Cómo trabaja el Tentador. La estrategia del tentador queda a la vista en el primer relato de tentación que nos da la Biblia en el capítulo 3 de Génesis. Aparece allí claramente la forma de actuar de Satanás. Veamos esta estrategia paso a paso, porque es la que el tentador repite para tentarnos en cualquier circunstancia.
Primer paso: se acerca el tentador. Este es astuto e inteligente y busca la ocasión más propicia para tentarnos.
Por eso en el relato del paraíso el tentador está representado por la serpiente, que es la más astuta de todos los animales. (Génesis 3:1). Debemos estar alertas, porque el enemigo n duerme y busca la oportunidad para tentarnos. Muchas veces ni siquiera eso tiene que hacer, porque nos metemos nosotros mismos en la tentación. No debes dar oportunidad al pecado, ni dar ocasión al tentador. Como bien dice el dicho popular: «El que ama el peligro, en él perece».
Segundo paso: insinuación inicial. « ¿Es verdad que Dios les dijo que no comieran de ningún árbol del jardín?» (Génesis 3:1). El demonio lleva la situación o la conversación al terreno que le conviene. Busca el lado flaco de la víctima. Es aquí donde funciona la teoría de las «pasiones dominantes» que afirma que todos tenemos una pasión dominante, un lado débil fácil de atacar. El demonio sabe cuál es. Para algunos es la sensualidad, la gula, el licor, la mentira, el chisme; para otras el orgullo o la vanidad, la pereza, los celos, la avaricia. El tentador presenta insinuaciones de palabra o imágenes, según convenga a sus planes. En el caso de Adán y Eva les crea la duda y provoca su ambición.
Tercer paso: nuestra respuesta. Este paso es clave. Con la ayuda de Dios y su Palabra podemos descubrir desde el principio al engañador y desnudar sus argucias, negándonos a seguir el trato con él. Así la tentación queda cancelada y el tentador derrotado. La falla de nuestros primeros padres fue que le siguieron prestando atención al demonio. Si se hubieran negado a seguir la conversación, nada hubiera pasado, y todos estaríamos todavía gozando de las delicias del paraíso terrenal. Aceptar el diálogo con el tentadores ponernos en gravísimo peligro de caer. No debemos coquetear con l tentación ni el tentador. En el caso del primer pecado, la mujer cometió la imprudencia de dar razones y seguir la conversación con el demonio:
–Podemos comer del fruto de todos los árboles
–respondió la mujer-. Pero, en cuanto al fruto del
árbol que está en medio del jardín, Dios nos ha dicho: «No coman de ese árbol, ni lo toquen; de lo contrario morirán» (Génesis 3:2
Nuestra conciencia y el conocimiento que tenemos de la Ley y la Palabra divinas nos muestran de manera clara y terminante lo que Dios quiere de nosotros, cuál es su voluntad, qué es lo que la contradice, cuáles son los mandamientos que debemos cumplir y los pecados que debemos evitar. Nos indican también que es malo desobedecer a Dios, o alimentar malos deseos, o alimentar dudas acerca de sus enseñanzas y ordenanzas. Si el demonio consigue desequilibrar nuestra conciencia, o meter dudas en nuestros pensamientos, o torcer nuestros deseos y propósitos, estamos perdidos. Por eso debemos cultivar nuestra mente y corazón con las enseñanzas de la Palabra divina, fortalecer nuestra voluntad con su gracia, reclamar permanentemente la ayuda divina en oración y súplica y buscar la instrucción y orientación que nuestra iglesia y comunidad de fe nos pueden dar, para tener bien claro lo que Dios pide y quiere de nosotros, y no dejarnos engañar por Satanás.
Cuarto paso: proposición directa de pecado. Si hemos fallado en el paso tercero, el enemigo cobra fuerza y avanza terreno para inducirnos directamente al pecado:
Pero la serpiente dijo a la mujer:- ¡No es cierto, no van a morir! Dios sabe muy bien que, cuando coman de ese árbol, se les abrirán los ojos y llegarán a ser como Dios, conocedores del bien y del mal.( Génesis 3: 4-5).
Toda tentación llega con atractivos, con promesa de retribuciones de ganancias, placer, satisfacciones, etc. Y el demonio se encarga de hacerlas provocativas y deseables: el dinero, los bienes en general, la fama, el poder, el placer en todas sus formas. La satisfacción de nuestros caprichos y pasiones son argumentos que usa el demonio para tentarnos.
Quinto paso: la vacilación. A no ser que el alma esté muy encallecida en el pecado, en toda tentación hay cierta vacilación o indecisión. El texto de Génesis la expresa así: La mujer vio que el fruto del árbol era bueno para comer, y que tenía buen aspecto y era deseable para adquirir sabiduría (Génesis 3:6). Muchas veces se entabla una lucha dentro de la persona tentada « ¿Debo o no debo ceder?» Hay aquí una nueva oportunidad para echarse hacia atrás. Si le damos cabida, la gracia de Dios puede actuar. Pero si nos hemos habituado a ceder y nos hemos debilitado en la lucha o alejado de la asistencia divina, seremos presa fácil del tentador y avanzaremos hacia el abismo del pecado.
Sexto paso: el consentimiento voluntario. Caemos en la tentación y el pecado:…así que tomó de su fruto y comió (Génesis 3:6). El demonio ha triunfado y nosotros hemos caído.
Séptimo paso: la desilusión. La conciencia nos acusa de haber pecado y comenzamos a descubrir que las promesas del tentador no son tan reales y agradables. El pecado de cualquier naturaleza deja siempre un sabor desagradable; nos sentimos degradados, sucios. Y muchas veces se crea un gran vacío en nuestro interior: es el vacío que deja la ausencia de Dios, de la virtud, de lo que debió ser y no fue, de nuestra flaqueza y cobardía al haber cedido ante la tentación.
[Eva] tomó de su fruto y comió. Luego le dio a su esposo, también él comió. En ese momento
se les abrieron los ojos, y tomaron conciencia de su desnudez. Por eso, para cubrirse entrete- jieron hojas de higuera (Génesis 3:6-7).
Todo pecado conlleva un derrumbamiento de la vida de Dios en nosotros. Pecar es dar las espaldas a Dios; es despreciar su Ley, contradecir su voluntad y alejarnos de sus propósitos. El pecado nos destierra de nuestra amistad con Dios y de nuestra patria celestial.
Octavo y último paso: la vergüenza y el remordimiento. La voz de nuestra conciencia protesta, y aunque tratemos de apagarla, esta nos acusa diciendo: «Has pecado».
Cuando el día comenzó a refrescar; oyeron el hombre y la mujer que Dios andaba recorriendo el jardín; entonces corrieron a esconderse entre los árboles, para que Dios no los viera. Pero Dios el Señor llamó al hombre y le dijo:-¿Dónde estás? (Génesis 3:8-9).
Esta misma pregunta es la que la conciencia formula al pecador; y no tiene contestación posible. La única escapatoria ahora es buscar el perdón de Dios, arrepentirnos y proponernos enmendar nuestra conducta. Escarmentar para no volver a caer, y buscar los medios y recursos para fortalecernos ante las tentaciones.
Autor: Desconocido







2 comentarios
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¿Te imaginas a Cristo jugandio futball en vez dee star predicando el Reino?
Saludos,
Rodolfo Ramos.
Carlos Bacca solamente está dando la gloria a Dios por todo lo que ha logrado en su carrera, no tiene nada que ver con predicar el Reino o no, simplemente está ensalzando a Dios por todo lo que ha hecho en su vida.
Para predicar el Reino hay que vivir la experiencia primeramente y luego trasmitir a otros la vivencia, no se trata de palabras vacías o meras repeticiones…..
Saludos