¿Voy a recibir todo lo que le pida a Dios?

promesas de DiosPedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. Mt 7:7-8

La biblia está llena de sorprendentes y extraordinarias promesas para el creyente. Pero esta en particular tiene un lugar bastante privilegiado debido a que salió directamente de los labios de nuestro señor Jesucristo.

Lamentablemente son muchos los que se acercan a esta promesa sin tener presente varios principios bíblicos y ven en ella una tienda de compras donde pueden adquirir sus juguetes preferidos para sentirse cómodos y alegres. Me pregunto: ¿Qué será peor? No creer en las promesas de Dios o creer lo que no ha prometido. Si queremos poseer un consuelo verdadero en base a las promesas de Dios, debemos asegurarnos de que realmente entendemos lo que ha prometido. De lo contrario, estaremos esperando cosas que Dios nunca ha prometido darnos.

En primer lugar, debemos entender que estas palabras en su sentido primario fueron dirigidas exclusivamente a los hijos de Dios. Esta promesa no es para todo el mundo. Aquellos que no tienen a Dios por padre ─en el sentido redentor─ no tienen ningún derecho a usar esta promesa como base de sus peticiones. Ahora, si queremos entender esta promesa correctamente no debemos aislarla de su contexto inmediato, ni tampoco, del contexto general de las escrituras. Muchas personas leen las escrituras sin nunca tener en cuenta el contexto de lo que están leyendo, como si fuera una porción de texto flotando en el aire. En este caso en particular, esta promesa se encuentra en una sección de las escrituras llamada: “El sermón del monte” y dicho sermón es un grupo de ideas magníficamente enlazadas entre sí. Existe una secuencia de pensamiento que no debemos obviar.

¿Qué es lo que está Cristo prometiendo al creyente que si pide, se le dará, y si busca, encontrará? Para llegar a la respuesta correcta es necesario miremos el contexto.

El sermón del monte comienza con una descripción de las características de los hijos del reino. En las bienaventuranzas Jesús describe el carácter del cristiano: es pobre en espíritu, llora por su pecado, es manso, tiene hambre de sed y justicia, es misericordioso, limpio de corazón, pacificador y se goza cuando sufre por causa del evangelio. Luego el señor ─tomando como fundamento lo que el cristiano es─ empieza a describir el papel del cristiano en este mundo como sal y luz del mismo. Y a partir de ahí, con múltiples enseñanzas, establece que la verdadera piedad cristiana es superior a la piedad externa e hipócrita de los escribas y fariseos.

Cuando el creyente lee la porción del texto bíblico que precede a la promesa ─y las demandas generales de la Escritura─ que estamos tratando, guiado por el Espíritu Santo se pregunta: ¿Cómo puedo desarrollar estas características? ¿Cómo puedo vencer el pecado que me asedia, de modo que pueda ser: manso, misericordioso, pacificador, etc.? ¿Cómo puedo ser genuino en mi servicio y no un hipócrita: cuando oro, cuando ayuno, cuando ayudo a otros? ¿Cómo puede confiar en Dios y no desesperarme ante los problemas económicos y situaciones difíciles? Cuando el creyente considera todas estas cosas en su mente, exclama: “Oh Señor, para estas cosas, ¿Quién es suficiente?”.

Justo aquí es donde el Señor entra en escena y nos dice: pide y se te dará, busca y encontrarás, llama y se te abrirá. ¡De esto es que va esta promesa! Si no tomamos en cuenta el contexto terminaremos aplicándola de forma equivocada.

Muchos se acercan al Señor en oración para pedir por los deseos de su mundano corazón y se amparan en esta promesa para exigirle a Dios. Te pregunto, ¿Qué estas pidiendo? ¿Has entendido esta promesa correctamente? En cierta ocasión un hermano en Cristo me contaba de una conversación que había tenido con otra persona que profesaba ser seguidor de Cristo y, sin embargo, era un ferviente defensor de la Ley de la atracción y en dicha conversación usaba esta promesa para apoyar su creencia.

Es en el contexto de las demandas del sermón del monte, ─demandas que están a lo largo y ancho de toda la Escritura─ que Jesús dice: “Pedid y se os dará”. Dios no es como faraón que exigía ladrillos sin dar la paja. Todos los recursos que necesitamos para cumplir Sus mandamientos y llevar una vida que le glorifique están a nuestra disposición, solo tenemos que postrarnos delante del trono de la gracia y pedirlos.

El Señor no está hablando aquí de un carro nuevo, ni de una computadora de última generación o una hermosa casa de placa. Ciertamente el Señor puede darnos todas esas cosas si así lo deseara, pero no es eso lo que se promete aquí. Nuestras necesidades materiales tienen un lugar en nuestras , es bíblico y deberíamos orar por ellas. Pero siempre en el contexto de glorificar a Dios como cosa número uno en nuestras vidas. Si interpretamos incorrectamente esta promesa la veremos como una palanca materialista que usaremos para alimentar nuestra codicia.

Santiago dice que pedimos y no recibimos porque pedimos mal, para gastar en nuestros deleites (Stg 4). Por lo tanto, debemos aprender a pedir cosas conforme a la voluntad de Dios (1Jn). Resumo: esta promesa no es una llave para abrir la puerta que conduce a la feria de las vanidades, sino, una llave para abrir el cofre de los tesoros de la gracia que Dios tiene dispuestos para conformarnos a la imagen de su hijo Jesús.

La prioridad del creyente es vivir a la altura de su llamamiento (2Tes 1:11). Esto era lo que el apóstol Pablo pedía, primariamente, por sus hermanos en Cristo. Porque esto es lo que nos puede llevar a que nuestro Señor Jesucristo sea glorificado en nosotros y nosotros en Él (2Tes 1:12). El verdadero éxito de la vida no consiste en las cosas materiales que podamos alcanzar, ni cuan cómodos podamos vivir. El verdadero y único éxito es vivir bajo la voluntad de Dios. No importa cuáles sean las implicaciones para nuestra vida: riqueza o pobreza, satisfecho o hambriento, acompañado o solo, alegre a triste, etc. si experimentamos todas esas cosas por hacer lo que Dios nos ha mandado a hacer, entonces somos exitosos, si no, somos unos miserables fracasados.

Publicado primero en www.maranata.nat.cu/voy-a-recibir-todo-lo-que-le-pida-a-dios/

 

4 comentarios

Ir al formulario de comentarios

  1. Gracias por esta reflexion hermano, me resulta de bendicion y espero que a muchos tambien les resulte lo mismo.

    1. Muchas gracias hermano, es una gran satisfacción para nosotros saber que nuestro trabajo en el Señor está siendo de utilidad para la edificación de otros hermanos. Te pedimos encarecidamente que ores por nuestro ministerio para que Dios pueda ser glorificado con lo que hacemos. Pues a Él sea toda la gloria.Que Dios te bendiga

  2. Excelente artículo, solo quiero citar Mateos 6:33
    Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.
    A los cristianos hay que enseñarles que lo material no debe estar por encima de las cosas de Dios. Se le debe enseñar que no debemos predicarles un Dios materialista a los que no conocen la verdad, si hacemos esto, le estamos dando falsas expectativas, por las cuales muchos han entrado y se han apartado.
    Bendiciones…

  3. Lo primero que hay que aprender es que cuando venimos a Cristo lo primero que debemos demandar de Él es el alimento espiritual, pues cuando estamos verdaderamente en Él no le tenemos que pedir nada, el conoce nuestras necesidades.

    Me gustaría recibir por mi correo algunas reflexiones sobre las que pueda meditar y compartir con mi congregación ” Cielo Abierto” en Moa. Mi nonbree: Julia Breffe Toirac Correo:jbreffe@ismm.edu.cu, Bendiciones

Deja un comentario

Tu email nunca se publicará.

MaranataCubaTV

Ya estamos en Youtube, únete al canal