¿Te encuentras en el valle de sombra y de muerte?

valley-300Por Eliezer Torres

Porque Tú, ¡Oh Dios estás conmigo

“Aunque ande en valle de sombra de , No temeré mal alguno, porque Tu estarás conmigo.”

Son muchas las veces que “la viva palabra de Dios,” se expresa en mis silencios, soledades y hasta en mi misma nada. Es Su Palabra como un susurro dulce y suave que penetra en mis abismos creando un maravillarse, un estupor sorprendente que le da sentido de esperanza a la vida. Es como un despertar de mi angustiosa y débil fe. Esta fe que se ensancha; y que se adhiere como hiedra, a la Piedra Angular invitándonos a proclamar el bendito nombre de Dios. “Jesucristo, Dios con nosotros”.

El poeta y cantautor Roberto Arellana, nos proclama con fe ensanchada y su voz:

¡Ay qué lindo es tener la paz de Dios! Aquí muy dentro del corazón.

Pareciera que estoy en los cielos delante del trono de mi Dios.”

Sigue la paz y olvida el enojo, Sigue la paz, la paz del .

Sigue la paz y olvida el enojo, sigue la paz la paz de mi Dios.

La paz de mi Dios’ Ohoo, ohoo… ¡la paz de mi Dios!

David, el Rey Pastor y Salmista, escribe el Salmo 23 en medio de una angustiosa crisis. Por un lado la sublevación de Absalón, hijo de David rey de Israel, a quien quería destronar y matar. Por otro lado, los familiares de Esaú, anterior rey de Israel que se unieron a la sublevación contra David, el rey. Y lo último, la muerte de su propio hijo. ¿Cuánto sufrimiento y angustia a la misma vez para un David, cansado y anciano. Fue precisamente en medio del torbellino que David inspirado en su Gran Pastor “Jehovah Raab” escribió y canto el Salmo 23. Fue como un susurro a su oído tan linda inspiración. Me ha llamado la atención la lírica elocuente que dice:

“Aunque ande en valle de sombra y de muerte no temeré mal alguno. Porque Tú estás conmigo.” (Verso cuatro) David en medio de sus amargos silencios por la muerte de su hijos y tantos acontecimientos angustiosos, que fueron pasando como suero de brea, escucha la voz de su Pastor y escribe con madurez y destreza aquellas experiencias que hoy las hacemos nuestra revelación. Es en la mitad misma del Salmo de David, que hoy comparto mi reflexión. Porque es fortaleza y auxilio en nuestras tribulaciones. Porque Dios rompe mis silencio y amplía nuestra visión espiritual que nace del corazón del que está ahí “Jehovah Shammah”.

“Aunque ande en valle de sombra y de muerte, no temeré mal alguno, porque tu estarás conmigo.”

Expresando lo antes dicho, este verso cuatro corresponde a la misma mitad del Salmo. Es el momento cuando el pastor, junto a su hato de oveja sale del redil grande donde muchos hatos de ovejas residen. Es cuando algunos pastores salen hacia los valles y los montes cuando comienza el verano en jornada que durará hasta fines del otoño. Quedan atrás los hatos que, aunque tienen dueño, esas ovejas no tienen pastor. Estas permanecerán en el redil por todo el año.

En , casi todos los pastores eficientes, llevan sus hatos a prados lejanos en el verano. Las ovejas avanzan despacio, paciendo mientras caminan, abriéndose caminos lentamente por las montañas tras la nieve que se va derritiendo. Al final del verano ya han subido a los remotos prados alpestres, más arriba del límite forestal.

Al aproximarse el otoño, las nieves tempranas se asientan en las cumbres más altas, y fuerzan implacablemente al rebaño a dirigirse a montes menos elevados. Por último, hacia el final de año, pasado el otoño, las ovejas regresan al hogar, al redil principal para pasar el invierno.

Durante esta época el rebaño permanece sola con el pastor. Está en contacto íntimo con él y bajo su contacto personal de noche y de día. David, el salmista, sin duda conocía de primera mano el terreno. Cuando Dios envió a Samuel que lo ungiera rey de Israel, él no estaba en casa con sus hermanos en el centro de la finca. Más bien andaba en la serranías cuidando el rebaño de su padre. Tuvieron que mandar por él. Nada raro tiene que pudiera escribir tan clara y concisamente sobre la relación entre oveja y Pastor y dueño.

Conocía por experiencia propia las dificultades y peligros, así como las delicias de los viajes a las montañas. Muchas veces había subido con las ovejas a los prados con las ovejas. Conocía siempre esos salvajes y maravillosos campos como la palma de sus manos. Siempre se adelantaba de antemano para así poder examinar con cuidado el campo y sus alrededores. Era conocedor de los enfurecidos ríos desbordados, las avalanchas, los deslizamientos, las plantas venenosas, los estragos de los animales, de presas que incursionaban el rebaño y las terribles tormentas de granizo y nieve. Nada le tomaba por sorpresa. Estaba preparado para salvaguardar su rebaño y atenderlo con destreza bajo cualquier circunstancia.

Todo esto se demuestra en la hermosa sencillez de los últimos versículos. Hay una grandeza y quietud y seguridad que pone el a descansar. No temeré mal alguno porque tú estarás conmigo.

En la vida hay que penetrar a nuevas dimensiones de altura. ¡Cuánto anhelamos vivir más allá de las hondonadas de la vida! La vida chata, ordinaria es sosa, desabrida y la que va más allá de la mediocridad es la extraordinaria. Muchas veces en nuestra vida tocamos suelo y nos quedamos sin fondo y allí solo reina la vaciedad, la nada, el silencio frío y surgen pensamientos que nos hunden cada vez más profundo, aquellos que no humanizan porque no vemos esperanzas. Es aquí cuando buscamos aire para elevarnos como las águilas.

A veces necesitamos vientos contrarios, momentos difíciles en la vida para elevarnos a nuevas dimensiones. Es como cuando elevamos un cometa, chiringa o papalote. Es necesario tener vientos contrarios, pero también necesitamos un soporte para sostener el hilo fuerte que se amarra a nuestra vida como cometa que se eleva a los insospechados lugares gracias a los vientos contrarios. Ese soporte sin duda es la “palabra viva” del Shammah, “El Dios que está ahí.” Es que a veces el silencio, la soledad y la nada es símbolo de elevación porque nuestra razón de vida no es el vivir en cuclillas, atrinchero sino de pie, en marchas hacia la serranía, las montañas, ascendiendo hasta alcanzar ese más sublime estilo de vida. Ahora no olvidemos que uno alcanza terrenos más altos pasando por los valles.

Toda montaña tiene sus valles. Sus laderas están cavadas por profundas barrancas, quebradas y hondonadas. Y la mejor ruta para llegar a la cima es siempre por los valles. El Pastor conoce que por los valles se pasean sus ovejas despacio, silenciosas, con cierto temor; por eso, las conduce suave pero persistentemente por los temerosos valles. Debe notar que el versículo dice: “Aunque andes en valle de sombra y de muerte”. No dice: Aunque muera, o me detenga, sino “Aunque ande. El Buen Pastor dice: “He aquí yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del ”. Jesucristo estuvo y estará con nosotros. La muerte no fue el fin, sino solo la puerta a una vida más alta y más sublime de contacto íntimo con .

Muchas veces he pensado y dicho: “Oh Señor, esto parece demasiado duro, pero estoy seguro que el final resultará ser más fácil y suave para llegar a un terreno más alto”. Luego al darle gracias por las cosas más difíciles, por los días obscuros, descubro que Él está conmigo en las angustias y en los momentos tenebrosos. Entonces entiendo que todo está bajo su cuidado y que tiene todo bajo su control. También vamos a descubrir nuevos manjares frescos y rutas mejor irrigadas. Aquí se encuentran las aguas frescas por todo el . Hay ríos, torrentes, fuentes de cristalina y tranquila en los hondos desfiladeros.

Como hijos de Dios tarde que temprano descubriremos que en los valles de nuestra vida es donde encontramos los refrigerios refrescantes de nuestro Dios. Cuantos alimentos en nuestra vida descubrimos ascendiendo con al monte de la resurrección. Allí descubrimos, cual Pablo, que hemos sido justificados por la fe de nuestro Buen Pastor.

”Justificados, pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.”Ahora descubrimos que el Dios que está ahí ”El Shammah”, es también nuestro “Shalom”, nuestra paz.

Nota: Los nombres hebreos referidos a Dios son nombres redentores. Es decir: Apuntan a nuestro señor Jesucristo.

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