La crucifixión desde la ciencia

Nadie tiene mayor amor que este,

que uno ponga su vida por sus amigos.

Juan 15,13

Aunque los creyentes y no creyentes solemos hablar mucho sobre la crucifixión de Cristo, pocas veces nos detenemos a escuchar la opinión de expertos sobre cómo era el procedimiento de la crucifixión en tiempos de Jesús.

En tiempos de la muerte de Cristo en la cruz el estilo de crucifixión que usaban los romanos consistía en unir los dos maderos: el patibulum, el madero horizontal que el condenado llevaba a hombros, y el stipes, el madero enterrado en tierra, verticalmente.

El reo debía cargar con su patibulum hasta llegar al lugar en que estaba enclavado el stipes.

La cruz se conformaba cuando se unían estas dos partes porque era más fácil de ese modo. De haber estado completa en el lugar de la crucifixión levantar al reo para clavarlo hubiera sido demasiado difícil.

Se calcula que la cruz solamente debe haber pesado alrededor de 100 kilogramos, y Jesús al menos unos 80 kilos.

Por eso los romanos no solían ni clavar al condenado en la cruz ya levantada, ni clavarlo en una cruz completa que estuviera en el suelo.

Según varios estudiosos del tema, lo que se solía hacer era clavar las manos del condenado en el patibulum que él mismo había cargado y luego dos soldados se encargaban de elevarlo hasta alinear el patibulum a un punto alto del stipes.

Según estos autores, luego los pies se clavaban, como estamos acostumbrados a ver en representaciones católicas, pero en lugar de dejar las piernas caer a todo su largo, se piensa que la costumbre romana era doblar las rodillas para formar un ángulo de al menos 120 grados.

Se colocaba un pie sobre otro para clavarlos ambos de una vez.

De ese modo el reo podía levantarse a respirar, y su agonía podía durar al menos unas horas.

De haberse crucificado con las piernas rectas hacia abajo, como solemos observar en cuadros tradicionales, el condenado hubiera muerto muy pronto por asfixia, solo por la posición hundida del torso.

Aunque en otras regiones del imperio se crucificaba al reo desnudo totalmente, se piensa que en la región judía, por las fuertes costumbres de este pueblo, los romanos crucificaran con algún paño menor, pues solían respetar las costumbres de los pueblos conquistados.

En este filme, La última tentación de Cristo, intentan recrear históricamente la crucifixión, pero la conciben con la desnudez de otras provincias romanas.

Como Jesús ya estaba muy débil por los azotes y la agonía previa que tuvo que sufrir, tampoco se piensa que hayan usado un madero pequeño que a veces funcionaba como un asiento, llamado sedile, y era usado en crucifixiones en otras regiones romanas.

Ese método se reservaba para los reos muy famosos por sus crímenes, a los que se quería torturar durante más tiempo.

La forma de clavar manos y pies era ejecutada según la bibliografía que citamos al final de esta nota por verdugos romanos muy expertos.

El fin era no partir el hueso, para que el reo pudiera sostenerse todo el tiempo. De esa manera se cumplía la escritura que anunciaba.

Luego de ser clavado, levantado y dejado a morir lentamente por asfixia, el reo de los romanos era despojado y se solía repartir su ropa, como conocemos que también sucedió con nuestro salvador y se anunciaba en los salmos:

17Puedo contar todos mis huesos. Ellos me miran, me observan; 18reparten mis vestidos entre sí, y sobre mi ropa echan suertes. Salmos 22.17,18

Luego, era vigilado hasta la expiración para asegurarse de que los familiares no lo desclavaran de su cruz.

Cómo fue clavado

Los clavos romos destruyen primero el tejido blando.

Los clavos que se usaban en crucifixiones romanas eran clavos de herrero, o sea, de puntas cuadradas y romas. Cuando se golpeaban contra la piel, primero causaban un desgaste lento, e iban atravesando lentamente nervios, vasos, músculos y tendones.

Pero a diferencia de un clavo puntiagudo, estos demoraban más en llegar a su punto final, por la punta lisa.

El doctor Pierre Barbet (1884-1961) se dedicó profundamente al estudio de este tema y estudio con cuerpos cómo se hubiera podido clavar las manos sin que los cuerpos cayeran de la cruz con las palmas desgarradas por el peso.

Concluyó que los cuerpos que pesaban más de cuarenta kilos y eran clavados por el centro de las palmas sufrían el desgarramiento en unos pocos minutos y caían de su lugar, y consideró que un cuerpo vivo, que se movía para respirar y probablemente pesaba más debió haber caído antes.

Se ha pensado que tal vez el peso de Cristo recaía en los pies y por eso, aunque haya sido clavado por las palmas debió haber aguantado sin caer, pero si se recuerda que su cruz no debió haber tenido sedile, porque no querían alargar su vida en vísperas de la Pascua, está claro que el peso no recaía en el punto bajo totalmente.

Además, recordemos que el propio Pilatos se asombró de lo pronto de su muerte, por eso los forenses creen que solo fue clavado y no se le afirmó también amarrándolo, como a veces se tenía por costumbre.

El estudio del llamado hombre de síndone, un cadáver reconstruido por la imagen que dejó impresa en un manto mortuorio, han explicado los modos de crucificar antiguos.

En ese caso, se localiza el llamado espacio de Destot, un breve agujero entre los huesos de la palma que permitió que en el caso de Jesús se cumpliera la escritura que anunciaba que sus huesos no serían quebrados.

El espacio de Destot es un breve vacìo entre los huesos de la mano que se dilata si se abre con un objeto.

Además, permitiría que el cuerpo no cayera, por el agarre entre los huesos de la mano, y la repartición del peso entre las dos extremidades superiores.

El clavar por el espacio de Destot no produce tampoco hemorragias de muerte, pues no se toca ninguna arteria importante, pero sí provoca un dolor muy intenso, por el roce con el nervio mediano.

Cada movimiento del crucificado para tomar aire y no morir por asfixia replicaría el dolor intenso del nervio mediano.

Según los estudiosos del tema, el dolor por el nervio que friccionaba cada vez que se movía y la sed intensa fueron las dos agonías más fuertes de Jesús en la cruz. Aunque cada vez que quedaba inerte sin levantarse la posición le llevaba a quedar sin aire, otro gran dolor del crucificado.

Estos dolores y asfixia, junto a probables desmayos momentáneos explican que el Señor solo haya podido decir siete palabras en su tiempo de tormento.

En el caso de los pies, como comentamos antes, los muslos se juntaron y las rodillas deben haberse flexionado para permitirle al condenado moverse.

El clavo, según estudios forenses, debe haber pasado por la llamada línea de Lisfranc, entre las bases del segundo y tercer metatarciano, por donde no provocarían gran hemorragia.

La zona de los pies que era clavada en la cruz.

El clavo romo, al primer golpe, crearía como antes, una herida contusa que destruye primero tejido blando.

El estudio al hombre de síndone también deja constancia de heridas similares.

En general, los dolores de las perforaciones con clavos romos y el peso del cuerpo sobre esos puntos, el roce con nervios muy sensibles, la sed, el cansancio por azotes y caminata previa, así como la falla vital por falta de aire, atormentaron al Salvador durante tres horas que parecieron eternas.

A pesar de eso, sus palabras finales fueron de corazón pastoral y no de condena. Con un simple gesto pudo haberse liberado de todo esto, pero Él sabía que era lo necesario paera acercarnos al Padre.

Lo sufrió por todos nosotros.

Ahora solo nos puede separar de Dios la decisiòn de arrepentirse y aceptar este regalo. O no.

Bibliografía:

  • LA PASIÓN DE CRISTO VISTA POR UN MÉDICO A. Molina Hermosilla, Sevilla, 1984.

Recomendaciones bibliográficas:

AN EXAMINATION OF THE MEDICAL EVIDENCE FOR THE PHYSICAL DEATH OF CHRIST Brad Harrub, Ph.D. and Bert Thompson, Ph.D.

MEDICAL ASPECTS OF THE CRUCIFIXION OF JESUS CHRIST David Terasaka, M.D.

JOSEPHUS’ REFERENCES TO CRUCIFIXION. THE JEWISH ROMAN WORLD OF JESUS. Dr James D. Tabor.

JESUS AND JEHOHANAN: AN ARCHAELOGICAL NOTE ON CRUCIFIXION. Revd. Dr Charlesworth from Expository Times. Feb 1973.

THE CRUCIFIXION OF JESUS . THE PASSION OF CHRIST FROM A MEDICAL POINT OF VIEW by C. Truman Davis, M.D., M.S.
Mesa, Arizona

LA PASIÓN DE CRISTO VISTA POR UN MÉDICO. Antonio Hermosilla Molina.

Tomado de MaranataCuba

Deja un comentario

Tu email nunca se publicará.

MaranataCubaTV

Ya estamos en Youtube, únete al canal