Dios prueba a los hombres

Las biografías de los hombres de Dios y las de aquellos que le fallaron, han sido escritas en la Biblia para nuestra instrucción (enseñanza) y amonestación. Hay muchas cosas que podemos aprender, si meditamos en ellas con nuestros oídos sintonizados a la voz del Espíritu.

Cuando leemos acerca de las personas en el Antiguo Testamento, un hecho que debemos tener en mente, es que todas ellas vivieron en un período anterior a la llegada de la dispensación de la gracia, la cual vino a través de Jesucristo.

“Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo” (Jn 1:17). En este versículo, la palabra “gracia” significa “capacitar o habilitar”. La ley contenía la verdad, pero no revestía de poder a los que la abrazaban para guardar sus santos estatutos.

“La gracia y la verdad, por Jesucristo fueron dadas”. Esto significa que la ley ya no sería escrita en tablas de piedras, sino en nuestros corazones.

“…Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo” (Jer 31:33).

Nosotros hemos recibido el Espíritu Santo para tener poder para guardar la ley de Dios. “Porque la ley del Espíritu…me ha librado de la ley del pecado… Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios enviando a su Hijo, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros…” (Ro 8:2-4).

Por consiguiente, tenemos un poder a nuestra disposición que nos habilita para ser juzgados por una norma más elevada. No se esperaba que los santos del Antiguo Testamento vivieran por sobre las normas del Nuevo Testamento.

Mateo 19:8, 9 ilustra esto. En esta escritura, Jesús explicó a los fariseos el porqué Moisés permitió el divorcio bajo el Antiguo Pacto. Él dijo: “Por la dureza de vuestro corazón permitió Moisés que repudiaran a vuestras mujeres”.

Pero bajo el Nuevo Pacto, Dios elimina nuestros corazones de piedra (ásperos) y nos da corazones de carne (sensibles).

Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra… y os daré un corazón de carne” (Ez 36:26). Así que, el divorcio no es permitido ahora.

Dios es llamado “Jehová de los ejércitos, que pruebas a los justos” (Jer 20:12). Él no tienta a ningún para que haga lo malo. “…porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie” (Stg 1:13). No obstante, Él positivamente al justo.

A. DIOS PROBÓ A JOB

Job era uno de los sirvientes escogidos de Dios. Él pudo señalárselo a Satanás como un hombre que temía a Dios sobre la tierra en todos sus caminos.

“Y Jehová dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal?” (Job 1:8).

Dios no dice nada respecto a la inteligencia de Job, ni de sus talentos o riquezas, pues esas cosas no tienen ningún valor delante de Sus ojos. Él sólo señala las características santas, la pureza y la justicia. Como en el caso de Jesús, fue el carácter de Job y no sus logros materiales o su ministerio lo que complació el corazón de Dios.

Aun Satanás tiene dones sobrenaturales e inteligencia. Él también posee conocimiento de la Biblia. Sin embargo, lo que Dios desea encontrar es un carácter puro. Cuando Dios nos prueba, lo que prueba es nuestro carácter, no nuestro conocimiento bíblico.

Cuando Dios busca un hombre en quien pueda complacerse, a quien pueda referirlo a Satanás como un hombre íntegro, es aquel varón que posee un carácter firme, santo, sin tacha, uno que tema a Dios y aborrezca el mal.

Podemos tener buena reputación entre los demás creyentes por nuestra espiritualidad. No obstante, ¿puede Dios, quien nos conoce a cabalidad, referirnos a Satanás como lo hizo con Job? Un certificado como el que Él le dio a Job es mayor que cualquier honor terrenal que jamás podamos recibir. Toda la honra fútil del cristianismo es de tan poco valor como los desperdicios o desechos.

Así que, la pregunta más importante no es: ¿Qué opinión tienen otros de mí espiritualmente? Por el contrario, la pregunta sería: ¿Podría Dios referirme o recomendarme ante Satanás como un varón de quien Él puede complacerse?

1. Cuatro Pruebas Utilizadas Por Dios

Cuando Dios le habló a Satanás acerca de Job, éste le dijo que Job le servía porque Él le había colmado de muchos beneficios y riquezas.

a. La Pérdida De Sus Posesiones. “Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: ¿Acaso teme Job a Dios de balde? ¿No le has cercado alrededor a él y a su casa y a todo lo que tiene?

Al trabajo de sus manos has dado bendición; por tanto, sus bienes han aumentado sobre la tierra. Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia” (Job 1:9-11).

Dios rechazó tal acusación y permitió que Satanás probara a Job para que descubriera por sí mismo que su acusación no era cierta. Dios hizo eso porque conocía la integridad del carácter de Job.

¿Qué respecto a nosotros? ¿Acaso servimos a Dios por las ganancias materiales? ¿Acaso tendría Dios que reconocer que Satán estaba en lo cierto, cuando el enemigo nos señalara como sirvientes asalariados?

¡Sí! el mundo está lleno de obreros o pastores cristianos que están en la obra de Dios por las ganancias personales o lucro, algunos son asalariados, otros porque asumen posiciones de honor o prestigio, y aun otros porque pueden viajar gratis a otros países. Cualquiera que realiza obras cristianas para recibir ganancias materiales o lucro personal, está sirviendo a mamón, el dios de las riquezas, y no a Dios.

El servicio que se hace para Él con los motivos correctos, siempre nos costará algo.

Considere las palabras de David, cuando estaba a punto de ofrecer un sacrificio al Señor. Él dijo: “…porque no ofreceré a Jehová mi Dios holocaustos que no me cuesten nada” (2 S 24:24).

Son muy pocos los que exhiben la actitud de David. El servicio honesto ofrecido al Señor, usualmente resultará en pérdidas materiales, no en ganancias. Las ganancias o réditos obtenidos, serán de naturaleza espiritual. Aquello que resulta en ganancias materiales pertenece a Babilonia, no a la Jerusalén celestial.

La Biblia dice concerniente a la Babilonia espiritual: “Los mercaderes de estas cosas, que se han enriquecido a costa de ella…” (Ap 18:15).

En medio de los obreros cristianos que procuran satisfacer su codicia o egoísmo, Pablo pudo señalar a Timoteo como una excepción entre ellos.

Concerniente a él, Pablo dijo: “…pues a ninguno tengo del mismo ánimo, y que tan sinceramente se interese por vosotros. Porque todos buscan lo suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús” (Fil 2:19-21).

Pablo no fue engañado. Él sabía la condición espiritual de sus compañeros de trabajo. Dios tampoco es engañado con relación a nosotros.

Dios tenía tal confianza en Job que le permitió a Satanás probarle.

A pesar de que Job perdió todos sus hijos y sus vastas riquezas en un día, él continuó adorando y sirviendo a Dios. Él dijo: “…Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito” (Job 1:20-22).

Él sabía que todo lo que él tenía, hijos, propiedades y aun la salud, eran regalos o dones gratis dados por Dios. Él tenía todo el derecho a quitárselos cuando quisiera. Uno no puede adorar a Dios genuinamente hasta que no esté dispuesto a desprenderse de todo, en otras palabras, renunciar al derecho de poseer nada como suyo propio.

b. La Pérdida De La Salud. Luego, Dios permitió que Satanás diera un paso más para que afligiera a Job con una sarna maligna desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza.

Las enfermedades proceden de Satanás. Pero aun éstas pueden ser usadas por Dios para santificar y perfeccionar a Sus siervos.

Pablo era afligido por un aguijón en la carne, que él declara específicamente que procedía de Satanás. No era un mensajero de Dios, sino del diablo. A pesar de eso, Dios permitió que siguiera atormentándole (aunque Pablo le había rogado en oración que se lo quitara). Tal aguijón tenía el propósito de mantener a Pablo en sumisión y humildad.

Pablo dice: “Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera. Respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Co 12:7-9).

c. La Esposa Acusadora. El tercer paso de Satanás, fue afligir a Job a través de su esposa.

“Entonces le dijo su mujer: ¿Aún retienes tu integridad? Maldice a Dios, y muérete” (Job 2:9). Puede ser una prueba terrible para su santificación cuando su propia esposa se torna en contra suya y le acusa.

La Palabra de Dios ordena: “Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas… amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella.” (Col 3:19; Ef 5:25).

Un esposo jamás deberá guardar rencor o amargura contra su esposa bajo ninguna circunstancia, sino que deberá amarla en todo tiempo, aun cuando sea un instrumento usado por el enemigo en contra suya.

Si usted tiene una esposa difícil, en lugar de quejarse de su suerte en la vida y envidiar a otros que tengan esposas santas, usted podrá examinar sus circunstancias como un medio de ayudarle en su propia santificación.

Dios le prueba usando esas mismas circunstancias para ver si usted califica para recibir Su certificado de aprobación. Le prueba cuando su esposa le levanta la voz y le escarnece con el propósito de ver si califica para ser un representante genuino de Jesús, Quien fue tildado de demente aun por Sus propios familiares.

El registro del evangelio dice: “Cuando lo oyeron los suyos, vinieron para prenderle; porque decían: Está fuera de sí” (Mr 3:21).

Jesús soportó esos insultos con paciencia. Nosotros hemos sido llamados para seguirle y representarle.

d. Los Amigos Que Nos Acusan. El cuarto paso que Satanás usó para acusar a Job, fue a través de sus amigos predicadores (lea Job 4 al 25).

Este fue el golpe más duro recibido por Job, pues aquellos amigos predicadores vinieron a él como profetas de Dios para decirle que sus enfermedades o dolencias eran el resultado de sus pecados secretos. Poco entendían aquellos predicadores que estaban actuando inconscientemente como agentes del “Acusador de los hermanos” (Ap 12:10).

No obstante, Dios permitió que hicieran aquello a fin de purificar a Job.

B. VENCEDORES A TRAVÉS DE LA GRACIA

Dios nos promete hoy mismo que “…el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia” (Ro 6:14). Pero Job vivió en una época en la cual algunos de los recursos de la gracia no estaban a su disposición.

Finalmente, Job se rindió ante el sentimiento de la compasión o pena de sí mismo, de la auto-justificación, depresión y tristeza. Ocasionalmente su fe resplandecía en medio de las tinieblas. Su experiencia fue una que ascendía y descendía.

Ahora que la gracia ha venido mediante Jesucristo, si somos probados similarmente, no hay necesidad de sentir ni siquiera un minuto de depresión o tristeza. Los mandatos del Nuevo Testamento son: “Por nada estéis afanosos… regocijaos en el Señor siempre con acción de gracias” (Fil 4:6, 4).

Tales mandatos no fueron dados en el Antiguo Testamento, porque la gracia no había venido todavía. Debemos reconocer la mano de Dios en todas las cosas. La gracia está a la disposición en todo momento para preservarnos constantemente victoriosos.

1. Podemos Ser Vencedores

El clamor triunfante de Pablo fue: “mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús” (2 Co 2:14).

Podemos ser vencedores al presente, aun cuando perdamos nuestras propiedades y nuestros hijos y aun cuando nuestras esposas nos acusen o se burlen de nosotros. Si nuestros compañeros de la fe no nos entienden y nos critican, o si cualquier otra cosa sucede que Dios cree propicio que nos venga a nuestras vidas, entonces, debemos “…regocijaos en el Señor siempre” (Fil 4:4).

2. Un Testimonio Contra Satanás

De esa manera es que Dios le demuestra a Satanás que tiene un remanente o reliquia sobre la tierra, quienes no sólo se someten a todos Sus designios para con ellos, sino que también aceptarán toda prueba con gozo, convencidos de que estas aflicciones pasajeras son diseñadas por Dios para producir en ellos un cada vez más excelente y eterno peso de gloria.

La Biblia dice: “porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria: No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven…” (2 Co 4:17, 18).

El Nuevo Testamento nos dice que Dios desea mostrar Su sabiduría a los gobernadores y autoridades en los lugares celestiales a través de la Iglesia. Efesios 3:10 dice: “para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales”Efesios 6:12 nos dice que esas potestades son espíritus del mal ubicados en los aires.

Las cosas que nos suceden no son accidentales, sino planificadas y pesadas específicamente para nosotros, de manera que nunca sobrepasen por nuestra capacidad para llevarlas, “por determinado consejo y providencia de Dios” (Hch 2:23).

Las pruebas tienen el doble objetivo de transformarnos según la imagen de Cristo, y para manifestar o dejar ver a las potestades satánicas en los lugares celestiales que Dios todavía tiene un pueblo sobre la tierra que le ama, obedece y le adora en fe a pesar de todas las circunstancias.

3. La Prueba De Nuestra Fe

Cualquier prueba que tengamos que pasar es una prueba de fe. Aun en los tiempos de Job, él pudo decir: “mas él conoce mi camino; Me probará, y saldré como oro” (Job 23:10).

Hoy podemos dar un paso adicional y decir (sobre las bases de Romanos 8:28) que “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien…”

¿Acaso creemos en realidad, concerniente a que todo lo que nos salga al paso, que Dios lo ha planeado todo en perfecta sabiduría y amor, y que Su poder es lo suficientemente poderoso como para librarnos de las pruebas cuando llegue el momento apropiado?

¿Encontrará Dios en usted y en mí la clase de creyentes a quienes pueda señalar con orgullo ante Satanás y decirle que somos sin tacha, cristianos que nunca se quejan, ni murmuran sin importar las circunstancias, sino que siempre estarán dispuestos a ser agradecidos por todas las cosas en todo tiempo?

Autor:  Zac Poonen

1 comentario

    • Yunier en 17 abril, 2015 a las 2:18 pm
    • Responder

    No fue dios el que probó a Job dios no puede ser puesto a prueba con cosas malas ni pone a prueba a ninguna persona cada es arrastrado por su propia maldad nadie puede decir que dios lo ha tentado ni debemos nostros mismos tentar a otros pues esto es algo verdaderamente malo ante dios.

    La biblia enseña todo lo contrario a lo que dice aquí y en palabras literales pq la contradicen??? Job tuvo que orar por los amigos que le decían que lo que le pasaba era un castigo de dios para que este no le destruyera.

    La gloria de dios no es la gloria del hombre.

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