En la Casa del Padre… Yo Soy Hijo.

TÍTULO: “En la Casa del … Yo Soy .

Lucas 15:11-31

Por: Lic. Dorkas Rojas Cruz.

Era un padre de familia. Un hombre que tenía abundantes riquezas, posesiones, tierra y ganado. Para la ejecución de todo trabajo, sea en la casa o el campo, contaba con criados y jornaleros. Estos eran muchos y disfrutaban de la benevolencia del padre, trabajaban para tener salario y sustento para su propia familia con “abundancia de pan” como recompensa.

Los hijos eran dos y disfrutaban del amor del padre, trabajaban por agradarle, tenían la aprobación y bendición del padre, además de ropa, anillo y calzado que los distinguía entre todos los de la casa. Y “todas las cosas” del padre eran de los hijos.

Narra la Biblia que el hijo menor quiso recibir su herencia en vida de su padre, lo cual era lícito, y así fue. Al obtener tal cantidad de riquezas se fue lejos del hogar del Padre y “desperdició sus bienes viviendo perdidamente.” Mientras el hijo mayor quedó en casa del padre.

El hijo menor, pródigo, lejos de casa y en crisis, se dijo a sí mismo: “¡cuántos jornaleros en la casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!”

Aquí vemos un hijo por naturaleza codiciando el puesto de siervo. ¿Por qué pasaba eso? Porque necesitaba alimento y sabía que en la casa del padre hasta el menor de los siervos tenía abundancia, pero él abandonó su hogar y se sentía indigno de regresar y ser llamado nuevamente hijo.

Entonces se dijo a sí mismo que regresaría a su padre y diría: “…ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.”

¿Qué decía?: Permíteme ser uno más de tus obreros, me conformo con estar aquí y tener alimento. Cuando pecamos, sentimos haber perdido la posición de hijos, y cualquier lugar nos parece bien con tal de estar en la casa del padre. Y aun llegando arrepentidos y recibiendo el perdón y aceptación del padre, quien nos lleva a casa y nos reviste de sus dádivas tratándonos como hijos, seguimos con el mismo pensamiento de ser indignos y adoptamos un espíritu de jornalero pudiendo vivir plenamente como hijos.

¿Tienes espíritu de hijo o de jornalero?

No olvidemos que el padre nos prefiere como hijos porque el siervo trabaja por salario y recompensa, pero el hijo trabaja por amor al padre y le sirve junto a los obreros, con corazón libre y por ser hijo, no por ser esclavo. Sólo los hijos heredan los bienes del padre, no así los jornaleros (Gál 4: 22-31 y 5:1,13); y Dios quiere heredarnos todas las cosas. (Ap 21:7 “El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo”)

El joven pródigo no se sentía digno, pero el padre le dignificó y le recibió por cómo él le veía y no por cómo el joven se sentía. Aquel joven era hijo, así le recibió su padre, y así le reconoció y le bendijo.

¿Vives en la casa del padre o tan sólo vienes a él por necesidad?

No te conformes con tener provisión para tu problema, ver un milagro de vez en cuando o simplemente ser sanado; acepta los tesoros que el padre tiene para ti. No vengas al padre por migajas sino por el verdadero pan. Las migajas son para los perrillos, el pan de la mesa es sólo para los hijos. Jesús es el pan vivo que da vida abundante y eterna. Levántate, alza tus ojos y mira al frente la hermosa herencia que tienes a tu alcance. Tu padre celestial espera por ti en casa con banquete de gloria indescriptible.

Por tanto vive como el hijo de Dios que Él te ha hecho pues potestad te dio para serlo (Jn 1:12) Usa esa autoridad en ti mismo y renuncia al espíritu de jornalero, hay mucho para los hijos.

¿Cómo vives en la casa del padre?

Procura ser hijo. Conserva tu status de “hijo del padre” y serás heredero de Dios por medio de Cristo. (Gál 4:6,7)

Y siendo hijo, ¿Qué clase de hijo eres?

El hijo mayor había permanecido en casa del padre, pero ¿Conocía realmente al padre? ¿Tenía una relación cercana al padre? No basta con estar en la casa, es preciso ser un hijo que agrada y alegra al padre, que permanece con él.

A este le dijo el padre: “hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas.”

El enojo, la envidia, el celo, la amargura y el descontento estaban cautivando al hijo mayor. No tenía crisis financiera como su hermano, pero sus emociones le esclavizaban. ¿Por qué tales actitudes? ¿Por qué se quejaba?

Si tan sólo entendieras lo que significa ser hijo, tomarías de lo mío que también es tuyo, le quiso decir el padre. Si no has disfrutado de tu status es porque no has comprendido mis pensamientos ni mi corazón. Yo te habría dado todo cuanto quisieras. ¿Acaso no soy bueno?

¿Acaso Dios no nos dice lo mismo hoy? (Mt 7:7-11)

Vivamos como verdaderos hijos de Dios. Si tenemos a Cristo en nuestros corazones, él nos ha hecho hijos. No seamos jornaleros con fachada de hijos. Todas las riquezas del padre son para sus hijos.

Por tanto, vive como hijo, actúa como hijo, siente como hijo, confía como hijo, abraza al padre y deja que él te abrace, quédate junto a él, camina con él, conversa con él, comparte con él, recibe de sus tesoros y alégrate en él como él se alegrará contigo. Jesús dijo: “En la casa de mi padre muchas moradas hay… voy, pues, a preparar lugar para vosotros.” (Jn 14:2)

Las moradas eternas es herencia de los hijos.

En la casa del padre, hay hijos y jornaleros, libres y esclavos. Todos trabajan pero son diferentes. ¿De cuál grupo eres tú? Si eres hijo, todo lo del padre es tuyo. Crece en la fe y el conocimiento de Dios. Cree, recibe y declara: Yo soy hijo.

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