El Armagedón

 Enemigos de Dios en la Batalla de ;
Salmo 2

B. Fyfe
Traducido del librito Prophetic profile
de Precious Seed Publications

Príncipes consultarán unidos

La Biblia enseña que se juntarán muchas naciones de la tierra en el día de la venganza de Jehová. Ellas constituirán diferentes ligas y sus ejércitos se convergirán en torno de la Palestina. Esa pequeña tierra será el foco de la última confrontación militar antes del milenio.

El Salmo 2 ofrece una síntesis de esta concentración masiva de los gobernantes en torno de la tierra que poco después será el punto céntrico del reino milenario de Cristo, la ciudad de Jerusalén: “Se levantarán los reyes de la tierra, y príncipes consultarán unidos contra Jehová y contra su ungido, diciendo: Rompamos sus ligaduras, y echemos de nosotros sus cuerdas.”

La primera alianza, la romana

A ésta se la llama a veces la confederación latina. Posiblemente incluya a Francia, España, Gran Bretaña con los demás territorios que estaban en el imperio romano en su momento de mayor extensión. Por cierto, hay dos criterios en cuanto a la extensión territorial del futuro imperio romano. Algunos opinan que abarcará exactamente la misma área que Roma tenía en los días de su mayor supremacía. Otros creen que las fronteras no serán necesariamente las mismas, y que el imperio incluirá los países que han sido colonizados por las razas que había en el imperio antiguo, como por ejemplo las Américas. No podemos insistir ni en una opinión ni otra.

La suerte fatal de esta alianza latina es el tema de Apocalipsis 19.17 al 21: “… fueron muertos con la espada que salía de la boca del que montaba el caballo, y todas las aves se saciaron de las carnes de ellos.”

La segunda alianza, la del Medio Oriente

Esta alianza está formada por naciones del Medio Oriente que son antiguos enemigos de Israel. Aun cuando desaparecieron del primer plano en las noticias de los consejos mundiales, hoy por hoy están volviendo a ser tema de la atención que una vez recibían. Con la constitución de un estado israelí en la Palestina, estas naciones (que antiguamente eran tan prominentes en la historia de Israel) adquirirán una influencia en la política mundial. Cuando la higuera (Israel) brota, y con ella todos los árboles (los países vecinos), “sabéis por vosotros mismos que el verano está ya cerca,” Lucas 21.29.

[ El autor escribió este capítulo en 1980, aproximadamente, pero parece que no reconoce al Estado de Israel que fue constituido súbitamente en 1968. Él hablará en un capítulo posterior del regreso de los judíos en incredulidad.]

¿Quién puede dudar del resurgimiento de las naciones árabes y el poder musulmán en el sector tan explosivo que es el Medio Oriente? Una o dos décadas atrás, ¿quién hubiera creído que ellas se presentarían tan rápida y confiadamente en la tarima mundial? Sí, uno no puede negarlo: la higuera está brotando, y con ella los otros árboles también. El espectáculo está progresando hacia el acto final.

Estas naciones reemergentes se conocían en tiempos antiguos como los filisteos, Isaías 14.29 al 32; Moab, Isaías 15 y 16, Daniel 11.41; Damasco, Isaías 17.1,2; Edom y Amón, Daniel 11.41. Aun cuando en su venida Cristo tratará personalmente con muchas de las naciones guerreras que se encontrarán en campaña conjunta en Palestina, las naciones de Edom, Moab y Amón encontrarán su suerte particular en las manos de Israel, una vez restaurado éste. Aprendemos por Daniel 11.41 que Dios empleará este pueblo como un instrumento para castigar a aquéllos.

La tercera alianza, la del norte

Ésta, de la cual hemos hablado ya, estará al mando del rey del norte, descendiente distante del rey de Siria, Daniel 11.40. Él es el asirio de las profecías de Isaías y Miqueas. “Su poder se fortalecerá, mas no con fuerza propia,” 8.23,24.

O sea, lo probable es que cuente en sus campañas con el apoyo político, si no logístico, de Rusia. Así, dos bloques opuestos entre sí van a entrar en acción de una vez: la alianza occidental (el imperio romano, favorable a los judíos) y la norteña (del todo opuesta a los judíos y empeñada en la conquista de su tierra).

La cuarta alianza, la oriental

La alianza del oriente formará otra agrupación. La barrera natural y tradicional entre Este y Oeste será quitada (sea ésta física o figurativa) al secarse la gran línea divisora que es el río Éufrates; Apocalipsis 16.12.

El veneno de la confederación oriental será dirigida mayormente hacia Europa, pero el escenario de las batallas será aquella tierra reñida de tantas guerras: la Palestina. Es allí donde convergirán a una misma vez los ejércitos de todas las confederaciones que estamos reseñando. Es cierto que las Escrituras presentan como bloques distintos las alianzas del Norte y del Este, pero es evidente que colaborarán entre sí, cada una para su bien propio, impulsados por su odio común hacia el Occidente y hacia los judíos también.

La quinta alianza, la de Gog

Nos queda por tratar otra alianza: Rusia y los países con ella. Se la presenta en Ezequiel 38 y 39 bajo el nombre de Gog. La invasión de Palestina de parte de ésta no coincidirá con la de las alianzas descritas arriba. Una lectura cuidadosa de los dos capítulos conduce a la conclusión que Rusia entrará velozmente en la Palestina una vez derrotados allí los otros cuatro bloques. Gog y sus satélites procederán del norte también, pero no alcanzarán la ciudad capital. Más bien, serán destruidos casi de un todo en las montañas de Palestina; Ezequiel 39.2 et seq.

El diablo

No debemos dejar de notar aquí el aspecto siniestro de la situación, por cuanto los grandes batallones de poderío militar de las naciones gentiles, formados en masa en el Meguido, estarán bajo la influencia del diablo cual dragón. Comentamos al comienzo de este tratado que para la época que estamos estudiando, él se encontrará obligado a morar en la tierra, habiendo sido desalojado de las partes inferiores de las regiones celestiales.

Su furia despiadada será desviada de la una hacia la otra, y será dirigida hacia Dios y su Hijo, el rechazado de los hombres. La gran controversia será la de quién gobernará. Estas alianzas perseguirán nada menos que quitar a Dios de su trono; con esto por delante ellos se concentrarán en el nudo que es la Palestina.

Es esto que el rey David tiene en mente en el Salmo 2, y no nos sorprende la reacción divina a la necedad de las naciones. “El que mora en los cielos se reirá,” tan inútil será el intento de los hombres a echar de sí la autoridad suya. Dios estará sobre su trono cual soberano del universo, sereno y desligado del tumulto de reyes terrenales cuyo atrevimiento resultará en su propia ruina.

Aun ahora los hombres se enfilan en este rumbo. Es uno que resultará a la larga en la desintegración de las naciones que se asociarán en la destrucción de los rebeldes hijos de hombres. Dios abrirá paso para el rey de su elección, a saber, el Hijo suyo quien en la mente divina ya está sentado en su santo monte. ¡Qué de regocijo habrá en el día en que Él sea visto como Rey de reyes!

Los preparativos para el Armagedón

Técnicamente el término Armagedón indica el área en que se reunirán las tropas de las grandes alianzas para entrar en la batalla final de la historia humana inmediatamente antes del milenio. Es una palabra hebrea que quiere decir montañas del Meguido, y representa aquella región en Palestina al norte de Jerusalén.

La batalla propiamente dicha se realizará en el valle de Josafat, una vez que los ejércitos hayan comenzado su movimiento hacia Jerusalén al sur. Es allí donde van a encontrar su destrucción a mano del Rey Guerrero a la cabeza de su ejército celestial. Aun cuando son distintos el sitio de los preparativos y el del encuentro definitivo, se ha llegado a referirse corrientemente a todo esto como la batalla del Armagedón.

La única mención específica a Armagedón bajo este nombre se encuentra en Apocalipsis 16.16 en el contexto de la sexta copa de ira. Se describe allí que la gran ciudad será dividida en tres y las ciudades de las naciones caerán ante los “relámpagos y voces y truenos, y un gran temblor.” Para el conflicto en sí y su fin tenemos que buscar el 19.11 al 21, que es el relato del jinete del caballo blanco y “la gran cena de Dios.”

¿Por qué esta batalla?

La cuestión por resolver es del todo importante: ¿Quién tendrá el derecho de gobernar al mundo? La respuesta definitiva a esta pregunta que ha perdurado por los siglos será decidida en una prueba de fuerza, cuando los reyes energizados por Satanás se confrontan al Monarca ungido de Dios nadie menos que su propio Hijo en la vecindad de Jerusalén. El hombre desafiará a Dios con el propósito declarado de echar de sí toda restricción divina y hacer las cosas como quiera. Estará en juego el poderío mundial, la derrota del Todopoderoso, en este momento crucial.

El Salmo 2 hace ver la arrogancia de los reyes de la tierra y de sus súbditos: “Rompamos sus ligaduras, y echemos de nosotros sus cuerdas.” Pero: “Mi hijo eres tú … Te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra. Los quebrantarás con vara de hierro, como vasija de alfarero los desmenuzarás.”

“Entraré en juicio”

Bajo la sexta copa de ira se quitará la barrera natural que separa Este y Oeste, el gran río Éufrates, facilitando así el movimiento de las tropas que vendrán del este (“los reyes del oriente,” Apocalipsis 16.12) hacia el punto de reunión ya mencionado.

Sin embargo, no debemos perder de vista una cuestión fundamental. Es Dios quien está detrás de esta enorme movilización de los ejércitos. “Y [el Dios Todopoderoso] los reunió en el lugar que en hebreo se llama Armagedón,” Apocalipsis 16.14,16. “Reuniré a todas las naciones, y las haré descender al valle de Josafat, y allí entraré en juicio con ellas a causa de mi pueblo, y de Israel mi heredad.”

Satanás se sobreextenderá una vez más, y sin saberlo él promoverá el propósito de Dios al coordinar esta concentración de las diversas alianzas. “Si de mí os vengáis,” prosigue Jehová por pluma de Joel, “bien pronto haré yo recaer la paga sobre vuestra cabeza.”

Una ilustración en Jueces 4

Como en el caso de tantos otros eventos en la historia de la humanidad, el Armagedón está prefigurado en un relato del Antiguo Testamento. ¿No lo podemos ver en miniatura en la derrota de Sísara y sus fuerzas a mano de los israelitas bajo el comando de Débora y Barac en la montaña de Meguido? El relato está en Jueces 4. “Todo el ejército de Sísara cayó a filo de espada, hasta no quedar ni uno.” En el 5.19,20 leemos: “Vinieron reyes y pelearon … junto a las aguas de Meguido … Desde los cielos pelearon las estrellas …”

El valle de Josafat que menciona Joel, donde Dios juzgará a las naciones en esta batalla final, está en la región de Meguido. Y, Josafat quiere decir Jehová juzga. Fue en ese valle que ese rey ganó la victoria sobre Moab y Amón descrita en 2 Crónicas 20: “Luego que vino Judá a la torre del desierto, miraron hacia la multitud, y he aquí yacían ellos en tierra muertos, pues ninguno había escapado.”

Pero quizás debemos aclarar esta mención de una “batalla final.” No estamos olvidándonos de la última y gran sublevación que habrá al cierre de los mil años, cuando el diablo habrá sido suelto momentáneamente de su encarcelamiento en el abismo. Pero no habrá batalla; fuego caerá directamente del cielo para destruir los rebeldes; Apocalipsis 20.7 al 9. Dice sencillamente: “De Dios descendió fuego del cielo, y los consumió.”

La batalla del Armagedón

La estrategia de los ejércitos será la de impedir que Jerusalén sobreviva. Su propósito en el fondo será el de disputar el gobierno de Cristo, mientras que el propósito de Dios será la destrucción de estos contumaces. Indudablemente la batalla se librará en un área más extenso que la montaña de Meguido y el valle de Josafat. Tengamos presente que “todas las aves que vuelan en medio del cielo” dirán: “Venid, y congregaos a la gran cena de Dios,” Apocalipsis 19.17 al 21.

Repasemos los cuatro grupos de ejércitos que participarán—

  • Las tropas del príncipe romano, o sea, de la confederación latina: “Vi a la bestia, a los reyes de la tierra y sus ejércitos, reunidos para guerrear,” Apocalipsis 19.20.
  • Los contingentes del norte bajo el asirio: “el rey del norte se levantará contra él como una tempestad,” Daniel 11.40.
  • La hueste del oriente: “el agua de éste se secó, para que estuviese preparado el camino a los reyes del oriente,” Apocalipsis 16.12.
  • y, figurativamente por lo menos, “todas las naciones de la tierra” hostiles a los judíos: “En aquel día yo pondré a Jerusalén por piedra pesada a todos los pueblos; todos los que se la cargaren serán despedazados, bien que todas las naciones de la tierra se juntarán contra ella.” “Yo reuniré a todas las naciones para combatir contra Jerusalén.” Zacarías 12.2, 14.2

El otro ejército será el de los santos, el pueblo de Dios que Cristo traerá consigo: “He aquí, un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero … y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían …,” Apocalipsis 19.11 al 14.

Las consecuencias del encuentro

Los ejércitos de las diversas alianzas sufrirán una derrota absoluta. Las dos bestias, esos arzoenemigos de Dios, serán despachados vivos desde el mismo campo de batalla al lago de fuego, Apocalipsis 19.20. Para ellos no habrá resurrección ni necesidad de comparecer ante el gran trono blanco; en vista de la inmensidad de su iniquidad y el carácter de sus hechos, ellos serán los primeros moradores de aquel horrible lugar que fue preparado en un principio para el diablo y sus ángeles.

Esta será también la suerte del asirio feroz, según lo contado en Isaías 30.27 al 33: ” … en batalla tumultuosa peleará contra ellos. Porque Tofet ya de tiempo está dispuesto y preparado para el rey, profundo y ancho, cuya pira es de fuego …” Parece que su ejército huirá hacia el este por disposición de Dios, para morir en las circunstancias que describe Joel: “Haré alejar de vosotros al del norte, y lo echaré en tierra seca y desierta … y exhalará su hedor, y subirá su pudrición, porque hizo grandes cosas.”

¡El camino quedará despejado para que el Cristo triunfante, cuyo es el derecho, el dominio y el poder, establezca su reino de paz y justicia!

http://www.preceptos.net/Profecia/2109.htm

4 comentarios

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    • Carlos (estudiante de los Testigos de Jehová) en 5 diciembre, 2014 a las 10:11 am
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    La Biblia nos advierte: “En cuanto a los tiempos y a las sazones, […] ustedes mismos saben bastante bien que el día de Jehová viene exactamente como ladrón en la noche”. (1 Tesalonicenses 5:1, 2.) ¿Esperaría usted que un ladrón le enviara un telegrama anunciándole cuándo planea robar su casa?
    Apropiadamente entonces, Jesús nos aconsejó respecto a la hora exacta: “Sigan mirando, manténganse despiertos, porque no saben cuándo es el tiempo señalado”. (Marcos 13:32-37.) Aun así, hemos observado que Jesús describió varios sucesos que marcan con precisión la generación de 1914. Además, la Biblia describe acontecimientos futuros que marcarían la inminencia del apocalipsis. ¿Qué debemos esperar que ocurra?
    Un cambio de acontecimientos
    El apóstol Pablo dijo: “Cuando los hombres estén diciendo: ‘¡Paz y seguridad!’, entonces destrucción repentina ha de sobrevenirles instantáneamente, como el dolor de angustia a la mujer encinta; y no escaparán de ninguna manera”. (1 Tesalonicenses 5:3.) De modo que según avanzamos hacia el final de estos “últimos días” es de esperar que, en cumplimiento de las palabras de Pablo, el tema de la “¡Paz y seguridad!” reciba una atención especial. ¿Y luego qué?
    Las profecías bíblicas muestran que el sistema religioso mundial, designado por la expresión “Babilonia la Grande”, ¡será repentinamente atacado por las fuerzas políticas de la Tierra, terminando en un fin abrupto! (Revelación 17:5, 16; 18:10, 17.) Esto señalará el comienzo de una “gran tribulación como la cual no ha sucedido una desde el principio del mundo hasta ahora”. (Mateo 24:21.). Pero, ¿cómo afectará esto a quienes se hayan ‘mantenido despiertos’ y a la espera del apocalipsis?
    Los verdaderos cristianos pueden estar seguros de que Jehová los librará. (2 Pedro 2:9.) Mientras conozcan a Jehová y le sirvan desinteresadamente, no tendrán por qué temer cuando Dios y Cristo vengan a librar la guerra de Armagedón. (Revelación 11:17, 18; 16:14, 16.)

    ¿Qué acontecimientos conducirán directamente al Armagedón?
    Las naciones emitirán una declaración significativa de “¡Paz y seguridad!” (1 Tes. 5:3). Los gobiernos se volverán contra la religión falsa (Rev. 17:15-18). Habrá un ataque contra los siervos de Jehová. Entonces vendrá el fin (1/2, página 9).

    Tomado de la Watchtower Library 2013 – español. Biblioteca de los Testigos de Jehová.

  1. Pienso que haz olvidado este simple versículo:
    RV60
    Mat 24:14 Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.

    Para esto aun falta un poco.

    Ah también te olvidaste de algo, de estos versículos:
    RV60
    Mar 13:7 Mas cuando oigáis de guerras y de rumores de guerras, no os turbéis, porque es necesario que suceda así; pero aún no es el fin.
    Mar 13:8 Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá terremotos en muchos lugares, y habrá hambres y alborotos; principios de dolores son estos.
    Mar 13:9 Pero mirad por vosotros mismos; porque os entregarán a los concilios, y en las sinagogas os azotarán; y delante de gobernadores y de reyes os llevarán por causa de mí, para testimonio a ellos.
    Mar 13:10 Y es necesario que el evangelio sea predicado antes a todas las naciones.

  2. Sobre este tema voy a comentar algo que leí en un libro hace un tiempo: La expresión griega Har Ma·ge·don’, tomada del hebreo y vertida “Armagedón” por muchos traductores, significa “Montaña de Megido”, o “Montaña de Asamblea de Tropas”. La Biblia no asocia el nombre con una destrucción nuclear, sino con la venidera “guerra [universal] del gran día de Dios el Todopoderoso” (Rev. 16:14, 16). Este nombre se aplica específicamente al “lugar [griego: to’pon; es decir, condición o situación]” a que se está reuniendo, en oposición a Jehová y a su Reino en manos de Jesucristo, a los gobernantes políticos de la Tierra. Dicha oposición se manifestará mediante una acción global contra los siervos de Jehová en la Tierra, los representantes visibles del Reino de Dios.
    Saludos…

    1. Buen comentario

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