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Fe Poderosa

Llaves que siempre liberan
¿Hay acaso algo que encierre más misterio o mayor utilidad que una llave? El misterio: «¿A qué corresponde? ¿Qué es lo que puede poner en marcha? ¿Qué logrará abrir? ¿Qué nuevo descubrimiento motivará?» La utilidad: «¡Algo ha de abrir, sin lugar a dudas, a quien la posea! ¡Algo descifrará, con toda seguridad, y dará lugar a una posibilidad que de otro modo sería nula!»
Las llaves
• Describen los instrumentos que usamos para acceder a algo o para hacerlo funcionar.
• Los conceptos que desencadenan posibilidades que asombran la mente.
Jesús mencionó ciertas llaves: «Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos» (Mateo 16:19)
Aunque no hay una lista específica de cuáles eran exactamente las llaves a las que Jesús se refería, está claro que confirió a su Iglesia —a todos los que creen— el acceso a una esfera de compañerismo espiritual con Él en el dominio de su Reino. Los estudiosos fieles de la Palabra de Dios, que se mueven en la gracia práctica y la sabiduría bíblica de una vida y un ministerio llenos del , han observado algunos de los temas básicos que apuntalan esta clase de «compañerismo espiritual» que Cristo ofrece. Las «llaves» son conceptos, temas bíblicos, que pueden rastrearse a lo largo de las Escrituras y que son verificables cuando se aplican con una fe bien fundamentada bajo el señorío de Jesucristo. El «compañerismo» es el rasgo esencial de esta descarga de gracia divina; los creyentes buscan recibir la promesa de Cristo en cuanto a «las llaves del reino», a la vez eligen creer en la disposición del de poner en acción su liberador e ilimitado poder en nuestros días.
Acompañadas por la serie Guías de estudio para una vida llena del Espíritu, las Dinámicas del Reino ofrecen doce temas diferentes. Estos, como producto de la sección del mismo nombre que se incluye en la Biblia Plenitud, proporcionan un tesoro de percepciones desarrolladas por algunos de los más respetados líderes cristianos de hoy. Desde el inicio, estos escritores han analizado con profundidad los temas que usted podrá seguir aquí.
El objetivo central de la temática estudiada en esta serie de guías es relacionar las «claves de poder» de la vida llena del Espíritu Santo. Para ayudarlo en sus descubrimientos habrá un número de elementos auxiliares. Las guías de estudio tienen de doce a catorce lecciones, cada una de las cuales ha sido preparada de modo que pueda sondear las profundidades o rozar la superficie, según sus necesidades e intereses. Además contienen aspectos principales en cada lección, destacados por un símbolo y un encabezamiento para su fácil identificación.
Introducción: Una visión balanceada
Todo creyente sabe lo que significa luchar con la fe. ¿Tengo suficiente confianza en Dios? ¿Se hubiera sanado si yo hubiera confiado más en Dios? ¿No me ascendieron porque me faltó fe? Si realmente confío en Dios, ¿por qué tengo estos pensamientos inclementes? Si mi fe es firme, ¿por qué mis hijos tienen tantos problemas? Si actúo con fe, ¿no tendrían que aceptar a Cristo como su Salvador todas las personas a quienes testifico?
Tal vez el Pablo se refería a este conflicto cuando usó la frase: «La buena batalla de la fe» (1 Timoteo 6:12). Para él, la batalla por la fe no estaba limitada al ministerio. Aunque las iglesias pioneras de Asia deben haber tenido muchos conflictos con la fe, la «buena batalla» de Pablo se refiere más a su relación total con el Señor Jesús. Pablo admite que la fe ha sido una batalla, una buena batalla, cuando en los últimos momentos de su vida escribió desde la prisión, consciente de que podrían ejecutarlo en cualquier momento.
Quizá para usted sea un paso gigantesco aceptar el hecho de que existe algo llamado «buena batalla». La presente cultura no cree que haya mucho por lo que valga la pena luchar. Sin embargo, sí lo hay: la fe.
¿Por qué molestarse en luchar por la fe? ¿Por qué la batalla por la fe es una buena batalla?
Porque:
• Cualquier cosa que se haga sin fe nunca va a agradar a Dios (Hebreos 11:6).
• La gracia se alcanza sólo por fe (Efesios 2:8).
• Todos poseemos la capacidad de tener fe (Romanos 12:3).
• La fe es uno de los dones del Espíritu Santo (1 Corintios 12:7–11).
• Nada es imposible cuando se tiene fe, aunque sea tan pequeña como una semilla de mostaza (Mateo 17:14–21).
La batalla por la fe es una buena batalla.
La Biblia es clara en su enseñanza acerca del poder de la fe. Sin embargo, muchos creyentes están confundidos respecto a ella. Esta confusión se debe en parte al papel que desempeñan los diferentes ministerios de «fe». Algunos ministran con efectividad, mientras que otros parecen utilizar la fe de tal manera que hacen al hombre amo de su destino, en vez de reconocer a Dios como el Señor Soberano.
Pero aunque no existieran enseñanzas y maestros polémicos, aún habría lucha en el campo de la fe. ¿Por qué? Porque, corriendo el riesgo de ser muy simplista, la fe tiene un enemigo. En realidad su fe tiene dos enemigos: usted mismo y .
Satanás emplea muchas estratagemas en su ataque sobre su vida. Pero tal vez le sorprenda saber que el enfoque de su ataque está dirigido casi exclusivamente a su fe. Él sabe muy bien que si puede quitarle la efectividad a su fe, usted será ineficaz. Quiere derrocar su fe (lea 2 Timoteo 2:18).
Satanás no será el causante de toda su lucha por la fe. Parte de ella será por su propia «naturaleza» humana. La fe requiere oír, tomar decisiones, arrepentirse y aprender. Estos son retos en los que no interviene el diablo. Como él sabe cuán difícil puede ser la «buena batalla de la fe», procura influir con sus mentiras en usted.
Se nos puede engañar fácilmente, y como Satanás es ingenioso, resulta decisivo que asimilemos la Palabra de Dios para el cultivo, crecimiento y evaluación de nuestra fe. Nuestra fe se vivifica por medio de su Palabra (Romanos 10:17), y con ella peleamos contra el enemigo (Efesios 6:17).
Durante este estudio de la Palabra de Dios, usted se hará muchas preguntas importantes sobre la fe:
¿Puedo pedirle a Dios cualquier cosa, y mientras tenga la fe correcta, obtener lo que pido?©
Si creo, ¿puedo estar seguro de que mis hijos serán salvos?©
¿Puede garantizarme la fe que no sufriré dolor o enfermedades?©
¿Existe alguna posibilidad de que mi falta de fe provoque la ira de Dios?©
¿Peligra mi salvación si hago enojar a Dios?©
Llegar a tener «plena certidumbre de fe» es algo por lo que vale la pena luchar la buena batalla de la fe. Busquemos el camino de la fe de acuerdo con la Palabra de Dios!

Lección 1: —La historia de la fe

Hace poco alguien dijo que el necesita desesperadamente héroes. En lo que respecta a la fe, abundan. En cada época, la iglesia los ha tenido y han sido debidamente honrados. Sin embargo, la historia más emocionante de héroes de la fe se encuentra en Hebreos 11. Al comenzar el estudio de la historia de la fe, haga una pausa aquí y lea todo ese capítulo bíblico, concluyendo con Hebreos 12:1–2. ¡Qué lectura tan emocionante!, ¿? ¿No le acelera el ritmo cardíaco?
¿Ha notado que aparecen juntos tanto quienes experimentaron gran victoria como los que vivieron su fe sin disfrutar jamás de una?
Lea Hebreos 11:33–34 otra vez. ¿Para qué los capacitó la fe?
Ahora, lea otra vez la segunda en Hebreos 11:35–38. ¿Qué es lo que la fe les permitió hacer a estos héroes?

RIQUEZA LITERARIA
1 Juan 5:4 «Y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe». Una pregunta sensata acerca de la «fe»es: ¿Cuándo se es ganador? ¿Cuándo es uno victorioso? Nuestra sociedad sugiere que la experiencia de victoria sólo puede ser verdadera cuando usted tiene aquello que quiere cuando lo quiere. Sin embargo la Biblia nos enseña que usted gana no cuando usted consigue lo que quiere, sino en el momento en que cree. Si estoy rodeado de problemas, no gano cuando encuentro la solución, sino en el momento en que creo que Dios me sustentará durante los tiempos difíciles o más allá. Si estoy enfermo, triunfo sobre la enfermedad no en el momento en que encuentro sanidad sino cuando confío en las promesas de Dios, que confirman a Jesucristo como Sanador vivo y real para mí. Si me encuentro en pobreza, gano en el momento en que creo en lo que Dios ha dicho acerca de mi situación económica. Tú y yo somos más que vencedores a partir del momento en que ponemos nuestra fe en el , y en lo que nos dice su Palabra.
En 1 Juan 5:4, la palabra «vence» aparece dos veces, y victoria, sólo una. En ambos casos se traduce de la palabra griega nike (Strong 3528, 3529). ¿No parece el nombre de un fabricante de calzado deportivo muy famoso? Por supuesto, ellos eligieron este nombre para identificar a su compañía, puesto que también es el nombre de la diosa de la victoria en la mitología griega. Pero la victoria militar o atlética, aquello a lo que se referían los griegos, y que se ocupa sólo de los objetivos humanos, es simplemente un mito. Lo verdadero y fundamental es esto: Cuando depositas tu fe en el Hijo de Dios (cuando naces en Dios) tu fe te transforma en un vencedor y te da una victoria que nadie te puede quitar.

HÉROES DE LA FE
Por favor utilice su Biblia para contestar las preguntas que a continuación se encuentran sobre los héroes de la fe que aparecen en Hebreos 11. Al contestarlas tome en cuenta los principios para una fe efectiva y práctica según aparecen en ese texto.
¿Cuál es el primer héroe de la fe que menciona este capítulo? ¿Qué es lo que hace por fe? (versículo 4).
¿Qué le pasó a Enoc? ¿Cómo consiguió agradar a Dios? (versículo 5).

RIQUEZA LITERARIA
Según Hebreos 11:6, la fe que le interesa a Dios hace tres cosas:
• La fe agradable busca a Dios: «Es galardonador de los que le buscan». Buscar, como se usa aquí, significa investigar, anhelar, o demandar. Es una promesa apremiante. No se trata de molestar a Dios. Jesús mismo enseñó dos parábolas que celebran la búsqueda diligente y agresiva en la oración. Lea una de estas en Lucas 11:5–10. El deseo del Señor es que usted no crea que Él está dormido o que no le interesa su situación. Al mismo tiempo desea que usted no tenga vergüenza en buscarlo insistentemente. La palabra «importunidad» («insistencia» en el versículo 8) viene de dos palabras griegas, que significan «sin timidez».
Escriba sus pensamientos acerca de esta parábola, tomando nota de que Jesús desea inculcar osadía al pedir (en vez de simple tenacidad). Estudie las palabras y discierna esta importante verdad.
• La fe agradable cree que Dios existe: «Cree que le hay». Las oraciones de algunos hacen dar la impresión de que se hablan a sí mismos. ¿Ha orado alguna vez sin pensar que está en la presencia de Dios? Él quiere que su fe esté enfocada en la realidad de su existencia. Contrario a lo que suponen las filosofías modernas, Dios está allí. Él insiste en que usted piense de esta manera para complacerlo a Él.
En teoría, para muchos de nosotros esto no es problema. Como cristiano, usted ha profesado fe en Dios por medio de Cristo. Desde ese punto de vista, usted cree que Él existe. El problema se suscita cuando nos encontramos bajo presión. ¿Creemos que existe cuando atravesamos circunstancias difíciles? Allí es cuando su fe agrada a Dios, cuando por fe puede verlo en su situación.
• La fe agradable cree que Dios da recompensa: «Es galardonador». En algunas culturas esta palabra se refiere simplemente a un buen empleador. Está relacionada con un salario, con dinero que se paga por un trabajo. Si sólo significara eso, entonces Dios se agradaría si usted creyera que Él es un buen jefe. Pero va mucho más allá de creer que Dios paga buenos salarios. «Galardonador» es mucho más que una compensación, es más que el reembolso del valor de lo que se recibe. ¿No es esto lo que indica Efesios 3:20–21? Véalo desde el punto de vista negativo de la pregunta: ¿Cómo es posible agradar a Dios cuando creo que Él me da menos de lo que le pido? La respuesta bíblica: No es posible agradar a Dios cuando creemos que Él responde a nuestra oración con lo mínimo indispensable para ayudarnos a atravesar nuestra circunstancia. Recuerde: La fe agradable cree que Dios provee una recompensa más allá de lo normal cuando lo buscamos con diligencia.

MÁS HÉROES DE LA FE
• ¿Qué hizo Noé por fe? (versículo 7)
• ¿En qué se convirtió Noé al condenar la actitud del mundo en que vivía?
Lea Efesios 5:1–11 para ver cómo su vida de fe hace hoy lo que la vida de Noé hizo en su día.
Aunque estudiaremos más adelante la vida de fe de Abraham, lea Hebreos 11:8–12, 17. Escriba sus pensamientos acerca de las declaraciones siguientes:
• Abraham obedeció por fe (versículo 8).
• Abraham salió por fe, con certeza en la dirección, pero sin instrucciones claras (vers. 8)
• Abraham vivió por fe en la tierra prometida pero como un extranjero, Dios le prometió la tierra pero nunca vivió en ella como propia (versículo 9).
• Abraham esperó por fe y vio una ciudad eterna hecha por Dios (versículo 10).
• Sara recibió por fe la fuerza para tener un niño en su vejez (versículo 11).
• Abraham ofreció por fe a Isaac, creyendo que si era necesario Dios lo podía levantar de entre los muertos, pues su nacimiento fue como un milagro de resurrección (versículo 17).
Hebreos 11:13–16 enumera una letanía extraordinaria de fe. Si usted memoriza esta declaración rítmica de fe, su fe personal se verá enriquecida grandemente. Ahora observe cinco características adicionales de fe que estos versículos revelan:
La fe es segura. Pablo utiliza esta palabra cuando dice que está seguro de que nada puede separar al creyente del amor de Dios en Cristo (Romanos 8:38). Esto implica siempre un proceso mental; el convencimiento requiere procesamiento, tiempo. El utiliza la misma palabra de nuevo para hablar de la confianza que tiene en que Cristo ha de terminar la buena obra que ha empezado en todo creyente (Filipenses 1:6).
Posiblemente el uso más conmovedor de esta palabra ocurre cuando Pablo escribe a Timoteo, quien había comenzado a combatir al temor en su pastorado en Éfeso. Como un padre amoroso, invita a Timoteo a tomar su lugar en la obra de la fe, diciendo: «Pero no me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día» (1 Timoteo 1:12). La palabra griega es peitho (Strong #3982). Significa que uno ha participado de un debate donde han tenido expresión todas las ideas relevantes al tema en cuestión. Luego, habiendo considerado el mérito de todas las posiciones expuestas, uno toma una decisión basada en toda la evidencia y en la convicción interna. Cuando esto ocurre, usted está convencido.
¿Cómo convence la fe? El convencimiento viene al considerar todo lo que la Palabra de Dios dice respecto de los temas en cuestión y al exponerse en persona al Verbo, el Señor Jesús. La combinación de la Palabra escrita de Dios y la Palabra revelada en la persona de Jesucristo consigue afirmar esta seguridad gloriosa. Mi pregunta para usted es: ¿Qué «palabras» de promesa conforman su fe en la actualidad?
La fe se aferra. Esta palabra (aspadzomai, Strong #782) se utiliza con mayor frecuencia al principio de las epístolas, cuando el apóstol «saluda» a la iglesia. A veces Pablo instruye a los creyentes a «saludarse» unos a otros; esta es la palabra a que hacemos referencia. Puede significar envolver a alguien en sus brazos, saludar o dar la bienvenida. Así como la seguridad de la fe viene de considerar las promesas y ser convencido por ellas, «abrazarlas» significa interiorizarlas. Ahora que las ve con claridad, salúdelas, abrácelas, téngalas, déles la bienvenida a su vida. Así como abrazaría a un ser querido, debe tratar a las promesas que Dios ha hecho a su vida. Téngalas por amigas. En distintas interpretaciones llega a tener la connotación de gran afecto, y se puede traducir como «beso». La pregunta que se debe usted hacer es: ¿Qué «palabras» bíblicas de fe ha incorporado a su vida como amigas?
La fe confiesa. La palabra griega (Strong #3670) significa dar consentimiento, compromiso o reconocimiento. Es como una obligación de contrato, como cuando está por comenzar la construcción de un edificio. Jesús usa esta palabra cuando dice: «Aquel que me confesare delante de los hombres, también el Hijo del Hombre le confesará» (Lucas 12:8). Significa estar en la misma sintonía. La fe almea la persuasión y el abrazo con la confesión. ¿Qué debería usted confesar en su situación presente? Debería confesar aquello que lo ha persuadido y que ha recibido en su vida. Enfoquémoslo desde un punto de vista negativo: ¿Qué es lo que no debería confesar? No debería confesar aquello que no lo ha persuadido. No debería confesar cosas que no anhela para su propia vida.
Jesús dijo: «De la abundancia del corazón habla la boca» (Mateo 12:34). Mi amigo y pastor, Steve Overman, dice a menudo: «La Palabra de Dios siempre le dirá lo que pasa en el corazón de Dios. ¡Desafortunadamente, las palabras suyas siempre le dirán lo que sucede en su corazón!» La pregunta es: ¿Cuál es la condición de su corazón con respecto a las promesas de Dios, según indica su confesión?
La fe declara con claridad. ¿Por qué difiere esto con lo que ya enseñamos? Lo que precede tiene que ver con el vocabulario, las palabras que usted ha usado que reflejan la condición de su corazón en cuanto a las promesas de Dios. La declaración presente viene más como una manifestación de una decisión de por vida que usted ha efectuado y que es evidente para todos. La palabra griega que se traduce como manifestar es (Strong #1718), se usa para describir la manifestación de la vida, lo que otros pueden ver claramente por el estilo de vida y diálogo. Jesús utiliza esta palabra cuando habla de la manifestación espiritual que Él y su Padre producirán en todo creyente cuando reciban el Espíritu Santo (Juan 14:21). La combinación de las palabras utilizadas en este pasaje en el hebreo sugiere claridad. No puede haber disputa en lo que se declara, es obvio. La «declaración sin rodeos» ciertamente puede involucrar al lenguaje, pero es mucho más que eso. Si usted está cerca de alguien que «declara sin rodeos» (como se usa aquí), oirá lo que habla a través del movimiento corporal, las decisiones, las acciones y las palabras que usa. Su vida «declara sin rodeos». En este caso, la vida de estos creyentes «declaraba sin rodeos» que la promesa de Dios los había convencido; que habían dado la bienvenida a la Palabra de Dios en sus vidas, que hablaban acerca de lo que Dios había prometido y que su vida entera era una prueba de la realidad de su fe. La pregunta que debemos hacer es: ¿Qué dice su vida a las personas que mejor lo conocen?
La fe evoca. Casi siempre que se utiliza esta palabra, se traduce «recordar». Conlleva la idea de controlar sus pensamientos; de estar a cargo de sus ideas. También implica controlar lo que usted piensa al hablar de lo que quiere recordar.
Al escribir esta carta el apóstol enseña una lección notoria a todos los que toman en serio su fe: Si usted se fija en la mente un objetivo diferente al que delinea la promesa de Dios, tendrá la oportunidad de alcanzarlo. Asombroso, ¿verdad?
Si los peregrinos de Hebreos 13:13 hubieran puesto en su mente el país que dejaron atrás para seguir a Dios, muchas oportunidades se hubieran dado para volver atrás. Sin embargo, se preocuparon por pensar en la tierra prometida, un lugar mejor, un país espiritual. Ellos «invocaron en su mente» una meta que descansaba en el centro de las promesas de Dios.
Es importante recordar que debemos estar en control absoluto de lo que pensamos. Algunos pueden argüir que se le puede dar demasiado énfasis a este tema. ¡Pero Dios no nos hubiera dado instrucciones sobre cómo pensar (ver Filipenses 4:8) si no fuera posible hacer exactamente lo que Él dice!
Escriba las palabras de Jesús como se registran en Lucas 21:19.
Ahora escríbalas teniendo en cuenta que «ganaréis» significa «tomar control», y que «alma» incluye su mente y sus sentimientos.
Una de las prácticas de la vida de la fe es memorizar la Palabra de Dios. Repita las promesas. Invóquelas en su mente. Vocalícelas. Si usted tiene alguna dificultad con sus pensamientos, lea Salmos 119:11.
La pregunta que nos confronta es: ¿Qué hemos estado invocando en nuestra mente?
La fe anhela. La palabra griega oregamai (Strong #3713) significa una decisión interna para alcanzar un objetivo, estirarse uno mismo en una posición de vulnerabilidad, como si dijera: «Esto es lo que quiero hacer con mi vida». Es la palabra que se utiliza en 1 Timoteo cuando Pablo dice que es bueno anhelar el obispado. En su forma negativa, también se usa para describir a alguien que codicia un objeto que aún no posee. En tono positivo, usted utilizaría esta palabra en la siguiente frase: «Este es el anhelo de mi vida». La fe anhela el cumplimiento de la promesa de Dios. La pregunta es: ¿Cuál es el anhelo de su vida?
Si usted memoriza esta letanía puede convertirla en la regla para medir su vida de fe. ¿Se dio cuenta de la contradicción? Por lo menos, algunos creen que es una contradicción al entendimiento de la vida de fe. Hemos tratado la vida de fe de aquellos que nunca recibieron lo que creyeron. ¿No le molesta eso?
No le molestará si entiende que el sentido práctico de nuestra vida de fe es llevarnos a dónde Dios quiere que vayamos. No es una herramienta para lograr el éxito personal, sino el cumplimiento del propósito de Dios en nosotros al hacernos receptivos activa y agresivamente a su Palabra, su voluntad, su promesa y su poder.
Lea Hebreos 11:16. He aquí las personas de quienes Dios dice que «no se avergüenza de llamarse Dios de ellos». La conclusión lógica es que a veces ¡Dios está avergonzado! ¿Cuándo ocurre esto? Cuando nuestra fe trata de apropiarse de la bondad de Dios sólo para esta vida, olvidando que su plan es eterno. Escriba una declaración personal que diga: «Señor, anhelo que te regocijes en mi fe».

AUN MÁS HÉROES DE LA FE
Narre sus propios pensamientos acerca de la mención que se hace respecto de la fe de Isaac, Jacob y José (Hebreos 11:20–22). ¿No es la vida de fe una sucesión generacional? ¿Es verdad que una persona de fe tiene mucho qué decir ante su muerte?
¿Qué eligió Moisés en fe? ¿Qué valoró?
Lea Hebreos 11:33, 34. Vea los logros de quienes estaban motivados por la fe:
Subyugaron reinos.
Obraron justicia.
Obtuvieron promesas.
Detuvieron las bocas de leones.
Apagaron la violencia del fuego.
Escaparon al filo de la espada.
Se fortalecieron en la debilidad.
Se volvieron valientes en la batalla.
Provocaron la huida de los ejércitos extranjeros.

FE VIVA
Ya que la fe es «la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve», escriba algunas de las cosas que usted espera, pero que todavía no ve. Al hacerlo, deje que el Espíritu Santo le recuerde la Palabra de Dios. Escriba las promesas al lado de lo que desea pero que aún no ve.

Lección 2: —El don de fe
El ascensor era muy lento; así que tomé las escaleras. Tan rápido como me fue posible subí los escalones de dos en dos. Me habían llamado cuando estaba camino al hospital. Fueron pocas y concisas palabras. La comunicación se interrumpió antes de que pudiera hacer alguna pregunta. Sin embargo, yo sonreía al subir las escaleras.
¿Por qué? No es que Hank fuera demasiado joven para morir de un ataque al corazón. Yo sabía que había algo mejor. Un ataque al corazón le puede ocurrir a cualquiera, a cualquier edad. Tampoco es que él fuera un firme creyente que sabría cómo asirse de las provisiones de la gracia sanadora. Hank era un creyente joven. Yo lo conocía bastante bien. Le era difícil encontrar el evangelio de Juan y peor aun encontrar los pasajes sobre sanidad.
Sin embargo, yo sonreía. ¿Por qué? Porque estaba seguro de que Hank se recuperaría. Esta seguridad no provenía de las breves palabras que me habían hecho correr al hospital. Mi sonrisa no era por algún conocimiento médico, o por la ausencia del mismo. Sonreía porque reconocía el don de fe.
No era la primera vez que me ocurría. Me sucedió una ocasión cuando me arrodillé al lado de una niña de nueve años que la acababa de atropellar un camión. Yo conducía mi auto detrás del camión que la golpeó. Cuando la examiné parecía tener graves heridas. El golpe le había deformado la cabeza. Le salía sangre por el oído. Pude escuchar los gritos de la madre en el fondo y las voces de la gente que pedían a alguien que llamara una ambulancia.
Sabiendo que no debía moverla le empecé a susurrar al oído: «Vas a estar bien. El Señor se va a encargar de ti. Vivirás y sanarás completamente». ¡Era verdad! Yo no estaba tratando de consolarla con palabras de ánimo. De alguna manera sabía que se iba a recuperar por completo.
Yo había recibido el don de fe.
Ella se recuperó, así como también Hank. Ojalá ocurriera siempre, pero no es así. Aún las personas de gran fe deben admitir que aunque el don de fe no es raro tampoco es una experiencia común y corriente, es cuestión de voluntad. El creyente elige creer lo que Dios ha dicho en su Palabra. El próximo capítulo de esta guía está dedicado a explorar esa expresión de fe que denominaremos la decisión de fe. Pero en este estudiamos otra faceta de la obra del en que la fe funciona como un «don», porque el Espíritu Santo ha decidido darla en una situación en que usted, algún otro cristiano o yo «aparece» como el instrumento que El ha elegido para ministrar ese «don». A este don se refiere 1 Corintios 12:9: «A otro, fe por el mismo Espíritu».
Lea 1 Corintios 12:7–11 y conteste lo siguiente:
1. ¿A quién se le da la manifestación del Espíritu y por qué?
2. Escriba las nueve manifestaciones de , mencionadas en este pasaje.
3. ¿Quién opera todos estos dones, y por voluntad de quién?
RIQUEZA LITERARIA
Fe, pistis (Strong #4102). Significa persuasión: creencia, convicción moral de una verdad religiosa o confianza en Dios. Acarrea la connotación de seguridad, credo, creencia, fe, fidelidad.
RIQUEZA LITERARIA
Don, carisma (Strong #5486). Un regalo (divino): liberación (de peligro o pasión), dote espiritual o facultad milagrosa, obsequio gratuito.
Si unimos estas dos palabras, «fe» y «don», y le agregamos la idea de que este carisma de fe viene por la obra del Espíritu Santo, tenemos algunas posibilidades extraordinarias.
EL APÓSTOL PABLO
El apóstol Pablo recibió el don de fe muchas veces. Podemos leer acerca de una de esas oportunidades en Hechos 27:6–44. Observe cómo este pasaje describe su viaje a Roma como prisionero. Vea cómo el capitán, haciendo caso omiso a la advertencia de Pablo, se dispuso a navegar en una de las épocas más peligrosas del año (ver mapa).
Con su Biblia abierta en este pasaje, responda las siguientes preguntas:
1. ¿Qué es lo primero que dijo Pablo respecto a la pérdida de vidas? (Hechos 27:10).
2. ¿Qué es lo que Pablo dijo acerca de la pérdida de vidas? (Hechos 27:22).
3. ¿En que baso Pablo su promesa? (Hechos 27:23–24)
4. ¿En qué creyó Pablo? (Hechos 27:25).
La confianza inquebrantable de Pablo en esta situación no se basaba en una poderosa «voluntad» humana para creer, sino en una visita del Señor que «impartió» fe en una situación que parecía no tener solución. Cuando lo estudiamos con objetividad, el don de fe parece que funciona sin estímulo externo. Con esto quiero decir que los factores atenuantes conducen o al menos sugieren otro desenlace. Por ejemplo, ¡la tormenta no llevaba a creer que todo iba a salir bien! Al contrario, la fe de Pablo provenía de adentro, no venía de un factor externo; era sobrenatural, no natural. Además se basaba en el entendimiento de Pablo acerca de lo que dijo el Señor, en vez de basarse en algún comentario proveniente de una autoridad terrenal o generado por la voluntad humana o el celo religioso.
(cuarto viaje misionero de Pablo, Hechos 27:1—28:16). Estando en Jerusalén tras su tercer viaje misionero, Pablo se encontró en dificultades con los judíos que lo acusaron de profanar el templo (Hechos 21:26—34). Fue colocado bajo custodia romana en Cesarea durante dos años, pero después de apelar al César, se le envió por barco a Roma. Al zarpar de la Isla de Creta, el grupo de Pablo naufragó frente a Malta debido a una gran tormenta. Por último, tres meses más tarde arribó a la capital del imperio.
CALEB
En el Antiguo Testamento existen varios ejemplos similares de fe sobrenatural. Una de ellas es la historia de los doce espías enviados por Moisés a Canaán; debían informar de vuelta a Israel. Diez de los espías ofrecieron un informe negativo, humanamente real y militarmente práctico. Como contrapartida, dos de los espías dieron un informe positivo que parecía obviar los desafíos a los que se enfrentaban.
Acerca de este incidente en Números 13:17–3, responda estas preguntas:
1. ¿Qué asignación se dio a los espías?
2. ¿Por cuánto tiempo se fueron los espías?
3. ¿Qué dijo Caleb?
RIQUEZA LITERARIA
Podremos, yakol (Strong #3201): Tener la habilidad, el poder, la capacidad para vencer o tener éxito. Este verbo se usa 200 veces en el Antiguo Testamento. Generalmente se traduce de varias formas, pero todas encierran ideas similares. En Números 13:30 Caleb utiliza la repetición intensiva de yakol, a fin de indicar su clara y firme convicción de que el pueblo poseía todos los recursos físicos y espirituales para lograr la victoria: «porque más podremos nosotros que ellos»
Al estudiar los versículos habrá notado el contraste entre el informe de Caleb y el de los otros diez espías. Obviamente Caleb habla con una fe asombrosa. ¿De dónde viene esta? ¿Cómo puede Caleb hablar con tal confianza, cuando los otros hombres tienen una versión totalmente opuesta?
Para encontrar la respuesta, lea Números 14:.24. ¿Qué clase de «espíritu» tiene Caleb?
«Espíritu» se refiere al hombre interior de Caleb, no al Espíritu Santo. Sin embargo sigue siendo una referencia que nos ayuda a ver cómo el don de fe funciona en nosotros.
A Caleb no le asustaron los gigantes que vio durante sus cuarenta días de espionaje. No lo asombraron las ciudades amuralladas o el tamaño enorme de la tierra. Al contrario, él «decidió ir en pos de [Dios]», ¡no vio sólo a los gigantes, también vio al Señor! Aunque vio las ciudades amuralladas, también vio al Señor. Caleb vio la enormidad de la tierra, pero también vio al Señor. Aquellos que siguen al Señor, lo ven en medio de sus circunstancias. Conocen los desafíos; no juegan con la mente, pretendiendo negar la realidad de la situación que enfrentan, sino que ven al Señor por encima de los problemas.
El don de fe, la obra sobrenatural del Espíritu Santo, viene a los que son llenos del Espíritu. Como todos los otros dones, el don de fe fluye hacia quienes permiten al Espíritu Santo obrar en ellos. La confesión de Caleb muestra su carácter y voluntad por creer. Sin embargo, tal como con Pablo en el barco, cuando examinamos la situación no se puede ver una influencia externa que justifique la confesión de Caleb. Los gigantes, el tamaño de la tierra y las ciudades amuralladas sugieren que el informe de los otros espías es más acertado.
Pero el reporte de Caleb es diferente, no sólo por su carácter o por su decisión, sino por la influencia del Espíritu Santo de Dios. Es un don sobrenatural que dice: «¡Somos capaces de vencer!»
ENTRE BASTIDORES
Mi padre, el doctor Roy Hicks, dice de la confesión de Caleb: «Caleb vio los mismos gigantes y las mismas ciudades amuralladas que los otros espías, pero los diez espías regresaron para trasmitir un «malvado informe» pesimista. Las palabras de Caleb proclamaron una convicción, una «confesión», ante todo Israel: «Más podremos nosotros que ellos». Él había reconocido el terreno, lo que nos recuerda que la fe no es ciega. La fe no niega la realidad o la dificultad; declara el poder de Dios.
Hay un mensaje en la respuesta de Caleb al rechazo de su informe. Algunos utilizan su confesión de fe para crear por orgullo escisión o división, pero Caleb permaneció en la fe y continuó sirviendo durante cuarenta años junto a aquellos cuya incredulidad causó un severo retraso en su experiencia personal. ¡Qué paciencia y fe! El hecho de que finalmente lograra la posesión de la tierra en una fecha tardía indica que, aunque vendrán retrasos, la confesión de fe traerá al final la victoria al creyente.
PEDRO
La sanidad del hombre cojo en Hechos 3:1–16 nos presenta otra imagen de la fe sobrenatural. Aunque ocurrieron muchos milagros durante el ministerio de Pedro, la metodología del milagro se presenta de esta manera sólo en este pasaje. Es importante por varios motivos.
Responda a las preguntas siguientes en base al texto:
1. ¿Por cuánto tiempo había estado cojo el hombre?
2. ¿Dónde estaba el cojo cuando Pedro le habló?
3. ¿Qué dijo Pedro que le podía dar al cojo?
4. ¿Cómo se lo dio?
5. ¿Cuándo fue sanado el hombre?
6. Según Pedro, ¿qué no sanó al hombre?
7. ¿A qué atribuyó Pedro la sanidad? (versículo 16)
8. ¿De donde vino la fe?
ENTRE BASTIDORES
Este primer milagro realizado por los discípulos da a todos los creyentes la clave para ejercitar la autoridad de fe. Al ordenar la sanidad en el hombre cojo, Pedro emplea el nombre completo y el título de nuestro Señor: «Jesucristo [Mesías] de Nazaret». «Jesús» era un nombre común entre los judíos y continúa siéndolo en muchas culturas. Pero la declaración de su nombre y título completos, una práctica interesante en Hechos, parece ser una lección buena y objetiva para nosotros (véase Hechos 2:22; 4:10). Seamos específicos cuando reclamemos autoridad sobre las enfermedades o los demonios. En nuestra confesión de fe o proclamación de poder, confesemos su deidad y su señorío como «el Cristo» («Mesías»); usemos su nombre precioso, como «Jesús» («Salvador»). Clamemos a Él como «Señor Jesús», «Jesucristo» o «Jesús de Nazaret», sin que en este punta haya la intención de establecer un principio legal o ritual. Pero es sabio recordar que, al igual que oramos «en el nombre de Jesús» (Juan 16:24), también ejercemos toda autoridad en Él, mediante el privilegio de poder que nos ha dada en Su nombre (Mateo 28:18; Marcos 16:12; Juan 14:13, 14). En la Palabra de Dios encontramos muchos otros nombres compuestas que se aplican a El. Declarémoslos en fe, con oración y plena confianza.
Notemos aquí que la sanidad requirió de Pedro una decisión: Extender la mano al cojo para levantarlo y expresar palabras de sanidad en el nombre del Señor Jesús. Pero respondiendo al asombro de todos al ver al cojo caminando, saltando, y alabando a Dios, Pedro dice que la fe es lo que lo sanó. Aun más importante en nuestro estudio, Pedro declara que «la fe que es por él ha dado a éste esta completa sanidad en presencia de todos vosotros».
Pedro reconoce que la operación de esta fe no fue premeditada y que no es una función del carácter o de alguna cualidad personal. Aunque la obediencia es parte del proceso, Pedro aclara que este milagro maravilloso no se ha logrado por la santidad personal, la voluntad propia o el poder humano (Hechos 3:12).
Pedro reconoció que este milagro fue posible por una fe cuya fuente está más allá del alcance humano. Esta fe sobrenatural puede y debe encontrar cooperación humana, puede y se debe canalizar a través del hombre, pero por sobre todo, la fe «es por Él».
PABLO Y EL HOMBRE EN LISTRA
Abra su Biblia en Hechos 14:1–18 y examine este pasaje para responder a las siguientes preguntas:
1. ¿Cómo testificó el Señor de la palabra de su gracia?
2. ¿Cuánto tiempo había estado el cojo en Listra en esa condición?
3. ¿Qué le ordenó Pablo hacer al hombre?
4. ¿Cuál fue la respuesta del cojo?
5. ¿Qué es lo que Pablo vio en el hombre?
Puesto que la costumbre de Pablo al entrar a una nueva ciudad era hablar primero a la comunidad judía, algunos asumieron que el cojo era judío. Esto no se puede saber con certeza, pero lo más probable es que él escuchó la «palabra de gracia» por vez primera. El cojo empieza a creer a medida que Pablo predica acerca de lo que Jesucristo, su muerte y resurrección significan para todos.
Es crucial ver que Pablo no predica sanidad sino que predica a Cristo, al mismo Jesús como el cumplimiento de las profecías del Rey-Salvador. Pablo ve fe en el cojo, pero no fe para sanidad sino fe en Cristo, en Jesús el Señor. Este  Si creo, ¿puedo estar seguro©hombre ha empezado a creer en lo que Pabl  de que mis hijos serán salvos?o dice acerca del Señor Jesús.br / Cuando Pablo reconoce la presencia de la fe, le dice a gran voz: «Levántate derecho sobre tus pies».
Recuerde las señales y prodigios prometidos y dados por el Señor Jesús, como testimonio del mensaje que los apóstoles predicaban (Marcos 16:15–20). Este milagro ocurre como una señal, como testimonio de la verdad de la presentación que Pablo dio de Jesucristo. Vea también que la sanidad ocurrió a alguien con fe.
¿De dónde vino esta fe?
La aparición de la fe en este hombre coincide con oír el mensaje de Jesucristo. Es la proclama del mensaje del Señor Jesús que despierta la fe, y es el obrar del Espíritu Santo que posibilita la existencia de la fe en un hombre que nunca antes ha tenido fuerza en sus pies.
SONDEO A PROFUNDIDAD
A este capítulo sobre el «don de fe» seguirá otro sobre la «decisión de fe». Están escritas así a propósito, pues ni una u otra se presentan como das alternativas. Algunos en el movimiento de renovación dentro de la iglesia se han polarizada con esta pregunta: «¿Es la fe soberana o es una decisión del hombre?
Dos personalidades del inicio del movimiento de renovación ilustran opiniones diferentes: Charles Price y Smith Wigglesworth. Ambas eran evangelistas, Price de Canadá y Wigglesworth de Gran Bretaña.
Charles Price predicaba que la fe era una cuestión de la soberanía de Dios. Si usted no tenía fe, no se podía hacer nada al respecto. ¡La tenía a no la tenía! Price dijo: «Dios se moverá, es entonces cuando usted lo podrá seguir». Se cuenta una historia del evangelista Price. Un joven llegó tarde a una reunión de la iglesia y lo condujeron hasta la primera fila. Aunque llegó tarde, él notó que la reunión no había comenzado todavía.
—¿Qué pasa —le susurró al hombre que se sentaba a su lado—, no hemos empezado todavía? ¿Dónde está el evangelista?
—Joven —le contestó el hombre—, yo soy el evangelista. ¡Pero no empezaremos hasta que llegue el Señor!
Smith Wigglesworth tenía ideas bastante diferentes. Su mensaje era: «¡Usted se mueve, luego Dios se moverá!» Es famoso por su comportamiento descomunal. Esta historia muestra su posición en lo que respecta a la fe: Una vez haló a una mujer de su silla de ruedas y le ordenó:
—¡Sé sana!
En vez de ser sanada, se cayó. Todos estaban bastante avergonzados, menos Wigglesworth, quien con tranquilidad la ubicó de nuevo en la silla de ruedas.
—Jovencita —le dijo—, te caíste al tropezar con tus cobijas.
De nuevo la haló de la silla de ruedas y le ordenó que fuera sanada. ¡Y se levantó sana!
Los dos hombres tuvieron resultados extraordinarios en la sanidad de muchas personas, pero los métodos que emplearon fueron muy diferentes. Como ambos ministerios ocurrieron al inicio del movimiento de renovación de este siglo, el entendimiento de la fe y de lo milagroso en la Iglesia recién estaba empezando a desarrollarse. Desde entonces, muchos han tendida a polarizar el asunto entre la soberanía de Dios versus la participación humana. Pero cuando al presente analizamos el interrogante de si la fe viene de Dios o del hombre, la respuesta más apropiada es que viene de «ambos». Existe el don de fe (de Dios, quien da en forma soberana), y está la decisión de fe (el hombre recibe enérgicamente).
Nuestra vida de fe será completa sólo si damos lugar a ambas expresiones. Considere lo siguiente: Existirán momentos en que el Espíritu de Dios le dará a usted la capacidad sobrenatural de creer. El don de fe fluirá desde su interior, y frente a circunstancias difíciles sentirá que crece una confianza sólida. Aunque no exista nada en su situación que concuerde con su fe, usted oirá o sentirá en su interior algo que dice: «Todo va a estar bien. Voy a salir adelante». ¿Por qué siente esta confianza? Porque la presencia del Espíritu Santo le da el don de fe.
Pero también considere otros momentos cuando evalúa las circunstancias que vive a la luz de la cruda realidad y no siente confianza. Sin embargo, oye la Palabra de Dios en su corazón, susurrándole al alma. O tal vez una promesa que memorizó mucho tiempo antes. En este momento, usted es quien decide: Puede ceder su fe al análisis práctico de la circunstancia o puede decidirse a creer las promesas llenas de poder como se encuentran en la Palabra de Dios. Este es el tipo de situación que todos vivimos cuando enfrentamos la decisión de fe.
SONDEO A PROFUNDIDAD
Escriba una experiencia personal que haya tenido con el «don de fe».§
¿Qué lo hace sensible a la obra del Espíritu Santo cuando se manifiesta el don de fe? (Efesios 5:18)§
Romanos 12:3–8, dice que todos hemos recibido una «medida» de fe.§ Evalúe con honestidad cómo está utilizando esa medida de fe que recibió.

Lección 3: —La decisión de fe
Llovía a cántaros. Debido a que estaba en construcción, la autopista tenía habilitado un solo carril. Para colmo de males, yo estaba siguiendo al único camión que había en mil kilómetros. No me sentía feliz.
Me habían llamado muy tarde esa noche desde el campamento donde estaba nuestro hijo.
—Pastor Hicks, creemos que a su hijo se le han roto ambas piernas.
Mi hijo de nueve años estaba a dos horas de camino. No podía hacer nada con la distancia o con el accidente que había ocurrido. Me pedían autorización para llevarlo al hospital. Por supuesto que la di, y pregunté cómo estaba.
—Tiene mucho dolor y está llorando —me dijeron.
Esto no ayudó a mis emociones.
—Díganle que su papá lo ama —les dije—, que estoy orando por él; estoy en camino al hospital.
Había ocurrido una hora antes; y heme aquí atascado detrás de lo que parecía ser el camionero más lento en todo el continente norteamericano. Zigzagueé detrás de él prendiendo las luces altas en forma intermitente. Aparentemente, esto no fue bien recibido por quien ocupaba la cabina del camión. Al parecer, bajó la velocidad y situó su camión de tal manera en el carril, que cualquier intento de pasarlo sería una invitación al desastre.
Un amigo de la costa este estaba de visita en mi casa y ofreció acompañarme en el viaje. Me preguntó si podía orar. ¡Mejor él que yo! Porque para entonces, mis emociones estaban totalmente al rojo vivo: Estaba enojado con el camionero, con el campamento, con los niños que tuvieron que ver con el accidente, con el consejero que tenía responsabilidad sobre mi hijo cuando ocurrió el accidente, y enojado conmigo mismo por haber dejado a mi hijo ir al campamento.
Hasta estaba un poco enojado con el Señor por permitir lo que le ocurrió a mi hijo. Al fin y al cabo, ¿no le preocupaba? ¿No sabía él lo que habría de ocurrir? ¿Por qué no evitó el accidente? Sí, era mucho mejor que orara mi amigo.
Mientras Amós oraba, el Espíritu Santo comenzó a traerme convicción sobre mis emociones. Al meditar en la convicción que el Espíritu Santo trajo con gracia sobre mí, comencé a orar por cada una de las personas con las cuales me había enojado: El camionero (¡en realidad, alabé a Dios por alguien que hacía caso a las leyes de velocidad máxima!), por el director del campamento, el consejero, los otros niños y por mí. Según recuerdo, fue en algún lugar al norte de Salem, Oregón, yendo por la autopista I-5, cuando le pedí al Señor que me perdone por el enojo que sentía hacia Él. Fue necedad, lo lamenté. Su perdón fue instantáneo.
Luego me uní a Amós y oré por Jeff. Nunca olvidaré las palabras que surgieron de mi boca. «Señor, te pido que sanes a Jeff, pero no estás obligado a hacerlo. Me encantaría ver un milagro, pero no es un requerimiento. Tú me tienes de pie a cabeza. Señor, si nunca veo otro milagro mientras haya vida en mí, está bien pues he visto suficiente gracia y poder tuyos para estar convencido de lo que eres. Poderoso Dios, muévete con libertad y haz lo que decidas hacer en tu propósito. En lo que a mí respecta, elijo creer en ti».
Luego, Amós comentó acerca de cómo los dos sentíamos la presencia del Señor en ese momento. En cuanto a mí, supe que acababa de pasar otro examen crucial de la fe. Cada vez que usted pasa un examen de fe descubre que existe una elección. De hecho, no hay manera de pasar el examen de fe sin que se dé la elección.
En esta instancia, yo había pasado el examen de las circunstancias por haber elegido creer en El, en vez de creer en lo que El habría de hacer por mí.
Por favor entendamos que no hay nada malo en creer en lo milagroso. Se nos exhorta a contender ardientemente por la fe que una vez se dio a los santos (Judas 1:3). Sin embargo, no se nos da el privilegio de exigir lo milagroso para decidirnos a continuar poniendo nuestra fe en el Señor Jesús.
Tomé una decisión decisiva en la fe mientras estuve atascado atrás de ese camión aquella noche lluviosa en Oregón. El Señor había bendecido nuestra pequeña iglesia en Eugene con muchos milagros y mucho crecimiento. No era raro ver a muchos sanarse de todo tipo de enfermedad. En la iglesia había una capacidad inmensa de fe, una habilidad para creer en lo milagroso. Yo no era un desconocido de los asuntos de fe o de lo milagroso.
En ese momento me pregunté: ¿Se ha entrometido algo en mi vida de fe? ¿Ha habido alguna contaminación farisaica que ha comenzado a expresarse a través de mi ministerio? Realmente no lo sé. Pero sí sé que un poco de la gloria de Dios penetró mi hombre interior en el momento en que dije: «Me encantaría ver un milagro, pero no es un requerimiento».
En ese momento de gloria comencé a orar por mi hijo. Hablé paz a su corazón, con la confianza de que Dios estaba obrando en ese momento, aunque me encontraba a muchas millas de distancia. Le pedí al Señor que consolara a Jeff, y también reprendí al enemigo por usar este incidente para desfigurarlo de alguna manera.
Una vez en el hospital me llevaron de inmediato a la sala de emergencias. ¿Qué fue lo que descubrí? Un pequeño niño sonriente que se bajó de un salto de la camilla y corrió a mis brazos. Noté dos cosas: Una, ¡sus piernas, obviamente, no estaban rotas! Segunda, ¡tenía puestas las mismas ropas, sin haberlas cambiado desde que se fue al campamento cinco días atrás!
Al volver juntos a casa le pregunté qué había pasado.
—No lo sé, papá —fue su respuesta—. Estaba muy mal y de repente me dejó de doler.
Hasta el día de hoy no tengo la menor idea de lo que pasó. La enfermera del campamento creía que las dos piernas se habían quebrado. Uno de los jóvenes que trabajaba en el campamento y que había servido en Vietnam como paramédico también creyó lo mismo. No existía confirmación médica fehaciente, por eso digo: «No sé». Pero sí sé que sentí la gloria del Señor cuando
(1) hice una confesión y fui purificado y perdonado de la ira,
(2) tomé una decisión de fe que lo honró a Él, y
(3) liberé a Dios de mi requerimiento de lo milagroso. Asimismo, sé que mi hijo vivió una experiencia que nunca olvidará. Todo esto es suficiente.
LA DECISIÓN DE CREER
Existen varios incidentes de la vida del Señor Jesús que ilustran la importancia de elegir bien. Lea Marcos 4:35–41. Partiendo de esta historia de la tormenta, conteste las siguientes preguntas:
1. ¿Qué dijo Jesús a los discípulos para iniciarlos en la travesía?
2. ¿Qué hacía Jesús cuando llegó la tormenta?
3. ¿Qué le sugiere esto a usted?
4. ¿Cómo confrontó Jesús a la tormenta?
5. Los discípulos escucharon a Jesús hablar a la tormenta. ¿Qué oyeron cuando se dirigió a ellos?
Es notable ver que Jesús reprendió tanto a la tormenta como a los discípulos. Aunque calmó la tormenta externa, Él esperaba que ellos confrontaran la tormenta interna. Si usted lee los relatos de los evangelios, le sorprenderá ver cuán a menudo Jesús ejerce control sobre los eventos climatológicos y sobre los espíritus demoníacos; sin embargo, casi nunca lo verá ejerciendo control sobre los discípulos. Sólo Él podía reprender a la tormenta en el mar de Galilea. Sólo ellos podían reprender a la tormenta de temor y dudas que estaban sintiendo.
Cuando Él pregunta: «¿Cómo no tenéis fe?» Estaba sugiriendo que era posible tener fe; que se necesitaba una decisión. Ellos podrían haber elegido creer en vez de ceder a las dudas y temores.
Hoy día eso es también valedero para nosotros. En su sabiduría, Dios nos ha hecho responsables a ti y a mí de los asuntos de fe. Sólo nosotros podemos controlar nuestras dudas y temores. Utilice una concordancia para ver cuántas veces aparece en la Biblia la expresión «no temáis». El consejo no aparecería si no fuera posible hacer caso. Si Jesús dice: «No temáis», ¡para nosotros debe ser posible recibir el dominio sobre el temor!
RIQUEZA LITERARIA
Romanos 8:15: «No habéis recibida el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor». Phobia, phobos, (Strong #5401); alarma o consternación, tener temor, en exceso, terror, de donde se deriva phebomai (estar atemorizado).
Pablo asocia este terror con el espíritu de esclavitud y dice que no hemos recibido ese espíritu. Hemos recibido el Espíritu Santo operante que es llamado el «Espíritu de adopción». El nos llevará a clamar: «¡Abba, Padre!», un término amoroso utilizado por los que se saben incluidos en la familia de Dios.
RIQUEZA LITERARIA
2 Timoteo 1:7: «Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía», deilia (Strong #1167); timidez o temor.
Cuando Pablo confronta la timidez de Timoteo, le recuerda lo que el Espíritu Santo le ha dado. A partir de 2 Timoteo 1:7, ¿cuáles son los tres elementos que Pablo le dice a Timoteo que ha recibido de Dios?
1.
2.
3.
En la lección anterior vimos que la fe es un don del Espíritu Santo. Cuando consideramos la fe como una decisión, ¡ya nunca más estamos solos! El Espíritu de Dios labra en nosotros el conocimiento de que cada uno es hijo del Padre. Así, el Espíritu Santo busca darnos poder, amar y dominio propio.
RIQUEZA LITERARIA
2 Timoteo 1:7: «Dominio propio», sophronismos (Strong #4995); disciplina, autocontrol, sanidad mental.
Mientras que la palabra cobardía significa temer a perder la confianza, el dominio propio se refiere a la habilidad de estar baja control durante circunstancias difíciles, pensar acertadamente baja presión. Lo malo es que existe el espíritu de temor. Ese espíritu estaba operando en Timoteo, y va a tratar de aperar en usted también. Lo bueno es que el Espíritu Santa al mismo tiempo está obrando para poner a su disposición el dominio propio que necesita.
Usted puede decidirse a creer. También puede elegir el pánico, dejando lugar a las dudas y a los temores. Pero la decisión es suya. Usando la metáfora de la historia de Marcos 4, si el Señor Jesús dice: «Pasemos al otro lado», se puede asumir correctamente que usted también llegará a la meta.
La pregunta entonces se vuelve: «¿Qué le ha dicho a usted el Señor?» O tal vez debamos preguntar: «¿Qué pasajes de las Escrituras entiende usted que se pueden aplicar a su situación actual?»
Si algunos aspectos de la fe están supeditados a la decisión personal, y si la elección es entre lo que usted sabe que el Señor ha dicho y lo que su circunstancia actual (el enemigo de su alma) dicta, entonces se vuelve sumamente importante saber lo que el Señor está diciendo.
RIQUEZA LITERARIA
Romanos 10:17: «Así que la fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios».
Nota: «En los medios normales de operación divina las personas no llegan a tener una fe de salvación, a menas que lean la Biblia o que alguien les explique el evangelio contenido en ella. El Espíritu utiliza la Palabra de Dios para conseguir una reacción de fe en nuestro interior, y nos inclinamos en la confiabilidad de la Palabra de Dios para nuestra fe de salvación.
EL ESPÍRITU Y LA PALABRA
Cuando la fe es asunto de elección, usted puede estar seguro de que el Espíritu de Dios habla la palabra sobre la cual usted puede basar su decisión de creer. Usando de nuevo la historia de la tormenta en Marcos 4, notemos que los discípulos tenían la palabra de Jesús («pasemos al otro lado»), así como su presencia (estaba con ellos en el bote).
Haciendo la comparación, responda a las siguientes preguntas:
¿Está Jesús con usted? Escriba sus pensamientos al respecto al leer estas promesas.©
Mateo 28:20: «Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he© mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo». Amén.
Hechos 18:10: «Porque yo estoy contigo, y© ninguno pondrá sobre ti la mano para hacerte mal, porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad».
¡Él está contigo! Armado con lo que te ha dicho, usted debe tomar buenas decisiones, decisiones en fe. Sea diligente en tratar con sus dudas y temores. No olvide: Jesús reprenderá la tormenta de afuera. Sólo usted puede reprender su tormenta interna.
No es correcto ni verdadero decir: «No tengo temor». Pero sí está bien decir: «No temeré». No está bien decir: «No tengo dudas». Pero sí es bueno decir: «No permitiré que las dudas se adueñen de mí».
Escriba los siguientes versículos:
1. Salmos 56:3
2. Isaías 12:2
3. Salmos 92:2 (lea los versículos 1–6)
SONDEO A PROFUNDIDAD
Es cierto que en años recientes se ha enseñada un estilo de fe que tiene más de la Nueva Era que de la Biblia. ¿Cuáles son las diferencias?
Las enseñanzas de fe de la Nueva Era lo llevan al camino de satisfacer la voluntad propia. La fe bíblica lo lleva por el camino de satisfacer la voluntad de Dios.
Las enseñanzas de fe de la Nueva Era hacen que la propia voluntad sea importante. Las enseñanzas de la fe bíblica ubican a Dios como ser sumamente importante.
Las enseñanzas de fe de la Nueva Era implementan tácticas de negación, rechazando el reconocimiento de la realidad de la maldad personal y sobrenatural. Las enseñanzas de la fe bíblica reconocen la realidad y triunfa sobre la tragedia.
La negación está basada en el temor, pero la fe nunca teme la realidad. Algunos quieren creer en la sanidad porque le tienen miedo a la enfermedad. Pero la fe bíblica lucha por la sanidad porque Dios la ha prometido («Yo soy Jehová tu sanador» Éxodo 15:26), y no porque tememos las complicaciones o consecuencias de la aflicción o de la muerte.
Con esto no queremos sugerir que un cristiano no teme, ya sea al dolor, la enfermedad, la pobreza o incluso al enemigo. Los creyentes fieles y sinceros tienen estos sentimientos, pero algunos adoptan el arte de la negación y no admiten el temor, como si su negación fuera «fe». La fe genuina se centra en el Señor y en su Palabra. Se basa en Él (la Verdad) y en su Palabra que es verdad (Juan 14:6; 17:7) En vez de vivir en un mundo de negación religiosa o filosófica, el cristiano armado con el entendimiento verdadero de la fe rechazará ser conmovido o tomar decisiones basado en el temor. Ese «entendimiento verdadero» es
(1) el Señor está contigo,
(2) su Palabra es verdad, y
(3) nunca Él le fallará ni a usted ni a su Palabra.
¿Lo cree?
En los cuatro versículos siguientes Jesús formula la pregunta: «¿Crees esto?» Escriba sus propias observaciones de cada incidente, tomando la precaución de estudiarlo en contexto. En cada caso, vea cómo Jesús exige la decisión de fe. La opción correcta no es el poder de la fe. Es sencillamente nuestra aceptación de su promesa: su Palabra. El poder es suyo, la promesa nos la dio a nosotros (textos en bastardilla están resaltado cada versículo).
1. Mateo 9:28: «Y llegado a la casa, vinieron a Él los ciegos; y Jesús les dijo: ¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos dijeron: Sí, Señor».
2. Juan 1:50: «Respondió Jesús y le dijo: ¿Porque te dije: Te ví debajo de la higuera, crees? Cosas mayores que estas verás».
3. Juan 9:35: «Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios?»
4. Juan 11:26: «Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?
FE VIVA
En la lección anterior estudiamos el don de fe. El Espíritu de Dios se puede mover tan poderosamente dentro de usted que la fe es menos un asunto de hacer que alga suceda y más un asunto de permitir que alga ocurra. Como es un don, usted sólo puede recibirlo. Cada uno de nosotros puede responder a un regalo que se nos ofrece. No podemos iniciar la ofrenda del don pera podemos recibirla.
En este capítulo hemos estudiado los conceptos detrás de la fe como una decisión. Evalúe sus decisiones recientes como asuntos de fe en las siguientes circunstancias: Describa modos que permitan tomar la decisión de creer:
En mi
En mi trabajo
En mi
En mis emociones
En mi ministerio
Este es un ejercicio maravilloso, sin embargo, revise la escrita. Si escribió decisiones que expresan sus deseos y no la voluntad de Dios (como lo revela en su Palabra), entonces usted va a tener menos poder de fe que lo que El desea que tenga. Vea los distintos temas de nuevo, y tome nota de un versículo que crea adaptado a su circunstancia. Convierta esa promesa en la base de su fe y deje que Dios entre en su decisión mediante esa decisión. Usted no debe sentir que su responsabilidad es crear o conseguir el poder para obtener soluciones. Usted simplemente debe elegirla a El. ¡El tiene el poder, y nos ha dada su promesa tanto a usted como mí!

Lección 4: —La Fe y la sanidad
¡Crack! Era la tercera entrada, dos outs, y el bateador hizo volar la pelota sobre mi cabeza en el puesto de parador. Con el ojo clavado en la pelota, corriendo velozmente hacia atrás, estaba yo seguro de que iba a lograr el último «out» de la entrada. Desafortunadamente, el interceptor izquierdo tuvo la misma idea. Todos los espectadores quedaron maravillados cuando saltamos al mismo tiempo. Tropecé y él me cayó encima. Ninguno de los dos pudo agarrar la pelota. ¡Otro día típico en la cancha de la Liga Infantil de Béisbol!
Así se me fue el verano, dejándome con la clavícula fracturada en dos partes. Si no hubiera tenido tanto dolor, me habría enojado mucho más. Pero el dolor me quitó la furia.
Cuando me llevaron a casa, me di cuenta que tenía otro problema. No sólo tenía la clavícula fracturada; también tenía un padre que creía en las promesas de la Biblia sobre la sanidad divina. Para él, «sanidad divina» quería decir: «El poder de Dios para sanar los enfermos y afligidos en respuesta a la oración de fe ofrecida en el nombre de Jesús». La fe de mi padre en favor de la sanidad era tan fuerte que nuestra familia sufrió muy pocas enfermedades (¡en años posteriores, mi hermano y yo solíamos decir que «no se nos permitía» enfermarnos!).
Cuando el entrenador me llevó a la sala de mi casa, papá le hizo algunas preguntas. Después de que se fue, papá se dirigió a mí, lo que me causó sorpresa. Yo estaba esperando una de sus famosas oraciones de sanidad, porque es lo que normalmente hacía (y en general daba resultado, aunque no siempre el que yo esperaba. Otros niños, de vez en cuando, podían quedarse en casa por un dolor de estómago. ¡Pero nosotros, no! «¡Sé sano en el nombre de Jesús! Ahora, vete a la escuela»).
Pero esta vez, le oí decir:
—Bueno, hijo: ¿Qué te gustaría hacer?
No vale, pensé. Vamos, ora por mí y haz que me ponga bien. Rápido.
Por su mirada, yo sabía que él había tomado una decisión y que esta iba a ser mi decisión. Algunos años más tarde me daría cuenta de que él sabía que era necesario que un niño en crecimiento se encontrara a solas para lidiar con las promesas y pactos de Dios sobre la sanidad.
—Vamos papá, ora —le dije con la audacia que me habían dado todas sus oraciones anteriores.
Él oró, ¡pero cuando traté de mover mi brazo, me dolió! En vez de orar de nuevo, sonrió. Según recuerdo, me dijo que me llevaría al médico en cuanto yo estuviera listo.
He aquí una propuesta interesante. Nunca había conocido a un médico, ni tampoco había estado en un hospital, mucho menos había utilizado los servicios de un profesional. Así que no era una idea agradable. Entonces, basado más en el temor de lo ignoto que en la fe en el Señor, decidí llevar el brazo en cabestrillo y me fui a dormir. Tenía once años y estaba mucho más interesado en los placeres del verano que se me iban a escapar que en darle al Señor la gloria en el proceso de sanidad.
Pero algo ocurrió en esas dos semanas que influyó en el resto de mi vida. En realidad leí la Biblia con seriedad y para el crecimiento personal. Tal como la mayoría de los niños buenos que van a la iglesia, había memorizado las Escrituras para concursos, y en general para lucirme frente a los adultos. Pero en realidad no había leído las promesas de Dios por algún otro motivo. ¡No estaban ligadas a la «vida real»!
Esto sí que era real. Especialmente después de haberme caído por las escaleras al día siguiente, y después de que todo el vecindario me oyera gritar del dolor. De pronto, ir al doctor no era tan mala idea.
—¿Qué te gustaría hacer? —me volvió a preguntar papá.
Como un niño de once años, admito que tomé una decisión basada en un entendimiento inmaduro del propósito y de las promesas de Dios, sin embargo decidí creer para sanidad. Cómo sé que Él me sanó es el “resto de la historia”. Antes de contarle eso, repasemos algunas de las promesas que cimentarán su fe.
LA PROVISIÓN DE SANIDAD
El profeta Isaías describe al Señor Jesús como el Siervo sufrido. En Isaías 53 se ilustra gráficamente el sufrimiento de nuestro Señor en la cruz.
Estudie Isaías 53:1–12, formulando las preguntas que se encuentran a continuación a medida que va leyendo el pasaje:
1. ¿Cómo se describe la aparición del Señor en el versículo 2?
2. ¿Qué lleva y qué experimenta, según el versículo 3?
3. Según el versículo 4, ¿cómo fue estimado el Señor?
4. Según el versículo 4 ¿qué llevó el Señor?
5. Según el versículo 5, ¿por qué fue herido?
6. Según el versículo 5, ¿para qué fue molido el Señor?
7. Según el versículo 5, ¿qué consiguió su llaga?
8. Según el versículo 6, ¿qué hizo el Señor con el pecado de todos nosotros?
9. Según el versículo 7, ¿cuál es la respuesta del Cordero en su sufrimiento?
10. Según el versículo 8, ¿por qué fue herido?
11. Según el versículo 10, ¿qué expresión parece hacer referencia a la resurrección del Señor?
12. Según el versículo 11, ¿cómo justificará a muchos el Siervo justo?
13. Según el versículo 12, ¿cuáles son las cuatro cosas que el Siervo hizo por la humanidad?
RIQUEZA LITERARIA
Isaías 53:4, quebrantos, choliy (Strong #2483); dolencia, ansiedad, calamidad: aflicción, enfermedad, quebranto. Utilice una concordancia de la Biblia para buscar esta palabra y ver cuántas veces se utiliza para referirse a la enfermedad física.
RIQUEZA LITERARIA
Isaías 53:4, dolores, makob (Strong #4341). Esta palabra a menudo se traduce, «dolor», «quebranto», y parece que se refiere al dolor emocional, mientras que la palabra que antecede parece indicar dolor físico. Utilice una concordancia para ver cómo otros escritores han utilizado esta palabra.
INFORMACIÓN ADICIONAL
Isaías 53 enseña con claridad que la sanidad corporal está incluida en la obra expiatoria, el sufrimiento y la cruz de Cristo. Las palabras hebreas para «dolores» y «enfermedades» (versículo 4) se refieren específicamente a la aflicción física.

 

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