La adoración que agrada a Dios

Ama al tu con todo tu ,
con toda tu alma, con toda tu mente
y con todas tus fuerzas.
Marcos 12:30 (NVI)

Dios quiere todo de ti.
Dios no quiere una parte de tu . Pide todo tu corazón, toda tu alma, toda tu mente y todas tus fuerzas. A Dios no  le interesan los compromisos a medias, la obediencia parcial y las sobras de tu y . Quiere tu devoción plena, no pedacitos de tu vida.
Una mujer samaritana en cierta ocasión discutió con Jesús acerca del mejor tiempo, lugar y estilo de adoración. Jesús le contestó que esos aspectos eran irrelevantes. El lugar de adoración no es tan importante como porqué adoramos y cuánto de nuestro ser le ofrecemos a Dios cuando lo hacemos. Hay una manera de adorar buena y mala. La Biblia dice:«Así que nosotros, que estamos recibiendo un reino inconmovible, seamos agradecidos. Inspirados por esta gratitud, adoremos a Dios como a él le agrada, con temor reverente» (Heb12:28(DHH)). La adoración que agrada a Dios tiene cuatro características:
A Dios le agrada la adoración en verdad:
La gente suele decir: «Me gusta pensar en Dios como alguien que…» y plantean la idea de un Dios a quien les gustaría adorar. Pero no podemos simplemente crear nuestra propia imagen de Dios, la que nos resulta cómoda y políticamente correcta, y adorarla.
Eso es idolatría.
La adoración debe basarse en la verdad de las Escrituras, no en nuestra opinión acerca de Dios. Jesús le dijo a la mujer samaritana: «Los verdaderos adoradores rendirán culto al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere en Padre que sean los que le adoren (Juan 4:13)».
«Adorar en verdad» significa adorar a Dios como la Biblia verdaderamente lo revela.

A Dios le agrada la adoración auténtica:
Cuando Jesús dijo que debíamos «adorar en espíritu» no se refería al sino a nuestro espíritu. Fuimos creados a imagen de Dios y, por lo tanto, somos un espíritu que reside en un cuerpo, y él diseñó nuestro espíritu para que podamos comunicarnos con él. La adoración es la respuesta de nuestro espíritu al Espíritu de Dios.
Cunado Jesús dijo «Ama al Señor con todo tu corazón y con toda tu alma» quería decir que la adoración debe ser auténtica y sentida, de corazón. No se trata solo de decir las palabras correctas; debes creer lo que dices. ¡La alabanza que no brota del corazón no es alabanza! No sirve de nada, es un insulto a Dios.
Cuando adoramos, él mira más allá de nuestras palabras, observando la actitud de nuestro corazón. La Escritura afirma: «La gente se fija en las apariencias, pero yo (rl Señor) me fijo en el corazón (1Samuel 16:7b)»
Como la adoración implica agradar a Dios, abarca nuestras emociones. Dios nos dio emociones para que podamos adorarlo con sentimientos intensos; pero esas emociones deben ser genuinas, no fingidas. Dios odia la hipocresía. No quiere teatralidad ni fingimientos ni farsas en la adoración. Quiere nuestro amor sincero y verdadero. Podemos adorarlo con imperfecciones, pero no con falta de sinceridad.
Por supuesto, la sinceridad por si sola no es suficiente; podemos ser sinceros y estar equivocados. Por eso se necesitan tanto el espíritu como la verdad. La adoración debe de ser veraz y auténtica. La adoración que agrada a Dios es profundamente emocional y doctrinal. Con nuestro corazón y nuestra cabeza.
Muchas personas confunden las emociones conmovedoras producidas por la música con las estimuladas por el Espíritu, pero no son iguales. La verdadera adoración ocurre cuando nuestro espíritu responde a Dios, no a la melodía. En realidad, algunas canciones sentimentales e introspectivas entorpecen la adoración porque de concentrarnos en Dios, pasamos a enfocarnos en nuestros sentimientos. Cuando adoramos, el factor de mayor distracción somos nosotros mismos: nuestros intereses y preocupaciones acerca de la impresión que damos.

 A Dios le agrada la adoración reflexiva:
El mandamiento de Jesús de amar «amar a Dios con toda tu mente» se repite cuatro veces en el Nuevo Testamento. A Dios le agrada que cantemos himnos, oremos con apatía y exclamemos con indiferencia ¡Gloria a Dios!, sin pensar en lo que hacemos, porque no se nos ocurre otra cosa que decir en ese momento. S no pensamos en lo que hacemos cuando adoramos, la adoración no sirve. Tu mente debe estar puesta en lo que haces.
Jesús tildó de «varias repeticiones» a la adoración distraída. El mal uso puede convertir hasta los términos bíblicos en frases gastadas, cuando olvidamos su significado. Cuando adoramos, es mucho más fácil ofrecer oraciones rutinarias que esforzarnos por honrar a Dios con palabras y con gestos llenos de frescura.
Por eso les animo a leer las Escrituras usando distintas versiones y paráfrasis. Esto es útil para enriquecer nuestra experiencia de adoración.
Dios quiere que nuestras reuniones de adoración en público también tengan sentido. Pablo dedica un capítulo entero a este asunto en 1 14, y concluye: «Pero todo debe hacerse de manera apropiada y con orden».
Con respecto a este punto, Dios insiste en que nuestros cultos de adoración puedan ser entendidos por los no creyentes que estén presentes en nuestras reuniones de adoración.

 A Dios le agrada la adoración práctica:
La Palabra de Dios afirma: «Les ruego, que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezcan su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios». ¿Por qué quiere Dios tu cuerpo? ¿Por qué no dice «ofrezcan su espíritu»? Porque sin el cuerpo no podemos hacer nada en este planeta. En la eternidad recibiremos un cuerpo nuevo, mejorado, actualizado, pero mientras estemos sobre la tierra, Dios dice: «¡Dame lo que tengas!» Él únicamente está siendo práctico con respecto a la adoración.
¿Has escuchado decir a las personas: «Esta noche no puedo ir a la reunión, pero estaré con ustedes en espíritu»? ¿Saben lo que significa esto? Nada. ¡No vale nada! Mientras estemos en esta tierra, nuestro espíritu sólo puede estar donde esté nuestro cuerpo. Si tu cuerpo no está presente, no estás ahí.
Cuando adoramos debemos ofrecer nuestro «cuerpo como sacrificio vivo». En la actualidad asociamos el concepto de «sacrificio» con algo muerto, pero Dios quiere que seamos un sacrificio vivo. ¡Quiere que vivamos para él! Sin embargo, el de un sacrificio vivo es que se puede escapar del altar, y es lo que solemos hacer. Cantamos «¡Firmes y adelante!, huestes de la fe» los domingos, y los lunes desertamos.
En el Antiguo Testamento, a Dios le agradaban los sacrificios de adoración porque anunciaban el sacrificio de Jesús por nosotros en la . Ahora bien, a Dios le agradan diferentes tipos de sacrificios de adoración: la gratitud, la alabanza, la humildad, el arrepentimiento, las ofrendas de dinero, la , el servicio a los demás y el compartir los recursos con los necesitados.
La verdadera adoración tiene un precio. David lo sabía y dijo: «No voy a ofrecer al Señor mi Dios holocaustos que nada me cuesten (2 Samuel 24:24 (PAR))».
La adoración sacrifica nuestro egocentrismo. No podemos exaltar a Dios y exaltarnos al mismo tiempo. No podemos adorar para impresionar a demás y para agradarnos a nosotros mismo. Necesitamos retirar deliberadamente el enfoque de nuestra persona.
Cuando Jesús dijo: «Ama a Dios con todas tus fuerzas» quería señalar que la adoración requiere esfuerzo y energía. No es siempre ni lo más conveniente ni lo más cómodo, y en ocasiones la adoración es un acto de voluntad absoluto: un sacrificio de buena voluntad. La adoración pasiva es una incongruencia.
Ofrecemos sacrificio de adoración a Dios cuando lo alabamos aunque no tengamos ganas; cuando nos levantamos de la cama para adorarle aunque estemos cansados y cuando ayudamos a los demás aunque estemos agotados. Eso agrada a Dios.
Matt Redman, un líder inglés de adoración, cuanta cómo si pastor le enseñó a la iglesia el verdadero significado de la adoración. Para mostrarles que ésta era más que la música, prohibió por un tiempo el canto en el servicio, mientras aprendían otras maneras de adorar. Al cabo de ese tiempo, Matt había escrito el himno clásico El corazón de la adoración:

 Te traigo más que una canción,
Porque ella en sí no es lo que me pides.
Buscas más dentro
Que lo que a simple vista parece:
Miras dentro del corazón.

 El corazón de este asunto es un asunto del corazón.

Tomado de: Una Vida con Propósito de Rick Warren.

 El corazón de este asunto es un asunto del corazón.

4 comentarios

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    • Miguel en 18 noviembre, 2013 a las 1:39 pm
    • Responder

    Excelente este artículo, jejejeje, Rick Warren la tira fuerte.

  1. Simply wanna remark on few general things, The website pattern is perfect, the content material is really excellent. “Taxation WITH representation ain’t so hot either.” by Gerald Barzan.

    • jorge esplugas cazan en 31 marzo, 2014 a las 12:07 pm
    • Responder

    Este artículo nos enseña la adoración verdadera, aunque seamos imperfectos como humanos, la sinceridad de nuestra adoración nos acerca al corazón de Dios. Es importante la búsqueda en la Palabra de Dios y por citar un texto bíblico que debemos meditar todos los días les propongo el de Sofonías 2: 2-3. Bascad a Dios, buscad la justicia de Dios y ser mansos.

    1. Bueno yo pienso que ha dios le agradaria que cuando te en una situacion dificil que no sepa haser nada que ore para mi seria en todo momento.

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