Consagración a toda prueba: firmeza en medio de la presión

Comienza por leer el texto bíblico Dn 1:8:

Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse.  

Cuando leemos historias como la de Daniel y sus amigos. Cuando vemos tal derroche de coraje y pasión por la gloria de generalmente, tendemos a excusar nuestra frialdad y falta de compromiso pensando que estos hombres tuvieron algo único y especial. Los vemos a través del lente de los héroes presentados en los cómics.

Estos hombres no eran hombres comunes como nosotros ─decimos─, los vemos como súper hombres por el mero hecho de que sus nombres aparecen registrados en las páginas de la . Pero todo no es más que un falaz razonamiento que busca calmar nuestra agitada conciencia, que nos denuncia a gritos, por la falta de entrega y determinación en pos de glorificar a Dios.

Pero es un serio error pensar así. Estos hombres fueron de carne y hueso como nosotros; sujetos a pasiones como nosotros. Ellos simplemente tomaron la determinación de glorificar a Dios y Dios hizo el resto. No hay nada místico o esotérico aquí.

Todo está muy claro. Este versículo nos dice que Daniel propuso en su corazón no contaminarse. ¿Cuál es la naturaleza de este acto? ¡Voluntaria, claro está! A Daniel nadie lo obligó a tomar esa decisión. Este joven, a pesar de su corta edad, conocía la ley de Dios. Sabía lo que estaba bien y lo que estaba mal. Simple y llanamente la decisión  fue suya, como lo es hoy, tuya y mía.

La palabra hebrea que la Biblia traduce como «propuso» es una forma verbal que indica la idea de una «determinación solemne», o sea, determinar mantenerse en una posición con toda firmeza y convicción. Estamos equivocados si pensamos que tal actitud puede ser encontrada únicamente en las páginas de la Biblia.

La extrabíblica está llena, de cientos de miles de ejemplos, de este tipo de actitud. En este artículo quisiera hablarte de forma bien breve de uno de estos ejemplos que encontramos en la . En la vida de este hombre, al igual que en la de Daniel y sus amigos, hubo «hornos de fuego»  y «foso de leones» y, él también, dispuso en su corazón serle fiel a Dios a pesar de las consecuencias.

Hace aproximadamente dos años escuché una historia que me impactó. Se trata de un corredor cristiano que estuvo dispuesto a sacrificar sus resultados deportivos por no ir en contra de su consciencia: Eric Liddel (1902-1945) fue un corredor escocés que participó en la olimpiada de París en 1924.

Aunque se preparaba para participar en varias pruebas, su prueba preferida, y donde era una de los grandes favoritos según la prensa especializada de su tiempo, eran los 100 metros planos. Resulta ser que unos meses antes de la competencia se anuncia el calendario y se da cuenta que las eliminatorias de los 100 metros planos habían sido planificadas para un domingo.

¿Cuál era el problema? El problema era que Liddel había crecido en una iglesia donde se enseñaba con firmeza que el domingo era el día del Señor y, por lo tanto, debía ser dedicado para adorar a Dios en una forma especial y diferente que el resto de los días de la semana. Este día debía ser dedicado a la comunión de los santos y a la adoración familiar. Como esta era la convicción de Liddel, decidió no participar en esta carrera, renunciando así, al único evento donde tenía posibilidades reales de convertirse en campeón olímpico.

También se negó a participar en la carrera de relevos por darse la misma situación. Participa en la carrera de 200 metros donde era fuerte, pero no tanto como en los 100, y logra un buen tercer lugar. Finalmente le quedaba la carrera de los 400 metros pero en esta carrera sus resultados eran muy discretos y por tanto nadie esperaba que pudiera terminar entre los primeros.

El asombro del mundo entero no solo se dio porque ganó la carrera, sino  también, porque estableció un nuevo record olímpico sacándole una ventaja de 4 metros y medio al que terminó en segundo lugar. ¿Qué paso aquí? Te diré que fue lo que paso: Dios honró la fidelidad de este hombre. Este hombre no estuvo dispuesto a violar su conciencia e ir en contra de lo que él creía que era correcto según la palabra de Dios.

Ahora, no te cuento esta historia para que compares y me digas si estás de acuerdo o no con  la doctrina de este hombre. Tampoco para darle libertad a ciertas y determinadas actitudes con la excusa de estar actuando según lo que dicta la conciencia. Cada uno de nosotros debe asegurarse, por todos los medios posibles, de que está creyendo en lo que verdaderamente Dios ha revelado en su palabra, pues no importa con cuánta conciencia una persona actué si no ha edificado su casa sobre a roca, entonces, perecerá.

Aclarado este punto, prosigo. Seguros estoy que miles de cristianos verían esto hoy como una exageración, ya que dejamos de ir a la iglesia los domingos por cosas mil veces menos importante. Pero adonde quiero llegar es a que nos preguntemos si estamos dispuestos a mantenernos firmes en nuestras convicciones de la misma forma que Liddel se mantuvo firme en las suyas. Ese es el punto al que quiero llegar.

La prueba de los 100 metros era su mejor posibilidad de lograr ser campeón olímpico. Aunque no soy especialista en deportes sé que las olimpiadas son consideradas el magno evento del deporte a  nivel mundial. Y para la inmensa mayoría de los deportistas lo más grande que les puede pasar en la vida es subirse a lo más alto del podio olímpico.

Incluso, para muchos lo más grande que les puede pasar es tan solo participar en unos juegos olímpicos. Ahora te pregunto: ¿crees que Liddel no se sintió tentado a claudicar sus convicciones ante la presión de los medios de comunicación y el comité olímpico? ¿Crees que no se sintió triste al ser ridiculizado y criticado por muchos de los que le seguían como deportista? ¿Crees que el deseo y anhelo de ser campeón olímpico no le hizo dudar? Pero Liddel se mantuvo firme en sus convicciones. Un año después se fue a China como misionero y allí se mantuvo hasta el día de su muerte. Murió en campo de prisioneros en 1945.

Querido hermano, la iglesia de Cristo necesita creyentes así. Hombres y mujeres con  esa clase de valentía y determinación. Hombres y mujeres que no estén dispuestos a violar sus conciencias por tal de ir en pos de las cosas de este mundo. Hombres y mujeres que se mantengan firmes sin importar las consecuencias. Si de algo estoy seguro, y lo puedo decir sin temor a equivocarme, es que tanto en la vida de Daniel y sus amigos, como en la de Eric Liddel, vemos una magnífica consagración a toda prueba.

3 comentarios

  1. Amen, hermano, tambien podemos destacar de Eric que renuncio a una vida de fama y comodidad en Escocia por el llamado de Dios en la China, siendo un gran misionero, fue separado de su familia y murio siendo un cristiano con un exelente testimonio, tanto que el dia de su muerte algunos inconversos creyeron en Cristo, porque lo habian visto reflejado en la vida de este buen hermano. Toda la gloria sea para Dios.

    • Erick en 26 julio, 2019 a las 1:01 pm
    • Responder

    Amen muchas bendiciones. https://www.youtube.com/watch?v=q3aYHZxiQ7Y este es un enlace a mi canal cristianos. Me gustaria de alguna manera ayudarles con su proyecto Maranatha.

    1. Amén. Muchas gracias hermano, he visitado su canal, le damos gracias a Dios por su iniciativa y le exhortamos a que siga perseverando en la obra de Dios, muchas gracias por su ayuda, siempre es de bendición la ayuda de todos los hermanos. Dios le bendiga mucho y le siga guiando en todo lo que emprenda para la obra de Dios.

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