No juzgues tu condición espiritual por tus sentimientos

gato_frase(Don’t Judge Your Spiritual Condition By Feelings)

Por David Wilkerson
19 de febrero de 2001

El Pablo le asegura a los tesalonicenses que ellos han aprendido a caminar agradando a Dios. Les dijo: “Que de la manera que aprendisteis de nosotros cómo os conviene conduciros y agradar a Dios.” (I Tes. 4:1). Pablo entonces le añadió esta exhortación: “Así abundéis más y más.” (I Tes. 4:1).

Abundar significa aumentar. Pablo les estaba diciendo: “Han estado escuchando un evangelio puro. Así que ahora tienen un buen fundamento. Por lo tanto, debieras estar creciendo en gracia en todos sentidos – en tu fe, en conocimiento, en amor.

Pablo también habló de esta abundancia a los : “Por tanto, como en todo abundáis, en fe, en palabra, en ciencia, en toda solicitud, y en vuestro amor para con nosotros, abundad también en esta gracia.” (2 Cor. 8:7). En otras palabras, él dijo: “El Espíritu Santo ha cambiado tu vida. Por lo tanto, debieras dar más de ti en todos los sentidos – tu , tus finanzas, tus talentos.

Estos pasajes clarifican que: se espera que todo el que ha sido alimentado con la Palabra de Dios crezca en gracia. Dios ha depositado dones a los pastores, maestros, profetas y evangelistas para que expresen su propósito; hacer que su iglesia crezca. No se supone que ningún creyente se quede como un bebé en Cristo. Se espera que crezcamos en él de manera que no seamos arrastrados por cualquier cosa falsa.

El mismo habla de este constante crecimiento en nuestras vidas: “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.” (Juan 10:10). Cristo elogió a la iglesia de Tiatira por haber crecido en gracia: “Yo conozco tus obras, y amor, y fe, y servicio, y tu paciencia, y que tus obras postreras son más que las primeras.” (Ap. 2:19). En esencia, estaba diciendo: “Ahora eres más intenso que cuando empezaste. Has permitido que mi vida en ti crezca más abundantemente.”

En Proverbios se hace eco de esto: “Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto.” (Prov. 4:18). Job declara: “No obstante, proseguirá el justo su camino, y el limpio de manos aumentará la fuerza.” (Job 17:9).

Vemos que en el cuerpo de Cristo no hay lugar para la vagancia, la pereza o el estancamiento. Así que, ¿cómo te sientes con relación a tu crecimiento en Cristo? ¿Notas un crecimiento constante de fe, esperanza, amor, de dar? Si es así, ¿cómo puedes medir tu crecimiento?

Trágicamente, muchos cristianos juzgan su crecimiento espiritual basándose en condiciones externas. Por supuesto, muchos creyentes reclaman que viven por fe y no por sentimientos. Pero en la práctica diaria, muchos miden sus vidas espirituales por la manera en que se sienten. Y están convencidos de que no están creciendo espiritualmente. Asisten a la iglesia regularmente, escuchan la predicación de la Palabra de Dios, leen sus Biblias, oran diligentemente. Pero sienten que no están progresando nada. Una vez un santo me dijo: “Yo debiera estar más quebrantado en el Señor. Acostumbraba llorar fácilmente delante de él, pero ahora mi corazón ya no es tan tierno. Simplemente, no estoy creciendo.”

Otros se juzgan a sí mismo porque escuchan muchos sermones pero retienen poco de ellos. Se preocupan de que no son tan intensos o tan celosos por el Señor como antes.
Quisiera compartir contigo algunos pensamientos sobre nuestro crecimiento espiritual:

1. Un cristiano puede estar creciendo
en gracia y no darse cuenta.

Puedes pasar completamente por desapercibido al tremendo crecimiento espiritual que está ocurriendo dentro de ti. Pablo compara nuestro crecimiento espiritual con el crecimiento de nuestros cuerpos. Dice que nuestras almas se nutren en la misma manera que nuestras articulaciones, músculos y ligamentos lo hacen. Él le llama a esto “crecer con el crecimiento que da Dios”. (Col. 2:19).

Este crecimiento viene de la cabeza. Dicho simplemente, según confías y permaneces en Cristo, en tu ser fluye su vida sin límite. Jesús es la constante fuerza de vida en tu ser, un río que nunca deja de fluir. Por lo tanto, su vida está constantemente emanando en tu vida, aún cuando estás durmiendo. Él te da una provisión fresca cada día, sin importar cómo te estés sintiendo.

¿Cómo crees que sobrevivió cuarenta años en el desierto? Vivieron del maná, del pan enviado del cielo. Esta “comida de ángeles” tenía todos los nutrientes que se necesitaban para fortalecer el sistema inmunológico de los israelitas. Por eso, el pueblo de Dios nunca contrajo ningunas de las enfermedades de Egipto. Todos alrededor de ellos, los canaanitas y los filisteos estaban muriendo por plagas. Sin embargo, en todo ese tiempo, los israelitas se mantenían inmunes.

Así es con Cristo, nuestro maná hoy. Él es el pan enviado a nosotros del cielo. Y él fortalece nuestro sistema inmunológico espiritual contra todo tipo de pecado. Puede ser que no veamos señales externas de que este maná está trabajando en nosotros (de la misma manera que no vemos cómo el sistema inmunológico de nuestros cuerpos se fortalece). Pero la Palabra de Dios nos promete que aumentará la inmunidad espiritual de todos los que aman a Jesús.

Piensa esto: puede ser que ocasionalmente todavía seas tentado, pero a través de los años has visto que tu poder para resistir la seducción del mundo sigue creciendo. Y cada vez te disgusta más la inmundicia que ves a tu alrededor. Ya no piensas ni hablas como el mundo. Mientras tus compañeros de trabajo gritan: “Es viernes. Vamos a fiestar.”, tú estás pensando: “Tan sólo faltan dos días para el domingo.” Esto es así porque estás creciendo.

Considera la luna y las estrellas. Parece que están fijas, que no se mueven. Sin embargo, estos cuerpos celestes están corriendo en el espacio a cientos de millas por hora. Así es con cada cristiano. Podríamos pensar que nuestro crecimiento está estancado, que no hay progreso. Pero Dios nos ha dado una promesa de pacto: “Plantados en la casa de Jehová, en los atrios de nuestro Dios florecerán.” (Salmo 92:13).

Jesús te arrancó del reino de las tinieblas y te plantó en el buen terreno de su reino. Y ahora estás sacando nutrientes y vida de su terreno celestial. Pablo escribe: “Arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe… abundando…” (Col. 2:7). El apóstol nos está diciendo: “Según tu permaneces en Jesús, él te nutrirá y florecerás como una flor con vida. La vida de Jesús brotará de tu interior.”

2. Podemos juzgar nuestro crecimiento
espiritual incorrectamente debido a la repetición
y al aburrimiento común de la vida.

Diariamente haces cosas que eventualmente se convierten en cosas repetitivas y aburridas. Por ejemplo, todos los días de la semana te levantas a la misma hora, tienes el mismo desayuno y conduces por la misma ruta hasta el trabajo. Vas al mismo sitio a almorzar, te detienes a tomar café en el mismo sitio y escuchas la misma estación durante el viaje a casa.
Lo mismo es cierto en nuestra vida espiritual. El domingo en la mañana, vamos a la iglesia y nos sentamos en las mismas sillas. Cantamos los mismos cánticos y los mismos himnos. Aún hasta nuestras oraciones suenan igual. Hacemos las mismas cosas una y otra vez. Y estamos tentados a pensar: “Estoy haciendo lo mismo de siempre. Leo la y oro. Canto en el coro. Pero nada cambia. He hecho las mismas cosas por años. No estoy creciendo nada.”

Cuántas mentiras te están diciendo tus sentimientos. Esta manera de pensar te puede robar de la gracia de Dios. El hecho es que todos tenemos que confrontar repeticiones en nuestras rutinas diarias. Eso es la vida. La verdadera prueba de nuestro crecimiento es que no nos hemos dado por vencidos. Todavía nos estamos dando a la obra de Dios, día a día, semana a semana, año tras año.

Como puedes ver, el crecer en la gracia no significa hacer algo más o algo grande por Dios. El crecimiento verdadero viene en hacer las mismas cosas una y otra vez, con una seguridad mayor de que lo estamos haciendo todo por él. Es como cuando se aprende a escribir en primer grado. Comienzas haciendo círculos y líneas, para formar letras grandes. Pero después de un tiempo, las letras comienzan a ser más pequeñas y a quedar más juntas. Eventualmente, aprendes a unir palabras, hasta que finalmente formas oraciones. Aún cuando has estado haciendo las mismas cosas repetitivas por mucho tiempo, has estado escribiendo. Todo el tiempo has estado haciendo algo que valía la pena hacer.

Estoy convencido que el crecimiento espiritual ocurre más en las cosas repetitivas que en brincar de una actividad de ministerio a otra. Toma más gracia el simplemente mantenerse caminando cuando estamos cansados, quebrantados o afligidos que cuando todo es nuevo. Puedes pensar que estás espiritualmente muerto, que no vas para ningún sitio con el Señor, pero lo más probable es que estás creciendo en Cristo cada día.

3. Podríamos estar midiendo nuestra nondición
actual utilizando un estándar incorrecto.

Las conversiones son frecuentemente emocionales porque son algo nuevo y tan increíblemente especiales. El cambio que ocurre en nuestras almas es tan repentino que es impactante. Es maravilloso ser transformado súbitamente del pecado y la esclavitud a tener una completa vida nueva en Cristo.

Al principio nuestro crecimiento espiritual es como cuando un niño comienza a caminar. Es algo maravilloso y excitante cuando un bebé da sus primeros pasos. El papá y la mamá sonríen, y le animan: “Ven a nosotros; tú puedes hacerlo.” Tambaleándose, el niño da dos pasos, tres pasos, y se cae. Inmediatamente le levantan y le alaban. Sus hermanos le animan: “Muy bien hecho”. Él es el centro de la atención de todos. Y finalmente, cuando él pueda llegar a cruzar la habitación, todo el mundo celebra. Qué tremenda experiencia emocional para él.

Pero muy pronto ese niño deja de ser el centro de atención. Ahora cuando se cae, él mismo se levanta. Y camina por toda la casa, revolviendo las cosas. Arranca las plantas, saca ollas y sartenes, rasga ropa tratándolas de sacar de las gavetas. Y se le disciplina por todas estas cosas. De pronto, ya los cosas dejaron de ser emocionantes para él. Sus primeros pasos estuvieron cargados de risa y alegría. Pero ahora, el haber aprendido a caminar no es tan espectacular ni tan emocional.

Tu crecimiento espiritual es similar. Cuando eras un bebé en el Señor, sentiste que Dios te daba atención especial. Cada vez que caías, él estaba ahí para levantarte. Sin embargo, como dice Pablo, no debes permanecer niño para siempre. De la misma manera que se le enseña a un niño a no ir a la calle, a ti se te enseña a no caminar en fuegos espirituales. Ahora, cada vez que caes, buscas a alguien a tu alrededor para que te ayude, pero no hay nadie. Dios te está enseñando a pararte firme en su Palabra y a caminar por fe, y a dejar de gatear como un niño.

Por supuesto, es posible que te entibies y que desatiendas tu fe. Muchos creyentes están en ese estado. Pero la advertencia de Jesús sobre el peligro de perder el primer amor no es para ti si tu corazón todavía anhela a Dios. La prueba de que estás creciendo en su gracia es el hecho de que te preocupa descarriarte. Por eso es que examinas tu corazón continuamente.

Sin embargo, Satanás ha hecho tropezar a muchos creyentes convenciéndoles de que han perdido algo en el Señor. El hecho es que es un terrible pecado el desconfiar del amor de Dios por ti y juzgar incorrectamente tu posición en Cristo por tus sentimientos. Tu posición delante de Jesús cada día no tiene nada que ver con tu celo, tus lágrimas o tu intensidad. Tan sólo se basa en tu fe.

Imagínate cuán perdido estarías si tu salvación realmente estuviera basada en tus sentimientos. Pablo nos urge: “Olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante.” (Fil. 3:13). Nunca debes descansar en experiencias emocionales pasadas. Lo que importa hoy es: ¿confías en sus promesas para ti? ¿Estás listo para tomar parte de esta naturaleza divina de la manera que dice la Biblia: no por experiencias emocionales o por evidencias externas, sino por arrojarte y descansar en sus maravillosas promesas?

“Por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia.” (2 Pet. 1:4). Pedro lo hace claro: obtenemos la naturaleza de Cristo apropiándonos de sus promesas del pacto, y no por ninguna otra manera.

Una vez un ministro se jactó conmigo: “He vuelto finalmente a la fe de mi . Estoy orando más y la Biblia es mi alimento otra vez. Dios me está dando mensajes al rojo vivo para mi congregación. Y una vez más, tengo este gran amor por las almas perdidas. Me siento tan renovado.” Tan sólo unos meses más tarde, este hombre estaba nuevamente en el hoyo.

Dios sí trae renovaciones y unción fresca a nuestras vidas. Pero esa nos es la comida de la que debemos depender para vivir. Debemos vivir basados en una fe constante en sus promesas. Su palabra es inconmovible, sin importar cómo nos estemos sintiendo. Nuestro Señor cumple sus promesas: “Y aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría.” (Judas 24).

Hay muchas evidencias de crecimiento espiritual. Déjame mencionarte tan sólo tres de ellas:

1. Cuando te encuentras en una crisis, rápidamente
recurres a Dios para buscar consuelo y dirección.

Una señal segura de crecimiento espiritual es que tú llevas cada y crisis inmediatamente a Jesús. Has aprendido que tienes un sitio a dónde ir.

Algunos cristianos están siempre en crisis. Cada vez que te encuentras con ellos, te dan otra queja terrible: “Estoy confrontando una cosa tras la otra. No sé qué hacer.” Están dispuestos a contarles su problema a cualquier que esté a su alrededor. Pero nunca lo llevan a Jesús, como si Jesús no tuviese nada que ofrecerles.

No me malinterpretes: No me estoy refiriendo a cristianos que están pasando por problemas reales, legítimos. Cada día nuestro ministerio recibe docenas de cartas de santos que están soportando sufrimientos severos. Mas bien, me estoy refiriendo a los “llorones profesionales” en la iglesia. Son profesionales en quejarse. Cuando los escuchas, quisieras preguntarles: “¿Tú Dios, está muerto? ¿Por qué no recurres a los recursos que él te ha provisto? ¿No sabes que él te ha hecho más que un vencedor?”
Cuán agradable es para el Señor que vayas a él con todas tus preocupaciones. Tú sabes que tienes a alguien que es fiel en ayudarte a pasar esta situación.

2. Dependes menos en las señales externas,
evidencias físicas y voces internas.

Una señal importante de madurez es que ya no retas a Dios para que se te pruebe con evidencia visible o con una voz interna. Por supuesto, el Señor le habla a su gente. Jesús dice que sus ovejas conocen su voz. Pero la voz que Dios usa para hablar a su gente hoy es su palabra revelada. Hebreos declara: “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo…” (Heb.1:1-2).

Además, cuando el Espíritu Santo nos habla, es para recordarnos las palabras de Jesús: “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.” (Jn. 14:26).

Cuando confiamos en voces internas o señales externas para escuchar de parte de Dios, nos exponemos a un increíble engaño. Déjame darte un ejemplo. No hace mucho tiempo, hablé en dos conferencias para pastores en Detroit e Indiana. Antes de salir para esas reuniones, le dije a Gwen: “No veo mucha evidencia de que estoy llamado para hablar en este tipo de reuniones. Si Dios no me enseña algún tipo de evidencia en este viaje, no seguiré. Me encanta predicar en la iglesia en Times Square, y ya eso es suficiente para mí. Además, detesto viajar. El Señor me va a tener que hablar claramente.”

En Detroit, el Señor bendijo la palabra que prediqué. Después de la reunión, muchos ministros se tiraron al suelo, clamando al Señor. Sin embargo, esto no fue suficiente evidencia para mí. Más tarde, en Indianápolis, oré al Señor de antemano: “Señor, esta noche me tienes que dar una clara evidencia o ésta va a ser mi última reunión. Tienes que mostrarme que la palabra que tú me has dado está atravesando los corazones de los ministros.”

¿Adivina quién oyó la , además del Señor? Satanás. De repente, una voz suave y dulce me susurró: “David, esta noche vas a tener evidencia como nunca antes. No tendrás que hacer nada más que pararte allí. El Espíritu Santo se paseará poderosamente sobre ese salón y te dará prueba por todos lados.” Me regocijé, pensando: “Gloria a Dios, esto es maravilloso. Es justo lo que he estado pidiendo en .”

El Señor me ungió nuevamente esa noche. Cuando terminé de predicar, simplemente cerré mi Biblia y oré: “Está bien, Señor, ahora te toca a ti. ¿Dónde está la evidencia que se supone que vea? Me voy a quedar aquí parado, según me dijiste.”

No ocurrió nada. Después de unos minutos, la audiencia comenzaba a preguntarse qué estaba pasando. Les aseguré: “Por favor, hermanos, ténganme paciencia. Estoy esperando en el Espíritu Santo.” No pasaba nada. Eventualmente, me comencé a irritar con el Señor. Decidí: “Está bien, Señor. Estoy tomando esto como señal de que no debo tener esta clase de reuniones nunca más.”

A este punto, ya yo no sabía que hacer. Así que le sugerí a la audiencia: “¿Por qué no levantamos nuestras manos y adoramos a Jesús?” Calladamente, todo el mundo comenzó a adorar al Señor. Y el maravilloso y suave Espíritu de Dios llenó el lugar.

De repente, me sentí dirigido a pedirle a las esposas de los pastores que vinieran al altar. Les dije: “Quiero que oren unas por otras.” Así que se tomaron de la mano y comenzaron a orar. En un instante, la dulce presencia del Señor cayó sobre esas mujeres. Comenzaron a llorar, compartir, abrazarse unas a otras. Dios les estaba tocando y sanando. Sin embargo, no hubo rayos ni truenos; no hubo ninguna evidencia sobrenatural. Fue tan sólo un trabajo callado, precioso del Espíritu Santo.
La próxima mañana, Gwen y yo reconocimos a la esposa de un pastor en el ascensor. Estaba radiante. Nos dijo que su vida había cambiado en esa reunión. Pronto comenzamos a escuchar testimonios de mujeres que habían sido transformadas, y de parejas cuyos matrimonios habían sido renovados.

Vi que estas maravillosas obras no fueron la poderosa evidencia que se me había prometido. Y rápidamente me pude dar cuenta de lo que el enemigo había tratado de hacer. Satanás había escuchado el reto que yo le había lanzado a Dios de que me enseñara alguna evidencia externa. Y Satanás lo había utilizado para evitar que yo continuara avivando a los pastores. Me quiso convencer: “¿Tú ves? Dios no cumplió lo que le pediste. Debes tomarlo como una señal de que debes dejar esto.”

¡No! Dios ha abierto una puerta delante de mí. Y me ha dado el mensaje que debo predicar. Simplemente, debo obedecer a mi Señor, confiar en su palabra y dejar todos los resultados en sus manos. Él siempre hace las cosas a su manera, fuerte o calladamente, visible o invisiblemente.

3. Respondes con gracia ante todos los
levantamientos de ira y conflictos raciales.

Una de las marcas supremas de un creyente maduro es el amor por toda la humanidad perdida. Tales cristianos muestran amor igual por judíos y palestinos, por los de Bosnia o los serbios, por todos.

Creo que Dios está en control de todas las situaciones globales. Él está moviendo las cosas según sus propósitos eternos, aún las crisis y los levantamientos sangrientos. Ahora mismo en el Medio Oriente están al borde de la guerra. La revista Time presentó una historia en el mes de octubre llamada “La montaña sangrienta”, sobre la montaña del templo en Jerusalén. Esta es una área de 35 acres, sobre la cual está situada la mezquita conocida como la Cúpula Dorada de la Roca. Los palestinos llaman esta mezquita el Santuario Noble. Pero los judíos creen que esta tierra pertenece a Israel. Por lo tanto, ellos ven la mezquita como “la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel, puesta donde no debe estar.” (Mar. 13:14).

Los judíos están convencidos de que se reconstruirá el templo de Israel en el mismo lugar en el que se encuentra la mezquita hoy. Haim Richman, un rabí prominente, señala a la Cúpula de la Roca y dice: “El templo se reconstruirá aquí mismo y no en ningún otro sitio.” Los investigadores del rabí Richman ya recrearon las vestimentas sacerdotales y los utensilios necesarios para adorar en este tercer templo. Esto incluye un “mizrak” de plata para recoger la sangre de los animales sacrificados, así como un “menorah” (candelabro dorado) que vale millones de dólares.

De acuerdo a la revista Time, los rabíes y los “mullahs” dicen que Dios les ha dicho que se tomará nuevamente la montaña por sangre. Otros reportes revelan que se han completado ya los planes judíos para construir el tercer templo. Algunos observadores temen que judíos ortodoxos militantes ya estén cavando a través de túneles subterráneos construidos por Salomón, para explotar la mezquita. Mientras tanto, los palestinos han declarado que pronto Jerusalén será su capital.

Por favor, no me malinterpreten: no quiero que haya ningún tipo de violencia en el Oriente Medio. Pero la Biblia predice claramente que habrá guerra en Israel. Por lo tanto, no nos debiera sorprender que nos despertemos una mañana y leamos: “Mezquita árabe destruida: Egipto, Siria, Irak, Irán y Jordania le declaran la guerra a Israel”.

Aunque veamos una calma por un tiempo, creo que nos estamos acercando rápidamente al cumplimiento de la profecía bíblica y a la venida de Jesús. Aumentarán las tensiones del mundo, con odios feroces, amargas luchas, levantamientos por motivos raciales, genocidios. Así que, ¿cómo debemos responder como cristianos? ¿Debemos amar las almas de esos palestinos que dejaron caer piedras desde el tope del Muro de Lamentaciones sobre los judíos que estaban orando allí? ¿Debemos amar a los judíos que dispararon y mataron 2,000 palestinos? ¿Debemos amar a los serbios que han masacrado a miles en las Balcanes, y a la gente de Kosovo que se ha vengado de los serbios?

Solamente un creyente maduro, que ha crecido, puede aceptar las palabras de Jesús: “Ama a tus enemigos. Ora por aquellos que te persiguen y por los que te usan. Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer.” Te pregunto: “¿Te puedes imaginar pasando un mes en un hospital palestino, cuidando y alimentando soldados que quieren destruir a Israel? ¿Puedes mantener tus prejuicios en control cuando leas reportes inflamatorios en los próximos días? ¿Tendrás el mismo espíritu que estaba en Cristo, que dijo mientras era crucificado: “Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen.”?

Si quieres caminar como Jesús anduvo, no puedes permitir que tus pasiones humanas se inflamen por los titulares. Cristo murio por cada alma en esta tierra, incluyendo los doctores de abortos, asesinos, violadores, abusadores de niños. Ahora mismo, nuestras cárceles están llenas de convictos que han llegado a ser poderosos testigos del amor salvador de Jesús porque alguien les amó a pesar de sus pecados.

Puedes saber que estás creciendo en gracia si puedes orar por aquellos que el mundo odia. Mientras oímos de cosas terribles que estan ocurriendo, nos debemos enfrentar contra todos los prejuicios que se levantan en nosotros y declarar: “Tomo la autoridad de Cristo sobre esto. Voy a amar la humanidad como mi Señor la amó.”

Aquí esta una gran promesa que pone a descansar todos nuestros sentimientos de duda e incertidumbre: “¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová, el cual creó los confines de la tierra?… Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al no tiene ningunas… Pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán y no se fatigarán.” (Isaías 40:28-31).

1 comentario

    • Jenny González Ocampo en 24 junio, 2014 a las 8:54 pm
    • Responder

    Esta “muy bueno” este mensaje y toca a muchas personas……….Dios les bendiga a todos…

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