La oración sin respuesta

oracsrespLa cuestión que tenemos que afrontar ahora es más difícil. Es cierto que no siempre es concedido aquello mismo que se ha suplicado, pero no obstante, la ha sido oída. rogó que la copa pasara de Él, y algunos interpretan que estaba pidiendo que el conflicto durara poco, y que, en ese sentido, su oración fue contestada directamente; mas entonces, ¿por qué la cláusula si es posible”? Esto demuestra que lo que pidió fue que la copa fuera quitada totalmente, pero con sujeción a la voluntad de , pues sabía que, en cuanto a virtud poderosa, no había nada que pudiera oponerse a que fuera quitada en breve (Hechos 2:24); mas, en cuanto al cumplimiento del consejo de , era imposible que pasara de Él. Sin embargo, se aprecia claramente en Moisés con respecto a su ida a Canaán: “Oré a Jehová… mas Jehová se había enojado contra mí. . . por lo cual no me oyó” (Deuteronomio 3:23-26). Empero, antes de pasar a resolver el caso, conviene rechazar una objeción.

Objeción.— Si el es quien obra en nosotros toda oración fiel, como dice Romanos 8:26: “el Espíritu ayuda nuestra flaqueza, porque qué hemos de pedir como conviene no lo sabernos”, etc.; y El “escudriña … aun lo profundo de Dios”, como dice 1 Corintios 2:10; o sea que sabiendo el Espíritu que Dios no va a conceder tal cosa, acaso penséis que no debiera mover el a orar por aquello que Dios se propone negar, sino hacerlo siempre acertadamente, y sin dejar que erremos o nos quedemos sin aquello que suplicamos.

Respuesta 1. — El Espíritu no siempre obra oración en nosotros conforme a lo que es secreta voluntad y presciencia de Dios, sino conforme a su voluntad revelada a nosotros tanto en su Palabra como en su Providencia, tal como las cosas se presentan allí a nuestro discernimiento; y por lo tanto no siempre conforme a lo que Él se propone hacer, sino conforme a aquello por lo cual tenemos mayor deber de orar. Él viene a ayudarnos a orar de la misma manera que nos ayuda en la predicación o en el uso de otros medios y ordenanzas semejantes. Él sabe a quién se propone Dios convertir y a quién no y, no obstante, nos ayuda muchas veces a los ministros en nuestro espíritu, tanto para predicar a los que se propone dejar en la impiedad, como a los que se propone convertir. Es decir, obra en nosotros conforme a lo que es nuestro deber, y no conforme a lo que es Su decreto.

Respuesta 2.— La misma frase ” ayuda nuestra flaqueza ” sirve para contestar, pues nos enseña que El no da forma a nuestras oraciones conforme a su propia e infinita sabiduría,, sino que aplica su ayuda a nuestras débiles y estrechas nociones. Además, despierta en nosotros deseos. hacia aquellas cosas que, según nuestro conocimiento, debemos sentir, y que, en nuestra visión, por lo que su providencia nos revela, pensamos redundarán más en nuestro bien y Su gloria. Dios acepta tales deseos como viniendo de nosotros más al mismo tiempo obra en nosotros conforme a la anchura de su propio amor.

Pasemos pues al caso planteado y, dentro del mismo, a los medios para pacificar y encaminar el corazón en cuanto a aquellas oraciones en que lo que se pidió no ha sido concedido.

1. ¿Cómo compusiste la oración pidiendo lo que se te negó?¿Pediste de modo absoluto y perentorio, como si fuera sencillamente lo mejor para ti? En tal caso no debe extrañarte que esta oración haya sido rechazada, pues en ella excediste el mandamiento. Pero, si oraste condicionalmente, diciendo “si”, como Cristo hizo: “Si es posible” (ejemplo que constituye poderoso motivo para esta clase de oraciones), y “hágase tu voluntad y no la mía”, de modo que lo pusiste en manos de Dios y confiaste en su juicio al respecto, y no en el tuyo; si sólo se lo presentaste, como era tu deber, según tú mejor lo entendías, y dejaste que la cuestión fuera decidida por Él en su voluntad y sabiduría, entonces tu oración podrá recibir plena atención y respuesta. Si lo suplicado no se concede, has de interpretar que el intento y la mente de Dios se revelan en el curso de los eventos, sea como fuere, en ventaja tuya; pues de otro modo Cristo no hubiera sido oído, cuando no obstante el texto dice que “fue oído por su reverencial miedo” (Hebreos 5:7).

2. Observad si la negativa contiene una salvedad en espera de un posterior y más grande beneficio, el cual exigía esta negativa previa.

(a) Algunas veces, el no sernos concedido lo que hemos suplicado, impide que nos sobrevenga una aflicción, una dolorosa . Si hubiéramos alcanzado algunos de nuestros deseos, hubieran causado, a veces, nuestra ruina. Por ejemplo, fue una bendición que a David le fuera quitado su hijo, a pesar de que tanto interés tenía en que viviera. Aquel hijo, que no habría sido otra cosa que un testimonio viviente, recuerdo de su infamia. Fue también misericordioso para David que Absalón (por quien sin duda había orado mucho pues lo amaba en gran manera), fuera quitado, pues, de haber vivido, habría quizá sido su destrucción y la de su casa. De la manera que la liberación de un hombre impío y la concesión de lo que pide poner el fundamento y le reserva para un peor juicio, así también la denegación de la oración de un hombre piadoso es para su mayor bien, y es puesta como fundamento de una mayor misericordia.

(b)Muchas veces la misma denegación quebranta el corazón de un hombre y le acerca más a Dios; le induce a escudriñar sus propios caminos y su condición, y a ver qué es lo que de malo había en sus oraciones; lo cual, por sí solo, es ya un gran beneficio, y mejor que lo que pidió. Por la pérdida experimentada, aprende a orar mejor, y por tanto, a alcanzar cien cosas mejores después. Cristo deseó que la copa pasara de Él; no fue así, y ello constituyó el fundamento de nuestra salvación, y el de Su glorificación, pues había de pasar por aquel padecimiento para alcanzar la gloria. En el caso de la mujer enferma de flujo de sangre, aunque usó muchos medios, y quizás entre ellos las oraciones, todo fue en vano, con el objeto de que, al fin, pudiera venir a Cristo y recibir a la vez sanidad de cuerpo y alma.

3. Observad si una transmutación o cambio de lo deseado se traduce en una mayor bendición de la misma especie; pues Dios, cuyos caminos todos son misericordia y verdad para con su pueblo, prospera, cuida y guarda las preciosas oraciones de ellos, empleándolas con el máximo provecho en aquello que producirá mayores ganancias. Así como el anciano Jacob no impuso las manos en bendición como José hubiera querido, sino que puso la derecha sobre el hijo menor, que José había colocado a su izquierda; así también a menudo Dios aparta la mano de su bendición de aquello que pedíamos, y la pone en otra cosa que nos beneficia más. Al dar Dios a Isaac el poder y privilegio de bendecir a un hijo, aunque Isaac lo quería para Esaú, Dios, sin él saberlo, lo transmitió a Jacob; más la bendición, con todo, no se perdió. Así ocurre en nuestras oraciones pidiendo bendición sobre nosotros mismos y sobre otros. A menudo hay transmutación, mas nunca frustración. Esto puede llamarse tan ciertamente respuesta a la oración como cuando un agente en ultramar, habiendo pedido el propietario tales y cuales mercaderías, por suponerlas más vendibles y ventajosas, él, que conoce la situación y los precios, envía no lo pedido, sino lo que mejor se venderá y más beneficio traerá; y con todo, se dice que ha contestado a las cartas, y mejor que si hubiese enviado exactamente lo que el dueño de la empresa pidió. Así vemos que las oraciones de Abraham por Ismael fueron aplicadas a Isaac; y las de David por su hijo, a Salomón.

4. Observa si a fin de cuentas Dios no te responde conforme al principio esencial de tu oración; es decir, fíjate en si aquel santo intento, fin y afecto que te guiaba en la oración, no es finalmente atendido, aunque no fuere en aquello que pediste; pues Dios responde secundum cardinem, conforme a lo importante de la oración. Cuando un general es enviado al frente de un ejército, el rey o el gobierno le dan instrucciones en cuanto a cómo ordenar, disponer y dirigir la contienda; pero en lo que respecta a los particulares o detalles, al no poderse prever las cosas, no se pueden dar tampoco instrucciones suficientemente concretas. En vista de ello, el general se aparta de ellas, pero siguiendo siempre en lo esencial el intento de lo que se le encargó; es decir, que haciendo lo más ventajoso para alcanzar sus fines, se dice de él que ha cumplido el encargo. Como se dice de la ley, mens legis est lex (el espíritu de la ley es la verdadera ley), y no las meras palabras impresas; de modo que el intento del Espíritu es la verdadera oración (Romanos 8:27), y no simplemente las cosas pedidas, por cuyo medio expresamos nuestros deseos. Así pues, el sentido, el intento, la esencia de nuestras oraciones recibirán respuesta.

Aclaremos esto los principales fines e intentos de nuestro corazón en las oraciones son la gloria de Dios el bien de la iglesia, y nuestro propio consuelo y felicidad particulares. Es lógico que queramos consuelo; y cuando un hombre confía y vela, aguardando la concesión de un favor determinado, que cree tiende en gran manera a glorificar a Dios y a hacerle feliz a él, y este beneficio le es denegado, Dios, a pesar de todo, le contestará conforme al intento de sus oraciones. La gloria de Dios ciertamente será ensalzada precisamente por su oración, de alguna otra manera, y vendrá su consolación, lo cual es deseo común de toda la humanidad. Tendrás ciertamente consolación, sea lo que sea lo que te la traiga. Dios cuidará de que aquel consuelo que tu alma deseaba te venga de una manera u otra, con lo cual podrás decir que tus oraciones han sido oídas. Cuando Dios cumple sus promesas es que oye las oraciones; las mismas razones tiene para hacer una cosa que para hacer otra. Él ha prometido: “El que deja a su padre y a su , tendrá cien veces tanto”. No en especie, como decimos; esto no siempre puede cumplirse materialmente, pues no se pueden tener cien padres. Dios, por tanto, no lo cumple siempre literalmente, sino de otras maneras mejores, por ejemplo, que tener cien padres.

Moisés oró pidiendo poder entrar en Canaán; Dios respondió conociendo lo esencial de esta oración, aunque no en la forma expresada por las palabras, y la respuesta fue para consuelo de Moisés y gloria Suya. Dios le llevó al cielo, que es la verdadera Canaán (de la cual la (Canaán terrena era sólo tipo), y designó a Josué, el hombre relativamente joven, a quien Moisés mismo había enseñado y criado como discípulo, y acompañante (Números 11:28), para llevar al pueblo a la tierra prometida. Esto redundó más a gloria de Dios, pues Josué había de ser entonces tipo de Cristo conduciéndonos al cielo, a donde la ley, de la cual Moisés era tipo, no pudo llevarnos, a causa de su flaqueza. Siendo, pues, Josué más joven que Moisés, era más idóneo para tal menester; además, era demasiado, para la gloria de Dios, el que un sólo hombre lo hiciera todo; de modo que, si bien Moisés deseó tener este honor, en cuya consecución le había ayudado, el serle concedido a Josué, a quien él había enseñado e instruido, ya que era el hombre que debía llevarlo a cabo, fue para Moisés honor casi tan grande como si él mismo hubiera sido el caudillo en vez de Josué. Asimismo David, cuando quiso construir el templo y casa para Dios, Este se lo denegó, pero le honró haciéndole preparar los materiales y diseñar el modelo, y también en que fuera su hijo el que lo hiciera. En esto fue Salomón otro tipo de Cristo, por ser príncipe de paz, pues David era hombre de sangre y guerra; y Dios aceptó de modo similar esto en David, como si lo hubiera construido él; y le recompensará otro tanto.

5. Observa si en aquello porque has orado mucho, aun siéndote denegado, Dios procura darte, por así decirlo, toda la satisfacción posible, como si le supiera mal negarte algo; favoreciéndote en gran manera a causa de tus oraciones, aunque en conclusión no te conceda lo pedido, por estar en oposición a otro propósito suyo. Este fue el caso de Moisés, cuando le negó la entrada en Canaán; pues lo hizo con gran consideración (hablo con toda reverencia) hasta Moisés cedió en todo lo que era posible, pues le permitió ver también aquella buena tierra, conduciéndole hasta la cima de un monte y, según se cree, permitiéndole milagrosamente contemplar el país entero. Además, el hombre que Dios escogió para llevar a cabo la entrada en aquella tierra fue su siervo, lo cual fue gran honor para Moisés; aquél a quien él había criado junto a sí le iba a suceder. Así, cuando Abraham oró por Ismael, diciendo: “0jalá Ismael viva delante de ti” (Génesis 17:18), Dios fue tan lejos como pudo en la concesión de lo pedido, pues en el v. 20 dice: “Te he oído; he aquí que le bendeciré, y le haré fructificar y multiplicar mucho en gran manera: doce príncipes engendrará…. Mas yo estableceré mi pacto con Isaac”. Del mismo modo, en cuanto a lo que pediste de Él, si demuestra delicadeza especial al negártelo, es señal de que desea mostrarte particular consideración. Sea cual fuere la respuesta, si la mano de Dios aparece de modo peculiar en ella, puedes sin temor pensar que se trata de algo grande: que la oración obró el milagro de que fuera así; que tiene alguna razón muy poderosa para denegártelo; y que tus súplicas han sido tenidas en gran estima, puesto que Él se complace en revelar providencia tan extraordinaria.

6. Finalmente, observa el efecto de tal denegación sobre tu propio corazón.

(a)Fíjate si tu corazón se ensancha para reconocer que Dios es santo y justo en su proceder para contigo, y que tu indignidad es la causa de que te haya negado algo. A menudo descubrimos que los santos se expresan de esta manera en sus oraciones. El Salmo 22 (aunque habla de Cristo en tipo), según fue escrito por David, y en lo tocante a su persona, puede servimos de ejemplo: “Clamo de día, y no oyes”; esto podría haberle hecho sentirse celoso de Dios, mas dice: “Tú empero eres santo”, etc., y ahora procedes conmigo de manera santa, y eres justo en ello. Otros “clamaron a ti” y fueron oídos, aunque yo ahora, a causa de mi indignidad, no recibo lo que pido; “Mas yo soy gusano”. Muchos hubieran desistido al pensar que otros eran oídos, pero yo no. A David no le hizo desistir la negativa sino que se humilló y dijo: ” Yo soy gusano etc., y “Tú eres santo”.

(b) Fíjate si Dios llena tu corazón de santo contentamiento en la denegación; si te habla como habló a Moisés cuando le negó algo: “Bástate” (Deuteronomio 3:26); si te habla como a Pablo cuando tan fervorosamente rogó que le fuera quitado aquel aguijón en la carne; si recibes respuesta semejante a la que le fue dada: “Bástate mi gracia”; o te es dado que alguna reflexión semejante te sosiegue. Efecto de los siete días de ayuno de David fue el hecho de que con contentamiento santo soportara la pérdida de su hijo, cuando sus siervos pensaban que le abrumaría (II Samuel 12:19-21). Pero le fue dado a considerar algo que era fruto de la oración: que debía ir a él, y no esperar que el niño volviera: “yo voy a él, mas él no volverá a mí”. El espíritu de David recibió consolación ante este pensamiento, de tal manera que, como se nos dice en el v. 24: “consoló David a Bath-sheba su mujer”.

(c) Observa si puedes estar agradecido a Dios por fe, pensando que Él ha decidido y ordenado todas las cosas para sumo bien, aunque te haya negado lo que pediste; y si, a pesar de no comprender que lo que pediste no fuera para sumo bien, estás agradecido de que se te haya denegado, descansando por fe en Su criterio, y alabándole como David hizo en los casos mencionados: “Tú eres santo que habitas las alabanzas de Israel”. David, después de siete días de ayuno por el niño, antes de comer, se levantó “y entró a la casa de Jehová, y adoró” (II Samuel 12:20); y el hecho de que se ungiera y mudara sus ropas demuestra qué clase de adoración fue la suya, pues tales actos eran señal de regocijo y haciendo de gracias; y le fue hecho según su fe, ya que inmediatamente después fue engendrado Salomón (v. 24).

(d) Si puedes aún orar y perseverar, a pesar de que pides beneficios que no recibes; y si cuando se te conceden bendiciones temes más que nunca, y cuando se te niegan amas también más que nunca, y no te desalientas, es que tus oraciones han sido oídas. En el Salmo 80:4, que Israel hizo como oración, aunque Dios parecía estar airado contra las súplicas de Su pueblo, éste sigue orando y debatiendo con El, sin desmayar: “¿Hasta cuándo humearás tú contra la oración de tu pueblo?” También en el Salmo 44:17: “Todo esto nos ha venido, y no nos hemos olvidado de ti; y no hemos faltado a tu pacto”. Di tú lo mismo: “Oraré aún, aunque no reciba jamás respuesta en esta ”. Si el ver a los hombres aceptar sumisos las repulsas y las negativas, conmueve a las naturalezas sensibles, ¡cómo no se ha de conmover Dios!.

Por Thomas Goodwin

5 comentarios

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    • Omar en 20 febrero, 2014 a las 12:43 pm
    • Responder

    Que doloroso es cuando nuestras oraciones no son contestadas, pero Dios sabe lo que hace porque en la vida cada creyente todo lo que acontece pasa para bien, esto debemos de entenderlo todos.

    • Sandra en 20 febrero, 2014 a las 12:45 pm
    • Responder

    no se porqué en muchas ocaciones Dios no contesta mis oraciones, ¡existe Dios en realidad o no me ama?

    1. Sandra, Dios nos ama a todos, y es verdad que en ocaciones pedimos cosas y Dios no nos da esas cosas, eso sucede porque no es la voluntad de Dios o porque estamos pidimos mal.

    • Sandra en 20 febrero, 2014 a las 12:50 pm
    • Responder

    a que te refieres cuando dices que pedimos mal?

    1. me refiero, tal y como lo dice la Biblia a que pedimos para nuestros placeres y deleites.

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