Los predicadores no deben atormentar y detener a sus oyentes con sermones largos y tediosos, porque de esa manera hacen desaparecer la delicia del escuchar, y perjudican a sí mismo. El predicador ideal: primero, enseña sistemáticamente; segundo, tiene buen sentido de humor; tercero, es elocuente; cuarto, tiene buena voz; quinto, tiene buena memoria; sexto, sabe …







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