Guardianes de nuestro hablar

“Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes”. Efesios 4:29

 

Si hay un área donde se pone más de manifiesto la nueva vida que tenemos en Cristo es el área relacionada con nuestro diario . “Dime cómo hablas y te diré quién eres”, nuestro dice o desdice mucho de lo que somos como cristianos y como personas. El gran Mao Tse-Tung decía: “Si quieres conocer a un hombre, déjalo que hable”, basta con escuchar atentamente lo que alguien habla para uno darse cuenta, en el corto o largo plazo, su grado de educación o la buena o deficiente profesión de su cacareado cristianismo. En Mt 12:34 Jesús dijo: “… Porque de la abundancia del habla la boca”. Nuestro hablar es una ventana que deja entrever lo que verdaderamente hay en el interior. El tema recurrente de nuestras conversaciones es muy revelativo de lo que hay en nuestros corazones.

La perla de hoy nos exhorta a que seamos guardianes celosos de lo que sale por nuestros labios: “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca”; si lo que tenemos que decir no es más valioso que el silencio es mejor que permanezcamos callados. Evitemos la mala costumbre de hablar por hablar, tan solo para emitir sonidos al aire; hay personas a quienes les gusta llamar la atención sobre sí, y viven diciendo cosas insulsas, tontas y sin sentido; ellos padecen de “incontinencia verbal”, siendo incapaces de ejercer el dominio propio. Ellos no pueden contener el impulso de opinar sobre las cosas que saben y sobre las que no saben. Ellos viven de la “apariencia” y pretendiendo ser sabios de cosas que no entienden ni dominan, al final lucen como payasos sin gracia, cayendo en la más tonta necedad.

El se distingue por su hablar correcto, educado e inteligente. Él deleita a los demás con sus buenos modales cristianos, no dando lugar a que el viejo hombre asome su cabeza: “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad. Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo” (Ef 4:22-25). Además, él está consciente de que en un hablar ligero, desordenado y sin control no falta pecado (Pr 10:19), haciendo que el , que mora en nosotros, se entristezca; es por eso que en ese mismo contexto se nos advierte: “Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención” (Ef 4:30).

Amados, ¿qué palabras “fuera de orden” estamos usando? Hay palabras que definitivamente no deben formar parte del vocabulario de un creyente, porque no dan gloria a Dios. Muchas veces somos perezosos, y rehuimos sentarnos a pensar y escoger la palabra correcta y adecuada que transmita con sencillez y exactitud lo que queremos decir. Otras veces no edificamos a nuestros oyentes, porque en vez de ministrarles con gracia, venimos a ser una piedra de tropiezo que obstaculiza su buen oír, dejando mucho que desear con las palabras “altisonantes” que con frecuencia usamos. Construyamos un vocabulario personal, bíblico y cristiano que nos permita sustituir esas palabras inadecuadas y de uso dudoso, que antes empleábamos cuando estábamos en el mundo y que eran parte de nuestra forma natural hablar, por otras que reflejen mejor el carácter de Cristo, porque ahora ya hemos sido lavados y santificados por su sangre. Pablo concluye su exhortación en Ef 4:31 diciendo: “Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia”, como corresponde a verdaderos hijos de Dios. Amén.

 

— ©  Reynaldo Perez

Cristianismo Conforme a las Escrituras

 

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