Cristiano, se vale sentirse mal

Un pastor joven, con una bella familia, en la flor de su vida, y con un ministerio sólido para luchar contra las enfermedades mentales se suicida repentinamente. Es un escenario que hemos visto dos veces en apenas unos pocos meses, en distintas localidades estadounidenses.

Primero, se trató de Andrew Stoecklein, de 30 años, de la Inland Hills en Chino, California, y en la segunda ocasión, sucedió lo mismo con el pastor asociado de la Harvest Christian Church, Jarrid Wilson, quien dejaba tras de sí no solo hijos y esposa, sino un grupo de jóvenes con problemas de salud mental que veían morir a su mentor espiritual.

Lo más duro de la noticia no era solo el hecho de la pérdida de un hermano en Cristo, sino que el inspirador ministro hubiera cedido a la presión de los pensamientos suicidas contra los cuales había luchado toda su juventud. Ni siquiera la idea de una muerte natural podía consolarnos. Era necesario abrir los ojos a la sinceridad: dos jóvenes líderes cristianos fueron tentados por la , y cedieron.

Pero acaso lo más útil de afrontar estos casos sea lo que podemos aprender de ellos. Porque aunque no pareciera, todo tiene que ver con cada uno de nosotros.

Los cristianos, solemos tener una tendencia a no expresar nuestras debilidades a otros. Intentamos ser fuertes a todo costo, sacar la eterna sonrisa y mostrarle al mundo solo la felicidad que, sin dudas, nos da el conocer al Señor.

Las presiones son reales. Hay un ambiente triunfalista que pareciera obligarnos a estar por siempre alegres. Con tanto discurso sobre ganar almas, y tanta pasión por la victoria, sin darnos cuenta, así como poco a poco, podemos ponernos en una especie de configuración “happy ever happy for Jesus”. Sin embargo, ¿es esto realmente lo que Dios demanda de nosotros?

Antes de recitar diez versículos fuera de contexto sobre la alegría del corazón, meditemos un poquito en total sinceridad, en complicidad de hermanos.

Lo que me parece más cierto es que Dios demanda de nosotros que busquemos una alegría sincera, esa que La llama gozo, y que identifica como un fruto del Espíritu.

Y tal vez ahí está precisamente el problema, en que podamos confundir alegría, con gozo, y en que la hagamos un ídolo sin apenas notarlo. El gozo, proviene de una relación sana, constante y eficaz con nuestro creador, mientras la alegría es una emoción pasajera, y en más de un caso, superficial, que podemos llegar a fingir y colgarnos como un maquillaje.

A mí que me digan loca, pero andan por ahí más de un cristiano que confunde ambas cosas, y lo peor, más de uno que cree que realmente es un deber no tener ningún momento de debilidad o tristeza.

La sicóloga Paola Graziano lo ha definido de este modo en el sitio Sicología online: “Las redes sociales, la publicidad.. nos venden una idea artificial de la felicidad. Hay mucha charlatanería sobre el control de las y el pensamiento positivo mal entendido en internet (y fuera). Gurús de la salud emocional que venden gafas con cristales de color de rosa y te dicen que has de liberarte de la tristeza, el miedo y las angustias para vivir en un mundo happy-flower en el que todo es positivo, estamos siempre relajados y la vida es maravillosa… entonces cuando nos sentimos mal pensamos que es nuestra culpa, que no sabemos manejar nustras para estar bien, que TENEMOS que estar siempre bien.”

LAS EMOCIONES NEGATIVAS, ¿DE DIOS O DEL DIABLO?

Recuerdo una canción que se solía cantar en una iglesia cuando era jovencita: “No puede estar triste un corazón que tiene a Cristo”, así decía. Pero es precisamente en una mala relación con las emociones negativas donde podemos ser tentados y timados por el diablo para colgarnos la alegría en lugar de cultivar un gozo profundo.

No nos engañemos, las emociones negativas (tristeza, ira, repulsión, nerviosismo, miedo…) están presentes en cada uno de los hombres de Dios en La Biblia, incluido el propio Dios, y Cristo, como encarnación suya.

El asunto con las emociones negativas no es reprimirlas, ni controlarlas, ni verlas como enemigas o “armas del diablo” lo cual las vuelve un problema, sino optar por analizarlas y resolverlas de raíz para llegar al gozo de Dios.

Las emociones negativas no fueron inventadas por el diablo, son parte del diseño que nos hace seres interactivos, lo que sí es del diablo es dejarlas estancar y que se conviertan en una enfermedad (depresión, ansiedad, etc.) por no saber cómo tratarlas.

Escuchémoslas como lo que son: mensajeras de que necesitas tomar una decisión o generar un cambio en tu presente, y perderán todo poder maligno sobre nosotros para convertirse en lo que eran inicialmente, cuando fueron parte de nuestro diseño, nuestras aliadas.

Si sientes temor ante una relación, por ejemplo, hay dos maneras de gestionar esa emoción, como siempre, en el Espíritu de Dios, o en el espíritu carnal del pecado.

Veamos. O reprimo la emoción, recitándome un versículo sobre ser buena esposa,  o acepto que me siento mal, comienzo a preguntarme por qué y traigo todo el rollo ante Dios en oración y en análisis para tomar una decisión en el Espíritu.

Suena simple. Pero es increíble las muchas veces que no asumimos una emoción incómoda por simples tabúes como que un seguidor de Cristo no puede sentirse mal.

En lo personal, tuve un pasado de depresión y ansiedad que Dios me ayudó a superar, y que no hubiera podido dejar sin Él. Estoy segura. pero desde entonces, una de las cosas que Dios me fue enseando fue a ver las emociones como mensajes de que algo tienes que atender, o decidir.

Una imagen que me ayudó fue pensar en las emociones como notificaciones de una red social. Sí, lo sé, es un poco raro, pero si pensamos que tenemos una afición por este tipo de redes, podemos usarlo a nuestro favor, recordando cosas importantes de ese modo.

Por ejemplo, la tristeza o el desánimo, o cualquier otra emoción, la imagino como una notificación de mi cuenta de Facebook o Twitter. Cuando atiendo la notificación que p’arpadea en mi “pantalla mental” lo primero es atenderla: aceptar que la siento, saber que es normal sentirla, y que tiene un propósito.

Luego analizar el propósito, por qué lo siento, cuál es el problema de base.

Y finalmente pensar qué hacer, pero presentando ese asunto ante dios en oración y tomando una decisión o acuerdo al respecto.

Es un truco breve, pero increíblemente, la gestión emocional me ha ayudado a mantener una salud mental sana, y un templo limpio para Dios.

Próximamente en Maranata compartiremos más temas sobre educación emocional. Sigue con nosotros y déjanos saber qué piensas.

Por ahora, te regalamos momentos en que La Biblia menciona el desánimo, la tristeza u otras emociones “negativas”. Recuerda que sí se vale sentir emociones incómodas, o difíciles, la diferencia en seguir a Cristo está en cómo las gestionas junto a Dios, no en reprimirlas ni ocultarlas.

Eclesiastés 7:3

Mejor es la tristeza que la risa, porque cuando el rostro está triste el corazón puede estar contento.

Nehemías 2:1-3
 

Aconteció que en el mes de Nisán, en el año veinte del rey Artajerjes, {estando ya} el vino delante de él, tomé el vino y se lo di al rey. Yo nunca había estado triste en su presencia, y el rey me dijo: ¿Por qué está triste tu rostro? Tú no estás enfermo; eso no es más que tristeza de corazón. Entonces tuve mucho temor, y dije al rey: Viva para siempre el rey. ¿Cómo no ha de estar triste mi rostro cuando la ciudad, lugar de los sepulcros de mis padres, está desolada y sus puertas han sido consumidas por el fuego?

Génesis 40:6-7
 

Y José vino a ellos por la mañana y los observó, y he aquí, estaban decaídos. Y preguntó a los oficiales de Faraón que estaban con él bajo custodia en casa de su señor: ¿Por qué están vuestros rostros tan tristes hoy?

1 Reyes 21:4
 

Acab entonces se fue a su casa disgustado y molesto a causa de la palabra que Nabot de Jezreel le había dicho; pues dijo: No te daré la herencia de mis padres. Y se acostó en su cama, volvió su rostro y no comió.

Mateo 26:21-22
 

Y mientras comían, dijo: En verdad os digo que uno de vosotros me entregará. Y ellos, profundamente entristecidos, comenzaron a decirle uno por uno: ¿Acaso soy yo, Señor?

Josué 7:7

Y Josué dijo: ¡Ah, Señor DIOS! ¿Por qué hiciste pasar a este pueblo el Jordán, para entregarnos después en manos de los amorreos y destruirnos? ¡Ojalá nos hubiéramos propuesto habitar al otro lado del Jordán!

1 Reyes 19:3-4
 

El tuvo miedo, y se levantó y se fue para {salvar} su vida; y vino a Beerseba de Judá y dejó allí a su criado. El anduvo por el desierto un día de camino, y vino y se sentó bajo un enebro; pidió morirse y dijo: Basta ya, SEÑOR, toma mi vida porque yo no soy mejor que mis padres.

Salmos 42:3-4
 

Mis lágrimas han sido mi alimento de día y de noche, mientras me dicen todo el día: ¿Dónde está tu Dios? Me acuerdo de estas cosas y derramo mi alma dentro de mí; de cómo iba yo con la multitud {y} la guiaba hasta la casa de Dios, con voz de alegría y de acción de gracias, {con} la muchedumbre en fiesta.

Salmos 42:5-6

¿Por qué te abates, alma mía, y {por qué} te turbas dentro de mí? Espera en Dios, pues he de alabarle otra vez {por} la salvación de su presencia. Dios mío, mi alma está en mí deprimida; por eso me acuerdo de ti desde la tierra del Jordán, y {desde} las cumbres del Hermón, desde el monte Mizar.

Proverbios 12:25

La ansiedad en el corazón del hombre lo deprime, mas la buena palabra lo alegra.

Proverbios 15:30

La luz de los ojos alegra el corazón, {y} las buenas noticias fortalecen los huesos.

Juan 11: 35

Jesús lloró.

2 comentarios

    • ALEXXANDER en 10 octubre, 2019 a las 10:48 am
    • Responder

    Todo marchaba sobre ruedas,,hasta que se extendio demasiado,,mucha verdad en el hecho de que,el religioso por lo general recita y no medita.

      • Iris en 28 octubre, 2019 a las 10:28 am

      Gracias por su sugerencia. Lo tendremos en cuenta para próximos posts.

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