Los Efectos De Ver La Gloria De Dios

efectos de ver la gloria de Dios(The Effects of Seeing The Glory of God!)
Por David Wilkerson
21 de Junio de 1999

Las escrituras dicen claramente que es posible que un verdadero seguidor de Jesús vea y entienda la gloria de . Ciertamente, nuestro revela su gloria a todo aquel que la pide y busca diligentemente. Más aún, yo creo que la revelación de la gloria de Dios equipará a Su pueblo en los días venideros. Pablo declara que esa revelación es “…para edificarlos y darles herencia entre todos los santificados.” (Hch. 20:32).

Contrario a la creencia de algunos cristianos, la gloria de Dios no es una manifestación física. No es un sentir extático que cae sobre ti. Tampoco es una aura sobrenatural o luz angelical. ¡Sencillamente, la gloria de Dios es una revelación de su naturaleza y atributos!

El Señor mismo define Su gloria de esta manera en las escrituras. Por lo tanto, cuando oramos, “Señor, muéstrame tu gloria,” en realidad estamos orando lo siguiente, “Padre, revélame quién eres.” Y si el Señor nos dà una revelación de su gloria , es una revelación de cómo El quiere ser conocido por nosotros.

La experiencia de Moisés con la gloria de Dios demuestra esta verdad. El Señor envió a Moisés a libertar a Israel sin haberle dado una plena revelación de quién era el Dios de Israel. El Señor sólo le dijo, “Ve, y diles que YO SOY te envió.” Pero El no dió explicación de quien era “YO SOY.”

Yo creo que por eso Moisés clamó, “…Ruégote que me muestres tu gloria.” (Ex. 33:18). Moisés tenía hambre y sed insaciable por conocer quién era el YO SOY—por conocer su naturaleza y carácter.

Y el Señor contestó la oración de Moisés. Primero, El le dijo a Moisés que se escondiera en la grieta de una roca. Sin embargo, mientras Moisés esperaba que apareciera la gloria de Dios, el no vio truenos, ni relámpagos, ni temblor de . Más bien, la gloria de Dios se manifestó en una revelación sencilla:

“Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: Jehová, Jehová, fuerte, misericordioso, y piadoso; tardo para la ira, y grande en benignidad y verdad; Que guarda la misericordia en millares, que perdona la iniquidad, la rebelión, y el pecado,…” (Ex. 34;6-7).

Ahora bien, Dios sólo revela su poder y gloria con un propósito. Así que, ¿cuál fue su propósito? Con toda certeza no fue para darle a Moisés un momento de éxtasis. Y no era para darle un legado, algo que contarle a sus hijos y nietos.

¡No—Dios permitió que Moisés viera Su gloria para que el fuera cambiado por ella! Y lo mismo se aplica a nosotros hoy. ¡Dios nos revela Su gloria para que, al verla, seamos cambiados en Su propia imagen!

Hoy, es la imagen de quién Dios es. Cuando nuestro Señor se hizo carne, fue una revelación plena de la misericordia, gracia, bondad y deseo de perdonar del Padre celestial. Dios envolvió toda su naturaleza y carácter en Jesús. ¡Y cualquier revelación de Su gloria es para cambiarnos a una expresión de Cristo!

El apóstol Pablo entendió muy bien el propósito y efecto de ver la gloria de Dios. El la apreciaba como poderosa para cambiar al espectador—para revolucionar la vida de todo seguidor de Cristo. “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma semejanza, como por el Espíritu del Señor.”(2 Co. 3:18).

Pablo nos dice, “Una vez que recibas esta revelación de la gloria de Dios—el Espíritu Santo abrirá tus ojos para que aprecies más de estos aspectos de naturaleza y carácter. ¡Tendrás una revelación de Dios en aumento, en la forma en que Él quiere ser conocido por ti!”

Entonces Pablo dice en un tono mucho más fuerte: “Que el Dios del Señor nuestro Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación para su conocimiento; Alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál sea la esperanza de su vocación, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos,” (Ef.1:17-18).

Amado, Dios nos quiere decir, “Moisés entendió mi gloria, y ahora quiero que tu la entiendas. Quiero abrir tus ojos por mi Espíritu para mostrarte quién soy. No soy tan sólo un Dios de ira y juicio. ¡Mi naturaleza es amor!”

“Que habite Cristo por la fe en vuestros corazones; para que, arraigados y fundados en amor, Podáis bien comprender con todos los santos cuál sea la anchura y la longura y la profundidad y la altura, Y conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la de Dios. (3:17-19).

Pablo nos dice, “Permite que esta revelación de la gloria de Dios sea tan real para ti que seas arraigado y cimentado en Él. Sigue buscándole, estudiándole, clamándole, y apropiándolo en tu vida—¡hasta que la visión de la gloria de Cristo resplandezca en ti! Mientras permanezcas en la palabra, buscando la revelación de Su gloria, serás cambiado. ¡Y seguirás cambiando de gloria a gloria!”

“A él sea gloria en la iglesia por Cristo Jesús…” (verso 21).

1. ¡El Primer y Predominante Efecto de la Gloria
es un Cambio en Nuestra Relación con el Señor!

Cuando Moisés vio ésta revelación de la gloria de Dios—que Él es bueno, amante, lleno de gracia y perdonador—rápidamente cayó de rodillas y adoró. “Entonces Moisés, apresurándose, bajó la cabeza hacia el suelo y encorvóse;” (Ex. 34:8). [En inglés dice “…y adoró].

La revelación de la naturaleza de Dios abrumó a este hombre. El vio cuán misericordioso, y paciente Dios es con sus hijos—incluso con un pueblo terco e idólatra que le había ofendido. ¡Moisés está tan movido por esta revelación que salió de la grieta de la roca, se tiró a tierra y adoró!

Es importante notar que esta es la primera vez que se menciona a Moisés adorando. Antes de esta revelación de la gloria de Dios, lo encontramos orando e intercediendo, gimiendo y rogándole a Dios por Israel, hablando con Él cara a cara. Le oímos cantando alabanzas de victoria al Señor al otro lado del Mar Rojo. Le oímos clamando al Señor cerca las aguas amargas de Mara. Y escuchamos su clamor desesperado a Dios mientras estaba en Rephidim, cuando el pueblo estaba preparado para apedrearlo por no proveer agua. Pero esta es la primera vez que leemos las palabras “Moisés adoró.”

Yo creo que este verso dice mucho a la iglesia hoy. Dice que un cristiano puede orar diligentemente sin adorar. Ciertamente, es posible ser una persona que ora mucho y un intercesor y no ser un adorador de Dios. Puedes pedir por tus hijos inconversos, orar por la necesidaded de la iglesia, ser santo y humilde—¡y nunca adorarle verdaderamente!

Ahora bien, no quiero añadir a la multitud de definiciones de lo que significa adorar. Se han publicado muchos libros sobre varias técnicas de adoración. Pero, en resúmen, diré esto: ¡la adoración no puede ser aprendida! Es un brote espontáneo—un acto del corazón lleno por la revelación de la gloria de Dios y su increíble amor por nosotros.

La adoración es una expresión de gratitud. Reconoce como debimos ser destruídos por nuestros pecados, mereciendo la ira de Dios por nuestras fallas y culpas—pero al contrario, Dios se acercó a nosotros con una gran revelación, “¡Aún te amo!”

En ese instante, Moisés no estaba intercediendo por los pecados de Israel. Ni le estaba pidiendo dirección al Señor. El no estaba pidiéndole a Dios un milagro de liberación, poder, ni sabiduría. ¡El estaba maravillado por la revelación de la gloria de Dios!

Moisés podía adorar aunque el no tenía muchas esperanzas para Israel. El sabía que el pueblo estaba expuesto a descarriarse—que ellos escondian ídolos traídos de Egipto. Aunque Moisés había convencido a Dios que los perdonara después de su idolatría al becerro dorado, ahora él pensaría, “¿Cómo podré mantener a este pueblo unido? ¿Por cuánto tiempo soportará Dios su lujuria y murmuración? ¿Hasta cuándo permanecerá Su paciencia?”

Parecería como si la petición de Moisés a favor de Israel fuera más compasiva que el sentir de Dios por Su pueblo. Pero la realidad es que Dios no tenía intención de destruir a Su pueblo. Ya Él tenía Sus promesas en mente para ellos.

Esta era una “prueba de misericordia” para Moisés. El Señor le estaba preguntando a Su , “¿Cómo vas a representarme al pueblo? ¿Será como un Dios de venganza lleno de juicio? ¡No—yo soy misericordioso, paciente, siempre preparado para perdonar a mi pueblo!”

¡Esta fue la revelación! Y esto dió paz al corazón de Moisés. Ciertamente, mientras adoraba, comenzó apropiarse de la gloria que Dios le revelaba: “¡La misericordia de Dios nos guiará! El es paciente y nos perdonará. ¡Qué gloria es esta! ¡Qué consuelo, qué esperanza!”

Inmediatamente, Moisés comenzó a orar, “Y dijo: Si ahora, Señor, he hallado gracia en tus ojos, vaya ahora el Señor en medio de nosotros; porque este es pueblo de dura cerviz; y perdona nuestra iniquidad y nuestro pecado, y poséenos.” (Ex. 34:9).

¡Este pasaje comprueba que la revelación de la misericordia de Dios es parte integral de la adoración!

Dios Es Adorado Cuando Ve A Su Pueblo
Usando Los Derechos Que Él Les Ha
Dado A Través De Su Palabra.

La revelación de la gloria de Dios debe ser la fuente de toda adoración. Regularmente debemos apropiarnos de su gloria, testificando, “Señor, sé que eres santo y justo, y que no le guiñarás al pecado. Pero he visto tu gloria. Y sé que no buscas mi destrucción.

“No me condenas en mi lucha. Al contrario, me muestras cuán amante y paciente eres hacia mi. Sé que merezco el rechazo. He fallado tantas veces que debo ser echado a un lado por completo. ¡Pero tu me revelas que eres misericordioso, de tierno corazón!”

Por tiempos durante mi , me he abrumado por enemigos que se levantan contra mi. En esos tiempos, sentí la disciplina del Señor como una vara en mi espalda. Recuerdo un tiempo en particular, en que fui calumniado. Otros ministros me preguntaron, “David, he oído cosas acerca de ti. ¿Son ciertas? ¿Es todo esto del diablo, o Dios te está hablando?”

¡Hasta esa pregunta me ofendió! Después de un tiempo, el dolor emocional me abrumó en sobremanera. Sentí cansancio físico por la batalla. Llegó el momento cuando casi no podía predicar.

Una mañana mi esposa tuvo que levantarme de la silla en mi estudio. A mitad de camino a la iglesia le dije que no podía continuar. No podía ver el rostro de otra persona en nuestros servicios que pensara que yo era un farsante. Finalmente clamé, “Señor, ¿qué he hecho para merecer esto? ¿Dónde está mi pecado?”

Entonces, un día, Dios me dirigió a esta oración de Jeremías: “Castígame, oh Jehová, mas con juicio; no con tu furor, porque no me aniquiles.” (Jer. 10:24).

Estas palabras de Jeremías fueron mi oración diaria durante el tiempo de prueba: “Señor, castigame y júzgame si es necesario. Pero por favor—¡no lo hagas con ira! Si escucho una palabra más de ira, me destruirá. Me convertiré en nada. Por favor no me reduzcas al polvo, Señor. ¡Estoy bastante abatido!”

Cada vez que hacia esta oración, el Señor me contestaba, “David, si decido corregirte, es porque te amo. Esta prueba no es mi juicio. Soy misericordioso, amante, y paciente contigo. Ahora, ¡estate quieto y ve mi gloria!” Este conocimiento de su gloria me llevó a un lugar de descanso completo. Dios me reivindicó por todos lados.

Amado, una vez tengas esta revelación de la gloria de Dios, nunca temerás que El te corriga con ira. El lleva su vara en manos tiernas y amantes. El nos disciplinará, pero sólo con compasión. El nunca nos hará daño, ni nos echará a un lado. ¿No derrite nuestro corazón en adoración hacia Él como el de Moisés?

Más aún, ¡Dios revela su gloria en Cristo para que la apropiemos! Es nuestro derecho, y el propósito es que lo demandemos. Cuando Pablo dice, “No desecho la gracia de Dios…” (Ga. 2:21), el quiere decir, “¡No anularé la oferta de misericordia de Dios rechazándola!”

Aquellos que realmente adoran a Dios demandan la bendición de sus promesas. Ellos ven la gloria de su amor en Cristo—¡y ellos toman esa gloria, para sanar y establecer sus almas!

2. ¡El Segundo Efecto de Ver la Gloria de
Dios Es Un Cambio de Semblante!

“Y veían los hijos de Israel el rostro de Moisés, que la tez de su rostro era resplandeciente; y volvía Moisés a poner el velo sobre su rostro, hasta que entraba a hablar con El.” (Ex. 34:35).

El semblante de una persona es la expresión de lo que hay en su corazón. ¡Y el rostro de Moisés simplemente reflejaba la gloria de Dios en su alma!

Anteriormente, Moisés se había encerrado con el Señor por cuarenta días y noches, sin ningún cambio en su semblante. En ese tiempo, él salió de la santa presencia de Dios para tratar con la idolatría de Israel hacia el becerro dorado. Nadie vió su rostro resplandecer. ¡Pero después, cuando la revelación de la gloria de Dios se hizo realidad para él, cambió su semblante!

Puedes pasar todo el tiempo que quieras en la presencia de Dios. Pero es un asunto completamente diferente cuando su gloria es revelada. Pablo testificó, “…Dios me había apartado desde el vientre de mi y me llamó por su gracia. Cuando él tuvo a bien revelarme a su Hijo para que yo lo predicara…” (Ga. 1:15-16).

Pablo dice, “Yo tengo en mí mucho más que una doctrina que alguien se imaginó, más que conocimiento acerca de Cristo. Tengo una revelación de quién Cristo es—una revelación de su gracia, misericordia, y amor. Y esta revelación se ha convertido en la misma fuente de todo lo que soy y hago. ¡Es la misma esencia de mi vida!”

La revelación de la gloria de Dios es ciertamente maravillosa. Sin embargo, muchos han convertido esa revelación en una licencia para pecar. Judas describe a estas personas de la siguiente forma “…cambian en libertinaje la gracia de nuestro Dios y niegan a Jesucristo…” (Judas 4).

Según Pablo, tales personas pecan “para que la gracia abunde.” En esencia estan diciendo, “Si a Dios le agrada expresarse a través de la misericordia y el perdón, entonces le voy a dar toda oportunidad. Voy a pecar y que Él me siga amando, para que la gracia fluya. Que testimonio al mundo será este. ¡Seré objeto de todo ese amor decendiendo del cielo!”

Tales personas son fáciles de reconocer. Su semblante los delata. Isaías habló de Israelitas que, “…para irritar los ojos de su majestad. La apariencia del rostro de ellos los convence…”(Is. 3:8-9). En otras palabras, el profeta estaba diciendo, “Tu pecado testifica contra ti. ¡Lo que esté en tu corazón se revelará en tu semblante!”

Por otro lado, los pecadores más endurecidos pueden reconocer cuando has “estado con Jesús.” ¿Cómo lo saben? ¡Tú no te pareces a nadie! Ellos dicen, “Eres diferente. Te conduces con humildad. Y nada acerca de ti está escondido. No tienes cosas escondidas, en tus ojos no hay secretos. No pareces llevar resentimientos o amarguras. Si fuera así, yo lo supiera. ¡Tu vida es un libro abierto!”

El pecado, por el contrario, lleva consigo una apariencia en particular. Ninguna sonrisa lo esconde. Y su voz tiene el sonido del vacio—el eco del metal, un címbalo resonante.

Pero aquellos que se han apropiado de la gloria de Dios son cambiados todos los días. ¡Su semblante es cada vez más como el de Jesús!

La Revelación Que Moisés Tuvo Fue
Gloriosa—Pero Es Algo Que Se Desvanece.

La radiantez que emanaba del rostro y corazón de Moisés fue el resultado de ver un poco de la plenitud de la naturaleza de Dios.

Aún así, cuando los Israelitas vieron el cambio en el rostro de Moisés, ellos supieron que el tuvo una experiencia sobrenatural. Su hermana, hermano y los demás exclamaron, “Este hombre ha estado cara a cara con Dios. ¡El ha ido más allá!”

Hoy en día, tenemos algo mucho más glorioso que Moisés. En realidad, tocamos y palpamos la gloria de Dios. “Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos mirado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida;” (1 Juan 1:1).

Juan estaba diciendo, “Dios nos reveló la plenitud de su gloria en Cristo. Vimos su gloria en una persona. Y hablamos con Él. ¡Hasta le tocamos!”

Hoy no solamente vemos la plenitud de la gloria de Dios—¡pero ahora habita en nosotros! Su gloria brilla en nuestros corazones: “Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.” (2 Corintios 4:6)

Pablo está diciendo , “Jesucristo, Dios hecho carne, representa todo lo que Dios es. Y como sabemos que Dios es bondad, amor, misericordia, gracia, y paciencia, tambien podemos estar seguros que esta es la naturaleza de Cristo. Como Jesús vive en nuestros corazones, sabemos que la gloria de Dios no está en el espacio. ¡No—la plenitud de su gloria está en nosotros, a traves de la presencia de Cristo!”

“Porque la gracia de Dios que trae salvación a todos los hombres, se manifestó.” (Tito 2:11). ¿Quién es esta gracia? ¡Es Jesucristo—lleno de misericordia, bondad y amor!

“Enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo templada, y justa, y píamente,” (verso 12). Pablo nos dice, “Esta gracia que habita en tí es la revelación de la bondad de Cristo. Y si tú permaneces en Él, ¡su revelación te guiará a una vida santa! ¡Te enseñará misericordia, gracia, ternura, y perdón!”

Uno De Los Efectos Más Importantes
Al Ver La Gloria De Dios, Es Un Cambio
En Nuestra Relaciones Con Los Demás.

Una vez que recibimos esta revelación de la gloria de Dios, no podemos continuar en nuestra manera de tratar a los demás. ¡Eso debe cambiar!

Pablo amonesta, “Si el Señor te ha mostrado cuán tierno, bondadoso y amante Él es contigo, entonces debes mostrar este mismo carácter de Dios a los demás.” “Toda amargura, y enojo, e ira, y voces, y maledicencia sea quitada de vosotros, y toda malicia: Antes sed los unos con los otros benignos, misericordiosos, perdónandoos los unos a los otros, como también Dios os perdonó en Cristo.” (Efesios 4:31-32).

Dios nos está diciendo a través de Pablo, “Has visto mi gloria, y conoces mi naturaleza y carácter—que soy misericordioso, paciente, y listo para perdonar. Ahora, ¡quiero que le expreses a otros quién yo soy!”
Aunque Moisés tuvo una revelación de la gloria de Dios, el dió una mala representación al pueblo. El se impacientó con Israel por su desobediencia—y golpeó la roca con ira, como quien dice, “¡Grupo de tercos rebeldes!”

A Dios no le agradó en absoluto. Una vez que Él te revela su gloria—su bondad, gracia y misericordia—su paciencia no tolerará que malrepresentes su gloria a los demás. Ahora bien, Moisés había malrepresentado esa gloria a Israel. Y como resultado, a Moisés—una de las figuras más humildes y santas del Antiguo Testamento—no se le permitió entrar a la plenitud de Dios. ¡No le fue permitido entrar a la tierra prometida!

Encontramos otra ilustración en una de las parábolas de Jesús. Él habla de un siervo a quien su amo le perdonó una gran deuda. El amo le mostró increíble bondad, gracia y perdón. Tan pronto el siervo fue perdonado, se encontró con un hombre que tenía una pequeña deuda con él—y comenzó a ahorcar a su deudor hasta que este pagase. ¡El mismo que había experimentado gran amor y perdón no mostró misericordia!

Jesús está diciendo en esta parábola, “¡Estás malrepresentando el amor del padre! Él te ha dado un toque de su increíble gloria, con su bondad y el perdón de tus pecados. ¡Más sin embargo, ahora que has visto su gloria, le estás dando una mala representación al mundo!”
Esto se suma en el mandamiento de Pablo, “Sed misericordioso con los demás, como yo he sido misericordioso contigo.” La palabra “misericordia” sale del . El significado completo de la palabra es, “tomar la tristeza de otro, con la intención de ofrecerle consuelo y alivio.” ¡Ser misericordioso significa tomar el dolor de otro!

Esto es exactamente lo que nuestro Señor hace por nosotros. ¿Cuántas veces Jesús ha tomado tu tristeza y sufrimiento, dándote a cambio, consuelo, descanso y perdón? ¿Cuántas veces, cuando no lo merecías, Él ha enjugado tus lágrimas y te ha hablado con una voz bondadosa? ¡El lo ha hecho una y otra vez!

Entonces te pregunto lo siguiente—¿cómo es que no encuentras en tu corazón tomar la tristeza y el dolor de alguien que sabes está dolido? La palabra griega para “bondad” tiene sus raíces en dos palabras: “oráculo” y “toque suave.” ¿Eres un oráculo de esperanza para tus hermanos y hermanas en Cristo, ofreciéndoles una palabra de esperanza del Señor, con un toque suave de consuelo? Según las escrituras, ¡todo lo que tienes que hacer para ser su oráculo de amor es presentarles a otros quién es Jesús!

La palabra “compasión”significa “ser afectado, tocado por la tristeza de otros y tomar la determinación de hacer algo por el asunto.” Esto no significa que te vas acercar a alguien en pecado, y le vas a decir, “Tengo una palabra del cielo para ti, hermano. ¡Tienes pecado en tu vida!”

Si es así, él ya lo sabe. Y quizás él te conteste con el clamor de Jeremías: “Por favor no me trates con ira, o me reducirás a la nada. Estoy muy abatido. No me reduzcas más!”

Si has tenido una revelación de la gloria del Señor, sabes lo que significa probar su amor, misericordia y perdón. Y eres cambiado por esa gloria. Ahora, Jesús dice, toma esa gloria y brilla en el mundo a tu alrededor. ¡Es tiempo para actuar en amor, como tu Señor ha hecho continuamente por ti!

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