Llamados a una vida de impacto

“Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:16).

Cuando el hombre es alcanzado por la bendita gracia salvadora de Dios, Él no tiene la intención de dejarle tal y como le encuentra en su lamentable condición de perdición, sino que lo ‘convierte’, lo transforma en un nuevo hombre. “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es, las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Cor.5:17). Dios le da una nueva identidad. Le llama ‘hijo de Dios’, ‘discípulo’ y ‘creyente’. Y esto nos dice algo a manera de contraste. El cristiano es ahora algo que antes no era, y lo que ahora es queda evidenciado por una nueva conducta.
En Mateo 5:14 el Señor nos ofrece otra de nuestras identidades. “Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa” (Mateo 5:14-15). Dios nos “llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Ped.2:9); “nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo” (Col.1:13). Aquel que ha sido regenerado por Dios, tiene ahora una nueva identidad; y conforme a esa nueva identidad debe vivir. ¿Qué éramos antes? ¿Qué somos ahora? El apóstol Pablo nos contesta en Efesios 5:8: “Porque en otro tiempo erais tinieblas (ya no lo somos), mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz.” (Paréntesis del autor).
Nuestra nueva identidad nos coloca bajo un nuevo compromiso. Somos la luz del mundo, y tenemos que iluminar. Es nuestra la responsabilidad de hacer que esa luz alcance la mayor cantidad posible de almas.

1. La Responsabilidad de Tener Vidas de Impacto: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres.”
Una lámpara hermosa, pero que no encienda, sólo sirve de adorno. Tener lámparas, y no tener con qué encenderlas, es lo mismo que no tenerlas. Según nuestro Señor Jesucristo, somos la luz del mundo, y nuestra responsabilidad es ser útiles e iluminar. Dios nos ha llamado a mostrar los frutos de ese corazón regenerado delante de los hombres. “Así alumbre” es un mandato. A ningún cristiano se le ha dado la opción de ser o no luz del mundo. Él es luz, y su función es iluminar.
Por definición, entonces, un cristiano está llamado a vivir una ejemplar, una de impacto. No sólo debemos decir con nuestros labios que conocemos a Dios; tenemos que vivir como tales (1 Juan 2:3-4; 4:7-8). No sólo vamos a regocijarnos en haber sido hechos hijos de Dios; estamos comprometidos a manifestar semejanza con nuestro Padre celestial (Mat.5:44-48). Algo debe pasar con el paso de un creyente por este mundo.
Hay conductas que son inconsecuentes con nuestra identidad como luz del mundo. Hay obras que son luz y otras que son tinieblas. Por eso la exhortación: “Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas” (Ef.5:11). ¿Cuáles son las obras de las tinieblas? Todas las que no se conforman a la luz de Dios. Pablo identifica algunas de ellas por sus nombres: fornicación, toda inmundicia, avaricia, palabras deshonestas, necedades y truhanerías (vv.3-5). El apóstol asume que tiene que haber una diferencia entre un fornicario y un creyente. El creyente no es esclavo de sus pasiones; no utiliza su cuerpo para prácticas sexuales ilícitas, ni utiliza sus ojos para miradas lujuriosas. Además, un hijo de luz manifestará un espíritu muy diferente al de los avaros del mundo. Debe ser el contentamiento, y no el amor al dinero, lo que debe caracterizarnos (1 Tim.6:6 10). La sobriedad es otra de las marcas de los hijos de luz (1 Tes.5:5 8), lo mismo que el amor fraternal. “El que dice que está en la luz, y aborrece a su hermano, está todavía en tinieblas” (1 Juan 2:9).
El cristiano procurará, en la medida de lo posible, evitar que los hombres tengan una mala opinión de su persona. Deberá esforzarse por conducirse en todas las cosas de tal manera, que sea aprobado por las conciencias de todos los hombres.

2. El Medio Para Tener Vidas de Impacto: “Para que vean vuestras buenas obras.”
Sería un error considerar nuestra responsabilidad sólo desde la perspectiva de las cosas negativas que debemos evitar. Nuestra luz debe alumbrar más por lo que hace que por lo que deja de hacer. El Señor nos enseña que el medio por el que nuestra luz se dejará ver es nuestro buen obrar. Y ésta alumbrará más o menos en la medida que vivamos bajo las normas y los principios del reino que Cristo proclamó en el Sermón del Monte. Decía Tyree que: “De todos los modos de inculcar el cristianismo, el vivirlo es el mejor.”
Dios no desea que escondamos el brillo de esta luz. No nos ha llamado a apartarnos a conventos y monasterios. Nos ha dejado en medio del mundo del que nos rescató, pero no para que nos amoldemos otra vez al mismo, sino para decirle al mundo con nuestros labios y con nuestras vidas que, así como nos rescató a nosotros, así los puede rescatar a ellos. Cristo oró al Padre diciendo: “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal” (Juan 17:15). Hay sus peligros. Cristo pidió en oración que sus discípulos fueran guardados del mal que hay en el mundo; pero los dejó en él. No para nosotros ser transformados por el mundo, sino para que el mundo fuera transformado por sus discípulos. Estamos llamados a tener vidas de impacto.
“Haced todas las cosas sin murmuraciones ni discusiones, para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin tacha en medio de una generación torcida y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo” (Fil.2:14-15). No es que seremos santos y brillaremos sólo cuando las condiciones nos sean favorables. Estamos llamados a ser sin tacha “en medio de una generación torcida y perversa”. Pero somos diferentes. “En medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo.”
Si hacemos lo mismo que todo el mundo, ¿qué gracia tiene eso? Por eso Jesús hizo una pregunta penetrante: “¿Qué hacéis de más?” (Mt.5:47). Él supone que sus discípulos harán cosas que superarán las indisposiciones que los demás hombres generalmente no superan, como es el caso del trato hacia los enemigos en este contexto.
Hay algo que los hombres van a poder observar. El texto dice: “para que vean vuestras buenas obras…” El argumento de Santiago es ineludible: “La fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma. Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras” (Sant.2:17-18). Tenemos que mostrar que la Palabra de Dios ha sido lámpara para nuestros pies y lumbrera para nuestro camino (Sal.119:165).
Debemos ser como un faro, que advierte a los barcos del peligro de arrecifes cercanos. Nuestras vidas deben ser llamados de advertencia para la salvación de los hombres. ¿Qué mensaje estamos dando con nuestras vidas? ¿uno que le dice a los hombres que hacen bien en permanecer como están, o uno que les hace conscientes de sus pecados y del único refugio para el perdón de los mismos? El mundo va a juzgar las Escrituras, nuestro cristianismo y aún a Cristo por nuestras vidas. ¿No es esa una gran responsabilidad que deberíamos cumplir diligentemente? Como dice Richard Baxter: “Aquello de lo que un hombre habla fríamente y que busca fríamente, la gente concluirá que lo desea fríamente… un cristiano frío y negligente le proclama su incredulidad a los demás, y les invita a ser como él… Vuestras vidas deben enseñar a los hombres que hay un cielo que ganar y un infierno del cual escapar” (Puritan Sermons, 2:481, 490).

3. El Propósito de Tener Vidas de Impacto: “Y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.”
El fin de nuestra iluminación no es llamar la atención hacia nuestras personas. Tenemos que empezar por reconocer que nosotros no somos luz en nosotros mismos. Somos luz del mundo porque Cristo es la luz del mundo y Él mora en nuestros corazones. Sin él lo único que seríamos sería tinieblas.
“Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12). “Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas” (Juan 12:46).
El término glorificar viene de una palabra que significa opinión. La gloria de algo, en ese sentido, es que se tenga una buena opinión de ello. Es algo digno de admirar, de buena fama y reputación. El propósito de nuestras buenas obras no es que las personas hagan a Dios glorioso, sino que reconozcan que lo es. Los hombres no ven a Dios, pero pueden palparle en las vidas de sus hijos. “De tal palo, tal astilla.”
Ahora bien, ¿cuál es el fin de que los hombres vean nuestras buenas obras? Las palabras del texto parecerían contradecir lo dicho en Mateo 6:1-6. La explicación radica en el punto de que las obras de los fariseos tenían la intención de buscar gloria personal. Las de 5:16 buscan la gloria de Dios. El cristiano procurará no hacer alarde, pero sí hacer arder el fuego de Dios para ser visto por los hombres. Lo que queremos que se produzca es que los hombres reconozcan que Dios es el que está detrás de una vida sin egoísmo. Queremos que los hombres sepan que esas obras y esas actitudes que corresponde a los cristianos no nacieron con nosotros; queremos que sepan que no éramos así.
Pedro nos dice que esto es posible aun en sociedades en las que los cristianos son vistos con prejuicio. El apóstol Pedro le escribió a creyentes que estaban padeciendo grandes aflicciones y persecuciones. Y noten lo que les dice en 1 Ped.2:12: “Manteniendo vuestra buena manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras” (1 Pedro 2:12).
Nuestras inconsecuencias son una piedra de tropiezo para los demás, y un motivo para que el nombre del Señor sea blasfemado. Cuando no vivimos conforme a lo que decimos ser, entonces le damos un pretexto a los hombres para no buscar al Dios que seguimos. Si los hombres tan sólo nos observaran en nuestros peores momentos, seríamos causa de gran tristeza y vergüenza para la causa de Cristo. Si tan sólo nos observaran en aquellas ocasiones cuando la mansedumbre no nos caracteriza, o cuando nuestras decisiones son más egoístas que espirituales, el impacto de nuestro testimonio se vería seriamente afectado. “Como fuente turbia, y manantial corrompido, es el justo que cae delante del impío.” (Prov.25:26).
Es cierto que las Escrituras no enseñan que los cristianos son perfectos. Pero no es menos cierto que nuestra meta, aun aquí en la tierra, es avanzar a una madurez cada vez más evidente (Fil.3:12-17). No somos perfectos, pero según Jesús tenemos algo que mostrar. Por esta razón, una de las responsabilidades que el Señor asignaba a algunos, era la de mostrar a los demás cuán grandes cosas Dios había hecho con ellos.
¿Vives tu cristianismo con gozo? Ése es un gran medio para promover la verdadera religión en el mundo. ¿Tienes contentamiento? Corta las ramas que impiden que tu luz sea vista por los demás. Decídete valientemente, de una vez por todas, a despojarte de patrones pecaminosos. “Despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia” (Heb.12:1), sea deshonestidad, sea codicia, sean rencores, sea amargura, sea irresponsabilidad, sea chisme, sea lo que sea, arráncalo de ti. “El que encubre su pecado no prosperará, mas el que lo confiesa y se aparta, alcanzará misericordia” (Prov.28:13).
Cada día tendremos que tomar la decisión de ser fiel a Jesucristo o de conformarnos al mundo. No titubees, no seas de doble ánimo. Identifícate claramente con el Señor. Que no hayan dudas de que tú estás del lado del Señor. Cristo no está diciendo que podemos llegar a ser luz, o que debemos ser luz. Dice que somos luz. Nuestra responsabilidad es brillar. Nuestra función es brillar. Los resultados están en las manos del Señor.
“Mientras la verdad se lee en la Biblia, y se proclama desde el púlpito, que todos los miembros de nuestras iglesias secunden y refuercen esa verdad por la elocuencia silenciosa de vidas santas, y la conversión… adelantará en la patria y en el extranjero, con rapidez primitiva” (Tyree). Así que, si eres luz, ¡alumbra!.

2 comentarios

  1. Hola, dios le bendiga a todos lo que de una forma u otra contribuyen para que sea posible este sitio, nuestro padre jesús nos ha creado con un proposito, no estamos ak en este mundo ni en esta carne solamente para comer, beber,trabajar, llorar, reír etc. estamos llamados para hacer su voluntad, dice el señor que hemos sido llamados desde las tinieblas a su luz admirable, entonces él me está diciendo que tengo una misión, tengo un deber que he cumplir, somos parte de un plan, ser luz,y como tal debemos andar para que vea el mundo nuestras buenas obras y glorifiquen a nuestro padre que está en los cielos, dice el señor el que no me negaré delante de los hombres pues yo lo presentaré delante de mi padre que está en los cielos, tenemos una vida diferente a la calle ,aquel que ha sido regenerado por Dios, tiene ahora una nueva identidad; y conforme a esa nueva identidad debe vivir dice el señor.Ser luz, no importa que nos critiquen no dejes que el enemigo quite esa corona que el señor ha preparado para tí,bienaventurados los de limpio corazón pq ellos verán a dios, esfuerzate q este reino es tuyo. TOMALO

    1. Concuerdo contigo…. Dios te bendiga

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