En el día del orgullo gay, reflexionemos sobre cómo alcanzar a los homosexuales

A mi congregación se acercó un día Gary. A sus cincuenta años, debajo de un pañuelo que casi siempre tapaba su sonrisa, se sentía cansado en la vida. No lo decía en voz alta, pero en su forma de mirar a todos se sabía mucho. Aún no hallaba una estabilidad, un sentimiento de satisfacción existencial, una comunidad amorosa, y tenía dudas sobre qué buscar y dónde. Estaba escéptico, y algo asustado.

Mi pastor le ofreció una , y se sentó a escucharlo en un tono de voz tan bajo que me pareció extraño que el predicador de congregaciones pudiera adoptar un perfil tan íntimo.

El domingo siguiente Gary comenzaba a acompartir todo lo que hacíamos en la y fuera de ella. Halló amor, comunidad, paz, rumbo… tal vez una muleta sicológica temporal, pero él no volvía por eso. Volvía porque halló a alguien que no está en ninguna religión, en ningún grupo… le vio el rostro a Cristo, y como siempre que eso sucede, cayó rendido.

Comenzaba lentamente a entender quién era su creador,cuán vivo está, y cuán lejano de las caricaturas que lo pintan.

Comenzaba a enamorarse del Señor que lo amó hasta morir por él. A sus cincuenta años, Gary por primera vez sentía que tenía un propósito real en la vida, que no era un accidente en el vasto universo, y que había alguien amoroso que preparó para él un camino con sentido y valor.

Todos intentamos aportarle apoyo en ese sendero. Sabíamos que era un cambio épico, lleno de cosas nuevas. Pero de eso se encargaría .

Dos meses después Gary dejó de acercarse a todos.

No lo vimos en el trabajo comunitario, no lo vimos en el culto de oración, y no lo vimos en el encuentro del domingo.

El pastor intentó visitarlo. Pero nunca daba con él. Oramos por él en nuestros cultos e intentamos respetar su decisión… sin entenderla.

Dos meses después me di cuenta de que su partida de la iglesia ocurrió cuando comenzó la polémica en sobre la reforma constitucional y el tema del matrimonio igualitario.

Un alma se volvía a perder en el mundo, sin Cristo, sin su amor, sin su rumbo.

Cuando pasé por la esquina de una iglesia en el Vedado con el cartel que dibujaba en dimesiones gigantescas el formato de familia tradicional, lo odié sinceramente. Sentí que los que lo colgaron, mis hermanos, no entendían que su cartel no podía expresar claramente el corazón de Cristo.

Sentí que Gary lo habría visto también antes de irse en secreto. Es el cartel que más he odiado en mi vida. El que separó a Gary, hombre homosexual de cincuenta años, de su hacedor.

Cientos de personas se solidarizan con el dolor experimentado por discriminados o maltratados.

Este sábado se celebra en numerosos países del mundo la famosa marcha del orgullo . En ella, miles de personas homosexuales de numerosas naciones sienten un remanso en el que pueden expresar su dolor por la discriminación, falta de amor y hasta violencia extrema que han sufrido ellos, u otros antes que ellos, por causa de reglas y convenciones sociales extremas.

Cientos de personas se solidarizan con esas duras experiencias de los homosexuales que han sufrido acoso, discriminación pública, prejuicio e incluso maltrato entre sus propios familiares. Y es un gesto empático muy conmovedor.

Pero en las redes se reanuda el viejo debate sobre la homosexualidad, entre sectores de todo tipo. Conservadores, ultraconservadores, liberales, no creyentes, creyentes de vario tipo, homosexuales, transgéneros….. Y un largo etcétera de voces y experiencias.

Pero en ese entramado de mensajes y campañas, uno de los metarrelatos que se escribe de modo no siempre sutil suele ser la falsa enemistad entre cristianos y homosexuales.

Sí, dije falsa. Porque La Biblia hablar de pecadores y pecadores salvos, pero no habla de enemistad, sino de amor.

Tal vez es un buen día para reflexionar sobre el modo en que comunicamos nuestra , y los métodos con que tratamos a los homosexuales cuando se acercan a nuestros templos.

Recientemente La Gaceta cristiana ha publicado un trabajo sobre este tema, con el testimonio de un pastor de Texas, Estados Unidos, que compartimos.

PASTOR DE TEXAS TRATA ACERCA DE CÓMO LAS IGLESIAS PUEDEN ALCANZAR A LOS HOMOSEXUALES

Existe una controversia entre los creyentes acerca de cómo afectan sus convicciones al relacionarse con homosexuales.

¿Qué tan abiertas deben ser las iglesias a la hora de recibirlos, sin comprometer sus creencias? ¿Cómo deben responder los padres ante la confesión de un hijo gay? ¿Cómo determinar cuándo aplicar la gracia y cuándo aplicar la verdad?

Como Pastor, Bruce Miller empatiza con las mismas controversias.

Él trató el asunto en su sitio web, debido a que entabló amistad con una mujer lesbiana quien decidió asistir a su iglesia, Fraternidad Cristiana en McKinney, Texas. Él la recibió en la cena de Acción de Gracias en su casa, donde la mujer se sintió amada y reconoció que nunca había experimentado una «familia saludable» antes.

«Después de unirse a un grupo pequeño, la muchacha compartió su historia personal y el grupo le brindó todo su amor,» dijo Miller. «Además, ellos oraron por su vida y la abrazaron. Eso fue una poderosa expresión de amor y ella se conmovió profundamente.»

La mujer mantuvo conversaciones con el Pastor en el marco de la consejería. Ella le preguntó a Miller si la recibiría en la iglesia en el caso de que conociera a otra mujer e iniciara una relación. Miller, aclarándole que no oficiaría un servicio de matrimonio entre personas del mismo sexo, sí le aseguró que las puertas de la iglesia estaban abiertas «para adorar juntos a Jesús».

La muchacha se mudó a otro estado del país.

«Ha sido una lucha,» admitió Miller. «Fue muy difícil.»

Para él, la clave estaba en tratar a esta mujer en particular, y amar su persona.

El Pastor aún trata de ponerse en la perspectiva de quienes ven el asunto desde un extremo u otro, pero siente que la iglesia necesita encontrar caminos para llegar a los homosexuales, algo en lo que hasta ahora ha fallado.

«La idea de las personas en general es que “los cristianos odian a los homosexuales” y que los condenan por “cometer el peor de los pecados”» dijo el Pastor.

«Deseamos mostrar el Amor de Cristo y sin embargo, nuestra historia no hace honor. Las Iglesias en Norteamérica, hablando en general, han fallado en la crisis del SIDA, la iglesia no estuvo ahí para cuidar de la gente. Debemos tratar con bondad a todos los que se acerquen a la iglesia.»

«En términos generales, los homosexuales son como cualquier otra persona que llega por primera vez a la iglesia, y deben recibir el mismo trato.»

Cuando Miller invita a un homosexual a la iglesia y le dice que será bienvenido o bienvenida, la reacción de éstos es “¿de verás?”.

Así que Miller, quien cree firmemente que el matrimonio fue hecho para el hombre y la mujer, alienta a su iglesia a ir más allá y abrazar la llegada de homosexuales a la congregación.

«No será tan difícil convencer a alguien de que es amado, si realmente deseamos que pueda encontrar el Amor y la Gracia de Jesucristo,» dijo Miller.

«Tenemos que mostrar el Amor Incondicional de Cristo y la inmensa Gracia del Padre para con aquellos que están perdidos.»

Miller está convencido de que los asuntos sexuales “son probablemente el asunto más importante de Norte América”.

Y los cristianos deben tratar el tema con extremo cuidado pues las generaciones más jóvenes “observan a la iglesia acerca de cómo reaccionan sobre el asunto, para ellos actuar en consecuencia también» advirtió Miller.

Es importante tener claro las convicciones teológicas, pero al mismo tiempo, «es importante no arrojar piedras a las personas, y en su lugar extender gracia y misericordia» remarcó.

Miller explicó que muchos cristianos se sienten incómodos respecto a dar una cálida bienvenida. El temor de que la iglesia pueda llegar a ser indulgente con el estilo de vida de los homosexuales, se refleja en las conversaciones de los líderes y los miembros de las congregaciones.

«Las personas se ponen nerviosas pues consideran que amar a alguien pueda comprometer la verdad acerca de su comportamiento. Un abrazo no compromete nuestra teología. Podemos amar incondicionalmente sin quitarle valor a la verdad. Jesús estaba lleno de gracia y de verdad. Nosotros necesitamos de ambas cosas completamente.»

Miller trata de ayudar a los creyentes a reconocer que la Cruz fue para todos los pecadores y debemos expresar el Amor de Cristo a todos, sin importar qué han hecho.

Una Iglesia debe ser como una familia amorosa (que recibe a todos en el hogar) y sirve la mesa para que todos sean alimentados.

El verdadero debate de los seguidores de Cristo y los homosexuales

Habiendo compartido la experiencia de este pastor, vale la pena proponer algo de reflexión al respecto.

El verdadero seguidor de Cristo no considera la homosexualidad o ninguna de las tendencias sexuales no convencionales como un pecado especial entre los otros. Digamos que simplemente hay una división más general entre carne pecadora sin Dios (donde están todos los que no han seguido a Cristo), y carne pecadora redimida por Dios (donde están quienes han recibido el perdón de Cristo, y le siguen por fe).

Teniendo eso en cuenta, sin espacio aquí para la exegética, ser homosexual no es mucho más especial que ser cualquier otro tipo que no ha seguido a Cristo, por lo que no hay absolutamente ninguna razón bíblica para desatar un rechazo especial en contra de este pecador por sobre otros que tampoco han recibido la salvación.

No hay una verdadera razón bíblica para un trato violento o desagradable a la persona que comete este pecado ni a cualquier otra, a decir verdad.

La Biblia es clara cuando manda a amar a otros, y no hace acepción de personas en cuanto a eso. De hecho, Cristo dejó bastante claro que amar solo a quienes nos aman es muy sencillo, y que se trata más bien de amar a aquellos que no son precisamente nuestros amigos, y ahí están muy incluidos los homosexuales.

Así que un verdadero seguidor de Cristo no humillará, no ofenderá, no tratará de un modo especial a un homosexual, ni lo distinguirá en una lista de personas distintas al resto a la hora de tratar con él.

Lo que hará será precisamente amar, comprender, mostrar a Cristo, y pedir a Dios lo mismo que pide por todo nuevo creyente, que cambie su vida hacia el Evangelio verdadero. Eso, sí, eventualmente, pedirá que Dios, y solo Él, le convenza y muestre cómo salir de prácticas pecaminosas, incluidas las de homosexualidad entre muchas otras.

Entonces, ¿por qué se cree que hay una supuesta enemistad?

A mi parecer, por el error de confundir con verdaderos cristianos a personas que no están verdaderamente siguiendo a Cristo, y pueden accionar de modos que no son inspirados por Dios, como la violencia de todo tipo (verbal, sicológica, de hechos…).

En segundo lugar, el modo confuso de comunicarnos. Si no damos un mensaje claro de amor, y respeto a tu libre albedrío ante todo, es imposible que el otro se abra a lo que vayas a decir. La mayor parte de los conflictos de creyentes sinceros y homosexuales, se da por una comunicación fallida y por prejuicios que no dejan conversar en un tono de amor y comprensión mutua.

Pero hay aún una tercera razón mucho más común para el mito de la enemistad, que sí viene de quienes exigen una Biblia distinta y una fe distinta: No entender la fidelidad de los cristianos a la verdad de Dios.

En este extremo, muchos activistas o defensores de la causa gay suelen apuntar con una etiqueta de «homófobo» a toda persona que no crea firmemente que la homosexualidad es genética, o que no desee que en sus escuelas se hable de identidad de género, o que no apruebe el matrimonio gay en las iglesias.

Lo cierto es que no se trata siempre de homofobia. Al menos no entre verdaderos seguidores de Cristo. Se trata más bien de lo que los juristas llaman «objeción de conciencia».Y no, no es personal. Ni es fóbico.

Si sigo a Cristo, tengo un voto de ser fiel a sus mandatos y a su palabra antes que a nada. Entonces no puedo torcer La Biblia en todos los lugares donde pone la homosexualidad como pecado, junto a muchos otros. Simplemente no puedo hacer una excepción extrabíblica para complacer a otros antes que a mi Dios. Y eso no significa que sea homófobo, mucho menos que odie a nadie. Se trata de fidelidad a la Palabra de mi Dios.

Y pedirme, como seguidora de Cristo, que omita o cambie esos pasajes bíblicos, o como se ha pedido en muchos países que no se lean en público, es una violación a MI identidad. O sea, es cristianofobia 😉 ….mientras yo no maltrate, no humille, no ofenda, no invada la vida ajena… sigo creyendo y viviendo mi fe tal como es. Eso incluye aceptar la lista de lo que es pecado, sin resaltar ninguno, y aceptar que ella incluye la homosexualidad.

Hasta ahí estaríamos bien con comprender que ambos extremos son un error. Ni se trata de maltratar ni invadir a nadie, y punto.

Pero hay un enorme pero para la reflexión de la iglesia, la cubana en especial, y se trata del modo de comunicarnos para afuera.

Comunicación en amor o en rechazo

Recientemente se dio el escenario de un contrapunteo entre «iglesia» o masa autodenominada así, con otros sectores por el tema de la constitución y la aprobación del matrimonio gay.

En ese debate muchos miedos tomaron la palabra y los modos antes que Cristo. Y algo salió mal. La comunicación.

Para una comunidad que ha sido largamente rechazada en modos muy atroces, cualquier pequeño gesto negativo puede detonar una susceptibilidad comprensible. Por eso, el deber de todo verdadero adorador de Cristo es ser superresponsable con nuestros modos de comunicar nuestra fe. Si en un mensaje no queda muy clara la verdad central de la salvación por gracia y el amor de Dios hacia todos, algo está fallando. Si se tiene por encima la intolerancia, o el énfasis está en otra parte, algo falla.

Creo en modo muy personal que de esa suerte de campaña que libró la autodenominada iglesia, el mensaje que quedó en nuestras pupilas no fue el de salvación. En lugar de aprovechar el escenario y la vista pública para visibilizar el evangelio, el centro del mensaje que quedó fue más bien una incomprensible señal de intolerancia.

Si usted recibe a un homosexual hablándole desde un tono despectivo, o hiriente, no se engañe, usted no está evangelizando. Esa actitud no es bíblica, ni es cristiana.

Si usted no cuida de expresar sus puntos claramente, dejando muy claro que no hay ningún tipo de rechazo hacia la persona, sino una clasificación general de los seres humanos como pecadores, usted no está siendo cristiano, está tirando palabras airadas al viento, usando el nombre de Dios.

Sí es nuestra responsabilidad como iglesia brindar amor, y mensaje de salvación con toda la verdad bíblica. Sin distorsionar el evangelio, sin asumir posturas de «teología gay». Pero ante todo, mostrando el amor de Cristo, el respeto al otro, a su tiempo con Dios, a su decisión, y dejando clara la actitud de amor del Padre hacia el arrepentimiento, en el momento en que se decida y no antes.

Cualquier mensaje que empañe eso, está mal comunicado. Y sobre él nos toca reflexionar.

¿Será que es solo mi percepción o que ahora cientos de homosexuales son más reacios a acercarse a un templo protestante a escuchar sobre Dios? ¿Será que solo lo creo yo, o que alejamos en vez de acercar a Cristo?

¿Seré solo yo?

4 comentarios

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    • Reinaldo en 1 julio, 2019 a las 9:53 am
    • Responder

    Una reflexión muy interesante sobre un tema de actualidad. Aunque siendo sinceros el principal problema aquí va más profundo, no es simplemente como comunicamos el mensaje, radica en la percepción misma de la homosexualidad y la interrelación de la iglesia con la comunidad LGBTI. No son pocos los ejemplos de cristianos juzgados o criticados por tomar una postura de acercamiento hacia el homosexual. Y hasta que esta perspectiva no cambie en nosotros, pues la iglesia en Cuba no podrá llegar a ese sector de la sociedad.

    1. En efecto, Reinaldo. No es nada nuevo. Es el viejo problema de decidir entre Cristo, o una religión. Desgraciadamente, nadie quiere entrar en Samaria, y son muchos los que prefieren una religión que les haga sentir diferentes y superiores. El Señor sigue mostrando que el camino es entrar a los que más lo necesitan y no a sanos. Un asunto demasiado grande para intentar abarcarlo en par de líneas al vuelo, pero definitivamente vale la pena poner el tema para que cada quien busque al Señor en este asunto. Desde Maranata creemos que el amor sigue siendo el modo de Dios. En su mayoría estas personas son muy golpeadas por su propio pecado y su falta de aceptación propia. Y necesitan mucho de Dios y de la paciencia de todos. Sin tergiversar nunca La Biblia cuando llega el momento de responder a preguntas. Pero siempre con el amor y la amistad de Dios por delante.

  1. Encontre este blog buscando en google versiculos cristianos, pero llegue para quedarme, me encantó esta reflexión, y me encanta el trabajo que haces en este pequeño rincon de la web.

    1. Gracias, Dany, comentarios como el tuyo nos alientan mucho a seguir. Toda la gloria es para nuestro dulce Señor que nos inspira y es la razón de todo 😉

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