Cómo observar la respuesta a la oración.

espeandolarespuestadelaoracionCuando un hombre ha esperado de esta manera, guardando su camino, debe observar el resultado y conclusión de lo que había pedido, para aprender cómo obra Dios. Ahora bien, sólo pueden ocurrir dos cosas: que lo deseado se realice, o que no se realice. En uno y otro caso, el que ora puede examinar las respuestas concedidas a sus oraciones, pues es posible que la petición sea contestada, aunque lo que se pidió no se haya llevado a cabo.

En esa sección y en la siguiente me ocuparé separadamente de ambos casos. Si aquello por lo cual oras se realiza, ¿para qué dudar de la respuesta, y de si Dios te oyó o no? Lo estás viendo con tus propios ojos. A menudo ocurre que Dios obra conforme a los deseos del corazón de un hombre; y no solamente es así, sino que, al hacerlo, cumple lo que quería dar al hombre (Salmo 20:4); es decir, que no solamente satisface su voluntad y el objeto de su , sino también, y precisamente, de la manera y por los medios que su juicio y consejo habían determinado en su pensamiento. Los deseos del corazón quedan satisfechos cuando Dios concede otra cosa que la deseada, pero cuando un hombre recibe respuesta en aquello precisamente que su juicio estimaba como lo mejor, se dice que el consejo del corazón ha sido satisfecho. Por consejo entendemos un acto del entendimiento en que se delibera acerca de los medios para alcanzar cierto fin, y que nos lleva a escoger un medio en particular para alcanzar un fin determinado. Es lo que Elifaz dice a Job, en el cap. 22:27, 28: “Orarás a El, y El te oirá; … determinarás asimismo una cosa serte firme”; o sea que uno es guiado a decidir y establecer en los beneficios que Dios concede en particular: Dice lo que desea, y Dios lo obra. Elifaz declara aquí que tendrás este privilegio si te tornares y te amistares con El y tomares la ley de Su boca. No errarás al orar, sino que aquello por que ores se te concederá conforme a tu petición. Al que así le sea hecho tendrá el privilegio de fingere sibi fortunam, de ser su propio consejero, y el artífice de sus propias misericordias; y así como dijo Cristo: “Según tu fe sea hecho contigo”, así también Dios dice a veces: Conforme a tus oraciones sea hecho. Elifaz consideraba aquí como favor especial el que mientras otras oraciones son contestadas indirectamente, la tuya, dice, será contestada directamente, lo cual es más consolador, como lo son más los rayos de luz directos que los oblicuos, por contener más calor. De modo que si un hombre oye a Dios y le obedece, Dios le oirá; si está sujeto a Cristo como Rey, Cristo como Profeta le guiará, haciendo que no yerre en sus peticiones. Mediante infalible providencia y previo instinto, infundidos por su Espíritu, Dios le guiará de tal manera que pida precisamente lo que El se propone darle, pues de por sí no sabe qué ni cómo pedir.

David, por ejemplo, pidió larga vida, y Dios se la dio (Salmo21:2-4). No solamente le concedió lo que deseaba en su corazón, sino “lo que sus labios pronunciaron” (v. 2). Ana pidió un hijo, y Dios le respondió en aquello precisamente que ella deseaba, por lo cual ella le puso por nombre Samuel, “por cuanto lo demandé a Jehová” (I Samuel l:20). “Por este niño oraba dice y Jehová me dio lo que le pedí” (v. 27), y no otra cosa en su lugar. También en 1 Crónicas 4:10 leemos: “Invocó Jabes al Dios de Israel. . . e hizo Dios que le viniese lo que le pidió”. Así procede Dios muchas veces para con sus hijos. Con este fin nos ha dado su Espíritu y, como no sabemos lo que nos conviene, Cristo nos ha sido hecho sabiduría. Por lo cual, ha hecho particulares promesas de beneficios especiales que desea tengamos presentes en nuestras oraciones, nos ha mandado que descubramos los favores que queremos pedir y luego vengamos a Él para suplicarlos. Todo esto se debe a que, a menudo, sp propone concedernos precisamente lo que buscarnos.

Sin embargo, aun teniendo las cosas que hemos pedido y deseado, la envidia y la infidelidad de nuestro corazón son tales, que a menudo no discernimos ni reconocemos que fueron nuestras oraciones las que obtuvieron aquello de Dios; sino que, una vez alcanzadas, a pesar de haberlas buscado fervientemente en Dios. somos propensos a mirar a las cosas de abajo, y a atribuirlo a segundas causas, o aun a poner en duda, llenos de desconfianza, si fue en respuesta a nuestras oraciones que lo concedió, o si fue por providencia común. Así vemos que Job, en su mal humor, dice: “Que si yo le invocase, y El me respondiese, aun no creeré que haya escuchado mi voz- (9:16); es decir, no creeré que lo hizo en relación con mi oración y petición, pues ahora procede conmigo de manera tan severa, “porque me ha quebrado con tempestad” (v. 17). Eso es lo que hacen nuestros desconfiados corazones, sentirse siempre insatisfechos y, a pesar de que las señales del favor de Dios son clarísimas, interpretar mal y pervertirlas de cualquier modo. Aunque Dios realmente nos responde cuando le invocamos, no queremos creer que fue porque escuchó nuestra particular oración.

Para que podáis, pues, discernir mejor cómo y cuándo vienen las cosas que habéis pedido en oración, os daré las siguientes instrucciones complementarias:

1. Cuando Dios hace algo en respuesta a las oraciones, suele hacerlo de tal manera que su mano puede verse más claramente que de ordinario. Pocas son las oraciones en que un hombre ha buscado a Dios con insistencia, sin que El se manifestara muy especialmente, moviendo muchos y poderosos resortes en el cumplimiento de la petición; mostrando, como David deseaba, “sus estupendas misericordias” (Salmo 17:7). Ciertamente, cuando Dios oye oraciones que se han estado haciendo, largo tiempo, suele hacer una especie de milagro, en un sentido o en otro.

Ahora bien, son muchas las maneras en que Dios revela su intervención en la respuesta a la oración:

(a) Llevando algo a cabo a través de muchas dificultades: cuando ha habido muchísimos obstáculos para lograr aquello que se había pedido, el menor de los cuales hubiera podido impedir que la llave funcionara; cuando Dios ha tenido que hacer, por así decirlo, una llave expresa para poder abrir; cuando Dios ha planeado e ideado todas las fases de un asunto por el que oraste, y así lo ha llevado a cabo, esto es señal de que ha sido fruto de la oración, y de que ha sido ella la que ha estado haciendo la llave todo el tiempo. Así fue cómo David fue traído al reino; José sacado dela cárcel; y Mardoqueo ensalzado. Por la oración de la iglesia Pedro fue liberado de sus cadenas (Hechos 12). Estaba durmiendo entre dos soldados-, y si éstos hubieran despertado habría sido descubierto; estaba preso con dos cadenas, pero se le cayeron, de las manos (vs. 6, 7); los guardas estaban delante de la puerta, pero no se fijaron en él (v. 6); pasada la primera guardia, atravesó tranquilamente la segunda (v. 10), y a continuación la puerta de hierro se abrió de suyo (v. 10). Estas dificultades se presentan en muchos asuntos que, sin embargo, se resuelven finalmente por medio de la oración: Las cadenas de hierro caen, las puertas de hierro de los corazones enemigos se abren de suyo; y aunque no ocurra de la misma manera milagrosa, por medio de un ángel, no es empero de modo menos portentoso.

(b) facilitando todos los medios para que lo suplicado se realice, de modo que todas las cosas conspiren y se combinen para ello: el viento y la marca, el día claro, el camino allanado (o, como dice David: “has allanado tu camino delante de ti”), etc. Se produce entonces una gran coincidencia de diversas circunstancias de faltar alguna de las cuales, quizás aquello por lo que se oró no hubiera acaecido. Cuando la cosa por la que se ha orado ha sido concedida de esta forma, es la oración la que lo ha hecho. Así vemos que, cuando Dios liberó al pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto, lo cual fue cumplimiento de sus prolongados deseos y oraciones (“subió a Dios el clamor de ellos”, dice el texto, Éxodo 2:23), ¡cómo fueron facilitadas las cosas! Aquellos que antes les habían privado el paso, vienen ahora a suplicarles que salan; más aun, ” apremiaban “, “dándose prisa”, como dice el texto, y de noche precisamente, A tal extremo llegaron las cosas, que no se fueron sin ser antes sobornados por las joyas de los egipcios (Éxodo 12:31, 33, 35). El propio Faraón les despidió afablemente y con toda dignidad, pidiendo que orasen por él (“bendecidme también a mí”, v. 32). Y más aun, para mostrar que no hubo resistencia alguna, dice el texto que ni un perro movió su lengua (11:7); es decir, no les estorbaron, precisamente a medianoche, cuando estos animales suelen ser más escandalosos ante el menor ruido.

(e) Haciéndolo repentinamente, realizando, antes de que nos demos cuenta, aquello por lo cual se ha orado durante mucho tiempo. Tal fue el retorno instantáneo de la cautividad de Babilonia, fruto de muchas oraciones. Todo ocurrió en un momento (“seremos como los que sueñan-; Salmo 126:1). Apenas podían creerlo cuando se realizó. Fue por haber sembrado muchas oraciones (vs. 5, 6) que se cumplió de repente. Lo mismo sucedió en el caso de Pedro: estaba dormido profundamente, y ni soñaba en. ser liberado. También en la liberación de José, junto con su ensalzamiento hasta llegar a ser el hombre más importante del reino, el carácter súbito de todo ello demostró que era Dios que se acordaba de él y oía sus oraciones.

(d) Concediendo lo pedido más abundantemente de lo que se había suplicado, y añadiendo otras muchas misericordias a lo que habíamos pedido por largo tiempo. También esto puede ser señal de que Dios lo hizo atendiendo a nuestras oraciones, pues cuando oye de veras, suele “hacer más abundantemente de lo que pedimos o entendemos”, para ganar nuestro corazón más completamente. Así, David pidió “Largos años”, y El le dio más de lo que había pedido (Salmo 21:2-5). Salomón pidió solamente sabiduría, El le dio mucho más de lo demandado: Paz, y riquezas y gloria al mismo tiempo (1 Reyes 3:12, 13). Ana pidió tan sólo un hijo varón (1 Samuel 1: 1l), pero Dios le concedió tres hijos más, y dos hijas (2: 21). En la respuesta a las oraciones, las gracias suelen venir en abundancia; aquello que hemos pedido no viene solo; del mismo modo que, cuando los pecados son castigados, los infortunios vienen sobre nosotros cual legiones. Como las tentaciones vienen juntas también, y caemos en muchas a la vez (Santiago 1:2), así también las misericordias.

(e) Cuando algo ha sido concedido por oración, suele haber alguna particular circunstancia que es señal de bien y nos confirma que es de Dios, de tal manera que no sólo lo percibe uno mismo sino otros también. “Haz conmigo señal para bien”, dice David (Salmo 86:17), “y véanla los que me aborrecen, y sean avergonzados”. Dios hace a menudo que tales señales sean pequeñas circunstancias. Las cosas pequeñas en sí pueden ser magna indicia, grandes señales e indicios. Por ejemplo: Moisés, Aarón, y los israelitas habían clamado insistentemente a Dios pidiendo la liberación de Su pueblo con muchas oraciones: “subió a Dios el clamor de ellos”, como ya hemos dicho; pero cuando Dios los liberó, ¿qué señales hubo para bien, y para mostrar Su mano y Su respuesta a las oraciones de ellos? El texto refiere, como se ha dicho antes, que ni un perro ladró cuando salieron (Éxodo 11:7), lo cual, aunque no pasaba de ser tina pequeña circunstancia, era al mismo tiempo un gran indicio (magnuni indicium), y como tal designado por Dios, pues el texto añade: ” Para que sepáis que hará diferencia Jehová entre los egipcios y los israelitas”. Fue señal de la mano de Dios el control de las lenguas de estos seres irracionales que suelen excitarse ante ruidos extraños y ante el paso de la gente, especialmente por la noche. Cuando Isaac y Abraham, y también su criado, hubieron orado pidiendo una esposa para el primero, ¿cuál fue la señal que Dios hizo para mostrar que había oído sus oraciones?. Rebeca fue la primera que salió al encuentro del criado. Si es la mujer designada para Isaac, dijo el criado, “que me ofrezca de beber a mí y a mis camellos también” (Génesis 24:13, 14). Esto era, en apariencia, cosa insignificante, pero gran indicio de la intervención de Dios; por lo cual el criado se inclinó y adoró a Jehová. Además, la señal en sí demostraba en Rebeca un buen carácter, una disposición bondadosa y cortés, cosa especialmente deseable en la elección matrimonial, lo cual el criado posiblemente interpretó como señal de que era una esposa idónea.

2. La consideración del momento en que lo pedido se nos concede puede sernos de gran ayuda para discernir si es una respuesta a nuestras oraciones. Dios, que todo lo hace en su peso y medida, muestra su sabiduría y su amor tanto en la sazón como en la cosa concedida. Dios considera todos los momentos de tu vida, y al mismo tiempo escoge los más acertados para contestar tus oraciones. “En hora de contentamiento te oí” (Isaías 49: 8). Asimismo David dice que enderezaba su oración a Jehová al tiempo de Su buena voluntad (Salmo 69:1-3). De modo que Dios nos responde en la hora mejor y más aceptable para nosotros; pues Él espera tener piedad . . . porque es Dios de juicio” (Isaías 30:18); o sea, es un Dios sabio, que conoce los tiempos y las sazones más adecuados para mostrar su bondad y conceder sus favores.

(a) En primer lugar, pues, puede ser que precisamente en el momento en que ores más ardiente y fervorosamente, más aun, mientras estés orando o inmediatamente después, lo que pidas se haga y cumpla. Por esto dice Isaías (65: 24)que, si a veces “El antes que llamen responderá (señal de su mucha inclinación a conceder beneficios antes de que sean pedidos), también dice que “aun estando ellos hablando, yo habré oído” y concedido la súplica, lo cual demuestra no menos amor. Él elige el momento a propósito, para que los suyos tengan la seguridad de que fue en respuesta a su petición. Para dar a Ezequías la seguridad de que su oración había sido oída, Dios le envía el profeta cuando aun estaba orando y llorando, con el rostro vuelto hacia la pared. Asimismo Isaac, saliendo a orar al campo encuentra a Rebeca, cuando sin duda lo que estaba entonces rogando que Dios le concediera, era la bendición de tener una buena esposa. Rebeca fue el fruto de muchas oraciones. Estando Pedro en la cárcel, y la iglesia reunida orando en su favor, llega él a poco y llama “a la misma hora” (Hechos 12:12-17). Así como ocurrió en el caso del noble del evangelio (Juan 4: 52), que preguntando diligentemente descubrió que a la misma hora en que Cristo le había dicho tu hijo vive”, su hijo “había comenzado a estar mejor”, “y creyó, él y, toda su casa”, así también ocurre que, a veces, se cumple lo suplicado o llega la noticia en la misma hora o poco después de haber orado uno por ello, y. acaso cuando el corazón está más conmovido que nunca. Esto es señal de que es en respuesta a la oración, y puede contribuir a corroborar la fe del que ora, como corroboró la de aquel noble.

(b) 0, en segundo lugar, en el momento más adecuado en todos los aspectos para recibir lo que se había pedido; es decir, cuando más lo necesitabas, y cuando tu corazón estaba más dispuesto para ello. Al contestar a las oraciones, Dios se propone dos cosas especialmente: mostrar su misericordia, para que el hombre pueda engrandecerla y exaltarla; y hacer que el corazón se llene de satisfacción, gozo y contentamiento en la respuesta, y que lo pedido y concedido sea tenido como grato y verdaderamente.

En cuanto al primero de estos dos casos, supongamos que has estado orando durante largo tiempo, pidiendo tener la seguridad de la salvación y gozo en el Espíritu Santo, y que cuando más lo necesitabas, cuando “tu espíritu decaería” sin esa seguridad y gozo, como dice Isaías 57:16, a causa de alguna gran aflicción que se avecinaba, o de algún duro choque con el mundo por amor del nombre de Cristo, Dios llenó tu corazón de lo que necesitaba: ése fue el momento más oportuno; Dios oyó entonces tu oración. Tal es el caso de Pedro, el cual había estado en la cárcel por muchos días, según se infiere de Hechos 12: 4, 5. Dios hubiera podido liberarle antes; pero lo mantuvo allí a propósito hasta aquella noche anterior a la fecha fijada por Herodes para su ejecución. Entonces lo liberó, en respuesta a las oraciones de la iglesia; era el tiempo más adecuado; como dice el salmista: “el tiempo de tener misericordia es llegado” (Salmo 102:13). El hecho de recibir tú respuesta entonces, en misericordioso. En resumen: que Su bondad pueda ser objeto de deleite, y Su misericordia objeto de exaltación. Con este doble propósito escoge Dios la hora en que más necesitados estamos, y también cuando nuestros corazones están más sumisos y nuestras concupiscencias más mortificadas. Es entonces cuando más capacitados estamos para saborear Su bondad, y para no ser arrastrados por el deleite carnal de la bendición. Lo primero se expresa en Isaías 30:18: “Esperará para tener piedad . . . será ensalzado”. Lo segundo se indica en Santiago 4:3: “Pedís y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites”. Tales oraciones, estando el corazón en esta disposición, el Señor las rechaza, o pospone su misericordia hasta que el corazón ha sido purificado, tu caso, es señal dé que Díos lo hizo por amor especial, amor que El quería que tú ensalzaras (Isaías 30:18).

En cuanto al segundode estos casos, si la misericordia ha sido concedida cuando tu corazón estaba mejor preparado para ella, es que has sido también oído en tiempo aceptable; pues Dios no retiene las misericordias de los suyos por falta de amor, ni tanto por su vida pasada, como por la actual mala predisposición de sus corazones, que les hace ineptos para recibirlas. Todo lo cual puede también entenderse en el sentido de que Dios a la vez prepara el corazón y oye la súplica (Salmo 10:17).

Cuando tu corazón más apartado está de tal beneficio temporal, suponiendo que lo sea, es entonces cuando te es concedido. En el caso de David, ¿cuándo le fue dada la posesión del reino? Cuando fue cual niño destetado, y hubo sido purgado de sus pensamientos altivos, que acaso habían surgido en su mente al recibir las primeras noticias: “He acallado mi alma” (Salmo 131:2), dice entonces. Mí, cuando tu corazón ha abandonado todos los objetivos carnales y se ha consagrado por entero a Dios, pues tu porción ha de venir solamente de El, entonces acaece lo pedido; era ésta la sazón Más adecuada.

Pregunta. — Mas, ¿no es cierto que tener algo cuando mi corazón no lo, desea, y aun se contenta con no tenerlo, es como si no fuera misericordia, pues no hay regocijo cuando no hay deseo?

Respuesta. — Si tu deseo ya no está puesto en el objeto, tanto más te regocijarás ahora en Dios; y aunque ello te diera ahora menos satisfacción, el hecho de que sea Dios quien te lo concede te la dará más en abundancia; Él será la compensación. Ahora saborearás su amor y dulzura en la respuesta, lo cual es mejor que la vida y, por tanto, mucho mejor que el objeto disfrutado. De hecho, la violencia del deseo, en la primera disposición del corazón, habría hecho que la respuesta fuese menos grata, pues el objeto pedido por sí solo, no habría llenado y contentado aquel deseo cuando era concupiscencia desordenada. Te habría afligido, en vez de satisfacerte, y habrías hallado mayor vanidad al alcanzarlo; mas ahora, convertido en un deseo subordinado a Dios, estando el corazón calmado y contento en que El forme parte de tu anhelo, dice: —Tengo suficiente—. De igual modo es posible que te sea quitada una aflicción de la que pediste verte libre, una vez tu corazón ha aceptado de buen grado el castigo (Levítico 26:41), sometiéndose a Dios.

3. Para discernir si una cosa ha sido concedida en respuesta a la oración, conviene además observar cuándo Dios, en su respuesta, procede, como si dijéramos en consonancia con tu manera de orar y de buscarle, y de andar con El mientras dependías de El en espera de tal o cual favor. Y de la misma manera que puedas ver una correlación entre pecados y castigos, de modo que puedas decir: “Aquel pecado trajo esta aflicción”; también podrás ver la misma correlación entre tus oraciones y tu andar con Dios, por un lado, y sus respuestas, su proceder para contigo, por otro. Véase David en el Salmo 18:24: “Pagóme pues Jehová… conforme a la limpieza de mis manos”, etc. Por ejemplo, cuantos más deseos carnales mezclaste en tu oración junto a los deseos santos, cuanta mayor falta de celo, fervor, etc. en tus oraciones, quizás halles más amargura mezclada con el beneficio concedido y más imperfección y falta de consuelo en el mismo. Así lo dice David en el mismo Salmo 18:25, 26:” “Limpio te mostrarás para con el limpio”. Las oraciones puras tienen bendiciones puras; y al contrario, “severo será para con el perverso”. Además, al orar a veces con fervor apagado, podrás ver que lo deseado también pierde calor y el asunto retrocede: Observa que “cuando las manos de Moisés bajaban, Amalec prevalecía; mas cuando “alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía” (Éxodo 17:1l). Dios le permitió apreciar una correlación entré ambas cosas, demostrando que la oración era el medio de prevalecer a veces, un hombre descubre en oración que su suplica se detiene y no adelanta como esperaba; esto se debe a que no obra como solía, y no ruega y clama a Dios; mas, al contrario, cuando es movido a orar, halla que las cosas, a pesar de todo, van bien. En esto el hombre puede ver que lo que Dios oía y atendía era la oración. Así, cuando uno ve valles y montañas en un asunto, frecuentes y bellas esperanzas, y luego todo frustrado de nuevo, mas finalmente acaece lo pedido, considere sus oraciones. ¿No procediste tú igualmente con Dios? ¿No es cierto que después de haber orado fervientemente, y creído que habías alcanzado lo pedido, lo echaste todo a perder al interponer algún pecado una y otra vez? Dios quería que observases la relación entre ambas cosas; y puede serte útil discernir cómo y cuándo son concedidas y alcanzadas las mercedes por la oración, porque en esto Dios procede en consonancia con tus oraciones.

4. Por el efecto obrado en tu corazón podrás también discernir si algo es concedido en respuesta a tus súplicas.

(a) Si lo que te ha sido concedido después de orar acerca más tu corazón a Dios, es sin duda porque te fue otorgado en respuesta a tus oraciones. Las cosas concedidas por providencia común no hacen sino aumentar nuestra concupiscencia y nos son por lazo, como Saúl dio a David a su hija Mical con este fin (Salmo 69:22); como Dios concedió lo que los israelitas querían, entregándoles al mismo tiempo a sus concupiscencias (Salmo 106:15); les dio lo que pidieron, mas envió flaqueza en sus almas. Las codornices engordarían algunos de los cuerpos de los que sobrevivieron, pero sus almas enflaquecieron; había una maldición sobre sus espíritus; este nuevo y delicado alimento les hizo ser más carnales: “Sentóse el pueblo a comer y beber, y se levantáron a regocijarse ” (Éxodo 32:6). Mas las cosas obtenidas por medio de la oración nos son santificadas, pues todo es santificado por ella (1 Timoteo 4:5), de modo que no será lazo ni prisión para nuestros corazones. Si una cosa es obtenida por oración, el hombre la devolverá a Dios, por venir de El, y la usará para Su gloria. Ana, habiendo obtenido a Samuel por oración, lo devuelve a Dios: “Por este niño oraba, y Jehová me dio lo que le pedí. Yo pues le vuelvo también a Jehová: todos los días que viviere, será de Jehová ” (1 Samuel 1:27, 28). Por lo cual, tú, si descubres que el proceder de Dios para contigo al contestarte es un motivo bondadoso para que llores tu pecado, y constituye para ti un freno contra el mismo, es señal de que fue fruto de la oración. Así fue como obró en David: “Apartaos de mí, todos los obradores de iniquidad; porque Jehová ha oído la voz de mi lloro” (Salmo 6: 8).

Asimismo, si te gozas más en Dios que en lo que has alcanzado como Ana, que empieza su cántico bendiciendo a Dios por su hijo: “Mi corazón se regocija en Jehová “, etc. (1 Samuel 2:l); ella se regocija no tanto en el don como en el dador y en su misericordia; se goza más en el hecho de que su oración ha sido contestada, que en lo alcanzado en la respuesta esto es señal de haber obtenido el favor por medio de las oraciones; o sea, cuando dicho favor es santificado para con tu propio espíritu.

Las oraciones contestadas ensancharán tu corazón de agradecimiento.El egoísmo nos hace más dispuestos a pedir que a dar gracias, debido a la codicia de la naturaleza; mas donde mora la gracia, no existe grande favor conseguido tras ruda lucha que no produzca en nosotros un perdurable y especial recuerdo, haciendo que el corazón se ensanche. Como abundaron las oraciones, abundará también el hacimiento de gracias. El cántico de Ana es un típico ejemplo de ello (1 Samuel 2:l). Las grandes bendiciones obtenidas con oración se disfrutan con agradecimiento: No solamente se deben pedir nuevas bendiciones, sino también, y al mismo tiempo, dar gracias por las antiguas. La gratitud, como otras obligaciones del. creyente, es fruto de la gracia pura; por tanto, si el Espíritu te mueve a ello, es señal de que El fue quien hizo la oración. Dice Pablo: “¿Qué hacimiento de gracias podremos dar? Dios por vosotros, por todo el gozo con que nos gozamos cama de vosotros?” (1 Tesalonicenses 3:9, 10). Y en todas sus demás epístolas, a todos aquellos a quienes escribe, al orar por ellos, dice que da gracias por ellos, y por los beneficios que les han sido concedidos, por los, cuales él había orado. Y si la respuesta a sus oraciones por otros hace a Pablo tan agradecido, ¿qué diremos cuando se trata de oraciones por uno mismo? La oración y el hacimiento de gracias son como el doble movimiento de los pulmones: el aire inhalado en la oración es exhalado de nuevo en el hacimiento de gracias. ¿Ha sido ensanchado nuevamente tu corazón para lamentar pecados tiempo ha cometidos, e igualmente ensanchado por las misericordias recibidas en el pasado, alcanzadas tras larga oración, y todo esto de forma perdurable? Si es así, sírvate como señal de que fueron obtenidas por medio de la oración.

(c) Si la merced alcanzada te alienta a allegarte a Dios otra vez, para orar de nuevo con tanta mayor confianza y fervor, es señal de que de esa manera obtuviste lo anterior; pues habiéndote mostrado el Espíritu Santo una vez este camino para alcanzar misericordia, estás dispuesto a recorrerlo de nuevo. “Porque ha inclinado a mí su oído, invocaréle por tanto en todos mis días” (Salmo 116: 2). Ahora ya sé por donde ir si estoy necesitado; o sea, le invocaré, dice el salmista, e invita a los demás a que lo hagan también.

(d) Si después de haber oído Dios tus oraciones en las que has hecho solemnes votos, tu corazón es llevado a cumplir cuidadosamente las promesas que hiciste cuando pediste insistentemente aquel beneficio, puedes considerarlo como demostración de que, al concedérsete tal cosa, tu oración ha sido oída.

En primer lugar, esto es evidente por el hecho de que tu propio corazón te hace consciente de que debes devolverlo todo al servicio de Dios, corno cumplimiento de tu promesa y como homenaje y reconocimiento perpetuo de que aquella respuesta fue alcanzada por oración; preservando así el recuerdo de lo recibido y rindiendo el debido homenaje.

En segundo lugar, otra evidencia de que el beneficio fue alcanzado por tu oración, es que Dios, por medio de su Espíritu en tu corazón, te recuerda los votos hechos, y te mueve a cumplirlos, Esto demuestra que lo considera deuda tuya, pues habiendo respondido a tu petición, te recuerda lo concertado.

En tercer lugar, al aceptar el pago de tus promesas, Dios reconoce que promesas y oraciones fueron oídas: “Si Jehová nos quisiere matar, no tomara de nuestras manos el holocausto” (Jueces 13:23). Puede también decirse que, si Dios no hubiera oído tus oraciones, no hubiera aceptado tus votos después de tu petición. Así, David dice: “Te pagaré mis votos, que pronunciaron mis labios, y habló mi boca cuando angustiado estaba” (Salmo 66:13, 14). La razón se encuentra en los vs. 17, 19: porque “ciertamente me oyó Dios; atendió a la voz de mi súplica”. Elifaz, en el libro de Job, relaciona ambas cosas en el Cáp. 22:27: “Orarás a Él, y El te oirá; y tú pagarás tus votos”. Cuando había de pagar sus votos no se refiere solamente a cumplir su deber, sino a experimentar las consecuencias que de dicho cumplimiento se derivaban; o sea, que cuando sus oraciones fuesen oídas, él cumpliría sus promesas. El intento de Elifaz era hacer que Job se volviera a Dios, mostrándole con este fin los beneficios que ello le reportada, y entre ellos el de que sus oraciones serían oídas y él pagaría sus votos.

(e) Al serte dado ver por fe claramente la intervención de Dios en el don de aquel beneficio, por encima de segundas causas,atribuyéndolo a Su gloria, El testifica que tus oraciones fueron oídas. Descubriremos que una de las razones de que generalmente encontremos impedimentos en nuestros ciegos corazones para comprender que nuestras súplicas han sido contestadas, aun después de que lo pedido se ha realizado, es que nuestros ojos están fijos en las causas secundarias, y no miran arriba para ver la mano de Dios. Por tanto, si El permite que veas que es El quien ha hecho esto para contigo, de modo que tu mente tenga un claro conocimiento de ello, sin duda esto es un fruto de su atención a tus oraciones; y por lo general descubrirás que es cierto que cuanta más fe y dependencia en Dios tengas en oración para obtener un favor, mayor fe y reconocimiento tendrás en la respuesta. Paralelamente a esta regla se encuentra aquella que suele darse en otro caso: que en el cumplimiento de los deberes, cuanto más se sale el alma de sí misma para allegarse a Dios en busca de fortaleza para cumplirlos, tanto más reconoce el corazón Su ayuda, experimentando así la humildad.Esto es señal de que la oración ha sido oída con este motivo, pues la finalidad de Dios al oír las oraciones es que le glorifiquemos. En el Salmo 50:15 se dice: “Invócame en el día de la angustia: te libraré, y tú me honrarás”. Cuando el corazón ha orado, pues, intensamente pidiendo un beneficio, estando pendiente de obtenerlo,y le es dado exaltar a Dios cuando lo alcanza, es señal de que Dios lo hizo en respuesta a dichas oraciones. Porque dice: “Te libraré, y tú me honrarás”. En el Salmo 18 tenemos el caso de David, cuando fue librado de todas sus aflicciones; y vemos en el v. 6 cómo había orado, y cómo fue oído. Ved entonces cómo su corazón fue ensanchado para reconocer que Dios solo lo había hecho todo, según declara el resto del salmo, especialmente a partir del v. 27 y del 31. Cuando, por encima de las causas secundarias, vemos a los ángeles de Dios descender, es señal de que también las oraciones, como ángeles, habían ascendido y alcanzado aquella respuesta para nosotros. Igualmente, el pueblo de Dios (Isaías 26), habiendo obtenido tales liberaciones por oración (v. 17, cántico que constituye un hacimiento de gracias), lo atribuye todo a Dios. En el v. 12 dice: “Obraste en nosotros todas nuestras obras”; y en el v. 18: ” Salud ninguna hicimos en la tierra”.

(f) Cuando junto con la merced pedida, viene la certeza del amor de Dios, y evidencias de su favor,enviando El no solamente una señal, sino una “carta” dando testimonio de su misericordia, no se precisa señal alguna, pues es en si una evidencia, y sabes entonces de sobra que tal merced es fruto de la oración.

(g) Y, finalmente, los eventos lo demostrarán. Las cosas alcanzadas por oración tienen pocas espinas, la maldición de ellas ha sido quitada;mas las que vienen tan sólo por providencia común vienen, por así decirlo, por sí solas, y como tierra baldía, están llenas de espinas, aguijones y pesares. La razón de ello es que lo que viene por oración viene como bendición, y por tanto no añade tristeza; y también porque la oración mata aquellos deseos desordenados que son causa de la vanidad y del mal sabor que dejan a veces las cosas disfrutadas. Mas cuando “la bendición de Jehová es la que enriquece, no añade tristeza con ella” (Proverbios 10: 22). Las cosas diferidas durante mucho tiempo y por fin obtenidas por la oración, son las que resultan en bendiciones más consoladoras, constantes y estables; y los pesares por los que el corazón pasó a causa del aplazamiento, son recompensados por un más seguro, constante, puro y suave goce, pues la oración lo ha perfumado durante largo tiempo, y la bendición está impregnada de este perfume, resultando en extremo grata. Dice Proverbios 13: 12 que la esperanza que se prolonga es tormento del corazón”; mas, cuando llega lo deseado, es árbol de vida, y cura aquel tormento, y consuela el corazón abundantemente. Isaac halló en Rebeca una gran bendición, y una dulce esposa (Génesis 24:67). Tal consuelo fue también él para Abraham (Génesis 17:18, 19), ciertamente “un hijo (“hijo de risa”, como su nombre significa). Yo lo mismo Samuel para Ana; ella recibió un hijo de Él, pero además un hijo bendito, profeta y juez del pueblo de ellos. Mientras que a Jacob, que logró ser bendecido no por medio de la oración, ¡cuán amargo le fue (a pesar de haber recibido materialmente la bendición) permanecer desterrado durante veinte años de la casa de su madre. Cuando Israel se dio rey a sí mismo, “mas no por mí”, como dice Dios, ¡qué castigo para ellos! “Dite rey en mi furor, y quitélo en mi ira” (Oseas 13:11).

 

Por Thomas Goodwin

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  1. Hola hermano(a) Dios te bendiga sobreabundantemente me da gozo saber que creastes un blog para la comunidad Cristiana aqui te dejo la direccion del mio lo cree hoy en horas de la tarde espero poder verte por alla comentando y deleitandote en la prescencia de Papá Un abrazo
    Eben-ezer Hasta aqui nos ha ayudado el Señor
    http://eveneser.cubava.cu/

  2. Excelso y Maravilloso Dios, Grande y Soberano eres Tu. Que mi mirada, mi pensamiento, mi deseo, y contentamiento sea contigo, mi Dios y Salvador. En Jesus. Amen.

    1. Amén!!!

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