Consagración a toda prueba: fe inquebrantable

Texto: Dn 1:8

Y propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que el bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligase

En el artículo pasado de esta serie vimos la importancia de cultivar una conciencia bien informada en aras de lograr un discernimiento ético y moral que nos permita actuar de forma correcta en las diferentes circunstancias que se nos presentan durante nuestro peregrinar en la vida cristiana. Daniel y sus amigos pudieron tomar la resolución de no contaminarse porque conocían la palabra de y sus conciencias estaban bien informadas con lo que esta decía.

Ahora, la cuestión no radica únicamente en lograr tener una conciencia bien informada. Como se explicó en el artículo pasado: una conciencia bien informada es una pieza fundamental en el sistema de obediencia en la vida del creyente. Pero necesita otra pieza que colabore con ella para que el sistema funcione correctamente.

Por ejemplo, tenemos a un joven que esta locamente enamorado de su novia. Este joven se siente irresistiblemente atraído por el físico y las cualidades de esta muchacha ─sabemos que el hombre es más explosivo que la mujer, no que la mujer sea una santa, pero está comprobado que los varones, de manera general, pierden los estribos con mucha más facilidad.

No obstante eso, el joven tiene bien claro lo que la palabra de Dios dice al respecto. El sabe que debe esperar al matrimonio para poder disfrutar del placer de la intimidad sexual con su pareja. Por tanto, el debe evitar todo tipo de comportamiento que le lleve a pensar y desear lo que él sabe que no puede pasar antes del matrimonio.

Tristemente, cada año son cientos los noviazgos cristianos que a pesar de tener bien claro lo que la palabra de Dios enseña terminan cayendo en fornicación. ¿A qué se debe esto? Está claro que en la casi totalidad de los casos ─para no ser absolutos─ estos jóvenes poseían un conocimiento claro de la palabra de Dios al respecto, o sea, tenían conciencias bien informadas.

Sin embargo, dicho conocimiento no pudo impedir que estos jóvenes pecaran contra Dios. Este tipo de cosas pasan porque a pesar de tener la pieza del conocimiento estos jóvenes no tenían la otra pieza que trabaja aparejada y que es fundamental para concretar una vida de obediencia: una inquebrantable en Dios y su palabra. Debido a esto, terminaron actuando como ellos querían en vez de cómo debían.

Y es que la fe es esa pieza que provee el coraje para hacer lo que es correcto. Si tenemos únicamente el conocimiento cuando se presenta la situación, no tendremos coraje para obrar en base a ese conocimiento, sino, que obraremos entonces conforme a nuestras concupiscencias y deseos. Debemos estar totalmente convencidos de que Dios se encargará de lo que pueda pasar una vez que hayamos hecho lo correcto.

Tenemos que tener presente que Dios es más sabio que nosotros y que si Él quiere que hagamos las cosas de cierta y determinada manera es porque eso es lo óptimo y entonces nos irá mejor aunque no lo veamos así en ese momento. Hermano querido, es necesario tener una fe sólida en Dios y su palabra si queremos ser hombres y mujeres obedientes.

Cuando desobedecemos los mandamientos de Dios lo que realmente pasa es que en ese momento dejamos de tener fe en Dios y la ponemos en las circunstancias, nuestros deseos y la opinión de este mundo. Retomemos nuestro ejemplo del noviazgo.

Este es el mismo proceso que se encuentra detrás del acto de fornicación en un noviazgo cristiano: ponen su fe en las circunstancias: «estamos solo, nadie nos está viendo». Fe en sus deseos: «es que yo te deseo tanto, me gustas tanto». Fe en la opinión de este mundo: «lo que importa es que nos queremos, esto no puede estar mal con el amor tan grande que nos tenemos».

En cada acto de desobediencia encontramos este proceso detrás.

Daniel y sus amigos tomaron la determinación de obedecer porque ellos confiaban en Dios, no en ellos mismos ni en el mundo. Entonces, lo que sostuvo la determinación de estos jóvenes fue una conciencia bien informada y una fe inquebrantable en Dios y su palabra.

Ellos actuaron con fe porque sabían que Dios se encargaría de los resultados y ciertamente Dios así lo hizo. Lo mismo sucede en el capitulo tres cuando los amigos de Daniel se niegan a adorar la estatua que había sido erigida por Nabucodonosor y, por ello, fueron lanzados a un horno en llamas.

Quiero que notemos que los amigos de Daniel mantuvieron su fe en Dios a pesar de que estaban bien conscientes de que quizás Dios no les libraría de la muerte. Y señalo este punto porque este ejemplo nos muestra lo que la verdadera fe es: la verdadera fe confía en Dios y está segura de que todas sus acciones son buenas.

La verdadera fe no es un intento de manipular a Dios para que cumpla nuestra voluntad. La verdadera fe es un reposo completo en Dios y en su sabiduría. El verdadero éxito de la vida consiste en hacer la voluntad de Dios, y si es voluntad de Dios que en creyente muera por causa del , entonces, ese será un creyente exitoso.

La razón por la cual aclaro esto es porque en nuestros días han proliferado numerosas teologías que parecen ignorar el testimonio de las escrituras e ignorar el testimonio de la historia de la iglesia y han construido una visión de éxito completamente influenciada por nuestra cultura postmoderna y materialista.

En dicha visión se promueve una clase de fe que no es la fe bíblica, sino, una fe materialista que usa a Dios como un instrumento para que podamos tener nuestra mejor vida ahora. Estos movimientos enseñan que este mundo es nuestro cielo y que aquí está todo lo que debemos anhelar y desear, y tristemente, no son pocos los creyentes que son arrastrados por estas corrientes teológicas envenenadas.

Debemos ser hombres y mujeres capaces de ver la mano del Dios invisible, creador y sustentador del universo detrás de cada una de las circunstancia de nuestras vidas. Solo esta concientización bien establecida nos permitirá actuar en base al conocimiento que tengamos de la palabra de Dios.

Solamente una fe inquebrantable en Dios y su palabra, aparejado a un conocimiento verdadero de la misma, nos capacitará para permanecer firmes en una actitud de obediencia.

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