¿Quién es Dios?

«Es necesario que Dios sea en nuestra mente el mismo Dios que es en el universo»

A.W.Tozer

Siendo apenas una niña, asombrada por la belleza de una linda tarde pregunté a mi abuela: ¿Quién creó esas nubes? Las creó Dios, me dijo.

Ya sabía la respuesta, había oído hablar de él, pero quería que me dijera algo más.

Infelizmente mi abuela no conocía mucho, solo unas cuantas cosas que otros le habían dicho, y un poco que ella misma le había incorporado a la personalidad de ese dios en quien creía.

Con el mismo deseo de saber la verdad sobre ese Ser que las personas llamaban Dios continué indagando y recibiendo respuestas que fueron aumentando la complejidad de acuerdo a quienes me respondían.

Aún hoy, veinte años después de entregar mi vida al Señor y aceptarlo como mi Salvador personal, me sigue impresionando la persona de Dios.

Las preguntas eternas que siempre me hice: ¿Quién es Dios? ¿Cómo es? ¿Qué espera de mí?, me han llevado a un acercamiento feliz a la persona más maravillosa y diferente de todo cuanto existe y me rodea.

Nuestra inquieta mente quiere saber, se hace preguntas, gusta de hacer comparaciones y trata de encontrar parecidos entre las cosas para poder explicarlas mejor.

A qué comparar al Majestuoso Dios creador de todo. Imagen de Maykel Espinosa

Con Dios hacemos lo mismo. El profeta Isaías recoge la siguiente pregunta hecha por Dios: ¿A qué, pues, me haréis semejante o me compararéis? dice el Santo. (Is 40:25)

A Dios lo compara el hombre con un padre amoroso o con un tirano que lo vigila, con un vigilante eterno que solo desea «aguarles la fiesta» o con un amoroso pastor que cuida a su rebaño.

Pero no está mal que lo comparemos y tratemos de establecer semejanzas entre Él y las cosas que conocemos para entenderlo mejor; Dios mismo hace comparaciones en su Palabra para hacernos más comprensibles su revelación.

Lo importante es que nuestro conocimiento de Dios esté basado en lo que solo Él puede decirnos de sí mismo y no en lo que podamos imaginarnos. Pues coincido con Tozer cuando dijo: «La esencia de la idolatría consiste en abrigar pensamientos de Dios que sean indignos de él».

De modo que solo en La Biblia, que es su Palabra, podemos encontrar fuente fidedigna sobre Él, y todo lo que de alguna manera contradiga, subvalore o transforme esa Palabra debe obviarse por más conveniente o lógico que le parezca a nuestra limitada e imaginativa mente.

Cara a cara

Conocer la verdadera persona de Dios, su carácter, sus atributos, sus planes para esta tierra de la que formamos parte, es un privilegio de inapreciable valor.

Eso sí, nada certero sabríamos de él si no se hubiera revelado, y aunque podamos saber sobre su persona, comprendemos que nuestro entendimiento aún es muy limitado.

No es iluso ni absurdo el deseo de conocer más de Dios, por el contrario, diría que es urgente, pues tiene repercusiones eternas.

La idea que tengamos sobre él modelará nuestra conducta, transformará nuestros sentimientos, nos ayudará a tomar decisiones, influirá en todos nuestros actos, y finalmente nos conducirán a un destino.

Cuando nos adentramos en el estudio de la persona de Dios comprendemos que es muy diferente a lo que algunos dicen de Él.

No podemos manipularlo, no podemos impresionarlo y no deberíamos subestimarlo. Dios es todo lo que nosotros no somos y sin embargo tenemos parecido a Él; fuimos creados a su imagen y semejanza por lo que compartimos cosas en común, y aunque el pecado ha logrado nublar ese parecido, no ha podido eliminarlo.

Entre sus atributos están su sapiencia sublime, su poder infinito, su presencia eterna. También es amor, es fiel, es santo, es celoso, es justo, es bueno, y todo esto lo es en un grado superior, incomparable.

Su majestad, soberanía y grandeza difícilmente puede comprenderla nuestra mente finita. Sin embargo, esa Persona increíble creadora de todo lo que existe, escucha nuestras sencillas oraciones, responde a nuestras plegarias, entregó a su Hijo unigénito en favor de la humanidad y desea entablar una relación de amor con el hombre a quien creó y quien le debe la existencia.

Realmente no deja de impresionarme el Señor. Es triste que tantas personas se conformen con escuchar las supersticiones que cuentan algunos y los supuestos que creen otros, y no vayan con corazones abiertos en busca de la fidedigna revelación que presenta la Biblia de Su persona y Su obra.

Quien sí lo ha hecho nunca se ha decepcionado.

Mi abuela lo comprendió finalmente muchos años después de aquella infantil pregunta, y pudo depositar su fe y su esperanza en el verdadero Dios del universo.

«Gracia Señor, mi corazón y mi alma te agradecen poder haberte conocido, gracias por tu revelación gloriosa».

«Si no hubieras hablado ¿Qué sería

oh Señor, esta vida miserable,

sino enigma cruel, impenetrable

que el alma sin creencias odiaría?»…

                                                         Carlos Araújo

Tomado de MaranataCuba

Deja un comentario

Tu email nunca se publicará.

MaranataCubaTV

Ya estamos en Youtube, únete al canal