Por: Yaniset Terrero Matos
Llegó el día esperado después de 3 largos años de sacrificio y abnegación. Grandes obstáculos se presentaron en el camino y disfrazados de enfermedades, desaliento, situaciones personales trataron de impedir la continuidad de la carrera; pero el deseo de cumplir y el anhelo de alcanzar la meta y decir “Señor aquí estoy como obrero aprobado…” fueron el motor impulsor para felizmente llegar a graduarse de Bachiller en Teología en el Instituto Bíblico ELIM.
Ellos eran 28 se consideraban un equipo. Recuerdo su primer día de clase en el Instituto cuando todos tomados de las manos dijeron:- “Llegaremos al final “ y lo lograron. A nuestros ojos no se escaparon las manifestaciones de gozo y regocijo; las lágrimas corrían en cada mejilla con el sabor de la victoria y al mismo tiempo con el dolor de tener que partir de este lugar “ELIM ESCUELA DE CAMPEONES“, donde el siervo(a) crece y se nutre de todos los conocimientos que Dios le facilita a través de cada profesor a fin de Salir equipados para el campo de batalla.
Mi corazón dicta ahora cada palabra y mi mente recorre cada momento aquí vivido. Son muchos los ejemplos que llegan y como las páginas de un libro se hojean; pero llega una donde me detengo la observo detenidamente y ahí está Florentino G Iglesia Chaviano, cariñosamente Wilian, su cabeza
viste canas y sus arrugas son como múltiples marcas en su rostro que reflejan los años vividos y es como volver a ver aquel siervo humilde de 65 años que prefirió compartir un colchón en el piso que una cama cómoda en una casa. Aquel hermano que no faltó a ningún encuentro a pesar de tener su pierna fracturada (Hizo su yeso conocer a Camaguey ), intervenido quirúrgicamente de la vista, lo que tampoco fue un impedimento porque hizo a su esposa SUS OJOS y se agarró fuerte del Creador pidiendo sabiduría y entendimiento, porque como decía:-“No puedo quedarme atrás” Vuelvo a mirar las páginas del recuerdo y lo veo casi deshidratado de forma continua vomitaba. No podía sostener alimentos en su estómago y casi desfallecido en el piso conmovía el corazón de quienes lo miraban. Yo le decía: -“Es mejor que vayas a casa…”y me dijo: – “Profe disculpe pero ¡”NO ME RINDO”! Cada palabra suya resuena en nosotros y nos hace crecernos ante las adversidades.
Para mi fue un privilegio; yo diría un gran honor, entregarle el certificado de graduado, abrazarlo fuerte fuerte, su boca no hablaba, pero su corazón me decía: -“No te rindas, ¡Mírame! Yo pude llegar” y lloramos juntos de alegría. No creía que eso podía pasar. Él lo logró, tú también lo puedes lograr.
Recuerda “Los que confían en Jehová son como el monte de Sión, Que no se mueven sino que permanecen para siempre”







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