Los cielos y la tierra pasará pero mis palabras jamás pasará…
10.1. Asegúrate de amar al señor. Jn.21:15-17
Existen diferentes explicaciones sobre la insistente pregunta del Señor a Pedro, pero una cosa es clara: amar al Señor es un asunto vital del que hay que asegurarse. Antes de hacer cualquier cosa en la vida, hay que asegurarnos de estar enamorados del Señor:
- Verdaderamente. La triple pregunta del Señor a Pedro lo hizo pensar en un amor verdadero, genuino, invencible.
- En gratitud. Tal vez la triple pregunta era una estrategia para permitir a Pedro su restauración después de su triple negación. Un amor agradecido es indispensable en un pecador que ha sido perdonado.
- En la limitación humana. Pedro mantuvo la misma palabra que puede traducirse cariño, mientras el Señor usó en las dos primeras ocasiones la palabra ‘amor’, refiriéndose al amor que lleva al sacrificio. Pedro entendió las limitaciones de su amor humano y magnificó el amor de Dios. O podemos amarlo como Él lo hizo, porque, aunque imperfecto nuestro amor, debemos amarlo. hay cosas importantes en la vida, pero esta es la más importante de un cristiano: ¿cuánto amas a tu Dios? Ahora bien, después de que el Señor escuchó la respuesta de Pedro, lo comisionó: “apacienta mis corderos”, le dijo. El amor a Dios se manifiesta en forma práctica de una manera muy sencilla: si amas a Dios OBEDÉCELE.
10.2. Busca vivir a plenitud Jn.21:18-19
Después de éste diálogo entre el Señor y Pedro respecto al amor, el Señor confronta a Pedro con una realidad: no siempre será joven y fuerte y ciertamente un día morirá. La intención del Señor no es entristecer a Pedro, sino ayudarle a vivir con intensidad. Si la vida durara miles de años, además de que tal vez sería un poco aburrida, no habría urgencia para ninguna cosa, sin embargo, en toda la Biblia se habla de la vida como un asunto breve y pasajero: “El hombre, como la hierba son sus días; Florece como la flor del campo, que pasó el viento por ella, y pereció, Y su lugar no la conocerá más.” Salmo 103:15-16. “…cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.” Santiago 4:14. “Porque: Toda carne es como hierba, Y toda la gloria del hombre como flor de la hierba. La hierba se seca, y la flor se cae;…” 1ª Pedro 1:24. No se trata de ser fatalista, pero sí de ser sabio y en la conciencia de la temporalidad de nuestra vida, procurar vivirla a plenitud. Esto es lo triste de muchos jóvenes y de hombres y mujeres en general, que se creen con la vida comprada, se creen eternos y nunca se percatan de lo breve que es la existencia. Los que somos papás lo vemos cada día: un suspiro y nuestros hijos ya no nos necesitan tanto, en un abrir y cerrar de ojos ya son jóvenes y comienzan a alejarse de nosotros, algunos se lamentan de no haberse tomado más tiempo para estar con ellos. La enseñanza aquí es esta: Busca vivir a plenitud:
- Con la conciencia de que la juventud se quita. Alguien dijo que la juventud es una enfermedad que sólo se quita con el tiempo. No estoy de acuerdo con la idea de que es una enfermedad pero sí con la idea de que se quita con el tiempo. Nadie es joven por siempre. Muchos han buscado el elixir de la eterna juventud, y hasta ahora, lo más que se ha logrado es un par de novelas de ficción que hablan del asunto, pero nadie ha logrado postergar su juventud ni un solo día. Podemos conservar el entusiasmo, el idealismo, un poco la salud y la fuerza pero nunca la juventud, esa se va irremediablemente. El Señor Jesús quería que Pedro fuera consciente de ello y nosotros también debemos sentirnos aludidos con la enseñanza.
- Con la conciencia de la realidad de la muerte. Si la juventud pasa, la vida misma pasa también. Grandes y pequeños, fuertes y débiles, ricos y pobres, sabios y necios, cultos e ignorantes, hombres y mujeres, ancianos, jóvenes y niños, todos tendremos que comparecer ante el Señor todopoderoso un día, a través de un acto natural llamado muerte. Nadie debería vivir ignorando esta verdad. Se dice que los sabios de la antigüedad solían tener en su escritorio un cráneo humano para que nunca se les olvidara que irremediablemente morirían. Se dice de un hombre poderoso que ordenó a uno de sus esclavos a estar junto a él y que cuando estuviera ante alguna cosa maravillosa o nueva, le dijera “recuerda que eso también pasará”. El cristiano no necesita de cráneos humanos ni de esclavos, tiene la conciencia que la Palabra de Dios le imparte.
- En la conciencia de que el “hoy” es todo lo que existe. Hay quienes hablan tan vehementemente del pasado que parece que lo pueden tocar; pero, aunque el pasado es importante, ya no está aquí, y todo lo que tenemos es el instante en que vivimos. Por ejemplo, no podemos alumbrar un cuarto oscuro con la luz de una lámpara encendida ayer. Podemos tocar las consecuencias del pasado, pero el pasado ya se nos fue. No te estanques en el amor de ayer; ama hoy, no te conformes con tu fe de ayer, sigue creyendo hoy. Otros prefieren vivir en el futuro, se la pasan hablando de lo que harán sin hacer nada el día de hoy para lograrlo mañana. Viven la ilusión de un tiempo que aún no existe. Ahora bien, no está mal proyectar la vida, soñar y hacerse ilusiones, pero siempre debemos tener la conciencia de que hoy es lo único que existe y debemos aprovecharlo.
El Señor confrontó a Pedro y a nosotros también con esta verdad, el tiempo corre y la juventud se nos va, la vida física no retoña y debemos aprovechar cada oportunidad, cada instante para vivir a plenitud. La exhortación final del Señor, después de haber hablado de ello es esta: sígueme. Ante la realidad de lo limitado de nuestra vida no hay más que hacer que seguir al Señor. ¡Síguele!
10.3. Cumple con tu misión Jn.21:20-25
Este es el último incidente del evangelio de Juan y tiene tres elementos importantes: la plática de Pedro con el Señor respecto a Juan, la idea equivocada de la inmortalidad de Juan y la ratificación del testimonio de Juan respecto al evangelio. En todo ello encontramos una exhortación a cumplir con la misión de vida.
Aunque otros no lo hagan. “¿Qué te importa?” Es lo que le dijo el Señor a Pedro respecto a Juan. Debemos seguir al Señor sin importarnos lo que los demás hacen o dejan de hacer. El problema de muchos cristianos es que son típicamente “consensuales” sólo viven por el consenso, hacen o dejan de hacer por lo que ven hacer o dejar de hacer a otros. Es impor








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