado!

¡Esto también le pasa a cristianos individuales! He sido muy bendecido por la fidelidad y celo de muchos cristianos individuales, muchos de ellos que son solteros. Están tan llenos de gozo, entusiasmados por la Palabra de Dios, siempre poniendo la obra del Señor primero. Cuando los veo me digo a mí mismo, “Allí va uno que nunca renunciará y nunca dejará de crecer. ¡Él [o ella] está determinado a ir todo el camino con el Señor!”

Pero, tristemente, algunos de estos creyentes celosos empiezan a cambiar. Empiezan a faltar a las reuniones, considerando que solían venir a cada servicio. Y una mirada triste, austera esta sobre su semblante. La bendición de Dios no está allí – ¡casi puedes verla salir de ellos!

Ahora cuándo los veo, me pregunto, “Señor – ¿qué pasó? ¿Cómo pudieron simplemente alejarse? ¿Cómo vino tal frialdad a su espíritu? ¿Cómo pudieron olvidar el secreto de tener tu bendición y favor en ellos?”

¡Lo mismo pasa a las naciones! Desde el día que Dios mandó sus bendiciones a Israel, hasta los días modernos de América – ¡las naciones que una vez vivieron bajo la bondad dadivosa pronto se olvidaron de Dios! Olvidan por qué él les bendijo – y se vuelven sus enemigos, ¡yendo del favor a los terribles juicios!

Ninguna nación fue tan bendecida como Israel. Dios les dijo, “Les escogí entre todos los pueblos de las naciones – ¡y los llevé en mis brazos! Te encontré, bañé y vestí. ¡Pero entonces ustedes se volvieron agrios contra mí! ¡Se volvieron contra mí, cometiendo adulterio espiritual!”

¡Cómo Israel, ¡América ha perdido la bendición y el favor de Dios! En un tiempo esta nación fue grandemente bendecida. Nuestros antepasados fueron, en su mayor parte, hombres piadosos. Y hasta hace unos cuantos años, América bendijo al mundo entero como la nación prestamista número uno. ¡Ya no! Ahora somos la nación deudora número uno, ¡debiendo más dinero que el resto del mundo combinado! ¡Estamos en una deuda tan profunda que nunca lograremos salir de ella!

¿Qué le ha pasado a América? ¡Ha perdido su alma, su bendición, su favor para con Dios! Ya no somos una nación bajo Dios – porque él nos ha entregado a nuestros pecados. Nos hemos vuelto ateos – ¡y ahora estamos bajo su disciplina divina!

¿Cómo pierden las naciones, las familias, y los individuos la bendición y el favor de Dios? ¿Qué produce esta caída en la ruina y la vergüenza? Hageo enlista tres razones para esto:

 


1. ¡Los auto-intereses empiezan a
reemplazar los intereses de Dios!


“Este pueblo dice, No ha llegado aún el tiempo, el tiempo de que la casa de Jehová sea reedificada.” (Hageo 1:2) Los israelitas dejaron de construir la casa del Señor – ¡para construir sus propias casas!

Esta escena tuvo lugar sesenta y ocho años después de que el templo de Salomón fue destruido. Un remanente había vuelto a Jerusalén de la cautividad babilónica específicamente para reconstruir la casa de Dios. Y, de hecho, ¡pusieron el fundamento del templo con celo y entusiasmo!

Pero entonces empezaron a encontrarse con algunos lugares duros – dificultades, desalientos. Poco a poco, perdieron el interés en la obra de Dios. Dijeron, “Simplemente no es el tiempo – estamos teniendo demasiados problemas. Además, estamos pasando demasiado tiempo aquí. Estamos descuidando nuestras familias y nuestros negocios.”

Uno por uno, se alejaron para atender a sus propios intereses. ¡Y los intereses del Señor – qué tenían todo que ver con su propio bienestar – se volvieron secundarios!

Comenzaron a construir sus propias casas. Y usaron la madera que habían almacenado para construir el templo – todo el maravilloso cedro que habían traído de las laderas de la montaña.

Cuando Hageo llego en escena, oyó el golpeteo de los clavos y vio casas levantadas por todas partes. Entonces pasó por la casa de Dios – ¡y estaba descuidada! ¡Nadie estaba trabajando en el templo!

Empezó a clamar: “¿Es para vosotros tiempo, para vosotros, de habitar en vuestras casas artesonadas, y esta casa está desierta? Pues, así ha dicho Jehová… Meditad bien sobre vuestros caminos” (versículos 4-5). Él estaba diciendo, en otros términos, “Despiértense – piensen en lo que están haciendo!”

Podrías preguntar: ¿Cuál es el templo de Dios que está siendo construido hoy? La Escritura dice que es nuestro cuerpo: “O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?” (1 Corintios 6:19).

De hecho, la iglesia de Jesucristo es su cuerpo sobre la tierra. Él es la cabeza, en la gloria – y nuestro trabajo primario aquí en la tierra es construir su cuerpo espiritual. Todo lo que hacemos por Jesús no es construir simplemente una iglesia local o ministerio – ¡construimos el cuerpo de Cristo en la tierra!

¿Cómo, entonces, los creyentes hoy pierden la bendición y el favor de Dios? ¡Deteniendo la obra de su templo! Pasa cuando dejamos la oración y búsqueda de Dios – ¡cuando dejamos de edificar su cuerpo espiritual!

La Escritura dice que si un miembro se duele, todo el cuerpo sufre. Sé que si golpeo mi dedo o aplasto el dedo de mi pie, ¡mi cuerpo entero reacciona – incluso mi cabeza lo siente! Por consiguiente, si no estás haciendo tu parte construyendo la casa de Cristo – si no estás buscándole con todo tu corazón – entonces estás hiriendo el cuerpo entero. ¡Estás hiriendo inclusive a la Cabeza, Jesús!

Aquí está el problema que Hageo señala: Cuando las personas ponían los intereses de Dios primero, él proporcionaba su comida y resguardo. De hecho, eran cuidados por él en toda forma: Sus viñas crecieron, sus uvas eran pesadas. Dormían apaciblemente por la noche, y sus niños bailaban en las calles. Ningunos de sus enemigos prevaleció contra ellos. Era un tiempo maravilloso de bendición de Dios. ¡Pero entonces el pueblo se absorbió con sus propios intereses!

Ahora, Dios no está en contra que proveamos para nuestro hogar. Tenemos que ser diligentes en nuestro trabajo diario y negocios. Pero los israelitas habían dejado de hacer la obra de Dios completamente. ¡Los propios intereses habían poseído cada pensamiento!

Hoy, muchos cristianos vienen a la casa de Dios y simplemente se sientan. Nunca hacen algo para edificar su cuerpo. Están demasiado involucrados en sus propias carreras y familias – ¡demasiado ocupados con sus propios intereses!

Dicen, “Algún día tendré tiempo – entonces seré capaz de poner los intereses del Señor primero. En cuanto haya pagado mis deudas y apartado un poco para el futuro, entonces daré más tiempo a los asuntos espirituales.” ¡No! Éstos son tibios, incluso fríos – ¡dando a Dios cada vez menos de su tiempo y sus recursos!

Quizás una vez viniste a la casa de Dios con celo genuino por él. Estabas lleno de Cristo – él era tu todo, tu vida. Pero ahora estas atrapado haciendo dinero, intentando mejorar tu estilo de vida. De repente, tus intereses han sobrepasado los intereses de Dios. ¡Has empujado su obra fuera de tu vida!

Por David Wilkerson
10 de mayo de 1993

2 comentarios

  1. Candela.. esto si es lo último..! respuesta simple: POR GRACIA y POR FE… mas nada, simple fe.!

    • Carlos C en 27 febrero, 2015 a las 11:46 am
    • Responder

    Hermano Roiler, tristemente esta es una de las más tristes realidades de la Iglesia, pues muchos vienen a Cristo por los panes y por los peces y no por el Maestro, son Cristianos dame más y más o calienta bancos como le decimos en mi Iglesia. No se comprometen a servir, ni a esforzarse para Dios, desde el momento en que sus necesidades no son suplidas se enfrían y se van. Cuando pasa esto simplemente me doy cuenta que no tuvieron revelación del Evangelio de Jesucristo, es triste como muchos también dejan Iglesias, Ministerios y todo lo que Dios les entrego por las cosas materiales de este Mundo se hacen ídolos de las riquezas o de sus intereses egoístas, eso no es nada nuevo pero es muy triste. Pero que bueno que si hay gente genuina, que ama Dios y su Prójimo verdaderos y auténticos Cristianos hijos 100% del Padre Celestial, con identidad, compromiso, sacrificio, y todo lo que lleva un verdadero Discípulo de Cristo.

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