¡Oye, Pues…!

Sermón predicado la noche del jueves 7 de mayo de 2015,
Por Anibal González Figueredo,
En la 4ta Bautista de , Granma, .

¡Oye, Pues…!
T.P.: Dt. 6:4-9
P.A.: Dt. 30:2; 4:29; 26:16

Este pasaje que acabamos de leer es considerado por el judaísmo como uno de los más importantes (evidentemente del A.T.), y no solo los judíos lo consideran así, sino que mismo llamó este pasaje como el más grande mandamiento de la . Con este v. comienza la profesión de fe tradicional de Israel llamada Shema (“Oye o Escucha”) por su palabra inicial. Los judíos devotos y piadosos lo recitan 2 veces al día junto con Dt. 11:13-21, los mss. Hebreos del A.T. escriben al comienzo y al final el v.4 de Dt. 6 con caracteres más gruesos para resaltar su importancia.

La orden de atar la palabra en la mano y en la frente es una manera simbólica de enfatizar el continuo recuerdo de la palabra de . Pero la comunidad judía en el período postexílico tomó este mandamiento literal. El Shema y otros pasajes bíblicos fueron escritos en pequeños royos y colocados en cajitas memoriales y atadas en los brazos y la frente durante la hora de oración, a estas cajitas se llama filacterias.

Y he comenzado esta noche con este repertorio de información histórica ya que viendo el pasaje en su contexto original nos deja ver mucho más cosas en el mismo. El libro “”, el último del Pentateuco, no es más que los discursos finales de al lado este del Jordán al pueblo, antes de que el pueblo lo cruzara y comenzara a poseer la tierra prometida, y antes del que él mismo muriera. En estos discursos, Moisés trajo a la memoria del pueblo las promesas de Dios a y el fracaso de Israel en Cades-Barnea. También aprovechó este espacio para mencionar la fidelidad de Dios durante la peregrinación en el desierto y los pecados del pueblo en todo el recorrido del desierto. Pero también les hizo una recapitulación de los mandamientos de Dios y le hizo un llamado a la obediencia y consagración a Jehová.

Luego de analizar el contexto histórico en el que se desarrolla el pasaje, recordemos que anteriormente les había dicho que Jesús llegó a considerar este mandamiento como el 1ro y más grande de todos (Mt. 22:37; Mr. 12:30; Lc. 10:27), pues prácticamente es el resumen de casi toda la Ley de Dios.

Sin embargo Deuteronomio nos muestra otros pasajes relacionados con este, en los cuales analizando los verbos de estos podremos encontrar todo un tesoro al mirarlos como un todo, pues nos hacen ciertos llamados los cuales no podemos pensar que eran solo para aquel tiempo, sino que nos reflejan los mandatos de Dios para nosotros en el presente, los mismos son:

1-   Convertirse al Señor (Dt. 30:2)

Literalmente Moisés dijo a los hebreos que cuando estuvieran listos para regresar a Dios, El estaría listo para recibirlos. La misericordia de Dios es increíble. Esto va más allá de lo que nos podemos imaginar. Aun si los judíos deliberadamente se apartaron de Él y arruinaron sus vidas, Dios de todas maneras los haría volver. Dios les daría un espíritu renovado (circuncidaría sus corazones).

Dios quiere perdonarnos y también traernos de regreso a Él, que es el mejor lugar en el que podemos estar. Algunas personas no aprenderán hasta que su mundo se haya derrumbado alrededor de ellas y se acaben de dar cuenta que no pueden seguir llevando sobre ellos la pesada carga del pecado que les asedia constantemente. Entonces el arrepentimiento y el dolor parecen abrir sus ojos a lo que Dios ha estado diciendo desde el principio.

¿Lo ha separado el pecado de Dios? No importa cuán lejos nos hayamos ido, Dios nos promete un principio nuevo si tan sólo nos volvemos a Él con un humillado y sincero ante Él, si le pedimos que nos inunde de su poder el cual fluye como un río de la cruz, podemos estar seguros que Él mismo comenzará en nosotros la obra regeneradora mediante el Espíritu Santo en nosotros. Solo de esta menare es que podemos verdaderamente convertirnos a Él, hoy en día tenemos lamentablemente en nuestras iglesias mucha gente sentada en los bancos en cada servicio de culto los cuales no se han convertido al Señor, no porque veamos una persona con buena apariencia espiritual esto nos dice que su corazón se ha convertido a Dios, fácilmente podemos aprender a ser “cristianos”, podemos vestirnos como cristianos, hablar como cristianos, caminar como cristianos y poner una cara de cristianos, sin embargo, ¿qué hay en nuestro corazón?, ¿nos hemos convertido ya a Dios?, quizás alguien de los que me escucha no se ha convertido a Dios de todo su corazón, pero esta puede ser una buena oportunidad para escuchar la voz de Dios llamándole, o quizás haya alguien que muchas veces ha acudido a un llamado pero no siente que se haya convertido verdaderamente, lo mismo me pasaba cuando estaba en los primarios superiores de mi iglesia, a muchos llamados acudí, y muchas profesiones de fe hice, pero nada era del corazón, hasta que a los 9-10 años en un llamado sentí que verdaderamente me había convertido y algo nuevo, lindo y maravilloso comenzó a suceder en mi vida, es necesario que todos y cada uno de los que estamos aquí salgamos de este lugar convencidos de que verdaderamente nos hemos convertido a Dios, de lo contrario estamos llevando una vida de apariencia y falsedad y la palabra de Dios no está en nuestros corazones, sino que estamos solamente como los judíos que llevaban la palabra en cajas en el brazo y en la frente pero no en sus corazones, ¿Dónde está la palabra de Dios en nuestras vidas?, solamente debajo del brazo cuando vamos para la iglesia y en una caja estando en casa, meditemos en estas cosas. Veamos otro mandamiento de Dios para nosotros.

2-   Buscar (Dt. 4:29)

¿Quiere conocer a Dios?, una cosa primero y después otra, luego de uno convertirse a Dios, es entonces cuando comenzaremos a conocerle verdaderamente, a conocer su amor y perdón en nosotros. Dios prometió a los israelitas que lo encontrarían cuando lo buscaran con toda su alma y con todo su corazón. A Dios se le puede conocer (a pesar de que muchos dicen que no, como los agnósticos) y, Él quiere que lo conozcan, pero tenemos que querer conocerlo. El servicio y la adoración a Dios deben estar acompañados de una devoción sincera que salga del corazón. Como dice Heb. 11:6, “es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan”. Dios premiará a los que buscan una relación con Él, me viene a la mente el pasaje del Salmo 84:10, en el que el salmista de una maravillosamente declara: “Porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos”, cabe preguntarnos, ¿cuánto anhelamos ?, ¿cuánto anhelamos pasar tiempo en comunión con El?, una iglesia que no busque arduamente el nutrirse de Dios, inevitablemente será una iglesia que poco a poco irá muriendo, pues Dios es el combustible con el que nos movemos, y nadie ha podido decir, que ha buscado a Dios y no lo ha encontrado, si así fuera existiera una gran falsa en el pasaje muy conocido por todos nosotros de Jer. 29:13 en el cual nos dice Dios: “y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón”, si buscas a Dios con todo tu corazón lo hallaras, y grandes bendiciones, ricas bendiciones encontrarás en Él, porque  “En tu presencia hay plenitud de gozo;  Delicias a tu diestra para siempre. (Sal. 16:11b)”.

3-   Cumplir los mandamientos de Dios (Dt. 26:16)

Una vez que te conviertes a Dios, y le buscas, solo te resta cumplir con lo que Dios te manda, evidentemente no podrás cumplir con lo que Dios te manda si no sabes lo que Dios te manda, y conocerás las leyes de Dios, sus estatutos, mandamientos y preceptos a medida que lo busques. Cuando analizamos la historia de Israel, nos daremos cuenta que si la trazamos en una línea podremos ver claramente que todo es un sube y baja, lo traduciríamos de esta manera: Dios saca a Israel de Egipto, el pueblo se quiere revelar a las orillas del Mar Rojo, Dios le abre el mar y estos cruzan (Dios no les tuvo en cuenta su murmuración), ya en el desierto, el pueblo peca, Dios los perdona y les suple sus antojos, el pueblo vuelve a pecar y Dios vuelve a restaurarlos. Ya en la tierra prometida es lo mismo, el pueblo peca, Dios los castiga, se arrepienten y Dios los perdona, y esta cadena se repite sucesivamente en la historia hebrea. Pero nos damos cuenta que todo esto ocurre porque el pueblo era duro, Dios mismo lo llama “pueblo de dura cerviz”, no se convertían a Dios verdaderamente, y por ende no buscaban a Dios verdaderamente. Hoy la Iglesia está llamada a cumplir los mandamientos y enseñanzas que Jesús nos dejó y enseñarlas a otros, pero no estamos solos, gracias a Dios tenemos la ayuda del Paracletos (consolador), y no es imposible el cumplir los mandamientos de Dios, pues Jesús en Mt. 11:28-30 dice algo muy importante, Él nos dice: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.  Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas;  porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.” Solos no podremos, con nuestras fuerzas no podemos, porque es con las fuerzas de Él. La desobediencia traerá ruina a nuestras vidas, traerá la ira de Dios sobre nosotros, pero la obediencia todo lo contrario, igual evidenciamos esto en la historia de Israel, y en ellos no fue por falta de advertencia pues encontramos en Dt. 28 una lista de las bendiciones de la obediencia y las consecuencias de la desobediencia, ¿queremos bendiciones de Dios?, comencemos por convertirnos verdaderamente a Él, buscarlo y obedecerlo.

Permita Dios que seamos gente comprometida con Él, gente que tenga sus oídos afinados y prestos a escuchar la voz de Dios la cual nos dice “Oye pues…”, ese es el llamado de Dios en esta noche a nuestras vidas, ¡oye su voz y no endurezcas tu corazón!, conviértete a Dios de todo tu corazón, no te canses de buscarlo, mientras más lo busques más lo conocerás, más Él se revelará a ti, más cerca de Él te encontrarás; y por último, obedece a Dios, es difícil, pero no es imposible para Dios, pues lo que para nosotros es imposible, es posible para y con Dios.

2 comentarios

    • Alberto en 15 mayo, 2015 a las 1:19 pm
    • Responder

    Buen sermón, me encantaría haberte escuchado, no sabía que predicabas, espero que puedas seguir publicando más sermones, pues está bien completo este y puedo ver que has llevado bien de la mano las reglas de homilética, su mensaje es bien profundo pero sencillo, y bastante claro, con historia pero traído al tiempo presente, espero que la gente pueda meditar en este mensaje. Dios te bendiga.

    1. Saludos Alberto, la paz de Dios sea contigo, gracias por lo que dices, la gloria sea para Dios.

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