El templo

Ms.C Renato Sarmiento Fernández

“En el proceso de reemplazar las antiguas religiones, el cristianismo se convirtió en una religión”.
-Alexander Schmemann

Por: Ms.C Renato Sarmiento Fernández

El cristiano contemporáneo está enamorado del ladrillo y el cemento. El complejo del edificio está tan arraigado en nuestro pensamiento que si un grupo de creyentes empieza a reunirse, sus primeros pensamientos están dirigidos a conseguir un edificio. Porque ¿cómo puede pretender un grupo de cristianos ser una iglesia legítimamente sin un edificio? El edificio de la “iglesia” está tan relacionado con la idea de iglesia que, inconscientemente, los equiparamos.

El antiguo judaísmo estaba centrado en tres elementos: el , el sacerdocio y el sacrificio. Cuando vino Jesús, puso fin a cada uno de ellos, cumpliéndolos en sí mismo. Él es el que encarna una casa nueva y viviente hecha de piedras vivas, “sin manos”. Él es el Sacerdote que ha establecido un nuevo sacerdocio. Y Él es el Sacrificio perfecto y acabado. Como consecuencia, tanto el como el sacerdocio y el sacrificio del judaísmo cesaron con la venida de Jesucristo. Cristo es el cumplimiento y la realidad de todo ello. En el paganismo grecorromano, estos tres elementos también estaban presentes: los paganos tenían sus templos, sus sacerdotes y sus sacrificios. Sólo los cristianos se deshicieron de todos estos elementos. Bien puede decirse que el cristianismo fue la primera religión que haya surgido jamás no basada en un . En las mentes de los primitivos cristianos, era el pueblo que constituía un espacio sagrado, y no la arquitectura. Los primeros cristianos entendían que ellos mismos, corporativamente, eran el de Dios y la casa de Dios.

Es llamativo que en ninguna parte del Nuevo Testamento encontremos los términos “iglesia” (ekklesia), “templo” o “casa de Dios” usados para referirse a un edificio: 1 Corintios 3:16; Gálatas 6:10; Efesios 2:20-22; Hebreos 3:5; 1 Timoteo 3:15; 1 Pedro 2:5; 4:17. Todos estos pasajes se refieren al pueblo de Dios, no a un edificio. En palabras de Arthur Wallis: “En el Antiguo Testamento, Dios tenía un santuario para su pueblo; en el Nuevo, Dios tiene a su pueblo como un santuario”.

El primer uso registrado de la palabra ekklesia (iglesia) para referirse a un lugar de reunión cristiano fue en el año 190 d.C., por Clemente de Alejandría (150-215). Clemente fue la primera persona en utilizar la frase “ir a la iglesia”, un pensamiento extraño para los creyentes del primer siglo. Aun así, la referencia de Clemente a “ir a la iglesia” no es una referencia a asistir a un edificio especial para el culto. Más bien se refiere a un hogar privado que los cristianos del segundo siglo usaban para sus reuniones. Los cristianos no erigieron edificios especiales para el culto hasta la era de Constantino, en el siglo cuarto.

Los edificios de iglesia comenzaron con Constantino el emperador (285-337 d.C.). La historia es asombrosa. En 312 d.C., Constantino se convirtió en César del Imperio Occidental. En 324 se convirtió en Emperador de todo el Imperio Romano. Poco después, empezó a encargar la construcción de edificios de iglesia para promover la popularidad y aceptación del cristianismo. Después del viaje de Helena la madre del Emperador a Jerusalén, en 327, Constantino comenzó a erigir los primeros edificios de iglesias por todo el Imperio Romano.
Los edificios de iglesia construidos bajo Constantino seguían el modelo exacto de la basílica. La basílica era el edificio gubernamental común y estaba diseñada siguiendo el estilo de los templos paganos griegos. Después de la era de Constantino, los edificios de iglesia pasaron por varias etapas diferentes.

Examinemos rápidamente la evolución de la arquitectura eclesiástica:
– Después de Constantino, la arquitectura cristiana pasó de la fase de la basílica a la fase bizantina. Las iglesias bizantinas tenían amplias cúpulas centrales e íconos y mosaicos decorativos.
– La arquitectura bizantina fue seguida por la románica, los edificios románicos se caracterizaban por una elevación de tres plantas, columnas gigantescas que sostenían arcos redondos y un interior colorido. Este diseño de edificio surgió poco después de que Carlomagno se convirtiera en Emperador del Santo Imperio Romano el día de Navidad de 800 d.C.
– Después del período románico vino la era gótica del siglo XII. La arquitectura gótica dio origen a impresionantes catedrales góticas con sus bóvedas de crucería, arcos ojivales y contrafuertes. El término “catedral” se deriva de cathedra. Es el edificio que alberga la cathedra, la silla del obispo. ¡Es la iglesia que contiene el “trono” del obispo!

En el siglo XVI, los reformadores heredaron la tradición que mencionamos con relación a los edificios. Aun cuando los reformadores quisieran hacer cambios radicales en la práctica de la iglesia, las masas no estaban listas para estos cambios. Martín Lutero tenía muy en claro que la iglesia no era un edificio ni una institución pero le habría resultado imposible dar por tierra con más de un milenio de confusión en este tema. El cambio arquitectural principal que realizaron los reformadores reflejaba su teología. Convirtieron al púlpito en el centro dominante del edificio en vez de la mesa de altar. La verdad fundamental de la Reforma era la idea de que la gente no podría conocer a Dios ni crecer espiritualmente a menos que escucharan la palabra de Dios, por lo tanto, cuando los reformadores heredaron los edificios de iglesia existentes, los adaptaron para este objetivo.

A esta altura, usted tal vez esté pensando para sus adentros: “¿Y por qué tanto problema con esto? ¿A quién le importa si los cristianos del primer siglo no tenían edificios? ¿Qué tiene que ver esto con nosotros hoy?”. Estamos pasando por alto una realidad básica de la humanidad. Todo edificio evoca una respuesta en nosotros, por su exterior o por su interior, nos muestra explícitamente lo que es la iglesia y cómo funciona. Este principio se encarna en el lema arquitectónico “la forma sigue a la función”. La forma del edificio refleja su función específica.

La arquitectura del edificio de iglesia protestante apunta todas sus flechas en dirección a la persona que da el sermón. El edificio se presta al dominio del púlpito y también pone límites al funcionamiento de la congregación. Esta disposición hace que sea prácticamente imposible que un adorador vea la cara de otro adorador, dicho de otra manera, ¡la arquitectura misma impide la comunión!, nos olvidamos demasiado fácilmente de que los primeros cristianos trastornaron el mundo sin edificios. Crecieron rápidamente durante trescientos años sin la ayuda de los edificios de iglesia.

1 comentario

    • Gabriel en 11 agosto, 2017 a las 1:18 pm
    • Responder

    Tienes mucha razón hermano, estoy completamente de acuerdo contigo. Hemos dado más importancia a la liturgia del culto que a la propia comunión entre hermanos, hemos dejado al lado el sentido común que compartían los primeros cristianos. Shalom

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