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Niegan la Trinidad

En el libro El plan divino de las edades (tomo V, p.p. 54 y 60) Russell afirma: “La doctrina de la Trinidad no está autorizada por la Palabra de Dios”. Pero, ¿es esto cierto?
¿A qué llamamos Santísima Trinidad? Tres personas divinas (El Padre, El Hijo, y El Espíritu Santo) y un solo Dios, no tres dioses, sino tres personas distintas una de otra en una sola naturaleza: la divina (un solo Dios). La verdad de la Santísima Trinidad es un misterio. Esto, en el lenguaje bíblico no significa algo oscuro o enredado o desconocido; sino algo revelado por Dios, tan luminoso y sublime que nuestra inteligencia no puede captar del todo, algo semejante a lo que nos sucede con nuestra vista, que no puede mirar al sol por su deslumbrante resplandor y lo endeble de nuestros ojos. El “misterio” puede ser explicado por la inteligencia humana, pero esta no posee la suficiente capacidad para explicarlo totalmente. De ahí que la mente humana nunca podrá explicar completamente el misterio de la Santísima Trinidad.
El teólogo cristiano que mejor ha explicado la Santísima Trinidad fue San Agustín; sin embargo, durante algún tiempo este hombre vivió angustiado porque no podía explicar completamente el misterio trinitario. Un día caminaba por la orilla del mar, apesadumbrado por su impotencia intelectual, al tratar de explicar completamente la Santísima Trinidad, cuando vio a un niño sacando en una vasija agua del mar y echándola en un hoyito que había abierto en la arena. El santo le preguntó qué hacía, a lo que el niño respondió: “Echo el mar en el hoyo”. San Agustín comprendió que era imposible echar en la pequeñez de la mente humana la inmensidad de la Santísima Trinidad. Por otra parte, el ser humano no puede explicar totalmente a Dios, como hace, por ejemplo, con un teorema geométrico. Si la mente humana pudiera comprender y explicar totalmente a Dios; entonces Dios no sería Dios. Por consiguiente, la mente humana solo puede comprender y explicar parcialmente a Dios.
El más grande de los misterios es sin duda el de la doctrina de la Santísima Trinidad. Es cierto que la palabra «Trinidad» no consta en las Sagradas Escrituras. En realidad este término fue introducido en el vocabulario cristiano mucho después de la épo¬ca apostólica para definir la verdad bíblica de Dios y para denunciar las herejías referentes a la persona de Cristo y del Espíritu Santo. Pero la Trinidad aparece claramente en la Biblia.
El tema es, en efecto, sumamente importante, y constituye uno de los fundamentos básicos de nuestra fe. Puede decirse que sin la Trinidad de Dios resul¬taría incomprensible, por no decir imposible, cuanto las Escrituras nos enseñan acerca de nuestra salva¬ción. Pero este no es un tema para especular, sino para adorar.
La doctrina de la Santísima Trinidad se halla clara¬mente contenida en la Biblia. Es cierto que no apa¬rece ni una sola vez la palabra «Trinidad» en los textos sagrados; pero la Trinidad Divina está pre¬sente en las páginas de la Biblia. Las Sagradas Escri¬turas no demuestran la Trinidad: la muestran. A continuación trascribimos un minucioso estudio sobre el tema del erudito bíblico Stuart Olyott:
Esta doctrina ha sido enseñada y sostenida por la Iglesia cristiana desde los primeros tiempos, siendo normalmente expresada en la siguiente fórmula: Dios es uno en esencia, pero subsiste en tres personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. O dicho de otra manera: Dios es único, pero existe eternamente con tres distinciones bajo la figura de personas. Debe admitirse que la palabra «personas», en este sentido trinitario, no está enteramente libre de objeción, pero parece cosa entendida por los escritores ortodoxos que no hay una palabra mejor. La objeción es que no puede aplicarse en su acepción común, esto es, como se aplica a los seres humanos. Por ejemplo, persona, en el uso ordinario del término, significa un ser distinto e independiente, así es que una per¬sona es un ser, y cien personas son cien seres. Pero en la Divinidad hay tres personas y UN SOLO SER.
Además, el vocablo «persona», para nosotros expre¬sa solamente —por lo general— la idea de persona¬lidad o individuo, pero la palabra griega para perso¬na, «prosopon», significa simplemente «apariencia, aspecto exterior visible de un ser humano, animal o cosa». Es decir, no se trata del ser mismo, sino de la apariencia o aspecto exterior visible de ese ser. Dicho de otro modo: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son tres manifestaciones o revelaciones que Dios hace de Sí mismo al mundo y por medio de las cuales el mundo puede ver y conocer a Dios.
Es verdad que el hecho —lo confesamos— sobre¬pasa a nuestra comprensión, pues no se conoce nada comparable en el mundo de nuestra experiencia. Por eso es fácil caer en ideas confusas y errores. Pero el hecho de que la doctrina de la Trinidad esté por encima de nuestra comprensión, no quiere significar que esté en contra de nuestra razón.
Todas las ilustraciones para explicar racionalmen¬te la Trinidad se prestan a establecer conceptos po¬bres e inadecuados. Sólo como ejemplo de la posibi¬lidad de combinar las ideas de unidad y pluralidad, pensemos en el rayo de luz, único, que al atravesar el prisma de cristal se descompone en los siete colo¬res del arco-iris.

La Trinidad y las ciencias exactas
Consideraremos ahora el Universo físico que debe¬ría reflejar a su Creador, como es lógico, de una manera muy íntima, y descubriremos que toda la Naturaleza parece haber sido diseñada para reve¬larnos la Trinidad. Todo lo conocido del Universo puede ser clasificado bajo los títulos de espacio, ma¬teria y tiempo. Ahora bien, el espacio, por lo menos en la medida en que lo comprendemos, consiste exac¬tamente de tres dimensiones, cada una igualmente importantes y absolutamente esencial. No habría espacio, ni realidad alguna, si hubiera solamente dos dimensiones. Existen tres dimensiones distintas, y con todo cada una de ellas abarca la totalidad del espacio. Sin embargo, hay un solo espacio. Nótese que para calcular el contenido cúbico de cualquier espacio limitado, no se suma la longitud más el ancho y más la profundidad, sino que se multiplican esas medidas. De modo análogo, la matemática de la Tri¬nidad no es 1 + 1+ = 1, como pretenden burlona¬mente los «Testigos de Jehová», sino: 1x1x1 = 1.
El doctor Nathan Wood, con un espíritu científico libre de las restricciones del «átomo material», pro¬puso lo que llamó «ley de la triunidad universal». Se trata de un estudio muy interesante. La ley que propone reconoce que existe una estructura básica en la creación universal. Se ve obligado a aceptar el ente físico y el espiritual, y a establecer entre ambos una estructura común obvia. La ciencia, anteriormen¬te, había insistido en la existencia de una sustancia común, pasando por alto la posibilidad de que esa estructura común fuera la clave más segura para la exploración de lo desconocido. Sin dejar de ser sim¬ple ni universal, la ley de la triunidad satisface cual¬quier demanda intelectual. Hela aquí en su expresión más simple:

Concepto: 1x1x1 = 1 Concepto: 1x1x0 = 0

Aplicación:
Largo X Ancho X Alto = Espacio
Energía X Movimiento X Fenómeno = Materia
Futuro X Presente X Pasado = Tiempo
Espacio X Materia X Tiempo = Universo
Padre X Hijo x Espíritu Santo = Dios

Como puede verse, cada unidad es absoluta en sí misma, pero ninguna podría existir por sí misma. Esta es la ley de la triunidad absoluta. Así como Dios es Tres en Uno, El ha implantado esta unifor¬midad en sus creaciones. No cabe duda de que esta estructura es «la huella de Dios».

Apelando a la Biblia
Pero para descubrir claramente el hecho de la Tri¬nidad Divina hemos de recurrir a la Biblia. En el Antiguo Testamento se enfatiza mucho la idea de un Dios único, en contraste con los múltiples dioses falsos de los paganos. Y el Nuevo Testamento corro¬bora este aspecto de la unicidad de Dios. El énfasis de la Biblia en este punto ha llevado a los «Testigos de Jehová» a rechazar la idea de la Trinidad; sin embargo, ésta aparece en la Biblia con la misma claridad que la anterior. Y estudiando el asunto a la luz de las Sagradas Escrituras, encontramos lo si¬guiente:
Que desde el principio de la Biblia, Dios se revela como un Ser único, pero múltiple a la vez. Es inne¬gable para todo conocedor de la lengua hebrea, que Elohim, el primer nombre con que se designa a la Divinidad, es un plural. Esta palabra que, en efecto, aparece ya en el primer versículo del Génesis, es ciertamente la forma plural del término Eloha. La mayor parte de los teólogos eminentes por su piedad y por su saber, han visto en este vocablo un indicio de pluralidad de personas en la naturaleza divina. El sabio rabino judío Simeón-ben-Joachi, en su Co¬mentario sobre la sexta sección del Levítico, explica el valor de esta palabra, en estos notables términos: «Observad el misterio de la palabra Elohim; encierra tres grados, tres partes; cada una de estas partes es distinta, y es una por sí misma, y no obstante son inseparables la una de la otra; están unidas junta¬mente y forman un solo todo.»

Análisis de un texto revelador
En Deuteronomio 6:4 hallamos estas palabras no¬tables que cada judío temeroso de Dios está obligado a respetar cada día: «Oye, Israel: el Señor nuestro Dios, el Señor uno es.» Estas palabras son citadas, tanto por los judíos como por los «Unitarios» y los «Testigos de Jehová», como la prueba más absoluta contra los Trinitarios. Pero precisamente estas mis¬mas palabras, leídas en hebreo, constituyen toda una revelación, y contienen la más segura y clara prueba que pueda hallarse en toda la Biblia a favor de la Trinidad: «SCHEMA, ISRAEL: ADONAI ELOHENU ADONAI EJAD.»
En efecto, al analizar por vía de exégesis el texto original descubrimos tres partículas claves impor¬tantísimas que arrojan una luz deslumbradora para captar el profundo sentido de esta solemne declara¬ción, lo cual —¡maravillosa prueba filológica de inspi¬ración verbal!— nos demuestra que Dios sabía lo que hacía cuando inspiró a Moisés escribir estas palabras y no otras. Veamos:

ADONAI: literalmente significa: «Mis Señores» (de «Adon»: Señor, y «ai»: Mis).
ELOHENU: es conjunción posesiva del pronombre de la primera persona del plural que se designa, significando: «Nuestros Dioses.»
EJAD: expresa la idea de unidad colectiva.

En hebreo se usan dos palabras para indicar el significado de uno. La palabra uno, en el sentido de único, es decir, que se emplea para designar una unidad absoluta, es «JACHID». (Jueces 11:34.) Este término nunca es usado para designar la unidad divina. En cambio, cuando dos o varias cosas se con¬vierten en una por una íntima unión o identificación, el vocablo hebreo que se emplea en la Sagrada Escri¬tura es «EJAD», que significa una unidad compuesta de varios. (Gen. 2:24; Jue. 20:8.) Esta palabra es la que siempre se usa para designar la unidad divina.

Por lo tanto, nuestro texto, literalmente vertido <{cl original hebreo, quedaría traducido correctamente así: «ESCUCHA, ISRAEL: MIS SEÑORES NUES¬TROS DIOSES, MIS SEÑORES UNO COMPUESTO ES.»

Es muy interesante saber que uno de los libros sa¬grados de los judíos, «El Zohar» («Esplendor»), libro escrito por Moisés de León, base de la «Quabbalah» («Tradición»), hace el siguiente comentario acerca de Deuteronomio 6:4:
«¿Por qué hay necesidad de mencionar el nombre de Dios por tres veces en este versículo? La primera vez, Jehová, porque es el Padre de los cielos; la se¬gunda vez, Dios, porque es un título del Mesías, la vara del tronco de Isaí que ha de venir por David, de la familia de Isaí; y la tercera vez, Jehová, porque es el que nos enseña a caminar aquí en la tierra. Y estos tres son uno.»

Símbolos y figuras de la Trinidad
Hallamos en casi toda la Biblia la idea de la plura¬lidad de personas divinas, lo cual significa que la doctrina de la Santísima Trinidad tiene su apoyo en las Sagradas Escrituras desde el Génesis hasta el Apo¬calipsis.
Tres veces —nada menos que tres veces— se usa en los once primeros capítulos de la Biblia el plural NOS para designar a la Divinidad. La primera vez se habla de la pluralidad de personas divinas en relación con la creación del hombre: Gen. 1:26; la segunda vez en relación con el pecado del hombre: Gen. 3:22; y la tercera vez en relación con el juicio de los hombres: Gen. 11:7.
Resulta curioso e instructivo notar que las tres grandes fiestas religiosas celebradas tres veces al año por el pueblo judío, muestran también un símbolo de la gloriosa Trinidad: la Fiesta de los Tabernácu¬los: Dios Padre; la Fiesta de la Pascua: Dios Hijo; y la Fiesta de Pentecostés: Dios Espíritu Santo.
He aquí algunos textos iluminadores y harto con¬vincentes en los que se mencionan claramente a las tres divinas personas juntas: Gen. 1:1-3; Sal. 33:6; Isa. 48:16 (comparado con 1 de Co. 12:3-6 y Efe. 4:4-6); Mat. 3:13-17; 28:19; 2 de Co. 13:14; Efe. 2:18; Ap. 1:4-5. Curiosa la experiencia de Jacob en aquel com¬bate que sostuvo cuerpo a cuerpo con Dios. Jacob vio al Señor cara a cara en una Teofanía y habló con El. Pero lo que no dice un escritor, lo agrega otro y arroja más luz sobre un pasaje. Y así Oseas nos muestra el contexto del episodio de la lucha de Jacob con Jehová, y nos dice: «Venció al ángel, y prevaleció; lloró, y le rogó; en Bet-el le habló, y allí habló con nosotros» (12:4). Notemos el extraño plu¬ral. ¿No nos sugiere otra vez la pluralidad de perso¬nas divinas de la Trinidad?, veamos otras (Romanos 15:16) y (Romanos 15:30).

La Trinidad en acción
El Padre es toda la plenitud de la divinidad invi¬sible: Jn. 1:18; el Hijo es toda la plenitud de la divinidad manifestada: Jn. 1:14-18 y Col. 2:9; el Espí¬ritu Santo es toda la plenitud de la divinidad obrando directamente sobre la criatura: 2 Co. 2:9-16.
En Efesios 1:3 al 14, vemos a la Trinidad obrando para el hombre:
La obra del Padre: bendice (v. 3), escoge (v. 4), pre¬destina (v. 5). ¿Para qué? Para alabanza de su glo¬ria (v. 6).
La obra del Hijo: redime por su sangre (v. 7), per¬dona los pecados (v. 7), descubre el secreto de su voluntad (v. 9), reúne todas las cosas en El (v. 10). ¿Para qué? Para alabanza de su gloria (v. 12).
La obra del Espíritu Santo: sella (v. 13). ¿Para qué Para alabanza de su gloria (v. 14).
Por lo tanto, el Padre ejerce la soberanía y decreta los consejos determinados por la Trinidad: 1 Co. 15:24-28 y Efe. 1:3-6; el Hijo ejecuta los consejos divinos: He. 10:7; y el Espíritu Santo los desarrolla y aplica. Lo expuesto se pone de manifiesto tanto en la Creación como en la Redención.

Considerando un texto clave
Se impone aquí un pequeño comentario en torno al texto de Mt. 28:19: «Bap tizón tes autous eis to onoma tou Patros kai tou Uiou kai tou Agion Pheu-matos»: «Bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Santo Espíritu.» Notemos que el bautismo cristiano está conectado con el nombre de cada persona de la Divinidad. No hay una interpre¬tación propia de este lenguaje que no coloque en igualdad al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Si se reconoce la Deidad de una de estas personas, queda reconocida la de las tres. Es imposible hacer una distinción válida con respecto a la igualdad y seme¬janza. Si la Deidad del Padre es reconocida por todos los que creen que hay un Dios, con respecto al Hijo y al Espíritu ¿quién podría oír sin horrorizarse que el nombre de un profeta o un ángel sustituía al de uno de ellos? ¿Por qué? Por causa de la inconsecuen¬cia impía de exaltar a una criatura hasta igualarla con Dios. ¿Cómo sonaría, por ejemplo, esta rórmula bautismal?: «Bautizad en el nombre del Padre, y de Moisés, y de una fuerza activa.» ¿No sería esto una blasfemia grosera?
Pero el nombre del Hijo y el nombre del Espíritu Santo están juntos con el del Padre, y la unión es tan importante, que la validez del bautismo es insepa¬rable de ella. Si el Padre es Dios, el Hijo y el Espíritu deben ser Dios también, porque de lo contrario el texto pierde su sentido natural. Asimismo, si el Padre y el Hijo tienen personalidad, debe igualmente tener¬la el Espíritu, pues sería absurdo bautizarse en el nombre (?) de una «fuerza» o de una mera «influen¬cia», en conexión con el nombre del Padre y del Hijo. Está clarísimo que, en la última comisión de Cristo, la referencia al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, es a personas, y no a «energías activas», pues¬to que las influencias, por carecer de personalidad, no pueden tener nombre propio. Que el Espíritu San¬to tiene atributos de personalidad propia, es una ver¬dad irrefutable a la luz de los textos bíblicos, pues lo que hace el Espíritu no puede hacerlo una mera influencia impersonal. Al Espíritu Santo se le atri¬buye una mente: Ro. 8:7-27; habla y comisiona: Hch. 10:19-20 y Ap. 2:7; intercede: Ro. 8:26 y He. 7:25; llama, selecciona y da órdenes: Hch. 13:2-4; aprueba decisiones: Hch. 15:28; prohíbe y cuida: Hch. 16:6-7; dirige: Hch. 20:28; enseña y recuer¬da: Jn. 14:26; redarguye al mundo de pecado: Jn. 16:8; distribuye dones según su voluntad: 1.a Co. 12:11; puede ser entristecido: Efe. 4:30; resistido: Hch. 7:51; insultado: He. 10:29; mentido: Hch. 5:3; blasfemado y ofendido: Mat. 12:31-32. Por lo tanto, si el Espíritu Santo puede expresarse hablan¬do, es porque tiene personalidad; si distribuye dones como El quiere, denota voluntad; si enseña, indica que posee inteligencia; si consuela, denota emociones; si recuerda, indica conocimiento; si redarguye, es porque tiene discernimiento de las cosas; y si está dotado de la capacidad de amar (Ro. 15:30), es por¬que posee sentimientos. ¿Puede una fuerza imperso¬nal tener todas estas facultades y ser además testigo de algo? Jn. 15:26; Hch. 5:32.

Profundizando en la fórmula bautismal
Resulta asimismo interesante profundizar más en las cláusulas de esta fórmula del bautismo cristiano. Porque entonces descubrimos que la frase misma, y, sobre todo, el acusativo griego «eis to onoma» (al nombre, hacia el nombre, o con referencia al nom¬bre), indica que el testimonio bautismal simboliza y expresa una consagración a las tres Personas divinas, una alianza con cada una de ellas.
Notamos que siendo la referencia a tres distintos, separados igualmente por la conjunción «y» y el ar¬tículo «del» (en griego «kai» y «tou»), al mismo tiem¬po el bautismo se administra por igual en nombre de los tres, porque los tres tienen personalidad y son divinos, el unísono que distintos.
En efecto, observemos que hay un solo nombre común a tres Personas perfectamente distinguibles por los ya citados y respectivos artículos determina¬tivos («tou»: del) y la repetición de la conjunción copulativa («kai»: y) que las separa. Y por cuanto son diferentes, decimos que son tres Personas, pues eso significa «en el nombre», o sea, en la persona de cada uno de ellos; de ahí que están en genitivo.
Sin embargo, el nombre en singular (notemos bien: no «en los nombres») unifica a las tres Personas, indicando que los tres (Padre, Hijo y Espíritu Santo) participan de la misma esencia divina. Por eso se afirma que son tres Personas distintas, pero pose¬yendo una misma y única naturaleza divina, es de¬cir, que son un solo Dios.
Además, sabemos que en la lengua hebrea bíblica no existe el término «persona». Para expresar tal idea se tenía que decir: «un hombre», «un alma», «una cara», o «un nombre». Así, por ejemplo, para los hebreos el nombre de Dios equivalía a la perso¬na de Dios (Génesis 46:26, Éxodo 20:7, Hechos 1:15).
El nombre es, pues, en oriente la expresión de lo que es la persona. Por eso «nombre» equivale —muchas veces— a naturaleza intrínseca del ser.
De modo que, «bautizándolos en el nombre», inclu¬ye la personalidad esencial de los tres que se men¬cionan. Se ve claramente aquí que el Espíritu Santo es también una Persona divina.
Por otra parte, nos dicen los psicólogos que para que haya personalidad se necesitan tres cosas, que son precisamente las que tiene el Espíritu Santo:

Inteligencia: Isaías 11:2, Efesios 1:17.
Sensibilidad: Isaías 63:10, Efesios 4:30.
Voluntad: 1.a Corintios 12:11.

Comparando las tres Divinas Personas a un nivel de común igualdad.
Finalmente, consideramos algunos de los títulos, perfecciones, obras y hechos atribuidos igualmente a cada una de las tres personas de la Trinidad Divi¬na. Creemos que con ello, la evidencia trinitaria se hace irrefutable a la luz de la Palabra de Dios.
Los cristianos tenemos un Padre que es llamado Dios: Ro. 1:7; Efe. 4:6. Un Hijo que es llama¬do Dios: Ro. 9:5; Tito 2:13; He. 1:8. Un Espíritu Santo que es llamado Dios: Hch. 5:34; 28:25-27, comparado con Isa. 6:8-10. Y si son llamados Dios es porque los tres son el mismo Dios.
El nombre de Dios el Padre es Jehová: Neh. 9:6. El Hijo es llamado también Jehová: Jer. 23:5-6. También es llamado Jehová (Isaías 48:12-16). Y el Espíritu Santo igualmente es identificado con el nombre de Jehová: He. 3:7-9 comparado con Ex. 17:7.
El Padre como Jehová Dios: 2 S. 7:22; Ose. 13:4. El Hijo como Jehová Dios: Jn. 20:28. (Al di¬rigirse a Cristo con esta reverente expresión, el após¬tol Tomás le está aplicando el título y el nombre sagrados que únicamente pertenecen a Jehová Dios). El Espíritu Santo como Jehová Dios: Hch. 7:51 com¬parado con 2.a Rey. 17:14.
El Padre es el Dios de Israel: Sal. 72:18. El Hijo es el Dios de Israel: Lc. 1:16-17 (los pecadores se convertían a Cristo); v. 68 comparado con Zac. 2:10 y Jn. 1:14. El Espíritu Santo es el Dios de Israel: 2. S. 23:2-3.
El Padre es nuestro Señor: Gen. 15:2; Mar. 12:29. El Hijo es nuestro Señor: Hch. 10:36; 1 Co. 8:6; Fil. 2:11. El Espíritu Santo es nuestro Señor: 2 Co. 3:16-17. Entonces, ¿cuántos Señores tenemos los cre¬yentes? Mat. 4:10; 6:24; Efe. 4:5.
El Padre es eterno: Sal. 90:2; 93:2; He. 1:10-12. El Hijo es eterno: Jn. 1:1; 8:58; He. 1:10-12; 7:3; 13:8. También queda clara la eternidad del hijo (Hebreos 7:3).El Espíritu Santo es eterno: He. 9:14.
El Padre es omnipotente: Gen. 17:1; 2.a Crón. 20:6; Efe. 1:19. El Hijo es omnipotente: Mat. 28:18; Efe. 1:20-23; Ap. 1:8 (comparar con v. 7 y vs. 11,17 y 18); 3:7 (comparado con Hch. 3:14 y Ap. 19:11-13). El Espíritu Santo es omnipotente: Isa. 30:27-28; Zac. 4:6; Ro. 15:13-19.
El Padre es omnipresente: Jer. 23:-24; He. 4:13. El Hijo es omnipresente: Mat. 18:20; 28:20; Jn. 3:13. El Espíritu Santo es omnipresente: Sal. 139:7-12; Jn. 14:17; 1 Co. 3:16.
El Padre es omnisciente: Sal. 139:1-6; Dan. 2:20-22. El Hijo es omnisciente: Jn. 16:30; 21:17; Col. 2:2-3. El Espíritu Santo es omnisciente: Jn. 14:26; 1 Co. 2:10-11; 1.a Jn. 2:20-27.
El Padre es la vida: Sal. 36:9; Hch. 17:25-28. El Hijo es la vida: Jn. 1:4 (literalmente: «En auto zoe en»: «En El (la) vida era»); 11:25; 1 Jn. 5:12. El Es¬píritu Santo es la vida: Job 33:4; Ro. 8:2-11.
El Padre es el Creador: Gen. 1:1; Isa. 44:24; 45:12-18; 48:12-13; Neh. 9:6. El Hijo es el Creador: Jn. 1:3; Col. 1:15-17; He. 1:2; 11:3 (comparar con Gen. 1:3: «Y dijo Dios»: la Palabra, el Verbo eterno; y con 1:26 también de Gen.). El Espíritu Santo es el Creador: Gen. 1:2-26; 2:7; Mal. 2:15; Job 33:4; Sal. 104; 27-30.
El Padre es el Salvador: Isa. 43:3-11; 45:21; Luc. 1:47; Tito 3:4. El Hijo es el Salvador: Mat. 1:21; Lúe. 2:11; Tito 2:13. El Espíritu Santo es el Salvador: 1 Co. 6:11 comparado con 1 Jn. 1:7; Hb. 9: 14; Tito 3:5. (La salvación es, pues, atribuida a cada una de las personas de la Trinidad: 2 Co. 1:21-22).
El Padre es el Pastor: Sal. 23:1; Ez. 34:11-12; el Hijo es el Pastor: Juan 10:11-14-16; el Espíritu Santo es el Pastor: Is. 63:14. (¿Puede pastorear una fuerza impersonal?)
El Padre es el autor de la regeneración: Jn. 1:12-13. El Hijo es el autor de la regeneración: 1 Jn. 2:2*?. El Espíritu Santo es el autor de la regeneración: Jn. 3:5-6. (En la operación del nuevo nacimiento espiri¬tual interviene, por tanto, la Trinidad: Tito 3:4-6).
El Padre obró la resurrección de Jesucristo: 1 Co. 6:14. El Hijo obró su propia resurrección: Jn. 2:19-22; 10:17-18. El Espíritu Santo obró la resurrección de Jesucristo: Ro. 8:11; 1 P. 3:18 (literalmente: «zoopoietheis de Pneumati»: «por otra parte vivificado por (el) Espíritu», pues se trata de un dativo agente que hace de instrumental, ya que para expre¬sar que Cristo fue sólo vivificado en espíritu, como traducen algunas versiones, el texto griego diría: «kata pneuma»).
Los hijos de Dios tenemos comunión con cada una de las personas de la Trinidad: nuestra comu¬nión es con el Padre y el Hijo (1.a Jn. 1:3); y con el Espíritu Santo (Fil. 2:1 y 2 Co. 13:14).
El Padre y el Hijo habitan en los creyentes, y nuestro cuerpo es templo de Dios y de Cristo: Jn. 14:23; Ap. 3:20; 1 Co. 3:16; 2 Co. 6:16; Gal. 2:20; Efe. 3:17. El Espíritu Santo habita en los cre¬yentes y nuestro cuerpo es su templo. Jn. 14:16-17; Rom. 8:9; 1 Co. 3:16; 6:19.
Moisés dijo: Las cosas secretas pertenecen a Jehová, nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley (Dt 29.29). Como dijo Warren W. Wiersbe “lo importante no es saber todo lo que Dios sabe, sino hacer todo lo que Dios dice que hagamos. Porque en parte conocemos (1 Co 13.9).”
Quiera el Espíritu Santo, que vive en la persona de cada creyente nacido de nuevo, y que se halla presente en la tierra para glorificar a nuestro Señor Jesucristo, iluminar con este capítulo a esas almas extraviadas en los errores perniciosos de los secta¬rios de Brooklyn, para que puedan así participar del verdadero conocimiento de Dios y gozar de la pose¬sión de la vida eterna por la fe que es en Cristo Jesús. Como conclusión: «Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay di¬versidad de operaciones, pero Dios que hace todas las cosas en todos, es el mismo» (1 Co. 12:4-6).

2 comentarios

    • junior on 5 agosto, 2014 at 8:45 am
    • Responder

    Hola, mi nombres es Junior. Mi interés no es la discusión, sino el razonamiento saludable mediante la Biblia, así como hacia Pablo. “Según tenía por costumbre Pablo, pasó adentro a ellos, y por tres sábados razonó con ellos a partir de las Escrituras.” (HECHOS 17:2.). Ahora bien, no solo yo, sino todo cristiano honrado debe de tener en cuenta 1 Tesalonicenses 5:21; “Asegúrense de todas las cosas; adhiéranse firmemente a lo que es excelente”. O sea, siempre debemos confirmar lo que nos dicen y asegurarnos de que estamos en la verdad. Con estos principios antes expuestos, respondo a tus investigaciones profundas sobre la trinidad.

    Según mi humilde entendimiento he resumido tu estudio en 5 puntos…Según tu estudio existe la trinidad porque:

    1-Esta doctrina ha sido enseñada y sostenida por la Iglesia cristiana desde los primeros tiempos.

    Es interesante el hecho, que la no creencia en la trinidad es tan antigua como la primera. Arrio (256 – 336) fue un presbítero de Alejandría (Egipto), probablemente de origen libio, fundador de la doctrina cristiana conocida comoarrianismo.Este se enfrentó a su obispo proclamando que Dios (el Padre) había creado de la nada al Logos (su Hijo); que «hubo un tiempo en que el Hijo no existía», y que por tanto el Hijo era una creación de Dios y no era Dios mismo.

    ¿Sabías que…? En el siglo XVI había intensos movimientos antitrinitarios en Europa. Por ejemplo, el húngaro FerencDávid (1510-1579) sabía y enseñaba que el dogma de la Trinidad no era bíblico. Debido a sus creencias murió en prisión. 2) La Iglesia Reformada Menor, que por unos cien años prosperó en Polonia en los siglos XVI y XVII, también rechazaba la Trinidad, y sus adherentes distribuyeron literatura por toda Europa, hasta que los jesuitas lograron que se les desterrara de Polonia. 3) En Inglaterra, sir Isaac Newton (1642-1727) rechazó la doctrina de la Trinidad y para ello escribió con detalle las razones tanto históricas como bíblicas; sin embargo, no hizo publicar sus escritos mientras vivía, obviamente por temor a las consecuencias. En Estados Unidos, Henry Grew, entre otros, denunció la Trinidad como una doctrina antibíblica. En 1824 trató ampliamente este asunto en su libro AnExamination of the Divine Testimony Concerningthe Character of the Son of God (Examen del testimonio divino sobre la naturaleza del Hijo de Dios).

    Miguel Servet (1509 – 1553)Sus intereses abarcaron muchas ciencias: astronomía, meteorología, geografía, jurisprudencia, teología, física y el estudio de la Biblia, matemáticas, anatomía y medicina. Parte de su fama posterior se debe a su trabajo sobre la circulación pulmonar descrita en su obra Christianism iRestitutio. Expresó que “en la Biblia no hay menciones a la Trinidad […]. Nosotros conocemos a Dios no por nuestras orgullosas concepciones filosóficas, sino a través de Cristo” También llegó a la conclusión de que el espíritu santo no es una persona, sino la potencia de Dios actuando. Como puedes ver, no es un dogma inventado por los Testigos de Jehová, es una creencia del tiempo de los cristianos primitivos y que ha pasado de generación en generación hasta nuestros días.

    ¿Qué origen tiene la doctrina de la Trinidad?

    En TheEncyclopedia Americana leemos: “El cristianismo se derivó del judaísmo y el judaísmo era estrictamente unitario [creía que Dios era una sola persona]. El camino que llevó de Jerusalén a Nicea (314 d.c) difícilmente fue recto. El trinitarismo del siglo IV no reflejó con exactitud la enseñanza del cristianismo primitivo respecto a la naturaleza de Dios; manifestó, al contrario, un desvío de esta enseñanza” (1956, tomo XXVII, pág. 294L).

    De acuerdo con el NouveauDictionnaireUniversel: “La trinidad de Platón, en sí meramente un rearreglo de trinidades más antiguas que se remontan hasta pueblos más primitivos, parece ser la trinidad racional de atributos de índole filosófica que dio origen a las tres hipóstasis o personas divinas respecto de las cuales enseñan las iglesias cristianas. […] El concepto que tuvo este filósofo griego [Platón, del siglo IV a. de la E.C.] de la divina trinidad […] puede encontrarse en todas las religiones antiguas [del paganismo]” (París, 1865-1870, edición dirigida por M. Lachâtre, tomo 2, pág. 1467).

    La New CatholicEncyclopedia declara: “La formulación ‘un solo Dios en tres Personas’ no quedó firmemente establecida, y ciertamente no se asimiló por completo en la vida cristiana ni en su confesión de fe, antes del fin del siglo IV. Pero es precisamente esta formulación la que originalmente reclama el título del dogma trinitario. Entre los Padres Apostólicos, no había existido nada que siquiera remotamente se acercara a tal mentalidad o perspectiva” (1967, tomo XIV, pág. 299).

    2- el rayo de luz, único, al atravesar el prisma de cristal se descompone en los siete colores del arco-iris. Así que, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son tres manifestaciones o revelaciones que Dios hace de Sí mismo al mundo

    Una ilustración bastante interesante, si la biblia confirmara la trinidad no me seria difícil aceptarla porque Jehová es todopoderoso y no hay nada que le sea imposible…

    3-La ley de la triunidad universal es «la huella de Dios».

    Esa ley está tomando los datos que le convienen, porque ¿cuantos conceptos y objetos de la naturaleza no están formados por más de 3 elementos?

    Concepto: 1x1x1x1x1x1x1x1x1x1x1 = 1
    • El oxígenoestá formado por 9 átomos,
    • La atmosfera está formada por Nitrógeno, Oxígeno, argón (Ar), Dióxido de carbono, Ozono, Vapor de agua y Otros gases.
    • Las frutas están formadas por muchas sustancias diferentes
    • Nuestro cuerpo está formado por elementos y sustancias que exceden por mucho el número 3, etc. etc…
    Así que esa supuesta huella en la creación de Dios no es más que el deseo de ver la trinidad. Porque yo también podría observar elementos únicos para demostrar que Dios no es una trinidad, como:
    Concepto: 1 = 1
    • El Hidrógeno solo tiene un átomo,Hidrógeno = átomo
    • Nuestro sistema solar solo tiene un Sol, Sistema Solar = Sol
    • Nuestro planeta solo tiene una luna, Tierra = Luna
    etc, etc, etc…

    4-El término hebreo para referirse a Jehová, Elohim (dioses), es un plural.

    En las Escrituras Hebreas la palabra ʼelóh•ah (dios) tiene dos formas plurales, a saber, ʼelo•hímאלהים(dioses) y ʼelo•héh (dioses de). Por lo general estas formas plurales aluden a Jehová, y en ese caso se traducen en singular, “Dios”. ¿Indican una Trinidad esas formas plurales? No, no lo hacen. En A Dictionary of theBible, William Smith dice: “La caprichosa idea de que [ʼelo•hím] se refería a la trinidad de personas en la Deidad difícilmente cuenta ahora con apoyo entre los eruditos. Es o lo que los gramáticos llaman el plural mayestático, o denota la plenitud de fortaleza divina, la suma de los poderes que Dios despliega”. ʼElo•hím no significa “personas”, sino “dioses”. Por eso, los que afirman que esa palabra da a entender una Trinidad se convierten en politeístas, adoradores de más de un solo Dios. ¿Por qué? Porque el término significaría que habría tres dioses en la Trinidad.

    La Biblia usa también las palabras ʼelo•hím y ʼelo•héh para referirse a varios dioses-ídolos falsos. (Éxodo 12:12; 20:23.) Pero en otras ocasiones puede referirse a un solo dios falso, como cuando los filisteos aludieron a “Dagón su dios [ʼelo•héh]”:

    “Entonces los principales de los filisteos se juntaron para ofrecer sacrificio a Dagón su dios y para alegrarse; y dijeron: Nuestro dios אלהיהם entregó en nuestras manos a Sansón nuestro enemigo.”
    (Jueces 16:23, 24.) Es bien sabido que no existía un Dagon Padre, Hijo y espíritu, ¿no crees?

    Se llama a Baal “un dios [ʼelo•hím]” (1 Reyes 18:27).En 1Reyes 11:5 a la “diosa” Astoret yen Daniel 1:2b a Marduk. Además, el término se usa para aludir a humanos. (Salmo 82:1, 6.) A Moisés se le dijo que él serviría de “Dios [ʼelo•hím]” para Aarón y para Faraón. (Éxodo 4:16; 7:1.)En Génesis 42:30 se habla de José como el “señor” (’adho•neh′, el plural de excelencia) de Egipto.

    El griego no tiene un ‘plural de majestad o excelencia’. Por consiguiente, en Génesis 1:1 los traductores de la Septuaginta usaron ὁ θεὸς (hoThe•os Dios, en singular) como el equivalente de ’Elo•him′. En Marcos 12:29, donde se reproduce una respuesta de Jesús en la que citó Deuteronomio 6:4, se usa igualmente el singular griego hoThe•os′.

    ¿Te parece razonable mi explicación?

    5-Hallamos en casi toda la Biblia la idea de la pluralidad de personas divinas
    Este punto te lo respondo más adelante…

    Un abrazo y que Jah te acompañe…

    JJ

    PD:no me respondas al email pq no lo reviso…

  1. Junior el problema con respecto a esto está en la versión de biblia que tu escojas, Si escoges una basada en el texto de Orígenes (gnóstico(el gnosticismo lo fundó Simón Mago(el mismo simón mago de samaria que chocó con pedro))) entonces tienes una biblia unitaria sin un cristo siendo Dios, sin un Cristo con una resurrección carnal, etc, etc… Si escoges un Textus receptus: RV1865, RV1960, RVA1909, RV2000, RV1995, KJV Antigua, etc… entonces tienes un Dios trino, un cristo resucitado en carne y que derramó su sangre redentora por tus pecados y que es Dios desde el principio.
    Con respecto a lo de que los judíos creían en un dios unitario esto no es así:
    1 Los Saduceos que eran influenciados por la doctrina de Alejandría desde la época de cristo o quien sabe desde cuando eran unitarios y no creían en la resurrección.(estaban influenciados por doctrinas que eran paganas y dieron posteriormente origen al gnosticismo) de ahí viene la biblia católica y la traducción del nuevo mundo de las escrituras. Pero como no pudieron modificar el AT, en el AT les puedes demostrar fácilmente que hay 2 Jehová casi en toda la biblia, en Sodoma y Gomorra, por ejemplo. Una parte importante de la demostración Bíblica de la trinidad radica en demostrar que el Ángel de Jehová es Jehová. por ejemplo quien habló desde la zarza a Moisés fue el Ángel de Jehová o fue Jehová
    2 Los Fariseos que eran la rama que Jesús aprobaba y de donde viene Pablo, eran Binitarios, pues creían en un Jehová menor y un Jehová mayor.
    El espíritu santo como Dios, que también es demostrable era en lo que ellos no creían.
    De todas formas Junior, yo no pienso hacer un conflicto de esto.
    Saludos y bendiciones.

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