«Sembrad para vosotros en justicia, segad para vosotros en misericordia; haced para vosotros barbecho; porque es el tiempo de buscar a Jehová, hasta que venga y os enseñe justicia» (Oseas 10:12).
¿Qué pensaríamos de un granjero que dejara su mejor terreno inculto año tras año? Sin embargo, muchas personas descuidan sus almas, y estos campos internos, además de ser inútiles, se llenan de malas hierbas.
I. EL TOQUE DE LA CAMPANA. «ES tiempo»
Para cualquier responsabilidad nunca es demasiado temprano. En cuanto a nuestra relación con Dios, es tarde; pero no demasiado tarde. «Es tiempos, dice el texto.
- Cuando el castigo ha venido, buscad al Señor inmediatamente; pues ahora es el tiempo más oportuno, «no sea que te venga alguna cosa peor» (Jn. 5:14).
- No habéis pecado bastante (1º Ped. 4:3).
- Cuando asumimos una gran responsabilidad y entramos en una nueva etapa de la vida, por ejemplo en el matrimonio, cuando recibimos un cargo, cuando venimos a ser padres, etc. (1.° Crón. 22:19).
- Cuando el Espíritu de Dios está especialmente obrando y, por tanto, otros son salvos (Hech. 3:19).
II. ¿CUÁL ES EL TRABAJO QUE SE NOS LLAMA A EMPRENDER? «Buscad al Señor.»
1. Acercarnos a Dios; buscándole en adoración, oración, etcétera (Sal. 105:4).
2. Buscar el perdón de su mano mediante la expiación de Jesús (Is. 55:6).
3. Obtener las bendiciones relacionadas con el nuevo nacimiento (Jn. 1:12‑13).
4. Vivir para su gloria: buscando su honor en todas las cosas (Mat. 6:33).
Suponed una pausa entre el buscar y el hallar la bendición; en tal caso no miréis en ninguna otra dirección, sino continuad buscando al Señor. ¿Qué más podéis hacer? (Jn. 6:68). Hay seguridad en encontrarle. El vendrá y no tardará (Heb. 10:37).
III. ¿CUÁL SERÁ EL RESULTADO?
- El vendrá. La venida de Dios en gracia es todo lo que necesitáis.
- El vendrá con abundancia de gracia al encuentro de vuestra obediencia. Notad la condición: «Sembrad en justicia»
Notad luego la promesa: «y vendrá la lluvia sobre vosotros».
3. Como consecuencia de la venida del Señor en justicia, «segaréis en misericordia.»
¡Venid, pues, y buscad al Señor desde este mismo momento! Si quieres encontrarle, hallarás que es el Cristo. ¡Cree y le encontrarás, y con E1 la justicia que es por la fe! (Rom. 3:22).
Sir Tomás Moore, cuando era prisionero en la Torre de Londres, no quería que le cortaran el pelo, diciendo que había una disputa entre el rey de Inglaterra y él por su cabeza; y, por tanto, hasta que la disputa terminara no quería gastar en arreglar lo que no sabia si iba a perder.
Esta ironía contiene para nosotros una enseñanza, pues ciertamente todo lo que gastamos en nuestras vidas será vano hasta que esté decidida la disputa entre Dios y nosotros, o sea cuál será el fin de la controversia que Dios tiene contra nosotros; no por nuestras cabezas, sino por nuestras almas, para el Cielo o el Infierno. Siendo así, ¿no es lo más prudente empezar con hacer la paz con él con el fin de poder empezar a vivir una vida feliz?
Se dice que «el que sale de deudas se hace rico». Del mismo modo, el alma perdonada no puede ser pobre, pues tan pronto como ha concluido la paz con Dios, empieza un activo comercio entre Dios y el alma. Una vez perdonados podemos anclar en cualquier puerto que pertenezca a los dominios de Dios y ser bienvenidos; todas sus promesas están abiertas para nosotros, con todos sus tesoros, diciéndonos: «Ven aquí, pobre alma, toma un cargamento completo de todas las cosas preciosas, tanto como tu fe te permita llevar.» ‑ JUAN SPENCER.
Una malo pequeñita llamó con sollozos a la puerta del estudio de un pastor. «Entra», respondió una voz cariñosa. Giró la manecilla, pero continuaron los sollozos. «¿Qué te pasa, hijita?» y, dijo el simpático pastor. «¡Oh, papá ‑fue la respuesta‑, es que yo he vivido siete años sin Jesús!» Quería decir que estaba celebrando su séptimo cumpleaños. ‑ The British Messenger.
Tomás Fuller dice: «Dios invita con su cetro de oro a aquellos a los cuales no quiere romper las costillas con su vara de hierro.» Si la invitación de su gracia fuera más abundantemente aceptada, escaparíamos a menudo de castigos de su mano.
¡Oh, si los hombres conocieran que los tiempos de salud, felicidad y prosperidad son los más adecuados para buscar al Señor! Ciertamente, cualquier tiempo es bueno para buscar a Dios, mientras El se nos ofrece. La persona verdaderamente prudente encontrará que no hay mejor día en el calendario para buscar a Dios que aquel número que está delante de si.
Que nadie juegue con el tiempo, pues en un instante podría sonar la hora de morir. Y está escrito, respecto a los impíos: «Yo también me reiré de su calamidad, y me burlaré cuando venga lo que temen» (Prov. 1:26).









1 comentario
Hola, me encanta el blog.
Gloria a Dios lo que más espera mi alma la venida del Señor en las nubes con voz de mando y con trompeta de Dios. Dios permita que nos conzcamos en el gloria. Dios los bendiga