Dios no tolera rivales

El principio que guía la vida del discípulo es dar prioridad al reino. Constantemente en la Palabra de Dios somos invitados, como seguidores de Jesucristo, a poner en primer lugar en nuestras vidas a Dios y lo que Él quiere. Dios no telera rivales: ni las riquezas, ni el dinero y ni siquiera las preocupaciones. Nada tomará el lugar que por derecho pertenecen al único y verdadero Señor.

La Palabra de Dios en Mateo 6:19-34 y Lucas 12:32-34, nos hablan sobre la prioridad del reino de Dios y los intereses materiales que ocupan nuestra atención la mayor parte del tiempo. Jesús llama a sus discípulos a que pongan en primer lugar a Dios tanto en dar prioridad a los asuntos eternos, como en confiar en nuestro Padre celestial para suplir nuestras necesidades materiales aquí sobre la tierra.

Jesús ilustra magistralmente de varias maneras, desde el v.19 hasta v.34,  cómo la prioridad del reino opera en relación con tesoros materiales y las necesidades materiales para sustentar la vida.

El valor supremo de tu vida tiene mucho que ver con aquello que todos los días haces en tu vida como una prioridad.

Cuando necesites saber los valores de una persona (a que le da valor) fíjate en su estilo de vida y observa a lo que le da más valor. Por ejemplo: podemos preguntar a una persona cuáles son sus prioridades y puede responder que la oración sin embargo ora una vez a la semana si tiene tiempo.

Es contradictorio su sistema de valores verbales con la práctica de dichos valores. El mundo materialista en el que nos ha tocado vivir nos insta constantemente a acumular recursos para asegura el futuro.

El Señor Jesús claramente nos advirtió en contra de esta práctica en vv 6: 20-21:

No traten de amontonar riquezas aquí en la tierra. Esas cosas se echan a perder o son destruidas por la polilla. Además, los ladrones pueden entrar y robarlas.

Es mejor que amontonen riquezas en el cielo. Allí nada se echa a perder ni la polilla lo destruye. Tampoco los ladrones pueden entrar y robar.

Recuerden que la verdadera riqueza consiste en obedecerme de todo corazón.

Puede que desconozcamos el nivel de demanda que tienen las riquezas en nuestro corazón. El Señor nos advierte que los tesoros de este mundo comprometen la lealtad de nuestro corazón y le produce una ansiedad. La medicina perfecta que Jesús muestra a sus discípulos contra este mal, es que se aseguren de que sus valores más estimados estén en el cielo y no en los tesoros (todo aquello a lo que damos mucho valor) de la tierra.

Si como discípulos seguimos su consejo nuestros tesoros no estarán expuestos a perderse, nos ayuda a mantener nuestra atención y lealtad en Dios y eliminan las ansiedades que las posesiones traen consigo.

El establecer el reino de Dios como primera prioridad es un principio que Jesús sigue enfatizando con la metáfora del “ojo como lámpara del cuerpo” (6:22-23). Es curioso ver como esta metáfora enlaza la enseñanza anterior (No hagan tesoros en la tierra) con la siguiente sobre las riquezas, y la ansiedad que produce la escasez de ellas. Un ojo malo, avaro y codicioso de las comodidades y bondades de este mundo, es una ceguera de las peoresque se puedan experimentar.

Tinieblas espirituales en plena luz del día, será aterrador para aquellos que profesan andar en luz y sin embargo aman este mundo. Desean el cielo, pero no se quieren perder ningún detalle de los placeres de este mundo.

Un “ojo bueno” sabe tener y entender que todo pertenece a Dios y que solo del es toda gloria y honor como proveedor para nuestras necesidades.

Un consejo sabio, celestial y certero para todo hijo del Altísimo, es escuchar su buen consejo en Mateo 6:25-34, en especial, vv 32-33: Ya no se preocupen por lo que van a comer, o lo que van a beber, o por la ropa que se van a poner. Sólo los que no conocen a Dios se preocupan por eso. Ustedes tienen como padre a Dios que está en el cielo, y él sabe lo que ustedes necesitan.

El “ojo malo” siempre está codiciando para asegurar su mañana aquí en la tierra. El siervo de Jesucristo vive cada bendición dando gracias. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto (1 Tim 6:8).

La lucha entre dos lealtades que luchan simultáneamente en nuestro corazón demandan la decisión de escoger una y desechar la otra. Dios no admite ambigüedades en este asunto tan serio. Es Él y solo Él. Las riquezas, las posesiones, todo materialismo quedan fuera si realmente deseas agradar a Dios. ¿Significa esto sentarnos y dejar de lado nuestras responsabilidades? Obvio que no. Se trata de un corazón confinado a una lealtad y confianza absoluta en que Dios ha dicho que es nuestro proveedor.

Comprendamos lo siguiente. La ansiedad encierra la idea de ser “sacudido” y el afán encierra la idea de “dividirse”, si tomamos esto en una idea podemos decir que las circunstancias de la vida en cuanto a escasez de posesiones pueden “sacudirnos y dividirnos” la vida. Es difícil lidiar con las situaciones presentes, pero no nos inclinemos hacia Mamón (riqueza en arameo), confiemos y dejemos que nuestro proveedor se glorifique delante nuestro y tengamos una razón más para exaltarle.

Si la acción de afán y ansiedad, provocada por miseria y escases de recursos, ya está en progreso en ti, es hora de saber que Jesús prohíbe la continuidad de tal conducta, como lo aclara el v 24. También es pertinente saber que en el v 34 se refiere a no comiences a afanarte por el día de mañana. El consejo y mandato de Dios en cuanto al materialismo del presente es: deja de afanarte por el presente y no te afanes por el futuro. No dudes de su provisión.

¿Por qué nos ataca el afán y la ansiedad? Veamos la respuesta en la palabra en los vv26-30 con una expresión clave “hombres de poca fe”. Esto no es más que “hombres de poco creer, de poco confiar, de poco conocer a Dios, de no conocer a Jehová Yire”. En fin, es una actitud de un incrédulo.

Jamás olvidemos que Dios provee para su creación. El asume total responsabilidad sustentadora sobre todo lo que ha creado, incluidos nosotros. Esta verdad si la desconocemos seremos esclavos del afán y la ansiedad. Reconozcamos que Dios provee para las aves y lirios, así como para el hombre.

 

La búsqueda del reino de Dios y su justicia debe ser continua y concentrada. Desea con pasión y celo lo prioritario en tu vida según el consejo de Dios. Dedica un tiempo a realizar una lista sin reservas de cuales han sido tus prioridades hasta es te momento. Reflexiona profundamente si ellas responden a las enseñanzas de Jesús en esta porción y decide

¿Qué arreglos puedo hacer en mi lista de prioridades según el consejo de mi Dios?

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