Un deber del pueblo de Dios cuando ora

El pueblo de ha de observar con diligencia la respuesta de a sus oraciones.-Se exponen las razones que existen para ello.
Habiéndose redactado las palabras de este texto bíblico en relación con la respuesta de Dios al salmista, es en este aspecto que me propongo principalmente considerarlas.
Lo que aquí se observa es esto: Que cuando un a elevado sus oraciones a Dios, no sólo debe tener la seguridad de que El en misericordia contestará estas oraciones, sino que también ha de escuchar con diligencia, observando cuál sea la respuesta.Ambas cosas se echan e ver en este texto: “Escucharé lo que hablará Dios”; decir, cómo lo hará; y al mismo expresa confiadamente la seguridad de que “Dios hablará paz”. Esta es la oración de la asamblea en Miqueas 7:7: “Yo pero a Jehová esperaré, esperaré al Dios de mi salud: Dios mío me oirá”. Estaba a la vez seguro de que El oiría misericordiosamente (“el Dios mío me oirá”), dispuesto a esperar hasta que El respondiera, y a observar como El haría: “A Jehová esperaré”; y en el v. 9: “La ira de Jehová soportaré… hasta que juzgue mí causa”. También vemos que Habacuc, habiendo orado contra la tiranía de Nabucodonsor en el primer capítulo, empieza así en el segundo: “Sobre mi guarda estaré… y atalayaré para ver qué hablará en mí” Al fin llega una respuesta (v2); y así como el profeta esperó una visión (pues a veces sus profecías fueron una respuesta a sus oraciones), así también nosotros debemos esperar respuesta a las nuestras.

Razón 1ª.— Porque de lo contrario hacéis vana en vuestros corazones una ordenanza de Dios, al tomar en vano su nombre.Sino observáis con diligencia la respuesta de Dios es señal de que no creéis que vuestra oración sea medio eficaz para alcanzar el fin para el que ha sido ordenada, y decís secretamente en vuestros corazones las palabras de Job 21:15: “¿Y de qué nos aprovechará que oremos a El?” Si usamos un medio, y no esperamos el fin, tácitamente decimos que dicho medio no sirve para alcanzar aquel fin. Toda oración fiel es ordenada por Dios para ser el medio de obtener lo que deseamos y pedimos, y no será presentada en vano, mas tendrá respuesta: 1 Juan 5:14, 15: “Y ésta es la confianza que tenemos en El, que si demandáremos alguna cosa conforme a su voluntad, El nos oye”. Cierto es que Dios oye también a un enemigo, pero lo que aquí se indica es que El nos oye en misericordia y gracia; como cuando se dice que cierto favorito es oído por el rey. Si alguno se niega obstinadamente a recibir consejo, decimos que “no quiere oír”, aunque de hecho oiga; del mismo modo, en este caso, oír significa inclinación favorable a hacer lo que se ha pedido. Y así se dice que los oídos de Dios están abiertos a las oraciones de ellos; de donde se infiere que “si sabemos que El nos oye en cualquiera cosa que demandáremos, sabemos que tenemos las peticiones que le hubiéremos demandado “. Tan pronto hemos orado, se dice, tenemos nuestras peticiones (es decir, ya están concedidas), y podemos confiar en que Dios ha dado su consentimiento a ellas. Aunque, en cuanto a la dispensación externa, aun no se haya extendido el decreto de ejecución, se dice que el suplicante tiene lo que desea sólo conque el rey dé la orden para que se haga; bien que tal orden no recibe el sello ni es firmada hasta mucho después. Algo parecido ocurre cuando un hombre impío peca: tan pronto corno el acto ha sido cometido, la sentencia de Dios es dictada contra el trasgresor, mas la ejecución no le alcanza quizás hasta mucho más tarde. El dicho de Salomón en Eclesiastés 8:11: “No se ejecuta luego sentencia sobre la mala obra”, entraña que la sentencia es pronunciada inmediatamente, pero no ejecutada. Lo mismo ocurre cuando un hombre piadoso ora: tan pronto como la oración llega al cielo -lo cual ocurre en un instante -, la petición es concedida. En Daniel 9:23 vemos el aplazamiento de una ejecución efectiva: “Al principio de tus ruego salió la palabra”, bien que el ángel que trajo la respuesta no llegó hasta el anochecer (v. 21). De modo que ninguna oración es en vano en cuanto a la respuesta, pues cuando Dios ha dado que el hable, El tiene oído para oír; y no tener esto en cuenta equivale a considerar inútil un mandamiento Suyo, o lo que es lo mismo, a tomar el nombre de Dios en vano.

Razón 2ª.— No solamente se toma en vano el nombre de Dios, sino también sus atributos,pues es señal de que pensáis que “se ha acortado la mano de Jehová para salvar… hase agravado su oído para oír”, o que su corazón se ha empequeñecido y sus -afectos se han refrenado para no querer; con lo cual le robáis y le despojáis de uno de sus, títulos más regios, aquél con que se llama a sí mismo en el Salmo 65:2: “Dios que oye la oración”, quien de tal modo la atiende, que en 1 Reyes 8:59 se dice que está “cerca de Jehová nuestro Dios de día y de noche—. Todas las oraciones están ante El, y las coloca ante sus ojos, como nosotros hacemos con las cartas de nuestros amigos, que, dejamos en sitios visibles para acordarnos de que hemos de contestarlas, o que llevamos encima para tener la seguridad de no olvidarlas. Las peticiones de los suyos no se apartan de su vista hasta que envía respuesta, lo cual aquí es llamado “hablar”, pues Dios habla con sus hechos tanto como con su Palabra. Pero vosotros, en vuestra negligencia, hacéis de El un dios de idólatras, un dios semejante a las vanidades de los paganos, como si “tuviera oídos y no oyera, ojos y no viera” vuestra necesidad, etc. Un dios como el que Elías ridiculizaba: “Gritad en altavoz”, decía, “quizá va de ”, etc. (1 Reyes 18:27). Así representáis al Dios de cielos y tierra, al no poner mayor confianza en El, ni pensáis más en vuestras oraciones a El, que los paganos en los sacrificios que ofrecen a sus dioses. Los que suplican favores, no solamente presentan sus peticiones, sino que suelen esperar a la puerta de los grandes hombres, y preguntar, y escuchar por si les fuera posible enterarse de la respuesta que van a recibir. Si ésta es parte de la honra debida a los que están en eminencia, ¡cómo no habremos de esperar también para ver qué responderá Dios, reconociendo así su grandeza, la distancia a que nos hallamos de El, y cuánto dependemos de El! “Como los ojos de los siervos miran a la mano de sus señores, así nuestros ojos dice David, “miran a Jehová nuestro Dios, hasta que haya misericordia de nosotros” (Salmo 123:2). Y en el Salmo 130, después de haber orado (v. 2), dice que “espera a Jehová más que los centinelas a la mañana”. Así como aquellos que tienen algo grande que hacer por la mañana anhelan el amanecer y salen a menudo a ver si el día alborea, así también él busca las señales tempranas de una respuesta. Lo mismo encontramos en el Salmo 5:3: “De mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré a ti, y esperaré—, es decir, esperaré una respuesta.

Razón 3ª. — Asimismo, si Dios te da una respuesta y no haces caso de ella, dejas que Dios te hable en vano. Si dos hombres andan juntos, y uno, después de decir lo que quería, no escucha a su interlocutor, sino que desatiende la respuesta, se considera que ha menospreciado en gran manera a su compañero. Así como non responderé pro convitio est (no contestar es menosprecio), así también lo es non attendere (no atender a lo que otro dice). Así pues. la realidad de que hablamos a Dios por medio de nuestras oraciones y de que El nos habla por su respuesta a las mismas, es una parte importante de nuestro andar con El. Además, estudiar Su proceder para con nosotros, y comparar nuestras oraciones con sus respuestas, equivale a un diálogo. Se nos dice de la de Samuel, que ninguna de sus palabras cayó a tierra (1 Samuel 3:19); y lo mismo puede decirse de nuestras oraciones. Así debe ser con las respuestas de Dios; ninguna de sus palabras debe caer a tierra, lo cual ocurrirá si no las recogéis y Observáis, si no las escucháis y examináis. Por la misma razón que habéis de observar el cumplimiento de las promesas de Dios, tenéis que considerar también el de nuestras oraciones. En 1 Reyes 8:56 se dice lo siguiente: “Ninguna palabra de todas sus promesas… ha faltado”. Salomón había observado esto por medio de un estudio particular de todo lo que Dios había dicho y hecho por ellos, y comprobó que ninguna de las promesas había quedado por cumplir. Y razones parecidas tenemos para hacer lo mismo con las respuestas a la oración y su correspondiente examen, pues orar no es sino poner litigio a una promesa; por lo cual, Salomón emplea dichas palabras precisamente con este propósito: confirmar la fe de ellos en que ninguna oración sería frustrada si estaba fundada en una promesa; alentar así a otros, y a su propio corazón, a ocuparse en ello diligentemente, y también como motivo para que Dios le oyera; pues luego discurre (v. 59): “Que estas mis palabras estén cerca de Jehová”, etc., ya que El siempre ejecuta Su buena palabra para con Israel.

Razón 4ª. — De no prestar atención, provocaréis al a no responder en absoluto;a guardar silencio definitivo, viendo que es en vano responder. Cuando uno habla a alguien que no le escucha, acabará cansándose, y renunciando a la conversación; lo mismo hará Dios. De modo que lo que dice el apóstol respecto a la fe (Hebreos 10: 36), que no basta creer, sino que “habiendo hecho la voluntad de Dios, la paciencia os es necesaria” para preservar la fe, “para que obtengáis la promesa”, puede decirse también, y ciertamente, de la oración. No basta orar, sino que, después de haber orado, es necesario que estéis a la escucha esperando una contestación, si queréis recibir lo que pedís; de lo contrario Dios no responderá. El sermón no está terminado cuando el predicador ha concluido, ya que su fin es que sea puesto en práctica; así también nuestras oraciones no han terminado cuando las hemos presentado, sino que hemos de esperar aún, y observar su cumplimiento.

Razón 5ª. — Si no observáis sus respuestas, ¿cómo bendeciréis a Dios y le daréis gracias por oír vuestras oraciones?El Salmo 116 comienza así: “Amo a Jehová, pues ha oído mi voz y mis súplicas” (v. l); motivo suficiente para que todos los versículos restantes sean de acción de gracias. Debéis perseverar en oración, “velando en ella con hacimiento de gracias” (Colosenses 4:2), lo que quiere decir no solamente velar para reparar en y recordar aquello que necesitáis, por lo cual tenéis que orar, sino también para tener las respuestas de Dios como tema de vuestras acciones de gracias. Muchos sobreabundan en este capítulo de las peticiones, pero en cuanto al de la acción de gracias, no piensan en él hasta que vienen a pedir, como tampoco consideran la forma de encontrar la fuente del agradecimiento. Pero si hay algo que os pueda ofrecer motivos de gratitud, es precisamente el estudio de las respuestas de Dios a vuestras oraciones, La razón de que oréis tanto pidiendo y tan poco agradeciendo, se debe a que no consideráis las respuestas de Dios; no las estudiáis. Cuando hemos clamado en una oración fiel, Dios queda convertido en deudor nuestro a causa de la promesa, y hemos de fijarnos en el pago que de El recibimos, para acusar recibo con nuestro reconocimiento; pues, de lo contrario, su gloria quedaría mermada.

Razón 6ª. — Si la gloria de Dios, en cierto sentido, queda mermada, también vosotros perderéis la experiencia que podríais haber adquirido.(1) Experiencia tanto de Dios como de su Realidad, la cual producirá en vosotros esperanza y confianza en El para otras ocasiones, si una y otra vez habéis comprobado que contesta a vuestras peticiones. Cierto hombre, de reconocida santidad, en ocasión de que Dios le había concedido una gran petición, dijo: “Dado que Dios no me ha denegado nada de lo que le he pedido, ahora le pongo a prueba a menudo, y en adelante confiaré en El”. Si oír las oraciones de otros nos alienta a dirigirnos a Dios (Salmo 32:6: “Por esto orará a ti todo santo”), mucho más cuando observamos y tenemos experiencia de que las nuestras son oídas. Dice David: “Porque ha inclinado a mí su oído, invocaréle por tanto en todos mis días” (Salmo 116: 2); como si dijese: “Ahora que Dios me ha oído, ya sé a quién recurrir: esta experiencia, aunque no tuviera otra, es suficiente para alentarme a orar siempre a Dios; por ella he aprendido a invocarle en todos mis días”. Además, (2) observando las respuestas de Dios a vuestras oraciones, adquiriréis gran discernimiento de vuestros corazones, caminos y oraciones, por cuyo medio podéis aprender a juzgarlos. Así vemos, en el Salmo 66:18, 19, que la certidumbre que David tenía de no mirar a la iniquidad en su corazón fue fortalecida al comprobar que Dios había oído sus oraciones. Razonaba David de esta manera: “Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, Dios no me hubiera oído; pero Dios me ha oído”. Por lo tanto, si Dios no os concede lo que le pedís, tendréis deseos de averiguar la razón de su proceder; y de este modo llegaréis a escudriñar vuestras oraciones y la condición de vuestros corazones, para ver en ello si no pedisteis mal; pues dice la Palabra: -Pedís, y no recibís, porque pedís mal” (Santiago 4: 3). Si enviáis recado a un amigo que generalmente es puntual en contestar, y no suele fallar, y no recibís respuesta suya, empezaréis a pensar que algo ocurre. También en el caso que nos ocupa; si se os niega una petición, tendréis celo por saber a qué se debe; y al hacer este estudio alcanzaréis a ver algo en vuestras oraciones que podéis corregir la próxima vez o bien, si recibís respuesta, debido a que Dios suele proceder en consonancia con vuestras oraciones, como observaríais quizá si os fijarais en su proceder hacia vosotros, llegaréis a tener gran discernimiento tocante a la aceptación y aprobación en que Dios tiene vuestros caminos. Os daréis cuenta de que su proceder para con vosotros y el vuestro para con El son en gran manera paralelos y se corresponden: mantienen, por decirlo así, una relación mutua. Leemos en el Salmo 18:6: “En mi angustia invoqué a Jehová”; y en los vs. 7 y siguientes prosigue describiendo su liberación, fruto de aquellas oraciones. En los vs. 20 y siguientes añade la enseñanza que ha sacado de ambas cosas: “Conforme a la limpieza de mis manos me ha vuelto`, etc. “Limpio te mostrarás para con el limpio.”
Razón 7ª. — Si no prestáis atención a las respuestas de Dios, perderéis gran parte de vuestro consuelo. No hay mayor gozo que ver cómo son contestadas las oraciones, o ver almas convertidas por nuestro medio: “Pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido” (Juan 16:24). Recibir respuesta hace que el gozo abunde y rebose. Más aun, cuando oramos por otros y nuestras oraciones son contestadas, la alegría nos invade, y tanto más cuando se trata de nosotros mismos. Por esto, aun en las cosas secundarias de que goza el , su consuelo excede al de otro. Si “las aguas hurtadas son dulces, y el pan cotidiano en oculto es suave” (Proverbios 9:17) para los impíos, la vianda pedida en oración es tanto más dulce para los justos. En la mera petición de mercedes terrenales hay más dulzura que la que se tiene gozándolas. Es un gozo para el buen corazón ver la conversión de alguno, pero mucho más lo es para el que ha sido usado como medio de tal conversión: “No tengo yo mayor gozo”, dice Juan, “que éste, el oír que mis hijos andan en la verdad” (III Juan 4). Ver a Dios hacer bien a su iglesia, y oír las oraciones de otros, es un consuelo, pero mucho más lo es el ver que El lo hace en respuesta a las oraciones de uno. Por lo cual, cuando Dios restaura el consuelo a un alma entristecida, se dice que dará “consolaciones a él y a sus enlutados” (Isaías 57:18), o sea a los que oraron y se lamentaron con él, tanto corno al alma por la que se oró. Para ellos es un consuelo ver que sus oraciones han sido contestadas, consuelo que tiene varias facetas: (a) Recibir noticia de Dios como recibirla de un amigo, aunque sólo sean dos o tres palabras, y aunque el asunto sea de menor importancia, si al pie de la carta se leen las palabras “tu padre que te ama”, o “tu sincero amigo”, produce abundante satisfacción. Así también la produce (b) saber que Dios nos tiene en cuenta, que acepta nuestras obras, y que cumple sus Promesas.(c) ¡Cuánto gozo el hallar a otro de la misma opinión durante una controversia! Pero la comprobación de que Dios y nosotros somos de un mismo parecer, y coincidimos en desear las mismas cosas (no sólo dos de nosotros, como vemos en Mateo 18:19), esto sí que produce gran gozo en el corazón: Y así ocurre cuando un hombre comprueba que su oración ha sido respondida. Por lo cual, mucho perdéis de vuestras consoladoras bendiciones cuando no observáis la contestación dada a vuestras súplicas.
En cuanto a normas y ayudas para descubrir el propósito de Dios para con vuestras oraciones, cómo observar las respuestas, y cómo conocer cuándo El responde, consideraremos algunos casos que pueden presentarse según las varias clases de oración y sus correspondientes respuestas.
1. Oraciones presentadas en favor de la iglesia, para cumplimiento de cosas que pueden acaecer en épocas venideras.
2. Oraciones hechas en favor de otros, o sea amigos, parientes, etc.
3. Oraciones pidiendo por vosotros mismos o por otras personas en que otros oran juntamente con vosotros.

Por Thomas Goodwin

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