El clamor del cuervo

“El da a las bestias su mantenimiento, y a los hijos de los cuervos que claman”Salmo 147:9

Iniciaré este sermón con una cita. Debo repetiros las palabras de Caryl sobre los cuervos. “Los natura­listas nos dicen que cuando el cuervo ha dado alimento a su hijo en el nido hasta que está bien emplumado y capacitado para volar lejos, lo echa a empujones del nido, y no lo deja regresar dejando que busque sus propios medios de subsistencia. Ahora bien, cuando estos jóvenes cuervos salen en su primer vuelo del nido, y están poco familiarizados con los medios de ayudarse a sí mismos con alimento, entonces el les provee. Autoridades fidedignas dicen que el cuervo es maravillosamente estricto y severo en esto, porque en cuanto sus hijos están en con­diciones de proveerse por sí mismos, ya no les trae más alimento. Aun más, hay quienes afirman que los viejos no los dejarán permanecer en el mismo territorio en que fueron criados. Si se quedan, deben vagar. Proverbialmente se dice: La necesidad aguza el ingenio de los viejos. Podemos agregar y el de los jóvenes también. Ha sido, y posiblemente aún es, práctica de algunos padres con sus hijos que, en cuanto pueden valerse por sí mismos, y se encuentran en condiciones de ganarse el pan, se les pida que salgan de la casa, como el cuervo hace con sus jóvenes echándoles del nido. Ahora, el dice en el texto, cuando los cuervos jóvenes se encuentran en esta condición, de que son echados del nido y vagan faltos de alimento, ¿quién les provee? ¿No soy yo, el ? ¿No soy yo, que proveo para el cuervo mayor, quien provee para sus hijos, tanto cuando viven en el nido como cuando vagan faltos de alimento?”

Salomón manda al perezoso a mirar a la hormiga, y saca lecciones de los conejos, los galgos, y las arañas. Deje­mos que algunas de las criaturas de Dios nos enseñen este noche, y lleguemos hasta el nido del cuervo como si fuera la escuela.

Nuestro bendito Salvador una vez derivó un poderoso argumento de los cuervos (“aves del cielo”) ‑‑argumento que tenía por objetivo consolar y animar a sus servidores que estaban oprimidos por las innecesarias angustias de sus necesidades temporales. A ellos les dijo: “Mirad los cuervos, que ni siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que las aves?”

Siguiendo la lógica del Maestro, esta noche argumen­taré de esta manera: Considerad los cuervos cuando gritan, con graznidos ásperos, inarticulados, notas con las que dan a conocer su necesidad, y vuestro Padre celestial responde sus oraciones y les envía su alimento. ¿No sois vosotros mucho mejores que ellos? ¿Escucha él el clamor de los cuervos aun no emplumados en sus nidos, cuando hambrientos le piden a gritos que los cuide y los alimente? ¿Les provee en repuesta a sus clamores y no responderá a tu clamor, pobre y temblo­roso hijo de los hombres que estás buscando su rostro y su favor por medio de Jesucristo? Toda nuestra preocupación esta noche será elaborar solamente ese pensamiento. Bajo la dirección del Espíritu Santo, mi objetivo esta noche es decir algo a quienes han estado pidiendo misericordia, pero aún no la han recibido; a los que durante meses han caído de rodillas con un solo clamor enorme y amargo, pero que aun no han conocido el de paz. Sus pecados todavía cuelgan de su cuello como piedras de molino. Siguen sentados en el valle de sombra de muerte. Ninguna luz les ha amanecido y se retuercen las manos mientras gimen: “¿Ha olvidado Dios otorgar su gracia? ¿Ha cerrado su oído a las oraciones de las almas que le buscan? ¿No se ocupará más de los lastimeros clamores de los pecadores? ¿Caerán en tierra las lágrimas de los penitentes y ya no se moverá a compasión?”

Satanás también te está diciendo, querido amigo, que ahora estás en ese estado de mente, que Dios nunca te oirá. Que te dejará gritar hasta que mueras, que pasarás tu vida en suspiros y lágrimas, y que al final serás arrojado en el lago de fuego. Deseo daros esta noche algo de consuelo y de aliento. Quiero exhortaros a que con más vehemencia hagáis oír vuestro clamor, a que os acerquéis a la cruz, os aferréis de ella y os propongáis la bendición que vuestra anhela. Si Dios el Espíritu Santo me ayuda, quiero moveros a que digáis en vuestros corazones, como la reina Ester: “Entraré a ver al rey . . . , y si perezco, que perezca.” Y podrías añadir las palabras del voto de Jacob: “¡No te dejaré ir si no me bendices!”

Entonces, ésta es la pregunta en consideración: DIOS OYE A LOS CUERVOS QUE DEJAN EL NIDO; ¿NO OS OIRÁ A VOSOTROS?

I. Digo que sí, primero, cuando recuerdo que es solamente un cuereo el que clama, y que nosotros, en algunos sentidos, sois mucho mejores que un cuereo. El cuervo es solo una pobre ave inmunda, cuya muerte instantánea no deja un lugar vacío en la creación. Si mañana se le retorciera el cuello a un millar de cuervos, creo que no habría ningún pesar o dolor vehemente en el universo al respecto. Sería solamente una cantidad de pobres pájaros muertos, y nada más. Pero tú eres un alma inmortal. Cuando muere, el cuervo está aca­bado; no hay más cuervo. Pero cuando pase tu vida presente, no habrás cesado de exsistir. Has sido lanzado al mar de la vida. Sólo has comenzado a vivir para siempre. Podrás ver las viejas montañas de la tierra derrumbarse y quedar en nada antes que pueda expirar tu Espíritu inmortal. La luna habrá oscurecido su pálida luz, y los fuegos más poderosos del sol habrán sido apagados en perpetua oscuridad, pero tu espíritu seguirá todavía su marcha en la carrera eterna, carrera de miseria, si Dios no oye tu clamor.

Oh, inmensurable,

¡este mortal se vestirá de inmortalidad

El pulso de la mente no dejará su función,

palpita por siempre vivificado por Dios,

¡eterno como su propia eternidad!

Por sobre ángeles o más bajo que el valle,

exaltado en gloria, o en vergüenza condenado,

su destino irresistible el encuentra.

¿Piensas, entonces, que Dios oye al pobre pájaro que es y no es, que está aquí por un momento y luego es borrado de la existencia, y no te oirá a ti, alma inmortal, cuya existencia es semejante a la Suya? Creo que con seguridad puedes darte cuenta que si El oye al cuervo que muere, también oirá al hombre inmortal.

Más aun, jamás he oído decir que los cuervos hayan sido hechos a la imagen de Dios; pero encuentro que conta­minada, deformada y degradada como nuestra raza está, no obstante, originalmente Dios dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen.” Hay algo en cuanto al hombre que no se encuentra en las criaturas inferiores, de las cuales las me­jores, y más nobles están inmensurablemente por debajo del menor de los hijos de Adán. Hay una dignidad en la humanidad que no se puede encontrar en las bestias del campo, sean cuales fueran. E1 behomet y el leviatán son puestos en sujeción bajo el pie del hombre. E1 águila no puede alimentarse de manjares reales tan exquisitos como los que su espíritu gusta. ¿Y crees que Dios oye a una criatura tan baja e ínfima como un cuervo y no te oirá a ti, siendo que eres uno de la raza que fue formada a su imagen? ¡Oh, no pienses tan dura y neciamente de Aquel cuyos caminos son siempre armoniosos! Plantearé esto para que responda vuestro propio corazón. ¿No te enseña la naturaleza misma que el hombre debe ser cuidado más que las aves del cielo? Si oyes los graznidos de los jóvenes cuervos, puede ser que sientas algo de compasión y les des algo de alimento, si es que sabes lo que comen. Pero no puedo pensar que hasta aquí alguien que daría ayuda a un pájaro y que no volaría sobre las alas de la compasión al rescate de un niño que perece y cuyos gritos puedes oír proceden del lugar donde fue dejado por cruel descuido? Si oyes, en el silencio de la noche, el grito lastimero de un hombre que muere enfermo, sin compasión en las calles, ¿no te levantarías para ayudarle? Estoy seguro que lo harás si eres de aquellos que ayudarían a un cuervo. Si tienes compasión por un cuervo, mucho más la tendrás de un hombre. Y ¿no crees que Dios, el todo sabio, que cuida de estos pájaros desplumados en el nido, con toda seguridad tendrá cuidado de ti? Tu corazón dice: “Sí.” En­tonces, de aquí en adelante responde a la incredulidad de tu corazón volviendo tu propio razonamiento en contra de ella.

Pero os oigo decir: “¡Ah! pero el cuervo no es pecador como yo lo soy. Es cierto que es un ave inmunda, pero no puede ser más inmunda de lo que soy yo moralmente. Puede ser negro en cuanto a matiz, pero yo estoy negro por el pecado. Un cuervo no puede quebrantar en día de reposo, no puede blasfemar, no puede cometer adulterio, no puede emborracharse. No puede contaminarse con los vicios con que yo me encuentro contaminado.” Sé todo eso, mi amigo, y ello podría hacer que tu caso parezca un caso perdido. Pero no creo que sea así realmente. Piensa en ello por un minuto. ¿Qué prueba esto? Pues bien, que eres una criatura capaz de pecar, y en consecuencia, eres un espíritu inteligente, vivo en un sentido que un cuereo no puede vivir. Tú eres una criatura que se mueve en un mundo espiritual. Perteneces al mundo de las almas, mundo en el cual el cuervo no tiene parte. El cuervo no puede pecar porque no tiene espíritu ni alma. Pero tú eres un agente inteligente, de quien la mejor parte es su alma. Oh, si pensaras correctamente verías que no es posible que el clamor de un cuervo obtenga audiencia de la benevolencia divina, y que tus oraciones sean despreciadas y desechadas por el Altísimo.

El insecto de frágil ala,

que sólo cruza un rayo veraniego;

la flor que el aliento de primavera

por medio día despierta;

el elemento más pequeño

y el cabello más tierno, todos sienten el cuidado

de nuestro Padre celestial.

Entonces es seguro que tendrá respeto por el clamor del humilde, no rechazará su oración. No puedo dejar este punto sin hacer negro y semejante al cuervo, no impedirá que tu clamor sea oído en los cielos. La sangre de Jesús quitará la indignidad, y la inmundicia será completamente lavada. Sólo cree en Jesús y hallarás la paz.

II. Luego, en próximo lugar, hay una gran diferencia entre tu clamor y el grito del cuervo.

Cuando los cuervos jóvenes gritan, supongo que difícilmente saben lo que quieren. Tienen un instinto natural que los hace gritar por sus alimentos, pero su grito en sí no expresa lo que desean. Supongo que pronto te darías cuenta que lo que quieren es alimento. Pero no pueden articular su deseo. No pueden pronunciar una sola palabra. Se trata solamente de un grito constante, un graznido, un reclamo, y eso es todo. Pero tú sabes lo que quieres, y aunque sean pocas tus palabras, tu corazón conoce su amargura y extrema ansiedad. Tus suspiros y gemidos tienen un significado obvio. Tu entendimiento está al servicio de las necesidades de tu corazón. Sabes que necesitas paz y perdón; sabes que necesitas a Jesús, Su sangre preciosa, su perfecta justicia. Ahora bien, si Dios escucha un grito extraño, penetrante e indistinto, como. el del cuervo, ¿no crees que también

Además, los cuervos jóvenes no pueden usar argu­mentos, porque no tienen entendimiento. Ellos no pueden decir como tú:

E1 sabe los argumentos que usaría

para disputar con mi Dios;

Por su propia misericordia rogaría,

por la sangre del Salvador.

Ellos tienen un solo argumento, a saber, su gran necesidad, que los fuerza a gritar, pero más allá de esto no pueden ir; y aun esto ellos no pueden poner en orden, o describir por medio de un lenguaje. Pero tú tienes una multitud de argumentos a la mano, y tienes entendimiento para darles un orden y disponerlos para sitiar el trono de la gracia. Por cierto, si la simple súplica del deseo no expresado del cuervo prevalece ante Dios, mucho más prevaleceréis vosotros ante el Altísimo si podéis exponer vuestro caso en Su presencia, y acudís a E1 con argumentos en vuestros labios. Ven, tú que estás desesperado, y prueba a mi Dios! Te ruego que ahora dejes que tu lastimera cantinela ascienda hasta los oídos de la misericordia. Abre ese corazón que se deshace y déjalo que se derrame en lágrimas, si las palabras están más allá de tu poder.

Sin embargo, temo que a veces el cuervo tiene una gran ventaja sobre algunos pecadores que buscan a Dios en oración, a saber, en esto: los hijos de los cuervos son más fervientes en cuanto a su alimento que lo que algunos los son en cuanto a sus almas. Sin embargo, esto no debe provocarte desaliento, antes bien, es una razón para que seas más aplicado de lo que hasta aquí has sido. Cuando los cuervos necesitan alimento, no cesan de gritar hasta que lo con­siguen. Nada hay que pueda acallar a un joven cuervo ham­briento mientras su boca no esté llena, y nada hay que pueda acallar a un pecador cuando realmente busca aplicadamente que su corazón sea lleno de la misericordia divina. Quisiera que algunos de vosotros oraseis más vehemenente. “El reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan.” Un antiguo puritano dijo: “La oración es un cañón puesto a las puertas de los cielos para abrir con su explosión sus portales.” Tienes que atacar la ciudadela si quieres tomarla. No vas a viajar a los cielos en una cama de plumas. Debes ir en peregrinaje. No se avanza hacia la ciudad de gloria mientras duermes. Los perezosos dormilones despertarán en el infierno. Si Dios te ha hecho sentir en el alma la necesidad de salvación, clama como uno que está despierto y vivo. Sé sincero. Grita fuerte. No hagas concesiones. Entonces, descu­brirás que si él escucha un grito como el del cuervo, con mayor razón escucharán tu clamor.

III. Recuerda que el tenia de tu oración es más agradable al oído de Dios que el clamor del cuervo por alimentación. Todo lo que cuervo pide es comida.

Dales un poco de carroña y quedarán satisfechos. Tu clamor debe ser mucho más grato al oído de Dios, porque tú estás implorando el perdón por medio de la sangre de su amado Hijo. Para el Altísimo el otorgar dones espirituales es una ocupación más noble que el otorgar los naturales. Los arroyos de gracia fluyen desde los manantiales de arriba. Yo sé que El es tan condescendiente que no se deshonra cuando pone el alimento en boca del joven cuervo. Pero encuentra más dignidad en la tarea de dar paz, perdón y reconciliación a los hijos de los hombres. El amor eterno señaló un camino de misericordia desde antes de la fundación del mundo, y la sabiduría infinita está consagrada con poder sin límites a llevar a cabo el propósito divino. Con toda seguridad al Señor le causa gran placer la salvación de los hijos de los hombres. Si a Dios le agrada proveer para las bestias del campo, ¿no crees que se deleitará mucho más cuando provee para sus propios hijos? Pienso que tú encuentras más agradable tarea el enseñar a tus hijos que darle forraje a tu buey, o tirar grano para alimentar las aves en la puerta del granero. Y esto porque en la primera tarea habría algo más noble, que en forma más plena requeriría de tu potencial y haría aflorar tu ser interior. Aquí no quedo abandonado a las conjeturas. Está escrito: “Se deleita en misericordia.” Cuando Dios usa Su poder no puede sentirse triste, porque es un Dios feliz. Pero si pudiera haber tal cosa que la Infinita Divinidad pudiera ser más feliz en un momento que en otro, eso sería cuando perdona a los pecadores por medio de la sangre preciosa de Jesús.

¡Ah! pecador, cuando clamas a Dios le das la oportu­nidad de hacer lo que más le gusta, porque él se deleita en perdonar, apretar a su Efraín contra su pecho, decirle al hijo pródigo: “Estabas perdido, pero has sido hallado; estabas muerto, pero has vuelto a vivir.” Esto es más consolador para el corazón del Padre que dar de comer a becerros gordos, o cuidar el ganado de millares de colinas. Entonces, queridos amigos, puesto que estáis pidiendo algo que honrará a Dios mucho más que el dar alimentos a los cuervos, pienso que ahora viene el argumento más poderoso para hacer pedazos vuestra incredulidad. Que Dios el Espíritu Santo, el verda­dero consolador, obre en vosotros poderosamente. Con toda seguridad, el Dios que alimenta a los cuervos no negará la paz y el perdón a los pecadores que le buscan. ¡Pruébalo! ¡Pruébalo en este mismo momento! No te turbes. Pruébalo ahora.

IV. No debemos detenernos en ningún punto cuando todo el tema es tan fecundo. Hay otra fuente de consuelo para ti, a saber, que en ninguna parte se ordena a los cuervos que claman. Cuando gritan su petición específica de la boca de Dios, mientras tienes un apoyo firme derivado de la exhortación divina a entrar al trono de Dios en oración.

Si un hombre rico abriera su casa para recibir a los que no fueron invitados, con toda seguridad va a recibir a los que sí fueron invitados. Los cuervos acuden sin que se le haya dicho que vayan, pero no son enviados vacíos. Tú acudes según se te ha mandado y como huésped invitado. ¿Cómo se te podría negar la entrada? ¿Piensas que no has sido instruido al respecto? Escucha esto: “Todo el que invocare el nombre del Señor será salvo.” “Invócame en el día de la angustia; te libraré, y tú me honrarás.” “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a todo criatura, el que cre­yere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” “Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo.” “Arrepentios y bautícese cada uno de vosotros en el nombre del Señor Jesús.”

Estas exhortaciones son dadas sin ninguna limitación en cuanto a carácter. Te invitan libremente; no, más bien te ordenan que vengas. ¡Oh! después de esto, ¿puedes pensar que Dios te despreciará? La ventana está abierta, el cuervo entra volando y el Dios de misericordia no lo echa. La puerta está abierta, y las palabras de la promesa te ordenan entrar. No pienses que él te va a responder con una negativa, antes bien cree que él te recibirá por gracia y te amará libremente, y entonces ofrecerás ofrenda de tus labios. En todo caso, ¡pruébalo! ¡Pruébalo ahora mismo!

V. Además aquí hay otro argumento mucho más poderoso. El clamor del joven cuervo no es otra que el grito natural de una criatura, pero tu clamor, si es sincero, es resultado de una obra de gracia en tu corazón.

Cuando el cuervo grita hacia el cielo es solo el cuervo que grita. Pero cuando tú gritas “Dios, sé propicio a mí, un pecador,” es Dios el Espíritu Santo que clama en ti. Es la nueva vida que Dios te ha dado la que clama a la fuente de donde vino para tener mayor comunión en sinceridad y verdad. Si consideramos que es bueno, podemos enseñar a nuestros niños a “decir sus oraciones,” pero no podemos enseñarles a “orar.” Puedes escribir un libro de oraciones, peor no puedes poner ni un solo gramo de “oración” en un libro, porque es demasiado espiritual para ser “envasada” entre hojas. Algunos de vosotros pueden “leer oraciones” en familia. No estoy atacando la práctica, pero quiero decir solamente esto: podéis leer aquellas “oraciones durante setenta años, y, sin embargo, podrías no haber orado ni siquiera una vez, porque la oración es algo muy diferente de las puras palabras. La verdadera oración es el trato del corazón con Dios, y el corazón nunca entra en comercio espi­ritual con los puertos del cielo sino hasta que Dios el Espíritu Santo infla con su viento las velas y el barco es impulsado hasta su rada. “Os es necesario nacer otra vez.” Si hay una oración verdadera en tu corazón, aun cuando no sepas el secreto, Dios el Espíritu Santo está allí.

Ahora bien, si El escucha gritos que no proceden de él mismo, ¡con cuánta mayor razón oirá los que sí vienen de El! Quizás te has estado preguntando si tu clamor es natural o es espiritual. Esto parece muy importante, y sin duda lo es. Pero sea que tu grito pertenezca a una u otra clase, sigue buscando al Señor. Posiblemente dudas que los clamores naturales sean oídos por el Señor. Permíteme asegurarte que sí lo son. Recuerdo haber dicho algo sobre este tema una vez en un lugar de culto hipercalvinista. En aquella ocasión estaba predicando a los niños, y les estaba exhortando a orar, y dije que mucho antes de mi conversión verdadera yo había orado por misericordias comunes, y que Dios había oído mis oraciones. Esto no agradó a mis hermanos de la superfina escuela. Después todos ellos me rodearon con el pretexto de saber lo que había querido decir pero realmente era para criticar y quejarse según su naturaleza y deseo. “Merodearon como abejas, sí, como abejas me rodearon.” Decir que Dios oye la oración del hombre natural era algo peor que el arminianismo, si podía haber algo peor que ellos. “¿Cómo podía ser que Dios pudiera oír una oración natural?” Y mientras hice una pausa, por un momento, una anciana con abrigo rojo se abrió paso a través del pequeño círculo que me rodeaba, y les dijo en forma contundente, como una de que ella era: “¿Por qué hacéis esta pregunta, olvidando lo que él mismo ha dicho? ¿Qué es lo que decís que Dios no oye la oración natural? ¿Qué? ¿No oye a los cuervos jóvenes cuando claman a El? ¿Y pensáis que ellos ofrecen oraciones espirituales?” Inmediatamente los guerreros pusie­ron los pies en polvo. Ninguna derrota había sido más com­pleta que ésta. Y por primera vez en su vida deben de haber sentido que posiblemente podían errar.

Seguramente, hermanos, esto podría daros valor y consuelo. Yo no os voy a encomendar hoy la tarea de descubrir si vuestras oraciones son naturales o espirituales, si vienen o no del Espíritu de Dios, porque esto podría dejar­os perplejos. Si la oración procede de vuestro corazón, sabemos como se produjo aunque vosotros no lo sepáis. Dios oye a los cuervos, y yo creo que os oíra a vosotros, y más aun, creo, aunque, no quiero suscitar la pregunta en vuestro corazón, que El oye vuestra oración, porque ‑aunque no lo sepáis‑ hay una obra secreta del Espíritu de Dios en proceso dentro de vosotros, que os está enseñando a orar.

VI. Pero tengo argumentos más poderosos, y más cerca del blanco. Cuando el cuervo joven grita, grita solo, peor cuando tú oras hay uno más poderosos que tú que está orando contigo.

Escuchad al pecador que clama: “Dios sé propicio a mí pecador.” ¡Oíd! ¿Oís el otro clamor que sube con el suyo? No. No podéis oírlo, porque vuestros oídos están embotados y tardos, pero Dios lo oye. Hay otra voz, mucho más fuerte y más fuerte y más dulce que la primera, y mucho más prevalente que sube al mismo tiempo y ruega: “Padre, per­dónales por mi sangre preciosa.” El eco del murmullo del pecador es tan majestuoso como el trueno. Nunca el pecador ora verdaderamente sin que Cristo ore al mismo tiempo. No lo puedes ver ni oír, pero Jesús jamás agita las profundidades de tu alma por su Espíritu sin que su alma también sea agitada. ¡Oh, pecador! cuando to oración llega delante de Dios, es algo muy diferente de lo que era cuando salió de ti.

Hay gente pobre que a veces viene a nosotros con peticiones que desean enviar a alguna Compañía o gran Personaje. Traen su petición y nos piden que la presentemos por ellos. Está malamente escrita, con letra muy extraña, y podemos sólo imaginar lo que quieren decir, pero de todos modos basta para darnos a conocer lo que quieren. En primer lugar, hacemos una copia en limpio para ellos, y luego, habiendo planteado su caso, ponemos nuestro nombre al pie, y si tenemos alguna importancia, ellos obtienen lo que desean por el poder del nombre que firma al pie de la petición. Es exactamente esto lo que Jesús hace con nuestras pobres oraciones. Hace una copia en limpio, le pone el sello de su sangre expiatoria y su firma al pie, y así la hace llegar ante el trono de Dios. Es tu oración, pero también es Su oración, y es el hecho de ser su oración lo que la hace pre­valecer. Ahora bien, éste es un argumento muy poderoso: Si los cuervos prevalecen cuando gritan solos, si su pobre expresión consigue lo que quieren, cuanto más prevalecerá la petición lastimera del pobre pecador tembloroso que puede decir: “En el nombre de Jesús,” y que puede remachar todos sus argumentos con el bendito alegato: “El Señor Jesucristo lo merce; ¡Oh Señor, concédemelo en su nombre!”

Confío que las personas de las que he estado hablando, aquellos que buscan, y han estado clamando por tan largo tiempo, y tienen miedo de que jamás serán oídos, no tendrán que esperar mucho más, y pronto tendrán la repuesta de gracia y paz. Y si aún no reciben el deseo de su corazón, espero que serán animados a perseverar hasta que ama­nezca el día de la gracia. Vosotros tenéis una promesa que los cuervos no tiene, y ese puede ser otro argumento, si el tiempo nos permite desarrollarlo. ¡Temeroso, teniendo una promesa sobre la cual puedes pedir, no temas, antes bien, apresúrate por llegar ante el trono de la gracia!

Y ahora, antes de terminar, dejadme que diga al pecador: SI HASTA AQUI HAS CLAMADO SIN ÉXITO, SIGUE CLAMANDO. “Vuelve siete veces,” más, setenta veces siete. Recuerda que la misericordia de Dios en Cristo Jesús es tu única esperanza. Entonces aférrate de ella como el hombre en peligro de ahogarse se aferra de la única cuerda que tiene a su alcance. Si pereces mientras oras pidiendo misericordia por medio de la sangre preciosa, serás el primero que parece en tales condiciones, Clama. Sólo clama, pero cree también, porque el creer hace aparecer la estrella de la mañana y la aurora del nuevo día. Cuando la de John Ryland, Betty, estaba enferma de muerte en cama, pasó por grandes angustias en sus pensamientos. a pesar de haber sido creyente por muchos años. Su esposo le dijo en su modo peculiar, pero sabio: “Bueno, Betty, ¿Qué es o que te aflige?” “¡Oh. John, me estoy muriendo y no hay esperanzas para mí!” “Pero, querida, entonces, ¿a dónde vas?”

“¡Voy al infiero!” fue su respuesta. “Bueno,” le dijo él, disimulando su angustia con cu acostumbrado buen humor, 3 queriendo dar un golpe certero que hicera huir todas sus dudas: “¿Qué intentas hacer cuando llegues allá?” La buena mujer no pudo dar respuesta, y Ryland prosiguió: “¿Piensas orar cuando llegues allá?” “¡Oh, John,” dijo ella, “oraría en cualquier lugar; ¡no puedo dejar de orar!” “Bien entonces,” dijo él, “ellos van a decir: `Aquí está Betty Ryland orando; ¡Sáquenla de aquí! Aquí no queremos a nadie orando nunca. ¡Échenla de “aquí!’ ” Esta extraña manera de plantear la cuestión iluminó el alma de su buena esposa, y entendió de inmediato lo absurdo de la sola sospecha de que un alma que realmente busca a Cristo, vaya a ser expulsada de su presencia para siempre. ¡Alma, clama! ¡Clama! Mientras el niño puede clamar, vive. Mientras puedas asedir el trono de la gracia, hay esperanzas para ti. Pero mientras clamas, escucha, y cree lo que oigas, porque la paz viene a través del creer.

¿Qué es lo que estáis buscando? Algunos esperan ver visiones luminosas, pero espero que nunca sean concedidas, porque no valen un centavo el millar. Todas las visiones del mundo, reunidas, desde los días de los milagros, son sólo sueños, después de todo, y los sueños nada son sino vanidad. La gente tiene una cena grande y luego sueña; es indigestión, o una actividad mórbida del cerebro, y eso es todo. Si esa es toda la evidencia que tienes de tu conversión, haces bien en dudar. Deseo que nunca quedes satisfecho con ella. Es un desdichado disparate que edifiques sobre ella tu esperanza eterna. Quizás estés buscando algún sentimiento extraño ‑‑no exactamente una descarga eléctrica, pero algo muy singular y peculiar. Créeme, no necesitas aquellas extrañas emociones que aprecias tanto. Todos aquellos extraños sentimientos de los que hablan algunas personas en relación con su conversión podría ser de algún beneficio para ellas o no, pero estoy seguro que no tienen nada que ver con la conversión ni se pueden considerar como necesarias en relación con ella. Quiero plantearon un par de preguntas: ¿Crees que eres pecador? “Sí,” respondes. Pero suponiendo que tomo aparte esa palabra “pecador,” ¿quieres decir con ella que crees que has quebrantado la ley de Dios, que eras un delincuente bueno para nada contra el gobierno divino? ¿Crees en tu corazón que has quebrantado, en alguna forma, todos los mandamientos y en consecuencia mereces un castigo? “Sí,” dices, “no solamente creo eso, sino que lo siento: es una carga que llevo diariamente conmigo.” Ahora algo más” ¿Crees que el Señor Jesucristo puede quitar de ti todos tus pecados? Sí, crees esto. Entonces, ¿puedes confiar en él para que te salve? Tú quieres ser salvo. No te puedes salvar a ti mismo. ¿Puedes confiar en que El te salve? “Sí,” dices,” Ya lo hago.” Bien, querido amigo, si realmente confías en Jesús, es seguro que eres salvo, porque tienes la única evidencia de salvación que está continuamente con cada uno de nosotros. Hay otras que siguen, tales como la santidad y las gracias del Espíritu, pero la única evidencia que aparece continua­mente en la vida de los mejores hombres es ésta:

Nada traigo en mis manos, pero a tu cruz me aferro.

¿Puedes usar el verso de Jack el mercachifle?

Soy un pobre pecador, nada, nada soy;

pero Jesucristo es mi todo en todo.

Espero que avances mucho más en experiencia en algunos de estos puntos más tarde, pero no quiero que avances una pulgada más en cuanto a la base de tu evidencia y la razón de tu esperanza. Detente allí, y si ahora apartas la vista de cualquier cosa que haya en ti o fuera de ti, para poner la mirada en Jesucristo, y confiar en sus sufrimientos en el Calvario y en toda su obra expiatoria como la base de tu aceptación delante de Dios, eres salvo. No necesitas nada más. Has pasado de muerte a vida. “E1 que en él cree no es condenado.” “E1 que cree tiene eterna.” Si me encontrara con un ángel en el pasillo al salir de la puerta hacia el vestíbulo, y me dijera: “Carlos Spurgeon, he venido desde el cielo a decirte que has sido perdonado,” yo le contestaría: “Yo sé eso que me digas nada al respecto; lo sé de parte de una autoridad superior a la tuya;” y si me preguntara que cómo lo sé, le respondería: “Para mí la palabra de Dios es mejor que la de un ángel, y E1 ha dicho, `E1 que cree en mí no es condenado,’ yo lo creo y por lo tanto, no estoy condenado, y lo sé sin necesidad que un ángel venga del cielo a decírmelo.”

Tú que estás turbado, no busques ángeles, pruebas, evidencias, y señales. Si descansas en la obra consumada de Jesús tienes la mejor de las evidencias de tu salvación en el mundo. Tienes la palabra de Dios al respecto. ¿Qué más necesitas? ¿No puedes aceptar la palabra a Dios? Puedes aceptar la palabra de tu padre; puedes aceptar la palabra de tu madre; ¿por qué no puedes aceptar la palabra de Dios? ¡Oh! ¡cuán bajo debe ser nuestro corazón para recelar de Dios mismo! Quizás digas que no harías jamás tal cosa. ¡Oh! pero dudas de Dios si no confías en Cristo, porque “el que no cree hace a Dios mentiroso.” Si no confías en Cristo, en realidad estás diciendo que Dios es un mentiroso. ¿Verdad que no quieres decir tal cosa?

¡Oh! ¡cree en la veracidad de Dios¡ ¡ Qué el Espíritu de Dios te constriña a creer la misericordia del Padre, en el poder de la sangre de su Hijo, en la buena disposición del Espíritu Santo para llevar a los pecadores a Dios! Venid, queridos oyentes. Unios conmigo en la oración que puede llevaros por la gracia a ver en Jesús a todo lo que necesitáis.

La oración

es la fortaleza de la criatura, su hálito, su ser;

La oración

es la llave de oro que abre la puerta de la misericordia;

La oración

es el sonido mágico que dice a la fe, así sea;

La oración

es el nervio ligero que mueve los músculos de la omnipotencia.

Por lo cual, oh criatura, ora, porque muchas y grandes son tus necesidades; Tu mente, tu conciencia y tu ser, tus necesidades encomienda a la oración, la cura de to­dos los cuidados, la gran panacea para todos los pesa­res, destructora de las dudas, remedio de la ruina, el antídoto de todas las ansiedades.”

3 comentarios

    • Yaliannis Orduñez en 21 marzo, 2014 a las 8:29 am
    • Responder

    Dios te bendiga y te siga usando como hasta ahora ,fue de bendición para mi encontrar este bloc y este mensaje ,ayer fue duro para mi pues el diablo quería poner en mi mente que Dios ya no me escuchaba ,pero que buen que hoy temprano en la mañana me a enseñado de que no importa lo que pase el sigue siendo el mismo y si tiene cuidado de los animales cuanto no mucho mas de mi .

    1. Saludos y bendiciones Yaliannis, me alegra que te sientas bendecida con el blog.
      Gracias por tu comentario y espero que nos sigas visitando.

    • daimara en 9 junio, 2015 a las 1:30 pm
    • Responder

    realmente me llego al ALMA ,es realmente bella ,felicidades ,ahora mas q nunca voy a orar en todo momento….

    La oración:es la fortaleza de la criatura, su hálito, su ser;

    La oración:es la llave de oro que abre la puerta de la misericordia;

    La oración:es el sonido mágico que dice a la fe, así sea;

    La oración:es el nervio ligero que mueve los músculos de la omnipotencia.

    Por lo cual, oh criatura, ora, porque muchas y grandes son tus necesidades; Tu mente, tu conciencia y tu ser, tus necesidades encomienda a la oración, la cura de to­dos los cuidados, la gran panacea para todos los pesa­res, destructora de las dudas, remedio de la ruina, el antídoto de todas las ansiedades.”

Deja un comentario

Tu email nunca se publicará.

MaranataCubaTV

Ya estamos en Youtube, únete al canal